Mi jaula dorada 8

Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan

& Capítulo 8 &

Tom se quedó en la puerta por medio segundo, convenciéndose a sí mismo de no vomitar. Bill estaba desnudo, atado a una cruz de madera, mirando hacia el otro lado. Tom deseó que no lo estuviera, porque dejaba al descubierto su espalda y no era en absoluto una bonita visión. El príncipe no sabía que le habían hecho para crear ese desastre. Conociendo a Lafee, era producto de una de sus muchas “técnicas”.

Tan pronto como se abrió la puerta, Lafee giró para ver quién era el recién llegado. En cuanto vio al príncipe, comenzó a aplaudir. Fue un gran error, porque aún estaba sosteniendo el aparato de tortura hecho en casa, terminó incrustándolo en su otra mano, cortándose varias veces en el proceso.

Oh. ¡Ouch! —El dildo fue arrojado al piso, mientras la mujer miraba su mano lastimada, su mirada de dolor, cambió a otra de total fascinación, mientras miraba los cortes sangrantes—. Linda.

Tom vio horrorizado, el objeto descartado en el suelo, antes de regresar su mirada a la mujer distraída en frente suyo.

Eso… No lo usaste… —Su voz débil y su mirada se dirigieron al joven que tenía atado al otro lado de la habitación.

Habiendo perdido su ensoñación por la voz del príncipe, Lafee respondió.

Oh, no. Aún no llegamos a eso. Estábamos a punto de hacerlo cuando llegó su alteza. —Ella se detuvo para lamer su palma. Caminó hacia la esquina que tenía un candelabro de hierro, tomando una de sus velas—. Hey. ¿Quieres quedarte a mirar? —Y procedió a poner una gran cantidad de cera líquida, de la punta de la vela a la palma de su mano. Suspiró, con expresión serena. Encontrándose con los ojos del príncipe nuevamente, preguntó.

¿Y bien?

Tom la miró con la boca abierta antes de retomar su compostura, que se había venido abajo al entrar en ese cuarto. Indicándole a los guardias que entraran y cogieran a Bill, contestó.

No. Um, no gracias Lafee. Sólo vamos a llevarnos al prisionero y… sería todo —y agregó—. Y ya no vas a volver a jugar con él. —Los guardias habían desatado a Bill y lo transportaban por la habitación. Apenas se veía consciente.

LaFee no estaba para nada feliz—. ¡¿Qué?! ¡No! ¡Él es mío! —Zapateó en el suelo. Tom miró hasta que los guardias hubieron sacado por completo a Bill de allí.

Ya no más —la expresión de Lafee se tornó sombría.

Pero nos estábamos divirtiendo tanto —se quejó—. Y no había reglas el día de hoy —Tom la miró con un gesto de incredulidad.

Bueno, lo siento —dijo, pero no siendo para nada sincero. Cruzó la puerta, siguiendo a los dos hombres en frente, fuera de las profundidades del palacio.

&

Tom estaba sentado en frente de la cama en la que ahora yacía Bill. Había hecho que lo llevaran a una de las habitaciones destinadas a los invitados del palacio, ganándose un sinnúmero de miradas extrañas en su camino hasta allí. Sabía que Mahtob y las otras se enojarían.

Oh, Dios —dijo una voz en la puerta. Tom se puso de pie al ver que el médico real había llegado.

Tabeeb, gracias por venir tan rápido. —El doctor movió su cabeza al príncipe, como un saludo, pero su atención estaba con el chico que yacía sobre la cama. Acercándose para evaluar la condición del joven, preguntó.

¿Está dormido? —Tom sacudió la cabeza.

No, está inconsciente. Se desmayó cuando lo traíamos hasta acá arriba. —El doctor lo miró.

¿Arriba? Entonces… ¿estaba con Lafee? —El príncipe asintió y el médico hizo una mueca.

Dios mío. ¿Espero que no hayas sido tú el que lo envió allí, Tom? —Tom frunció el ceño.

¡Por supuesto que no! Fue mi padre. ¿Puedes ayudarlo? Estoy seguro de que está sufriendo; ha estado gimiendo. —Tabeeb Ihsan miró al chico y suspiró.

¿Es esto, todo lo que le han hecho? ¿Nada en el frente o en algún otro lugar? —Tom hizo una mueca ante las palabras del médico.

Por lo que sé, es lo único. —El doctor asintió.

Bien, entonces. La cera necesita ser removida. Tengo algo que me podría ayudar con eso, pero también será doloroso, pues parece haber carne atrapada en ella. —Tom descompuso su rostro, todo eso parecía ser muy desagradable. El doctor lo miró.

No te preocupes, lo voy a sedar. De lo contrario, el dolor seguramente, lo despertaría. —Tom tragó y asintió.

Sacando una jeringa y una botella con un líquido transparente, el doctor llenó la aguja y le inyectó la substancia en el cuello al joven. Se acercó a su bolsa para sacar un frasco rojo.

Este aceite debería ayudar a remover la cera.

Tom observaba mientras el doctor aplicaba generosamente, la resbaladiza substancia, sobre la espalda del esclavo, frotándola lo más gentilmente que podía. Estuvo unos pocos momentos haciendo esto y luego el hombre se volvió a sentar, dando por terminada esa etapa.

Tendremos que esperar un tiempo, hasta que pueda intentar removerla —Tabeeb Ihsan giró para mirar de frente al príncipe—. Si no le molesta que pregunte, ¿por qué este joven fue enviado con Lafee? —Tom parpadeó.

Um, él ahmm, en cierto modo, apuñaló a mi padre. —La mandíbula del doctor se cayó—. ¡Con un alfiler para peinados! —El príncipe añadió ágilmente. La expresión de alarma desapareció del rostro del médico, quien pareció sumirse en sus pensamientos y luego soltó una risita.

¿Un alfiler para peinados?

Sí. —Tom le dio una sonrisa irónica.

&

Unos momentos más tarde y con mucho cuidado, el doctor removía la cera de la espalda del esclavo sedado. Tom observó, sintiendo nauseas, al notar que trozos de piel lastimada, salían pegadas a la cera y la expansión de carne viva quedaba al descubierto. Pensando en Mahtob, preguntó súbitamente.

¿Quedará con cicatrices muy desagradables? —El doctor frunció el ceño.

Seguramente quedará con algunas cicatrices, sin embargo, no podría decir que tan marcadas serán. Las heridas no son profundas. Si no le hubieran arrojado cera, diría que se habría librado de ellas, pero la quemadura adicional, seguramente las agravará. —Tom asintió.

Viendo su expresión llena de pesar, el médico añadió—. Sin embargo, tengo muchos ungüentos que podrían ayudarlo. No se preocupe, príncipe Tom, el chico estará bien.

Tras aplicar cuidadosamente, dichos ungüentos sobre las heridas y tras prometer que regresaría cada dos horas a revisar al paciente, el médico anunció que su trabajo había terminado y se retiró.

Tom se quedó unos minutos más, mirando dormir al jovencito y sintiéndose inmensamente aliviado por haber llegado a él a tiempo. Alejándose de la cama, salió de la habitación y partió en busca de su padre.

&

Tom encontró a su padre en la segunda antecámara, mirando un mapa.

Perdiendo el tiempo como siempre, presumo —dijo el sultán arrastrando las palabras, sin dejar de mirar su trabajo. Tom decidió ignorar el comentario.

Estoy aquí por Bill.

¿Quién? —Tom entró más en la habitación, sentándose en la esquina de una pequeña mesa.

Bill, tu esclavo. Al que mandaste con Lafee. —Esto sí que llamó la atención del gobernador y miró hacia arriba con los ojos hirviendo.

¿Qué hay con él? Ahora, probablemente esté muerto. ¡La pequeña basura me apuñaló! —Al decir esto señaló su hombro, que ya estaba vendado y con toda la ropa arremangada hasta arriba—. ¿Qué? ¿Estás aquí para discutir sobre mi decisión? —Se burló. Tom luchó para mantener su rostro neutral. Enojarse no iba a ayudar a su causa.

Padre, he venido aquí para pedir que él me sea entregado a mí, viendo que tú, obviamente, ya no lo deseas —El sultán miró incrédulamente a su hijo, antes de que su rostro se oscureciera y respondiera.

Te lo dije, probablemente Lafee ya lo mató, y aun si no lo ha hecho, de ninguna manera le permitiré vivir después de haber atentado contra mi vida. Es ridículo que siquiera lo pienses. —Tom se levantó de la mesa.

Oí que te pinchó con un alfiler para peinados, ¿cómo es “eso” un intento de quitarte la vida? —El sultán lo miró enfurecido.

¡Él me apuñaló con eso! ¡La cosa tenía cuatro pulgadas de largo! Si hubiera apuntado a mi cuello, habría tenido un resultado completamente diferente —vociferó—. ¿Y por qué demonios te interesa él? —escupió.

Se lo quité a Lafee. —Jorg lo quedó mirando estático.

¿Tú qué? —Siseó—. ¿Qué demonios te daría la AUDACIA de tomar tal decisión? —Jorg se paró del escritorio, empujando la silla rudamente—. ¡Cómo te atreves! —Tom miró con la misma intensidad el rostro rugiente de su padre.

La mitad del harem estaba alborotado por la noticia. Mis concubinas estaban a punto de tener ataques de epilepsia. —Jorg casi ladró con una risa dura.

¿Así que ahora cedes a los sollozos de las mujeres? ¡Patético! —Tom apretó los puños.

Al menos sé lo suficiente de mujeres, para evitar que me apuñalen —contra-atacó. La cara de Jorg se enrojeció de puro enojo. Dando fuertes zancadas rodeó el escritorio para enfrentar el rostro de su hijo.

¿Dónde está? Lo mandaré de vuelta justo a donde estaba. —Tom se impuso, forzando al sultán a retroceder un paso.

¡No! ¡Él es mío ahora!

No tienes derecho para reclamarlo. ¡Él es mío y haré lo que quiera con él! Tú aún no eres sultán, chiquillo. Y así como vas, nunca lo serás.

Ambos hombres estaban furiosos, al punto de morir de rabia. Justo en esos momentos, tocaron a la puerta y entró Ahmed.

Ah, padre, ¿teniendo problemas con Tom, como siempre? —El hombre pomposo giró hacia su hermano—. Vaya, vaya Tom, gritar y llorar, no es la forma de comportarse de un futuro sultán.

¡Maldito! —Tom espetó, volviendo a girar hacia su padre, Tom notó un cambio en su expresión. La furia de Jorg pareció decrecer un poco, pues su rostro calmado, tenía menos rastros de sonrojos furibundos. Ahora estaba mirando a Ahmed, como si hubiera dicho algo sumamente interesante. Su cabeza ladeada y sus ojos entrecerrados, como si estuviera planeando una idea que recién se le hubiera ocurrido. Cuando su mirada se aclaró y regresó al presente, volvió a mirar a Tom, con una pequeña sonrisita en la cara.

Te diré algo, Tom; puedes tener al chico, si estás de acuerdo con una condición —Tom se mordió la mejilla por dentro, preocupado por las posibles demandas de su padre.

¿Qué? —El sultán volvió a ponerse tras su escritorio, apoyándose en este.

Que comenzarás a tomarte tu posición como mi heredero, con seriedad. Pasa tus días en la biblioteca y en el campo de entrenamiento, no tonteando con tus amigos. Asume algunas responsabilidades, supervisando a la guardia y participando en política. Si prometes esto, te dejaré conservar al chico. ¿Qué tal suena eso?

Tom no habría rechazado la oferta de su padre, no cuando la vida de alguien estaba en juego, pero aún se sentía inseguro de aceptar esos términos. Dejó las habitaciones de su padre y regresó a las suyas, preguntándose por qué iba hasta tal extremo por un esclavo al que apenas conocía.

& Continuará &

Notas de MizukyChan: Como vimos, Tom ya comenzó a hacer cambios importantes por Bill, acceder a las demandas del sultán, cuando él mismo no lo aprecia es algo impresionante, ¿no creen? Y ahora que él será el dueño de Bill, ¿cómo creen que lo tome el pequeño? Vamos, ¡comenten! Jejeje. Besos.

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