Fic de Shibuyainn. Traducido por Elle R
Capítulo 6
Pasó una semana sin nada más interesante para Tom que prácticamente dormir y faltar a su primer período. Fiel a su palabra, había huido de Bill y de su casa, tratando desesperadamente de aclarar su mente de todo lo fuera de lo común que había logrado colarse en su cerebro y poner huevos.
Volver a odiar a Bill resultó bastante fácil. Todos odiaban a Bill y el ambiente era casi tan contagioso como la suave personalidad de Simone.
Sin embargo, ahora, él estaba constantemente rodeado de su aversión hacia Bill mientras que Simone estaba sentada cómodamente en su casa llena de grietas, lejos de la hostilidad y, sobre todo, lejos de la conciencia de Tom, ahora libre de culpa.
Aunque eso no quiere decir que prefería darle una paliza a Bill que no hacerlo. Todavía había un lugar sensible en su corazón que recordaba las pocas veces que había pasado tumbado en la cama de Bill, mirando al ser humano detrás de los tirantes de rayas y el delineador negro de ojos. Por suerte, lanzar a Bill por una colina parecía satisfacer la dosis mensual de Dereck de su reprimida energía de idiota-acosador y se veía más dispuesto a poner sus habilidades para un mejor uso.
—Este fin de semana va a ser impresionante, tío, mis padres me están dejando la casa y pensé en llamar a Stacy —Dereck movió sus cejas hacia Tom mientras hablaba.
Estaban en clase y supuestamente trabajando en sus ejercicios de historia, pero Tom se sentía demasiado aturdido para hacer la tarea y Derek nunca la hacía, con el resultado de que ambos chicos estaban tranquilamente hablando sobre los planes para el fin de semana.
— ¡Oye, yo pensé que Stacy iba a ser mi chica! —dijo Tom un poco a la defensiva.
—Por eso te digo que ella viene, tarado, porque tú también vienes.
— ¿Yo?
—Wow, eres inteligente. Sí, tú. Mira, hay tantas cosas de las chicas que no conoces y creo que este fin de semana sería un buen momento para que puedas iniciarte y ver lo que realmente pueden hacer.
Tom lo miró fijamente, no muy seguro de entenderlo.
— ¿Qué quieres decir?
Dereck se echó a reír. — ¿Es una broma, verdad? Tío, eres peor que Andreas…
— ¡Cállate! —exclamó Tom en broma. — Vamos, dime, ¿qué pueden hacer?
Dereck respondió, sin dejar de reír a la ligera. —Bueno, vamos a empezar con esto: ¿alguna vez has visto a una chica desnuda?
—Bueno, duh, no es que no haya visto porno antes…
—Deja de ser tan jodidamente lerdo. Quiero decir en la vida real.
La boca de Tom se abrió y se quedó boquiabierto, sintiéndose estúpido por un momento.
—Eso es de lo que estoy hablando —continuó Dereck, satisfecho de dejar a Tom boquiabierto y con la mirada en blanco—, ven este fin de semana y tendrás un montón más que sólo eso. Confía en mí. Stacy ha estado preguntándome por ti durante mucho tiempo. Ella es una zorra… —agregó, con algo de cariño, como un abuelo podría pensar de su nieta favorita.
— ¿Lo es? ¿Qué le has dicho?
—Le dije que follas todas las noches así ella dispone su juego.
—Vaya, me siento halagado y todo, pero no follo todas las noches. ¿No será obvio para ella?
—No, siempre y cuando cumplas bien. Las chicas no pueden distinguirlo. Confía en mí en esto.
¿Cumplir bien? Tom tenía vagas ideas de lo que eso implicaba, pero saber y hacer eran dos aspectos muy diversos. Se sentía ligeramente nervioso mientras pasaba sus manos a lo largo de sus pantalones, limpiando el sudor que empezaba a acumularse.
—Relájate, tío. Ya sabes lo básico. Además, en ese momento es muy probable que estés rotundamente borracho, no te darás cuenta de lo que estás haciendo hasta que termine.
—Sí, está bien —respondió Tom, aunque otra posibilidad revoloteaba por su mente, más desconcertante que la idea de finalmente perder su virginidad a los trece años. ¿Dereck le pondría en conocimiento de lo básico? ¿Qué implicaba eso exactamente? ¿No iba en realidad a… mostrárselo?
Un tibio calor se arrastró sigilosamente hasta la parte posterior del cuello de Tom y se imaginó la escena, solos en una sala de estar, sin chicas a la vista. El pensamiento provocó que los pelos de su nuca se alzaran por la lujuria y Tom se encontró repentinamente deseando que las chicas se olvidaran de aparecer. Su mente estaba fuera de control y el calor en su cuello parecía extenderse por su cuerpo como una corriente eléctrica, concentrándose en medio de sus piernas.
Oh mierda.
Se inclinó sobre la mesa, cerrando sus piernas con fuerza ya que el calor se intensificó. Dereck no estaba ayudando y estiró la mano para agarrar el brazo de Tom. Tom se tensó bajo la ligera presión, forzando sus ojos para que se abstengan de entrecerrase de la concentración mientras intentaba domar sus impulsos adolescentes.
— ¿Estás bien? Mira, confía en mí en esto, te va a encantar. Y cuando la chica grita tu nombre, todo vale la pena.
Dereck no tenía ni idea de lo increíblemente sexy que estaba siendo. Tom apretó la mandíbula y agradeció a cualquier dios que estuviera escuchando por sus pantalones holgados y su suéter. Intentó asentir y sonreír, aunque esto último resultó ser más bien una mueca dolorosa.
De repente, se acordó de lo que Bill le había dicho tiempo atrás, y apretó los puños con rabia:
Porque te gusta…
¡Siempre jodiendo, Bill! Ese chico estaba arruinando seriamente su vida. Se giró levemente y vio a Bill acurrucado en su esquina habitual, garabateando en un trozo de papel con furia. Tom frunció el ceño aunque eso no hacía nada para calmar su creciente erección. En todo caso, la intensificó.
— ¿Estás bien?
Dereck estaba hablando con él de nuevo. La cabeza de Tom regresó a ver a Dereck, quien lo miraba con recelo, con los ojos entrecerrados.
— ¿Hhmm? Sí, estoy bien, muy bien, no podría estar mejor realmente —dijo Tom robóticamente.
Si alguna vez hubo el momento para ser salvado por la campana, este lo sería. ¿Podría realmente permitirse el lujo de que se le pasara? Tom miró ansiosamente el reloj y casi se desmayó por el shock: ¡aún quedaban veinte putos minutos!
No podía permanecer sentando durante veinte minutos mientras Dereck lo observaba. Tenía que salir… ahora.
—Mira, en realidad tengo que ir a mear, estaré de vuelta—murmuró Tom, tirando de su suéter super grande debajo de la mesa antes de levantarse tímidamente. Todo estaba muy bien escondido, era sólo cuestión de realizar todo el camino hasta los baños, una vez fuera del aula debería ser fácil.
Levantándose cuidadosamente, empezó a abrirse camino hacia la puerta, caminando como un pingüino. Estaba frente a la salida y Dereck se puso delante de él, buscando aun su rostro interrogante. Y entonces, los pantalones holgados de Tom, a los que acababa de agradecer un par de segundos atrás, se volvieron contra él, traicionando a su confiado propietario. Al pisar el dobladillo, tropezó, tambaleándose precariamente antes de caer a un lado. Dereck estuvo justo a tiempo para ver a su amigo caer, extendiéndole un brazo.
Y entonces el tiempo se detuvo.
Tom sintió el bulto de sus pantalones rozarse contra el muslo de Dereck y toda su cara se puso roja. Agachando la cabeza y sin mirar atrás, salió corriendo rápidamente del aula, marchándose precipitadamente por la puerta y se dirigió al baño, sin ni siquiera detenerse para explicarle a la maestra a dónde iba con tanta prisa.
No se detuvo hasta que por fin llegó al baño de hombres y se desplomó en la pared del fondo, jadeando y sudando, con el rostro aun ardiendo.
Quería morir allí contra la pared. ¿Dereck se habría dado cuenta? Había abandonado la sala demasiado rápido para ver su expresión, aunque su partida culpable seguramente le había dado a Dereck un buen indicio. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? ¿Gustarle un chico? ¿Cómo había sucedido esto?
Jodido Bill, ¿por qué tenía que tener razón? Era un maldito tonto y sin embargo, no se había equivocado. Su cabeza estaba siempre en las nubes, hacía mierda de grullas con el plástico de los sándwiches y dejaba sus zapatos en campos sucios y sin embargo, había tenido razón en una cosa.
¿Cómo era esto posible?
Su respiración se redujo mientras sus pensamientos empezaron a enrollarse nuevamente, aferrándose el uno al otro para tratar de hallar un poco de sentido.
No podía gustarle un chico. Incluso si pudiera, probablemente habría cientos de chicos en el colegio y sin embargo, el que su corazón anhelaba era el macarra dueño del colegio, el chico que tenía probablemente una chica diferente para cada día de la semana. Por otra parte, Tom había pasado buena parte de su tiempo pegando a los maricas y ahora, de repente, irónicamente decidieron hacerle uno de ellos.
¿Y cómo diablos acabas volviéndote gay después de ver a un chico?
Tom no lo sabía. Sólo sabía que lo sentía y que estaba tirando de sus pantalones. Gimiendo, se golpeó la cabeza contra la pared varias veces, moretones aparecieron como perfectos puntos redondos en su frente.
No podía decirle a ninguno de sus amigos; eran todos homofóbicos. No podía decirle a su padre, eso era casi ridículo. Reprimió un gruñido cuando su cabeza chocó contra la pared de ladrillo, una vez más. Definitivamente no podía decirle a Dereck. La única persona con la que se sentía más cercano, que lo había tratado como un amigo…
Sólo quedaba una persona quién podría comprenderlo…
&
Tom se paró frente a la ordinaria casa y tuvo que hacer una pausa para pensar en lo que estaba haciendo antes de levantar el puño y golpear tres veces a la puerta. Espero pacientemente hasta que el arrastre de unos pies acercándose podía oírse al otro lado. Hubo una pausa, probablemente comprobaban que estaba de visita a través de la mirilla, y luego Tom oyó algo que sonaba como un grito antes de que la puerta se abriera y apareció un Bill sonriente, de pie en el umbral, mirando a Tom como si fuera uno de los chicos que acudía a decirle que acababa de ganar un millón de dólares o algo así.
Tom se quedó allí incómodo, sin saber qué decir, a pesar que había llegado hasta allí.
— ¡Adelante! —Bill respiró jubilosamente, retrocediendo y dejó que Tom entrara, sin ni siquiera preguntar el motivo de esa repentina visita.
Tom entró en la casa con cautela, echando un vistazo a su alrededor. Nada había cambiado desde su última visita; el salón seguía tan entusiasta como siempre aunque su familiaridad ahora llevaba a Tom queriendo ir impulsivamente hacia adelante, a todos esos colores. Entró, las nubes pintadas en el techo apenas capturaban su atención como la vez anterior.
Se dio cuenta de que en realidad nunca había visto las pinturas. Cada vez más cerca, miró la colorida exposición, observando cada cuadro individualmente. La mayoría eran de paisajes, distorsionadas, casi de dibujos animados, con colores cálidos. El sol estaba representado en cada una de ellas, iluminando los cuadros y proporcionando una fuente de comodidad a la habitación. Cada pequeña bolita brillante parecía sonreír, acariciando el mobiliario barato de detrás como aceptándolo sin importar su exterior. La sala de estar era una completa réplica de Bill.
— ¿Quieres un aperitivo? Fuimos de compras al supermercado ayer.
— ¿No vas a preguntarme por qué he venido? —le interrogó Tom, alejándose del mural de pinturas para mirar a Bill.
— ¿Por qué? Viniste, eso es lo que importa —respondió Bill.
Por una vez, Tom apreció completamente su sonrojo. Había pasado tanto tiempo desde que había obtenido su dosis de rareza de Bill y sencillamente cayó en cuenta de la rapidez con que se había acostumbrado a ella.
—Podemos… ¿podríamos ir a tu habitación?
—Claro.
Bill lo condujo por el familiar camino de las escaleras hacia su habitación, que también se mantenía igual a como Tom la había visto por última vez. No sabía por qué, pero supuso que había asumido que la casa cambiaría durante su breve ausencia. El estado de ánimo de Bill siempre le sorprendía, era casi decepcionante descubrir que la casa no poseía esas mismas cualidades.
Su estómago dio un salto cuando sus ojos se posaron en la guitarra. Ella, también había permanecido recostada en su sitio contra la pared. Echó también un vistazo a la familiar oruga antes de desplomarse a los pies de la cama de Bill, su sitio habitual.
—Me gusta Dereck —soltó Tom antes de que pudiera detenerse. De repente avergonzado, miró hacia abajo a su regazo, las prisas del último período venían a su cabeza en forma de desagradables recuerdos. Sonaba mucho peor ahora que por fin lo había pronunciado en voz alta. Bill se sentó en el suelo, con los brazos extendidos, sosteniéndose. Le sonrió a Tom.
—Te tomó bastante tiempo.
—Dios, Bill, ¿por qué tienes que tener razón? ¡No puede gustarme porque es mi amigo! Tú eres el único al que podía decirle y no sabía que más hacer…
De pronto, su vergüenza parecía un eufemismo en comparación con el completo bochorno que Tom sentía. Una opresión le obstruía la garganta y se encontró ahogándose en sus propias palabras.
—Tío, esto es tan estúpido. Lo siento, probablemente debería sólo irme…
— ¡No, por favor, quédate! —Bill estalló y pareció retroceder ante su propio atrevimiento. —Lo siento —se corrigió, mirando a sus rodillas—, no es ninguna vergüenza que te guste un chico al que conoces, te sorprendería la cantidad de personas como tú…
— ¿Cómo yo?
—Sí, ya sabes, convencionales homofóbico aspirantes a chico malo.
Bill dijo la cuestión con total naturalidad que Tom ni siquiera se paró a indignarse.
—Él nunca me había gustado. Esto es tan estúpido —dijo Tom y procedió a decirle a Bill todo lo que había ocurrido durante historia esa tarde.
— ¿Cómo sabes que no le gustas? —le preguntó Bill cuándo Tom hubo terminado.
— ¡Vamos Bill! —exclamó Tom, golpeando la cama exasperadamente. —Él siempre está con chicas y da palizas a los chicos que parecen maricones todo el tiempo… sin ofender…
—Wow, ¿eso no te suena familiar?
Tom se lo quedó mirando por un momento antes de capturar la pista.
—Oh…
Pausa.
—Sólo deberías decirle —dijo Bill con sensatez, rompiendo el silencio.
Tom se rio en voz alta, cayendo sobre su espalda.
—Sí, eso estaría muy bien. Hola Dereck, deshazte de tu caliente novia por mí porque te amo, tío. Sí, ya sé que no tengo tetas o coño, pero es por eso que Dios creó el alcohol y el buttsex (*) No sé si me hubiera dado un puñetazo antes o después de reírse hasta que se le salgan los sesos —Tom entornó los ojos, suspirando.
Bill se echó a reír.
—Sigo pensando que no pierdes nada en intentarlo.
Tom bufó. —Sólo mi amigo y mi reputación. Eso es todo.
—Voy a seguir aquí—dijo Bill en voz baja.
Tom sonrió.
—Gracias —Fue todo lo que respondió, pero fue suficiente para sacar otro ardiente rubor procedente de las mejillas de Bill.
El sol se ponía rápidamente, proyectando un resplandor naranja-rojo a lo largo de las paredes, un adormecedor y cálido color.
— ¿Tu padre te espera pronto en casa? —le preguntó Bill nuevamente después de un rato.
Tom quería responder con amargura antes de recordar que nadie debía saber acerca de su vida familiar. Abrirse a Bill había resultado tan fácil, pero su relación prácticamente inexistente con su padre era una cosa que quería mantener bajo llave a puerta cerrada hasta que se mudara. A nadie le importaba, sólo estaría haciéndose más daño a sí mismo.
—Nah, no le importa cuando llego a casa —dijo Tom simplemente.
— ¿Entonces tal vez podrías quedarte para la cena? Quiero decir… que no tienes que hacerlo, pero, si quieres, puedes. A mi mamá no le importa, ella ha estado en su estudio todo el día…
Consciente de que estaba al borde del balbuceo, Bill calló, esperando la respuesta de Tom. Su corazón casi salió despedido de su boca cuando un bajo eco, —Sí, eso suena bien —flotó a su oídos. Movió sus ojos para ver a Tom mirándolo.
Su mirada era tan extraña. Sin hostilidad, ni odio, sólo curiosidad y calma, sus emociones rodaban en un frenesí considerando la expresión que emanaba de este hermoso ser que estaba sentado en su cama y compartía el mismo espacio que él. Los días en que Bill había anhelado a Tom sólo por mandarlo a la mierda parecían muy lejanos, casi ridículos. Sí, a Tom le gusta Dereck, ¿pero a quién le importa? El hecho de saber que sus pensamientos hacia él no albergaban ni asco ni repulsión era suficiente.
No estaba pidiendo el mundo, sólo quería un poco de amor.
&
Las estrellas titilaban deslumbrantes mientras Bill y Tom yacían en la hierba en el patio trasero de Bill, mirando hacia arriba. La oruga estaba al lado de ellos, en su jarra, durmiendo pacíficamente, emitiendo inaudibles y suaves ronquidos de oruga. Bill había insistido en salir afuera, diciendo que había pasado mucho tiempo desde que su compinche marrón había regresado a su hogar natural.
El patio trasero de Bill era todo como su casa. El pasto estaba muy crecido y enredado, dientes de león asomaban a través de la maleza por centenares. Un amplio seto les rodeaba, un alto muro para darles privacidad a su vida. Ese, también, muy crecido y enredado.
Tom sólo tenía la intención de quedarse para la cena, pero el ambiente de la casa era contagioso y pronto, antes de que se diera cuenta, las estrellas habían salido y él y Bill estaban perezosamente observándolas, llenos y felices de la comida.
— ¿Dónde está tu padre? — preguntó Tom.
— No tengo un padre.
—No se puede no tener un padre. ¿Está muerto?
—No.
— ¿Divorcio?
—No, es que no tengo uno.
—Biología 101: cómo hacer niños. Lo primero que se necesita es una mujer y un hombre y a menos que seas Jesús, se necesitan ambos.
—Mi mamá siempre ha sido una artista y cuando eres una artista… haces cosas muy locas.
— ¿Así que tú papá la dejó?
—No, ella dormía un poco con todos y a montón cuando era joven. Era su forma de «arte exploración» y lo siguiente que recuerda es que me tenía.
— ¿Pero ella no quería saber quién era el padre?
—No creo que realmente le importara. Fue una de esas cosas que sabía que podría pasar y así fue. Creo que, en el fondo, le gustaba la idea de ser una madre independiente. Ella siempre dice que yo soy el mejor error que cometió alguna vez —terminó Bill con orgullo, dejando a Tom incrédulo y riendo.
—Tienes que estar bromeando. ¿Nunca la odiaste por no saber quién es tu padre?
— ¿Por qué habría de hacerlo? Ella siempre me amó y me hizo feliz, ¿realmente importa cómo llegué aquí tras todo este tiempo?
Tom negó con la cabeza, perplejo. —Juro por Dios que no te entiendo a veces. Eres tan… extraño.
—Se trata todo del punto de vista, ¿no es así? No soy extraño, Tom, yo sólo soy yo. Todo el mundo dice que soy extraño, pero sólo porque alguien dice algo, no significa que sea cierto. Hablo y camino como todos, y sufro y lloro y amo. ¿Y qué si lo hago un poco diferente? Aun así lo hago, sigo siendo una persona. Córtame con el filo de una mesa y voy a sangrar. Sólo porque veo las cosas de otra manera, está de pronto mal. ¿Pero sabes qué, Tom? No cambiaría por nada del mundo.
Tom meditó sobre ello, un poco abrumado por el poder detrás de las palabras de Bill. Ellas parecían pesar sobre su pecho, llenándolo con un sobrecogimiento inexplicable. Este chico, tan excéntrico, tan diferente…
—Definitivamente eres una oruga — se rió Tom y vio las líneas de la cara de Bill arrugarse alegremente.
—Jodidas mariposas, sólo quiero quedarme como una oruga para siempre. Las orugas son agradables.
—A veces me gustaría también ser una oruga…
Un amigable silencio cayó entre ellos y escucharon la sinfonía de los grillos mientras el suave viento agitaba sus cabellos. Esto era mejor que las guitarras o las galletas o la marihuana o las chicas. Aquí y ahora, en la noche, todo lo que Tom necesitaba era el cuerpo inmóvil que yacía junto a él.
Continuará…
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