Notas de Sarahyellow: ¡Advertencia! ¡Advertencia! Escena hetero adelante.
Lo siento, ni siquiera me gusta el hetero, pero es necesario que esté allí, por el bien de la historia. Sólo cierren sus ojos y piensen en Inglaterra.
Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan
& Capítulo 16 &
En la última semana, el príncipe se había hundido en sus responsabilidades. Su padre no había tenido ocasión para quejarse de que Tom no hubiera cumplido su parte del trato, porque sí lo estaba haciendo. Tom no podía entender por qué estaba fallando tan miserablemente en bloquear la culpa de su mente. Desde que había dejado ir al prisionero, con una palmada en la espalda, Tom se había estado sintiendo como si debiera hacer algo.
Tom garabateó su firma en el último trozo de pergamino y lo agregó a la pila de documentos, que había crecido a más de un pie de altura. El hombre que servía como secretario oficial del príncipe (Tom ni siquiera sabía que debía tener uno), se acercó para llevar los papeles a su propio escritorio, donde comenzó a doblarlos y cerrarlos con el sello oficial. Serían enviados para notificar que estaban aceptando nuevos reclutas para su ejército.
Muchas otras naciones habrían reclutado a cualquier ciudadano, pero los rangos de la armada Bagravia aceptaban sólo luchadores hábiles, y por lo mismo, la nación tenía una poderosa fuerza para ser considerada y temida en tiempos de guerra. Tom alejó sus implementos de escritorio y suspiró. Su padre lo había puesto a cargo de entrenar la nueva compañía con los nuevos soldados que pronto llegarían. Tom se levantó de su escritorio, dejó la habitación y comenzó a caminar por los pasillos del palacio. Manejar doscientos novatos peleadores, no era una tarea que le atrajera al príncipe, pero parecía más sencillo que lo que ahora debía enfrentar.
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Bill estaba orgulloso de haber descubierto que tenía talento para la pintura. Deena siempre lo hacía y él pensó que debía intentarlo. Había ubicado un pequeño caballete y lienzos en su cuarto. Y ahora estaba dibujando, con uno de los delicados pinceles que Deena le había prestado, con amarillo seco sobre el fondo café. Poco a poco, la silueta de un camello descansando sobre sus rodillas, tomaba forma.
Una hora después, Bill sintió que la pintura estaba casi completa. Estaba feliz al pensar que la escena que había pintado, sobre un oasis en el desierto, se veía muy realista. No podía esperar para mostrársela a Deena. Tomando el más pequeño de los pinceles del set y hundiéndolo en la pintura café, Bill sacó su lengua por un lado de la boca mientras se concentraba en delinear la boca y la nariz del rostro del camello. Estaba a punto de terminar el ojo, cuando una voz habló desde la puerta a su izquierda.
—¿Qué estás pintando?
Bill casi saltó por la sorpresa. Miró al lienzo; había quitado el pincel justo a tiempo. Bill dejó su herramienta en una jarra de agua y miró a donde el príncipe estaba apoyado en la puerta.
—Un camello, y tú casi me haces arruinarlo.
El príncipe caminó para ubicarse detrás de donde Bill estaba sentado y observó por sobre su hombro la pintura. Bill pudo sentir los latidos de su corazón saltar en un nervioso frenesí. Se levantó para poner distancia entre ellos, caminando hasta sentarse en una silla plegable cerca de su cama.
—Es muy buena. ¿Acaso Deena te enseñó cómo hacerlo?
Bill ignoró la pregunta—. ¿Qué quieres? —Salió mucho más despacio de lo que hubiera querido, así que realmente no sonó grosero.
Tom estuvo de pie unos momentos, nervioso, antes de tomar el piso en el que Bill había estado sentado y moverlo para estar al frente del silencioso chico. Tom se sentó y miró a Bill a los ojos. Luchando con el deseo de bajar la mirada, Tom inhaló profundamente y se forzó a sí mismo, a decir las palabras que parecían tan complicadas. Nunca antes, se había disculpado con un esclavo.
—Lo siento.
Bill parpadeó y se quedó absolutamente quieto. Eso no era lo que esperaba oír.
—Quería decirte eso. La forma en que actué contigo fue… innecesaria.
Bill sintió que su nerviosismo se diluía, las palabras de arrepentimiento, de algún modo le daban poder sobre el otro hombre.
—¿Estás diciendo que sientes haberme violado? —Preguntó levantando las cejas.
La garganta de Tom se cerró, como si estuviera evitando que continuara. Tragó—. Sí —Tom aguantó la mirada calculadora del pelinegro por varios segundos.
—De acuerdo.
Tom había estado esperando una negativa furiosa. Sintió que sus hombros se relajaron y pensó que todo este asunto de la disculpa había sido más fácil de lo que él esperaba. Se paró de la silla y le dio al chico una sonrisa vacilante.
—Ok, bueno… adiós —Giró para irse, pero no era una sensación agradable, como si estuviera arruinando algo.
La voz de Bill sonó detrás de él—. ¿Qué vas a hacer ahora?
Tom volvió a girar—. ¿Qué?
El chico lo miraba expectante—. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Vas a dejarme ir? —Una pequeña luz de esperanza estaba entrelazada con sus palabras.
Tom se sintió tenso nuevamente—. No.
—¿Por qué no?
—Porque no puedo.
Bill le miró enojado—. Sí puedes. Simplemente dices “Bill eres libre” y me dejas ir. No es tan difícil.
Tom negó con la cabeza—. Mi padre te secuestró. No puedo dejarte ir y dejar que sus crímenes sean revelados al pueblo.
«Ya lo odian lo suficiente» Pensó oscuramente.
Bill se paró de la silla—. ¡No le diré a nadie!
—Sí lo harás.
—¡No! No lo haré. Lo prometo.
Tom suspiró—. No importa. Aun así no puedo. Si mi padre se entera que te liberé, mandará a matarte.
Eso silenció a Bill. Miró al suelo y Tom podía decir que estaba buscando alguna forma de convencerlo de liberarlo.
—Bill, te quedarás, así que ríndete.
La concubina alzó sus fieros ojos—. ¿Prometes no tocarme?
Tom consideró las palabras del chico, pensó que tal vez podría decir sí. Pero algo lo detuvo. Sabía que debía decir que sí, prometerle a Bill que le dejaría en paz y nunca más pensar en él. Pero Tom no podía obligarse a hacerlo, lo deseaba.
—No.
Los ojos de Bill se abrieron grandemente—. Entonces tu disculpa no vale nada, porque lo volverás a hacer.
—Nunca te trataré como lo hice aquella noche —era la única promesa que Tom podría hacer.
—¿Pero? —Bill sabía que venía una condición.
—Pero aún eres mi concubina y tendré acceso a ti, si lo deseo.
Bill rodó sus ojos. Estaban yendo en círculos y Tom parecía no entender eso.
—Es exactamente la misma co…
—Sólo déjame besarte —el príncipe rastudo cruzó la habitación hasta estar muy cerca de Bill en un veloz movimiento. Bill llevó la cabeza hacia atrás, sorprendido—. Déjame besarte y me iré. No te llevaré a mi cama, hasta que estés listo.
Bill se sonrojó y bajó la mirada, abrió la boca para decirle al príncipe que nunca estaría listo, pero cuando levanto la vista y vio esos ojos ambarinos, intensamente fijos en él, dándole a entender que estaba en un callejón sin salida con la respuesta que planeaba dar, enojado respondió.
—Está bien.
Y entonces Tom se acercó y ya no había espacio entre ellos. Suaves labios se acercaron y tocaron, presionándose en un dulce beso. El príncipe movió su boca, expertamente sobre la de Bill. Soltó su respiración y lamió la esquina de los labios de Bill, tentándolos a abrirse. Hurgó adentro de inmediato, posando sus manos en las pequeñas caderas del chico, mientras sus lenguas se tocaban. Bill apenas notó el suspiro que salió de sus labios. Pensó que, fuera como fuera, besar se sentía desproporcionadamente bueno.
Estaba considerando presionar también contra la boca abierta del príncipe, cuando Tom de repente, se alejó. Bill abrió los ojos. Medio segundo después, se sintió decepcionado y se dijo que debía estar agradecido de que el príncipe hubiera terminado el beso, antes de que se hubiera humillado a sí mismo por disfrutarlo. Respiró, mirando los hermosos rasgos del príncipe, que estaban a centímetros de distancia.
—Dijiste que te irías —comentó casi susurrando.
Tom asintió y comenzó a retroceder—. Sí lo hice —Justo antes de abandonar la habitación, se detuvo en la puerta y miró por sobre su hombro a la concubina que estaba inmóvil, con los brazos colgando—. Nos vemos Bill.
Y luego se había ido. Bill parpadeó al lugar donde Tom había desaparecido. Levantó los dedos hacia sus labios, preguntándose cómo había terminado dejando que el príncipe lo besara y por qué ya no estaba enojado.
&
Tom caminó por el pasillo, con una sonrisa de satisfacción adornando su rostro. Había conseguido que Bill lo besara voluntariamente. Tom ignoró que había habido condiciones para dicho beso. Simplemente estaba contento de que cuando salió de allí, Bill no parecía ni enojado ni molesto con él. Eso en sí mismo, era un progreso.
Continuó su camino por los corredores del harem y se detuvo en la habitación de Deena. Estaba sentada en su cama, leyendo. Tom estaba de buen humor, por cómo habían ido las cosas con Bill y ahora quería celebrar.
—Hey —le saludó—. ¿Puedo pasar?
Deena alzó la vista sorprendida—. Oh. Hola. Por supuesto —corriendo sus mechones de pelo hacia un lado, cerró su libro y palmeó el espacio a su lado en la cama.
Tom sonrió y se movió para sentarse donde ella le había indicado. La miró por encima y cogió la tela roja y plisada, que ella vestía sobre sus hombros—. ¿Qué es esto?
Deena bajó las manos y con ellas desplegó la falda reluciente que traía—. Se llama “sari” —aclaró—. De la India. ¿No es hermoso?
Tom asintió—. Luce genial —en realidad, él no creía que fuera más especial de lo que usualmente veía que usaban las chicas. Tomó la mano de su concubina y miró sus ojos—. Hey.
Deena sonrió y miró hacia otro lado, acariciando con su pulgar la palma de la mano del príncipe—. Pero tú no estás verdaderamente interesado en la moda del harem, ¿cierto?
Tom puso su rostro en el cuello de la chica e inhaló la esencia de jazmín—. Por supuesto que lo estoy —besó su cuello y se puso de pie, levantándola a ella con él—. Adoro tus ropas —la atrajo hacia él y se inclinó para susurrar en su oído—. Pero adoro más, quitártelas.
Deena sonrió y rodó sus ojos al oír esa línea—. Tú —dijo, y tomó la parte final de la tela en su hombro—. Eres tan poco original —dejó caer el largo de la prenda y buscó el resto que estaba amarrado a su cintura.
Tom observó con ojos oscuros mientras ella quitaba el pequeño top por sobre su cabeza, dejando al descubierto su torso. Él dio un paso al frente y puso sus manos en la parte baja de la cintura de la chica, apretándola contra él. Se inclinó para besarla con fuerzas y rapidez. Respondió—. Puedo ser original.
Deena se frotó contra él y dijo—. Demuéstralo.
Tom sintió que su erección creció dentro de sus pantalones al escuchar las palabras de la chica. La empujó hacia la cama y ella se recostó gustosamente, esperando que él se le uniera. Tom cogió la parte alta de la falda y liberó el broche. La chica levantó sus caderas, permitiéndole sacarla y arrojarla debajo de la cama. Tom sonrió al ver su cuerpo desnudo y se movió para quedar sobre ella, pero ella lo retuvo, manteniendo las manos en el pecho de Tom.
—No. Ahora es tu turno —le apresuró, empujando la tela de su túnica hasta su estómago. Arrodillándose sobre ella, Tom accedió, maniobrando para remover su camisa y luego sus pantalones. Cuando su estado de desnudez igualó al de la chica bajo su cuerpo, Tom se dejó caer en el familiar nido de su suave figura. Recorrió con sus manos callosas sus caderas, mientras ella levantaba una pierna para envolverlo. Sus labios se juntaron con los de ella y se besaron larga y ardientemente. Tom frotó su erección contra su centro y observó su rostro cuando sus facciones se llenaban de placer.
—Mmm. ¿Qué vas a hacer?
Tom llevó sus labios a la clavícula de ella y succionó—. ¿Qué quieres que te haga? —Respiró sobre su piel. El cuerpo de Denna se quedó quieto en sus manos. El levantó la mirada para verla a los ojos. Ella lo estaba mirando fijamente, con total lujuria—. ¿Qué? —preguntó. Ella sacudió la cabeza y no dijo nada, pero sus ojos cafés ardieron mientras lo empujaba por los hombros hacia abajo por su cuerpo.
Tom se detuvo para acariciar con su nariz, la suave piel de sus senos. Levantó una mano para acariciarlo con ella y repartió besos sobre él. Escuchó como Deena soltó un tembloroso suspiro, pero sus manos continuaban ejerciendo presión hacia abajo, en sus hombros.
—Sigue haciéndolo —susurró.
Captando la idea, Tom se movió hacia abajo hasta que estuvo situado entre los separados muslos de la chica. Él oprimió su boca en el calor húmedo y lamió los rosados pliegues. Pasando sus antebrazos por las piernas de la chica, para mantenerla la quieta, siguió dándole placer. Los sonidos que ella hacía, lo excitaban, así que frotó su dureza contra las sábanas. Hundió su lengua en su canal, probándola. Tom podía escuchar el entusiasmo de Deena arriba. Volviendo a moverse, succionó fuertemente el clítoris en su boca.
Deena jadeó y empujó contra su boca, gimiendo sonoramente. Tom continuó sus ministraciones, hasta que la chica dio un fuerte grito y alcanzó su clímax. Tom posó su mejilla en el vientre de la mujer, mientras ella se reponía, su cabeza subía y bajaba a causa de su respiración agitada.
—Ven aquí —la chica se mojó los labios secos—. Ven aquí arriba.
Subiendo por su cuerpo, hasta descansar sobre sus caderas, él frotó su erección contra su centro. Manos enroscadas en su cabeza, mientras la concubina lo apretaba en un beso apasionado. Cuando sus labios se separaron, ella preguntó.
—¿Qué quieres?
Tom sonrió y mordió un poco de piel en su cuello. Le dio su respuesta, adentrándose en su calor húmedo—. Así.
Deena jadeó y enroscó sus piernas en su cintura—. Siiii.
Tom embistió con sus caderas y jadeó al sentir que ella se apretaba alrededor de su hombría—. Dios, te sientes tan bien —empezó a follarla lentamente, deleitándose al sentir todo su cuerpo envuelto por ella. Deena se movió junto a él, balanceando sus caderas hacia arriba, para encontrarse con cada nueva embestida.
Cuando varios minutos hubieron pasado, aún se movían a ese paso lento y ella levantó la mano para acariciar la húmeda frente del príncipe que descansaba sobre su hombro.
—Más rápido.
Tom sacudió la cabeza contra su piel, y dejó sus labios allí, presionando contra ella, antes de continuar con la misma, enloquecedora marcha lenta—. Quiero disfrutarlo —Deena hizo un puchero y lo empujó. Tom se levantó y la miró curiosamente, dejando el espacio suficiente entre sus cuerpos para que la chica serpenteara y saliera de bajo suyo.
—¿Qué…? —Tom comenzó. Su pene quería regresar a ese resbaladizo canal.
Deena se puso sobre su estomago y su mano presionó su propio sexo. Tom gruñó ante la vista del hombro de la chica moviendo en esa tarea. Tenía la espalda curvada y sus caderas embestían contra su propia mano. Él se acercó y palmeó su trasero con una mano, mientras masajeaba su dura erección con la otra. Moviéndose para ponerse sobre ella, recorrió con su pene todo su trasero y le habló entre el cabello—. ¿Qué crees que estás haciendo?
Deena jadeó—. Estoy, aahh, tratando de liberarme —ella lo ignoró y continuó dándose placer. Tom volvió a gruñir y sacó la mano de la chica. Deena gimoteó por su intervención.
El príncipe sujetó a su esclava por las caderas y levantó su trasero. Puso la punta de su pene en la entrada y preguntó—. ¿Quieres esto?
Deena presionó su rostro en la cama, levantando más sus nalgas—. Esta vez… más duro.
Tom se inclinó y depositó un beso en su espalda—. ¿Lo quieres duro? —Pudo sentir el movimiento de la chica asintiendo. La voz de Tom sonó ruda y maliciosa al decir—. Te romperé.
La chica bajo él gimoteó y dijo—. Hazlo.
Cansado de hablar, Tom se levantó y empujó a la mujer rudamente contra él. Golpeó con su miembro en el ano de la chica y luego bajó hasta donde él intentaba volver a enterrarse.
Tom en ocasiones tenía sexo anal con Deena, pero sólo cuando tenía ganas de ser muy gentil. Sintiendo que no quería ser tierno en esos momentos, el príncipe pensó que lo mejor era ir por la ruta tradicional. Se introdujo en su apretada calidez y comenzó una campaña brutal para hacerla gritar, cuando alcanzara su orgasmo.
Sus caderas golpeaban su trasero una y otra vez, haciendo ruidos obscenos con sus encuentros. Tom continuó así, con las pantorrillas tensas y las caderas presionando fuerte en ella. Deena gritaba cada vez que sus muslos se encontraban. Su torso estaba en la cama, sumiso, dejando que su cuerpo fuera arrastrado hacia atrás con cada nueva embestida. Jadeó particularmente fuerte, cuando el príncipe golpeó un buen punto dentro de ella. Sus pezones estaban duros por el roce que tenían contra las sábanas.
Pronto, la concubina sintió que su clímax se formaba en la parte baja de su vientre. Quitando el cabello de su sudoroso rostro —que Tom sujetó en su puño atrás— ella bajó la mano, para buscar la cima del placer, tocando su clítoris.
Tom vio lo que ella estaba haciendo y retiró la mano, logrando que ella perdiera el balance y cayera sobre sus hombros. Él sujetó su muñeca en la espalda como castigo y golpeó más fuerte con sus caderas.
—Pensé que querías ser follada —se burló.
Deena jadeó con el tono del príncipe. Estaba siendo controlador y le encantaba—. Sí quiero. Pero también quiero terminar.
Tom enterró sus caderas en ella, duramente. Él la empujó del pelo y del brazo, para levantarla, de modo que estuviera arrodillada frente a él. Se acercó y severamente, susurró en su oído—. Bien, te follaré hasta que termines.
Deena gritó cuando él volvió a entrar en ella, bombeando sus caderas furiosamente. Ella aguantó por algunos minutos más y luego se apretó en torno al miembro del príncipe, pues estaba al límite. Empezó a lloriquear; lentos, lastimeros y desesperados jadeos dejaban su garganta, mientras ella se movía frenéticamente contra el hombre a sus espaldas.
Tom notó que la chica estaba al límite. Apretando su cuerpo contra su pecho, arañó con sus dientes la piel de su cuello y apretó uno de sus duros pezones entre sus dedos.
Deena gritó y tuvo su orgasmo, enviando olas con sus convulsiones al miembro de Tom. Él gruñó en su cuello y enredó los brazos en su cintura. Empujó sus caderas, fuerte y rápido. Su aliento entraba apenas en agudos jadeos, al sentir que sus testículos se apretaban y su orgasmo lo envolvió. Liberó un gran gemido contra la piel de la chica y se sostuvo del abrazo mientras eyaculaba, dando unas débiles embestidas más. Cuando hubo terminado, sus pantorrillas comenzaron a acalambrarse. Salió del cuerpo de la chica y los recostó a ambos, en una posición más cómoda.
Deena giró dentro del abrazo y se frotó contra él así como hacen los gatos—. Eso fue increíble.
Tom sonrió y besó su pelo—. ¿En serio?
—Mmm. Tú… tenías ganas —Ella le sonrió, juguetonamente.
Tom le dio una nalgada en el trasero, pero estaba exhausto—. No hasta que tú me quitaste de encima y comenzaste a masturbarte. Dios, eso fue tan sexy —Deena se rió y acunó su cabeza bajo la barbilla de Tom, cuando dijo—. ¿Quieres tomar una siesta?
Ella asintió—. Sí.
—Yo también.
& Continuará &
Notas de Sarahyellow: Bueno, allí está, mi capítulo lindo y obsceno. Espero que haya sido sexy. Traté de hacerlo sexy, pero describir vaginas no es lo mío.
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