Mi jaula dorada 15

Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan

& Capítulo 15 &

Unos días después, Bill estaba en el jardín con Mahtob, Deena y una chica llamada Manar.

Mahtob estaba sentada detrás de él, entreteniéndose peinándole el cabello, haciendo trenzas a un lado de su cabeza. La chica llamada Manar, era realmente la “Princesa Manar”. A los diecinueve, ella era la mayor de las media-hermanas de Tom. Bill pensó que ella era probablemente, la mujer más exótica del harem. Era mucho más blanca que su hermano, más clara que la mayoría de las otras concubinas, incluido él mismo. Tenía un extraño tipo de rubio en el cabello y unos ojos verdes, que sólo se veían en los extranjeros.

Excluyendo a Hessa, toda la gente que Bill había conocido parecía ser agradable, pero descubrió que las princesas de sangre y sus madres, que vivían en un ala separada del harem, se consideraban por encima del resto. Manar era la segunda de ese grupo que conocía y que no hacía eso. Incluso Farah, era un poco reservada en su compañía. Sin embargo, Manar y Ankara, eran perfectamente amigables y comunicativas. Por esa razón, a Bill le agradaba mucho la rubia.

Creo que quiere poner una fecha para la boda —Manar estaba hablando con Deena. Las dos estaban trabajando en un telar, cociendo y bordando coloridas hebras, en la parte casi-terminada de la tela.

Deena giró la cabeza, sosteniendo y entregando unos de los instrumentos del tejido al joven—. Hey Bill, sostén esto por un segundo —Bill se acercó para sujetar el artículo con su mano y sintió un jalón en su cabello.

¡Hey! Quédate quieto —se quejó Mahtob a sus espaldas.

Bill blandió el objeto de madera sobre su hombro, ya que no podía voltear y retarla—. Te estoy dejando jugar con mi pelo, así que cállate. Mahtob le pegó a su mano, para que la dejara seguir con su trabajo creativo.

Bill regresó su atención a la conversación de Deena y Manar.

Realmente, eso espero. Ustedes dos ya han estado de novios lo suficiente. Ya todos estamos hartos del bobo romance que tienen.

Manar sonrió—. Estoy casi convencida de que el tuyo, lo ha estado persuadiendo a retrasar las cosas.

Deena se mofó—. Tom no tiene nada contra el matrimonio, no lo culpes a él, por la indecisión de tu novio.

Tom es igual que nuestro padre. Nunca se casará.

Deena arrugó el ceño—. No dejes que él te escuche haciendo esas comparaciones —Ella se volvió a acercar a Bill, sin mirarlo y extendió su mano. Bill le regresó su herramienta.

Sí, sí. Todos sabemos cuánto se odian el uno al otro, pero eso no cambia el hecho de que él está actuando de la misma manera.

No lo hace —Insistió Deena. Eso se estaba volviendo casi una discusión.

Entonces, ¿por qué no se ha casado con ninguna de ustedes dos? —Bill sabía que Mahtob estaba escuchando, tan atentamente como él, porque los dedos en su pelo, habían dejado de moverse.

La voz de Mahtob sonó detrás de Bill—. Él tiene sus razones.

Deena miró brevemente a Mahtob, como si hubiera dicho algo estúpido. Hubo una pausa incómoda, en la que Bill sintió que las tres mujeres sabían algo que él no.

El silencio fue roto, cuando otra persona entró al patio. Deena lo vio primero—. El chico del amor está aquí —comentó en un tono seco.

Bill, Mahtob y Manar, miraron en la dirección que Deena hacía. Una sonrisa asomó en los labios de Manar y arrojó su mitad del trabajo, causando que Deena exclamara de frustración, mientras su lado de la tela quedaba colgando—. ¡Hey!

La rubia se apresuró para acercarse al hombre y saltó para abrazarlo. Él giró una vuelta completa, para balancearla en un círculo, antes de volver a ponerla sobre sus pies. El par regresó al grupo y Manar se movió para retomar su lugar en el telar. Sus ojos aún pegados en aquel hombre y una sonrisa traviesa en el rostro. El chico permaneció de pie, sonriendo de vuelta.

Hola Georg —Deena lo saludó con el mismo tono seco. Georg sonrió y les dijo un “hola” a todos y sus ojos se quedaron pegados en el nuevo miembro.

Bill reconoció al hombre que estaba de pie frente a él. Él era a quien Bill había observado practicando espadas con el príncipe, en el patio que estaba debajo de su habitación. El pelinegro enfrentó la curiosa mirada del otro hombre.

Hola, ¿quién eres tú? —Su tono no era hostil.

Deena habló antes de que Bill pudiera hacerlo y respondió—. Él es de Tom —Bill se contuvo de hacer una mueca; así NO era como él habría escogido presentarse.

Los ojos de Georg brillaron comprendiendo—. Ah, entonces ¿tú eres Bill? Tom te ha mencionado.

Bill arrugó el ceño, imaginándose lo peor que el príncipe le pudo haber dicho a su amigo.

Eres tan hermoso como él dijo —los ojos de Bill se abrieron mucho, ante el comentario tan directo. Georg volvió sus ojos a Manar, que aún le estaba mirando—. Sin embargo, nadie es tan hermoso como mi pequeña abejita —Manar ronroneó.

Deena lucía como si fuera a vomitar—. Por favor, libérennos y llévenselo a algún otro lugar —Georg le sonrió, antes de ayudar a Manar a levantarse y llevársela fuera de los jardines.

Bill inclinó su cabeza hacia atrás y Mahtob perdió el agarre de su cabello—. Estoy cansado, voy a tomar una siesta.

Se movió para levantarse, pero antes de que pudiera hacerlo, Mahtob lo sostuvo por los hombros.

Espera, déjame terminar esto.

Bill rodó los ojos, mientras la chica, le ponía un pinche a su trenza—. ¿Listo?

Y… sí. Terminado. —Mahtob sacó sus manos y lo dejó marcharse.

&

Bill tenía un poco de hambre. Los alimentos como siempre, se ignoraban entre comidas, así que vagó por el área del comedor y sacó un bolo de uvas, antes de regresar a su habitación y cerrar la puerta.

Dejando su refrigerio en la mesita junto a su cama, caminó para estar frente al gran espejo. Estaba vistiendo sólo una túnica suelta, ya que la herida en su cadera aún dolía y se suponía que no debía dejar que la ropa la tocara mucho.

Levantando sus brazos, para tomar la tela desde atrás de sus hombros, se quitó la ropa y la dejó caer al suelo. Permaneció en silencio, mirando a su cuerpo reflejado en el cristal. Había ganado peso el mes que había estado allí. La comida que se servía en el harem, era infinitamente más deliciosa, que cualquier cosa que Bill hubiese probado en su vida anterior, así que comía más. Ya no lucía terriblemente delgado, como antes, sino más bien: saludable.

Por el frente, el estilo que Mahtob le había dado a su pelo, lucía bastante bien. Enfatizaba sus ángulos y le hacía ver más masculino. Bill giró y miró por sobre su hombro, la parte del cabello que no estaba atada, colgaba hasta su cintura. Pensando que debería cortarlo, Bill cogió el cabello suelto y lo pasó por sobre su hombro, dejando su espalda al descubierto. Las heridas que le causaron tanto dolor, ahora eran sólo cicatrices. Delgadas y de un tono rosa pálido. No se veían tan horribles como Bill pensó que lucirían. Se estiró hacia atrás para pasar sus dedos sobre ellas. No había diferencia al tacto; su piel era tan suave como siempre había sido. Si Bill no hubiera estado mirando, no habría podido adivinar que había marcas allí.

Volvió a girar para mirar de frente al espejo. Miró hacia su muslo izquierdo y pudo ver el punto rosado que quedó, cuando el sultán lo apuñaló con su alfiler de peinados. La parte trasera de su pantorrilla derecha, era ahora una línea blanca casi invisible, donde Lafee lo había cortado. Bill sabía, que también había una pequeña cicatriz blanca entre sus piernas, de la cirugía que le habían practicado. Estaba acumulando cicatrices muy rápido, pensó. Se peguntó cuántas más tendría en un año. El pensar que estaría en el harem en un año, era deprimente, pero Bill sabía que en realidad, estaría allí por mucho más tiempo. La nueva marca en su cadera, era un indicador de cuan permanente era su situación.

Bill volteó, para ver el tatuaje en el espejo. Era un poco más pequeño que la palma de su mano, pero para él, lucía condenadamente grande. Estaba situado, justo debajo del hueso de su cadera y un poco hacia atrás. Bill resentía que la marca estuviera allí. La única cosa positiva sobre ella, era que el diseño en sí, las líneas curvadas sobre la caligrafía, era muy hermoso. La piel aún estaba inflamada e irritada. Bill caminó hasta su tocador y sacó una gota de bromelain, del frasco que Nephthys le había dejado. Esparció la crema muy suavemente sobre el tatuaje, suspirando al sentir alivio por la frescura, pero el efecto analgésico tardaría unos instantes en llegar. Se movió para acostarse en su cama, sin molestarse en volver a ponerse la túnica. Se deslizó bajo las sábanas y sacó algunas uvas del cuenco, comiéndolas rápidamente, antes de reclinarse por completo y sucumbir al sueño.

&

Tom estaba a la izquierda del trono donde su padre acababa de sentarse. La cámara de audiencias tenía dos líneas de hombres; una de prisioneros, y junto a ellos, una línea de los guardias de palacio. Jorg miró al visir (oficial musulmán) que estaba a su derecha, hizo un movimiento con su cabeza y el hombre dio un paso al frente. Con una voz fuerte y clara, dijo.

Cada uno de ustedes ha sido juzgado y encontrado culpable de cometer crímenes en contra del Imperio y la Corona. Ahora recibirán su sentencia de acuerdo con sus ofensas, en forma individual. Todos arrodíllense ante su soberano, su majestad el rey Jorg Vespin Kaulitz segundo, sultán y rey del Imperio de Bagrah y todos sus territorios.

La mayoría de los prisioneros se puso rápidamente en sus rodillas, luciendo arrepentidos. Los pocos que no lo hicieron con rapidez, tenían los rostros contra el suelo, forzados por los guardias a su lado.

Uthman Mahmood, un paso al frente.

El primer hombre en la línea se levantó y caminó hasta la base, donde comenzaban los peldaños que llevaban al estrado. Su pelo había sido cortado limpiamente, para enmarcar su delgada cara. Su postura era erguida y orgullosa, sus ojos miraban justo bajo el sultán, como mandaba el protocolo.

Has sido acusado y encontrado culpable de un desfalco de dos mil denarios.

La postura del hombre se tensó, como si realmente, no estuviera de acuerdo con esa regla.

Jorg miró hacia abajo, al hombre frente a él. El castigo por robo, era la amputación de una mano. Abrió la boca para decir la sentencia, cuando un fuerte sonido de pisadas entró por el arco derecho, deteniéndose abruptamente.

Mi rey, han llegado noticias terribles de Foularr.

Jorg se puso de pie para encarar al presuroso mensajero, su cuerpo se tensó. Las relaciones con el pueblo vecino del sur de Bagrah, se habían deteriorado en el pasado año.

¿Qué ha pasado?

El mensajero contestó jadeante—. El embajador Bagravio y su escolta fueron asesinados en la corte del rey Zahid.

Jorg maldijo—. ¿Algo más?

El mensajero asintió—. Sí, mi señor. Dijeron que no se tomaría ninguna acción contra los asesinos; al parecer los crímenes han sido condonados.

Jorg apretó los puños. Esto debía tratarse de inmediato. Giró para mirar a su hijo—. Tom, tú dirigirás las sentencias en mi lugar —no esperó una respuesta y salió de la habitación con el agitado mensajero pisándole los talones.

Tom observó el acojinado sillón del trono y luego al visir, quien asintió, dándole a entender que debía sentarse en el lugar que normalmente estaba reservado para el sultán. Tom se sentó y miró de frente al criminal, el que aún estaba de pie en la base del estrado, esperando oír su destino.

El hombre no lucía como un criminal; se veía nervioso y pequeño. Tom casi sintió pena por él. Pero el príncipe sabía que, si algún día iba a ser el sultán, necesitaría aprender a dejar de lado sus emociones para llevar a efecto la justicia. Así que, resistiendo la tentación de darle al hombre cuarenta azotes, Tom dijo.

El precio por robo es una mano —El hombre ante él, negó con la cabeza con una mirada suplicante en el rostro. Tom le hizo una señal al sirviente que sostenía una bandeja con frutas y escogió una manzana. Mirando al hombre que estaba sumamente nervioso, Tom de repente, le arrojó la fruta. Sorprendido, el hombre por reflejo, trató de atrapar el objeto que venía directo a su cara. El príncipe alzó su barbilla.

Era diestro.

Tom le hizo una señal al guardia que estaba al lado del criminal y le dijo—. Corta su mano izquierda.

Por unos pocos pasos, el hombre pareció obedecer; caminando en la dirección que el guardia lo guiaba. Pero luego entró en pánico, luchando por regresar al frente de la habitación de la cual lo estaban sacando. Chillando por la piedad del príncipe.

Tom tragó el nudo en su garganta y asintió al visir, indicándole que debía continuar.

Fath Hanna, un paso al frente.

Un hombre con mandíbula ancha, quien parecía tener unos treinta, caminó hacia la base del estrado. Él miró al hombre directo a los ojos.

Has sido acusado y encontrado culpable de violación.

El estómago de Tom se apretó. Sus pensamientos recordaron a Bill, presionado contra la pared de su habitación.

.

¡Así que vas a violarme!

No, si cooperas.

No lo haré.

.

¿Su alteza? —El visir lo estaba mirando interrogante.

El príncipe regresó la mirada al hombre frente a él, acusado de tomar a otro en contra de su voluntad. El castigo por violación era la muerte. Tom se sintió mareado.

Denle cuarenta latigazos y déjenlo ir.

El visir giró y miró a Tom como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

Tom evitó su mirada y no dijo nada

& Continuará &

Notas de Sarahyellow: Entonces ¿Por qué demonios, Tom hizo eso?

(Sé que los castigos parecen muy crueles, pero recuerden que este es un “Universo Alterno”. Las cosas son diferentes allí)

En el siguiente capítulo, habrá algo de interacción entre Bill y Tom, lo prometo.

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