“Incondicional”
Capitulo 2
—Bien clase, soy su nuevo profesor de música. Mi nombres es Bill Kaulitz, me llamaran Señor Kaulitz a menos que les diga lo contrario. No habrá gritos, murmullos, intimidación, apodos o discusiones estúpidas en mis clases, ¿entendido? —se sentó en el escritorio con sus piernas cruzadas —. Ahora, después de todo eso, podemos divertirnos un poco, ¿Que hacen todos aquí?
—¿Recibir clases? —alguien gritó.
—Bien, vas por buen camino, no renuncien a darme la respuesta. Quiero decir, ¿Qué prefieren? ¿Qué es lo que quieren aprender? o ¿Qué tocan aquí?
Después de que le dijeran que instrumento tocaban en clase, le sorprendió el darse cuenta que solo 2 que cantaban y el resto tocaba alguno que otro instrumento.
—Bueno, como primera lección, les dejare que se conozcan unos a otros y a los instrumentos de la clase. Para los cantantes, hay algunos libros aquí que puede hojear —Bill sonrió dulcemente, y miró a algunas chicas que babeaban —. También limpien la mesa si es que me están mirando el trasero.
Tom tragó, él había estado mirándole el culo. Se controló, notó que Bill había dicho que la primera clase podrían conocerse unos a otros pero ahí todos se conocían, habían estado juntos por algunos meses. Levantó su mano, sonrojándose cuando todos notaron como Bill asentía la cabeza para que hablara. —Uhm… Sr. Kaulitz,… aquí todos nos conocemos —le dijo, bajando su cabeza al oír risitas y comentarios desagradables.
—Bueno, ah… conózcanme entonces; pregúntenme cualquier cosa que quieran y tratare de no mentir —A decir verdad Bill había olvidado preparar una clase. De esta forma todos podrían a llegar a ser buenos amigos; después de todo trabajarían juntos por los próximos 2 años.
Tom quería preguntar de donde era, cuando escuchó una chica murmurarle a su amiga de forma un poco alta. —Mira a ese. ¡Le gusta el profesor! —su amiga rió y le respondió —: Sip, como si alguien pudiera quererlo.
Se levantó, llorando de rabia. —¡Alguien lo hará, algún día! —gritó, haciendo reír a las chicas. Salió corriendo del salón, azotando la puerta al cerrarla.
—¡Tom! —grito Bill —. Cállense y siéntense, dije que nada de estupideces y lo hicieron. Ustedes dos están en detención, si alguien más se ríe se les unira, ¿entendido? —salió del salón y persiguió al rasta —. Tom por favor, regresa.
Tom se detuvo en seco cuando escuchó la voz de Bill, pero lo pensó dos veces y corrió de nuevo hacia los baños, encerrándose en estos. Bill le prometió que lo ayudaría, pero justo delante de él lo habían herido. Y había sido peor, Tom había estado hablando con Bill sobre que alguien lo amara algún día. Peor aún, ni siquiera sabía porque.
Bill corrió tras Tom. Sabia por experiencia propia donde podría esconderse un chico herido, corrió directo a los baños. Golpeó la puerta dos veces. —Por favor Tom, soy yo, Bill ¡Déjame entrar! —golpeó la puerta una vez más.
—¡Lo prometiste! —dijo Tom, tratando de no sollozar —. Crees que está bien, ¿cierto?, crees que nadie me amará porque soy muy feo. Diablos, ni siquiera sé porque estoy aun aquí.
—Tom, yo también era intimidado cuando estaba en la escuela, Te prometo que te ayudare si me dejas, solo regresa a clase —Bill dejó de tocar la puerta; en su lugar, se deslizó por su superficie y se sentó —. Yo he sido intimidado por ser gay… —él empezó.
Tom se inclinó en la puerta, lo único ahora entre él y Bill. El también era gay y eso solo alimentaba más el fuego.
—También soy gay… —le dijo con una voz suave —. Eso hace las cosas peor. Ellos me odian incluso más por eso —Tom suspiró y murmuró —. Deseo haber muerto.
—No, no digas eso Tom ¿no me quieres- no me quieres ayudar a hacerte- más bello? No me tomes a mal o algo, Tom; para mí no eres feo. Créeme, he visto peores… pero si te hace feliz… lo haré —Bill apoyó su cabeza contra la puerta, quería salvar al adolescente del trato que estaba recibiendo.
Tom de repente abrió la puerta, haciendo que Bill tropezará hacia atrás. —Mírame, esto no puede ser arreglado. Y si se puede, mis padres no tienen el dinero. Y con esta cara nadie me querrá, entonces, ¿por qué molestarse? —dijo deslizándose por la pared, sentándose en el piso junto a Bill y escondiendo su cara entre sus rodillas.
Bill levantó y abrazó al chico una vez más. —Oye, ¿quien dijo que necesito dinero para arreglarte? Y apuesto que hay alguien afuera que te ama. Apuesto que alguien está demasiado asustado para decirte lo que siente. Estoy casi seguro, de que alguien… te quiere —las mejillas de Bill se sonrojaron mientras más se acercaba al chico
El rubio miró hacia las mejillas rojas de Bill. En su mente, se acercaba y besaba a Bill apasionadamente, y el hombre le correspondía. Sin embargo, no encontró el valor para hacerlo. Y sonrió mientas se sonrojaba también.
Bill se paró y le tendió su mano. —Búscame después de clases hoy, en la salida principal… Yo te llevaré hasta tu casa —sostuvo de la mano de Tom un segundo más de la que debería, y lentamente la soltó —. ¿Regresas a clase? —preguntó amablemente.
Tom asintió y siguió a Bill hasta la clase, sin embargo estaba un poco asustado de ver que podría decir la gente cuando el regresará.
Bill abrió la puerta y entró. —Cualquier murmullo o bromas estupidaz, y los sacaré del curso. Ahora… Lily, Marisa, ustedes dos tienen detención esta tarde, pero no conmigo, si no con el director de la escuela. Bien, ¿alguna pregunta decente? ¡Sin insultar a la gente esta vez!
Todos tragaron y miraron en silencio al hermoso profesor. Una chica pelirroja, levantó la mano y preguntó: —¿Qué edad tiene?
Bill sonrió suavemente. —Tengo 21 años, desde ayer, ¿alguien mas?
Una castaña pregunto: —¿Es gay? —toda la clase rió, Tom se sonrojó al ver que la castaña lo miraba por un momento, como implicándolo en algo.
—¿Hay algún problema si lo fuese? —preguntó.
Algunos en el fondo respondieron: —NO.
—Bien. Porque lo soy, y si alguno tiene problema con eso. Buff…
La clase siguió con más preguntas al azar. La gente podía mirar a Tom raro, pero a la mayoría, Bill les lanzaba miradas asesinas. Cuando terminaron las clases del día, Tom se dirigió a la entrada del frente, donde Bill lo estaba ya esperando.
Bill sonrió. —¿Estás listo?— le preguntó mientras sacaba sus llaves de su bolso. Le sonrió a Tom y lo arrastró hacia su carro. Después de que entraron al auto, los condujo a una agradable casa no muy lejos de la escuela. Era un gran edificio blanco, con un adorable jardín en el frente y abundantes flores. Si alguien lo viera, pensaría que podría ser una casa familiar.
Tom jadeó al ver la estructura. Era hermosa, a falta de una mejor palabra. — ¿Usted vive aquí? ¿Está casado?.
—Gracias y no. Era la casa de mi madre… antes que me dejara —una pequeña lagrima trató de salir de sus ojos, pero él no quería mostrar debilidad.
—Señor Kaulitz.- ¿Está bien? —preguntó Tom preocupado. El juró que vio que los ojos de Bill brillaban como si tuviesen lágrimas.
—Solo llámame Bill, y si, estaré bien —el mayor parqueó el carro y sonrió. Llevó a Tom a la casa y sonrió al ver a su perro venir corriendo hacia él —. Hola chico —acarició el pelo del perro y sonrió. El perro caminó hacia Tom y le lamió la mano.
—Aquí tienes Tom, ¡eres amado! —rió suavemente
—¿Cual es su nombre? —preguntó mientras el perro lamía su mano. Era difícil no sonreírle, los animales eran así, no juzgaban por tu apariencia
—Bill rió.
