Mi jaula dorada 1

Notas de la historia: Bueno, en este fic, Bill vive en el harem del sultán, pero no se preocupen, porque es un fic de Bill/Tom. El palacio sólo tiene un gran harem y las concubinas de todos viven allí.

En esta historia Bill tiene 17 y Tom 23, porque quería que Tom fuera mayor.

Notas de la autoraNo suceden muchas cosas en este capítulo. Es básicamente una introducción a las vidas de los dos personajes principales.

Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan

& Capítulo 1 &

Bill decidió que el mercado no era tan genial después de todo. Cuando era un niño, solía rogar para que le permitieran acompañar a su padre al puesto en los días de mercado. Ahora podía ver, por qué su hermano mayor le había dicho que tenía suerte de quedarse en casa. Realmente apestaba estar allí.

El mercado se ubicaba en la plaza principal, no lejos del palacio. Era el único espacio libre en aquella ciudad tan estrecha y apretada. Pero hoy no. Hoy era el “día del mercado”, y la plaza, usualmente vacía, estaba llena de comerciantes vendiendo sus mercancías. Toda esa variedad solía fascinar a Bill, pero ahora, al estar sentado, preocupado de las mercancías de su padre, sentía que era simplemente desagradable.

El mercado era bullicioso, polvoriento y caluroso. Bill se abanicaba con una hoja que había recogido de los alrededores. El aire estaba resplandeciente por el calor del fin de la mañana y arrugó la nariz al sentir que el sudor le corría por la espalda.

A Bill no le gustaba sentirse sudoroso o sucio, ni nada parecido; lo cual era una pena pues estaba condenado a estar siempre cubierto del polvo y la suciedad que se acumula en cada abertura y en cada esquina de una ciudad construida con adobe. Sin embargo, Bill siempre había sido un poco diferente en ese sentido. Él era crítico, mimoso, incluso exigente. Sus padres le decían que actuaba por sobre su estrato social, pero a él le gustaba pensar que era refinado.

Bill suspiró y cambió de posición. Deseó tener un paraguas como el hombre de más allá, o un puesto adecuado, con un techo que les diera una agradable sombra, como la señora que vendía pájaros. Miró con añoranza al edificio más cercano, una taberna. Las puertas estaban abiertas y Bill pudo ver los peldaños que llevaban abajo a un fresco restaurant «Daría todo por trabajar ahí» Pensó.

Justo en esos momentos, un gran y agudo chillido, seguido por unas locas risotadas, se pudieron oír, viniendo el mismo lugar. Bill rodó sus ojos.

«Ok, tal vez no» Por supuesto, él no podría trabajar en una taberna; donde, por el precio de una comida, los clientes se sentían con la libertad de meter mano de los empleados. Bill sabía lo que le podía ocurrir allí y sabía por qué.

Desde muy pequeño, su madre le advirtió que tuviera cuidado con los otros hombres y sus intensiones. Él era hermoso para los hombres, le había dicho ella. Y que debía protegerse para que no fuera tomado en contra de su voluntad. Bill, en realidad nunca le había creído, hasta la primera vez que vino a ayudar a su padre al mercado, cuando tenía quince. Las miradas lascivas que recibió de los otros vendedores y compradores fueron más que suficiente para probar que ella tenía razón.

De hecho, Bill notó que estaba siendo examinado, por el vendedor del puesto contiguo al suyo. El hombre gordo, Youssef, estaba mirando a Bill con ojos hambrientos, y cuando se dio cuenta de que Bill le vio, le dedicó una risita asquerosa y le guiñó. Rápidamente para evitar su mirada, el menor giró a ver la calle angosta al frente de la gran tela que conformaba el puesto de su padre.

Recogiendo un poco la cuerda floja, Bill miró en dirección al palacio. No podía ver mucho desde allí, pero el gran y abovedado techo sobresalía a la vista, sobrepasando todos los obstáculos. Esta era la mejor visión que Bill había tenido del palacio, ya que él había estado propiamente en la ciudad sólo en los días de mercado. Bill levantó la cabeza, con una mirada soñadora pintada en el rostro.

Se preguntó «¿Cómo se verá el palacio de cerca? Debe ser colosal» Pensó «Y hermoso, exuberante, con jardines verdes y deslumbrantes corredores de mármol. ¿Cómo sería vivir allí?» Soltó un gran suspiro. Probablemente, él nunca tendría ni siquiera una buena vista del palacio, mucho menos pensar en verlo por dentro.

Lo mejor era enfocarse en el aquí y ahora, pensó y se ocupó, arreglando los marcadores que yacían a los pies de los cajones de frutas, los cuales mostraban los precios. Bill sabía que su padre ponía precios demasiado altos. Ya había visto lo que los otros comerciantes vendían, pero su padre no le escuchaba, cuando se trataba de negocios.

Bill recordó la única vez, en que trató de darle a su padre consejos de negocios. Se había ganado un labio inflamado por eso. A pesar de la violenta reacción de su padre aquella primera vez, Bill de nuevo tuvo la urgencia de decirle a su progenitor, que estaba llevando mal su negocio. La gente simplemente no compraría a esos precios, y no lo hicieron. Bill no tuvo ni un solo cliente en toda la mañana. Sin embargo, no podía culpar a la gente por ir a otros sitios. Tanteando la fruta que no veía muy buena, Bill pensó que la producción se estaba marchitando. «No sería sorprendente con este calor» Pensó amargamente. Le dio otra mirada al puesto de Youssef, las sombras se veían tan agradables «Unos grados más frescos, harían la diferencia» Pensó.

Ellos, una vez, habían tenido un puesto de verdad, antes de que Bill viniera al mercado a ayudar. Pero eso fue antes de que su estúpido hermano Omar obtuviera una deuda por apostar. Después de eso, ya no pudieron costear el precio para arrendar uno, así que ahora Bill estaba atrapado en el calor, el sol quemándolo por la espalda, mientras su padre y hermano deambulaban por el mercado, buscando buenas ofertas «No es justo» Se quejó el pelinegro.

&

Tom permitió que un masivo bostezo se escapara de su boca, mientras se estiraba, seda envolviendo su cuerpo desnudo. Relajó la espalda en la suave cama, lamió sus labios un par de veces, luciendo pensativo.

Agua —dijo, estirando su brazo derecho para dejar que su mano colgara por el borde de la cama.

El suave sonido de las sandalias del sirviente se pudo oír, mientras se acercaba en silencio para entregarle una copa al príncipe. Tom se levantó sobre sus codos para darle un sorbo a la refrescante bebida, borrando la desagradable sequedad de su garganta.

¿Qué hora es? —preguntó, mirando a nadie en particular.

Cerca del medio día, señor —dijo otro sirviente, cerca de la puerta.

Tom gruñó, su padre ciertamente encontraría algo que alegar con respecto a eso. En años pasados, Tom había sido autorizado para dormir hasta bien entrada la tarde si quería, pero últimamente, el sultán parecía querer cambiar el comportamiento de su hijo a uno que él considerara aceptable para un futuro rey. Y dormir hasta el mediodía, no era uno de aquellos comportamientos.

Deena —dijo Tom, un suave ronquido se escuchó a su lado—. ¡Deena! —repitió un poco más fuerte. La chica, que hasta ahora había estado durmiendo en silencio al lado del príncipe, despertó de un salto.

Mmm ¿Mi príncipe? —murmuró somnolienta.

Tom miró la figura de su concubina favorita. Su largo cabello negro yacía sobre su cuerpo en ondas aterciopeladas. Estaba sobre su estómago, su bronceado trasero, se presentaba agradablemente. Era realmente hermosa.

Vuelve a tu cuarto ahora —Deena despertó apropiadamente con este comentario, se sentó sobre sus rodillas e hizo un puchero.

Si mi señor insiste —Una tímida sonrisa se estaba formando en sus labios, mientras se escabullía hacia atrás en la cama en cuatro, arqueando su espalda bellamente, sus ojos pintados mirándolo fijamente. Tom le dio una sonrisa cálida.

Me encantaría jugar esta mañana, pero me reuniré con Georg pronto.

Habiéndose parado de la cama, Deena miró al príncipe sobre su hombro.

Su amigo me roba mi puesto, señor —ella le guiñó antes de girar y salir sin prisa de la habitación, moviendo sus caderas todo el camino.

Tom dio una risita. La chica era directa, quizás demasiado, para ser una concubina, pero honestamente a él no le importaba. Esa era una de las cosas que le gustaba de ella, entre tantas otras. Se rió un poco más, al notar que ella había dejado la habitación completamente desnuda. Sus ropas estaban tiradas, donde las había dejado la noche anterior, cerca de la pared, justo al lado del gran florero. Tom señaló la pila de ropas.

Llévaselas de regreso —Mandó, mientras se trataba de quitar el cansancio del rostro—. Y dile que no deambule así —agregó pensando después. ¡Qué diría su madre, si ve a sus esclavas, caminando por allí expuestas!

No queriendo pensar en esa pesadilla, Tom se levantó de su posición, las sábanas cayendo silenciosamente. Tomando una bata del sirviente más cercano, se envolvió entre los suaves pliegues.

¿Está preparado el baño? —preguntó.

Sí, señor —respondió el sirviente.

Respirando profundamente por su nariz y soltando un gran suspiro, el príncipe empujó las dos puertas decoradas, abriéndolas de par en par, llevándolo a su sala de baño.

Otro día —dijo llanamente y caminó hacia el cuarto lleno de vapor.

&      Continuará     &

Este fic fue traducido hace mucho tiempo, pero lo estoy editando para que se lea mejor. Después de todo, fue la primera historia que traduje.

3 comentarios en “Mi jaula dorada 1”

    1. Esta fue la primera traducción que realicé. Necesitaba una buena edición y ahora si me siento bien con como quedó. Si hay algún error, es sólo algún dedazo jajajaja

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