
Fic TWC de ladyaradia
Capítulo 5: Not over you (P.2)
Los Gs vinieron de nuevo a L.A., esta vez con todas las intenciones de que el nuevo álbum viera la luz antes de que terminara el año. Todos los mecanismos publicitarios detrás de Tokio Hotel se activaron y empezaron a estar más tiempo ante las cámaras. Incluso reactivaron THTV aunque con un nuevo director, Erik Bergamini.
En marzo, los Kaulitz hicieron un viaje corto a Nueva York, solos, por cuestiones de trabajo; pero no resistieron los deseos de salir en la noche a uno de los famosos clubs de la ciudad, donde incluso fueron avistados por una fan: la fama volvía a perseguirlos.
Pumba se había vuelto parte muy importante de la familia, el consentido de Bill que hacía travesuras incontables de las que todos reían enternecidos. Varias veces, Tom no pudo resistir la tentación de fotografiar a Bill durmiendo alguna siesta o un breve descanso entre la vorágine del trabajo, acompañado casi siempre de Pumba pero también de Capper.
Aunque Bill no estaba muy de acuerdo, Tom aceptó las sugerencias de Shiro acerca de dejarse ver por los paparazzi con su “novia”. Salieron pues, con ella. En abril, fueron con todo su grupo de amigos de Los Ángeles al festival de Coachella, pero su aparataje publicitario se encargó de que pareciera que Bill no estaba ahí, sino que se había ido con Alex y Katie al valle de Napa.
Llegó nuevamente mayo, y aunque lograron cierta tranquilidad para recordar los días de sus inicios como pareja, a mediados de mes Tom invitó a salir a Ria, y fueron acompañados por Bill. El plan publicitario no salió muy bien porque Bill miraba a la mujer con rabia contenida y Tom estuvo siempre más pendiente de su gemelo que de ella; así que la próxima salida planeada fue solamente de Tom y Ria además de la perrita de ella, Manila. Esta tampoco tuvo el éxito planeado porque Tom no tenía cara de estar pasándola precisamente bien. De ese modo, pareció mejor dejar refrescar esa estrategia para otro momento y concentrarse en promocionar a la banda como un todo.
A la hora de decidir cuál sería el primer tema del álbum en ser lanzado como sencillo y tener un video clip, todos estuvieron de acuerdo en que fuera “Run, run run”.
—Y deben hacerlo ustedes solos, ese video clip —propuso Gustav.
—¿Por qué? —Bill sonrió a su pesar.
—Ah, vamos, Bill, no te hagas; no me vas a decir que no pensaste ya en todos los detalles y que tu imagen perfecta del video no nos incluye a Georg y a mí.
—Tienes razón, Gus —Bill le dio su mejor sonrisa mordaz—; tú tan perceptivo como siempre. Yo… he pensado pedirle a Gianluca que lo dirija.
—Ah, buena idea, sí.
A Gianluca lo habían conocido en 2008 cuando fueron a Los Ángeles para los VMA. Fue como un flechazo entre él y su novia con los Kaulitz desde que se encontraron en la afterparty del evento.
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[Flashback]
Los Kaulitz bebían sus tragos junto a Georg y Gustav —celebrando las dos victorias de la noche para la banda en los premios VMA como Mejor Artista Nuevo y Mejor Video Pop—, cuando vieron acercarse a un hombre tan alto como ellos, o más, cosa rara de ver la mayoría de las veces, así que hicieron señas a su seguridad para que lo dejaran pasar sin problemas. Él se acercó con una gran sonrisa.
—Hola. Permítanme presentarme: soy Gianluca Fellini.
—¿Fellini? ¿Algo que ver con Federico? —bromeó Gustav, quien se preciaba de conocer bastante de cine.
—Todos preguntan eso —se carcajeó—. Pero no, no que yo sepa. Aunque sí me dedico a algo parecido: soy fotógrafo artístico y director de videos musicales. Y, la verdad, admiro mucho lo que hacen ustedes, chicos. Tokio Hotel es genial desde todo sentido: la música, las letras, el espectáculo, las personalidades de los integrantes; todo. Y Bill, como frontman, es insuperable.
—Pues gracias —le sonrió Bill.
—El verdadero líder de la banda soy yo —se acercó más Tom, poniendo su pose chulesca—, pero dejo a mi hermanito lucirse porque… —titubeó al ver la mirada de Bill clavada en él, brillante y pícara— pues porque…
—Sí, ya veo; él es más elocuente, ¿no? —bromeó a su vez Gianluca.
Todos rieron esta vez y al rato se había unido al grupo la novia de Gianluca mientras todos conversaban y festejaban ruidosamente. Al final de la fiesta, la pareja le pidió a Tom y Bill que los visitaran en su apartamento rentado en L.A. —puesto que su verdadero hogar estaba en Nueva York—, y ellos accedieron, maravillados por la magnífica compañía que resultaban ser.
—Iremos en el primer día libre que tengamos antes de partir de Los Ángeles —aseguró Tom y Bill solo asintió sonriendo. Luego Tom le hizo una foto a Bill junto a ellos, todos muy sonrientes—. Para la historia, jaja; estoy seguro de que este será el inicio de una duradera amistad.
—Eso espero —contestó Gianluca antes de abrazar a cada uno, ya que la banda se marchaba del lugar.
Durante la visita de Bill y Tom al apartamento, Gianluca sacó un tema que le pareció necesario.
—Quiero que quede claro algo: yo defiendo el amor, así que pueden contar conmigo para lo que sea.
—¡Qué bueno!, pero no sé a qué te refieres exactamente —Bill pestañeó varias veces al contestar, algo nervioso.
—Sí lo sabes; y tú también Tom. No es de ahora que los observo y sé que hay algo más entre ustedes que afecto fraternal y… —Tom intentó interrumpir pero él lo frenó— no traten de negarlo, ¿sí? Tampoco tienen que afirmar nada; solo sepan que en mí tienen un aliado y un amigo, para siempre. Por cierto, me encantaría algún día dirigir un video para la banda.
Tras un pequeño silencio en que los Kaulitz digerían el sentido de las palabras de su nuevo amigo, fue Bill quien respondió sonriente.
—Estoy seguro de que habrá alguna oportunidad.
A la hora de decidir mudarse a U.S.A., la amistad iniciada con Gianluca y que continuaran a través de llamadas, mensajes e internet, y alguna que otra visita a la ciudad, fue un motivo añadido para convencerse de que ese era el lugar idóneo para empezar una nueva vida.
[Fin del Flashback]
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Cuando llegó el momento de filmar el video, Erik también fue con ellos, atento a cualquier cosa interesante que grabar para los capítulos de THTV; incluso en el material ya editado, se podía notar esa corriente de amor que Gianluca tan hábilmente presintiera años atrás. Sutilmente, dejó, pues, que en el video se mostrara esa conexión espiritual y sensual entre sus dos amigos gemelos.
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Desde que se decidieran a sacar adelante el nuevo álbum de la banda, el trabajo no paró un instante. Pasaban noches sin dormir, grabando, planeando, ensayando, dejando todo a punto; Tom estaba a cargo, además, de la producción musical y Bill de la visualidad, aunque también para eso tenían contratado a Andreas, a quien Bill, desde que retomara su relación de pareja con Tom, quería tener bien próximo; especialmente para que observara de cerca que todo estaba volviendo a la normalidad —lentamente, tal vez, pero sin retroceso—, y que el amor que compartían él y Tom era más fuerte que todo, como expresaban en una de las nuevas canciones: “Nada es más fuerte que el amor”.
No que todos los días fueran brillantes entre los Kaulitz; a veces tenían días grises, malhumores, pequeñas peleas, pero no dejaban que pasara demasiado tiempo sin solucionarlo. Tom nunca había sido muy de hablar de sus sentimientos, mucho menos si estaba sintiéndose mal o deprimido, pero intentaba comunicarse más con Bill, para que los malentendidos no les trajeran las graves consecuencias del pasado. Bill intentaba con toda su voluntad ser ese mejor hombre que le había prometido a Tom que sería: dejar de lado parte de su egoísmo, autoritarismo y, por sobre todo, jamás dejar que su innata coquetería y su hiperactiva energía sexual le llevaran a otra infidelidad. Por supuesto, no era fácil, dejar de ser quienes eran sería imposible, pero al menos luchaban por lograrlo, lo cual, en un final, es lo importante.
Los dos lucían nuevos tatuajes. Tom, unas pequeñas lunas en su pulgar derecho, donde sobresalía una más grande; cuando le preguntaron el significado, dijo que eran solo personas importantes para él: lo que se calló, por supuesto, fue que la luna más grande representaba a Bill. Bill, como siempre más dado a marcar su piel, agregó varios símbolos que, de alguna manera, contaban la historia de lo que habían vivido esos tres años desde que cometió el más grande error de toda su vida: en su brazo izquierdo, cerca del hombro, una sirena y una mujer desnuda besándose (un amor que parece imposible, su gusto por las mujeres); muy cerca, sobre su pecho, un corazón anatómico (el corazón que lo traicionaba, el mismo corazón que lo alentaba a luchar, el corazón que sintió romperse muchas veces cuando Tom llevaba a cabo su venganza); en el antebrazo derecho, una cruz (tal vez la redención, pero sobre todo la “t” de Tom); y de nuevo en el antebrazo izquierdo, a un lado de su “Freiheit 89”, un boxeador (“Voy a luchar”, quería decir con ello, y ese era el momento en que se encontraba, luchando porque el amor no se rompiera otra vez).
Aunque no tatuara toda esa historia en su piel, Tom tuvo también una forma de simbolizarle a Bill lo que esperaba de esa nueva etapa entre los dos, al entregarle un anillo con la inscripción en inglés: “me”; aunque sabía que no podían llevar joyas así con sus nombres como el matrimonio que eran, Bill llevaba más de una T por Tom, tatuada en su cuerpo o en colgantes, pulseras y aretes, así que lo que esa inscripción significaba para Tom al darle el anillo era: tú y yo somos uno, por eso para los dos esa palabra es suficiente, y la podrás llevar sin que sea demasiado obvio de qué se trata, que me perteneces “a mí”, como yo a ti.
En julio, hallaron tiempo para hacer un corto viaje a Las Vegas, recordando su luna de miel allí; y el 15 de agosto, por fin, “Kings of suburbia” estuvo listo para entregar a la compañía disquera. El 1ro de septiembre, entonces, tuvieron más razones para celebrar con casi todos sus amigos sus 25 años. El año anterior la fecha los había alcanzado en un mal momento anímico, así que en este festejaron por todo lo alto en público y también en privado (con todo ese buen sexo que los caracterizaba y nunca, a pesar de todo, habían perdido).
Vinieron nuevos videoclips, “Girl got a gun”, “Love who loves you back”, “Feel it all”, y algo que ya realmente extrañaban: estar los cuatro juntos, Bill, Tom, Gustav y Georg, ser Tokio Hotel en tour, reírse, jugar y compartir la vida como los grandes amigos y colegas que eran. Y algo más, el reencuentro con sus fans más leales, los que a pesar de tanto tiempo de pausa los seguían sin dudas, y la expectativa de los nuevos fans que se sumaban.
Antes de terminar el año, Bill decidió tatuarse dos cosas: en su abdomen, en un lugar más íntimo, una palmera sobre una isla solitaria, como un recordatorio de todo el pasado maravilloso que tuvieron; la idea se la dio una frase que le había impactado de la novela We were liars que acababa de leer: “La isla es nuestra. Aquí, de algún modo, somos jóvenes para siempre.” Más a la vista, justo al lado del boxeador que se tatuara poco antes, un fantasma, tal vez el fantasma de ese otro pasado doloroso que acababan de empezar a superar.
Todo, al fin, parecía estar realmente bien cuando asistieron a la boda de Gustav con su novia desde hacía ya varios años. Fue una bonita celebración en Magdeburgo, con solo la familia y los amigos más allegados de los novios, puesto que Gustav quería preservar su intimidad de las fans acosadoras que sabía también tenía la banda. Todos terminaron poniéndose muy borrachos y hubo un momento en que solo estuvieron los cuatro, sin la posesiva novia de Georg ni la flamante esposa de Gustav.
—Y entonces… ¿quién será el próximo? —bromeó el recién casado.
—Bueno, no hay dudas de eso: será Geo —apuntó Tom antes de empinarse su cerveza; Bill lo miró sonriente.
—Claro; recuerden que es el único soltero que queda en la banda; Tom y yo… ya no estamos disponibles… hace tiempo.
—Ajá; solo que muchos esperan que Tom anuncie pronto matrimonio con Ria. Sé que Simone lo ansía mucho; y ya me preguntó por qué no la invité si ella está en Alemania en estas fechas con su familia —los Gs en un inicio habían estado tan confundidos como Bill al enterarse de que Tom tenía una novia; pero cada uno por su lado habían sido informados por los Kaulitz de la verdad acerca de ella.
—¡A la mierda Ria! —Bill aventó con fuerza su botella vacía sobre la mesilla alrededor de la cual estaban sentados—. Si vuelves a mencionarla terminarás por joder la fiesta para mí.
—Cálmate, Bibi —Tom le tomó la mano izquierda con la suya derecha, combinando los tatuajes de sus horas de nacimiento—. Sabes que ella no es importante.
—Pero seguimos teniéndola en nuestras vidas, y no me fío de ella; te lo he dicho.
Shiro se acercó a ellos.
—Bueno, amigos míos, ya sé que estamos celebrando pero recuerden que en víspera de año nuevo van a tocar en Berlín así que… no vayan a pasarse tanto con el alcohol que se indispongan, ¿ok? Y, Gustav, me mandaron a decirte que tu esposa te espera para que vayan al hotel.
—De acuerdo; el deber llama, amigos. Nos vemos el 31 para ensayar.
—Espera, Gus. Yo soy tu padrino de bodas y debo acompañarte hasta la salida —lo siguió Georg.
Los Kaulitz los vieron partir entre risas, y Shiro se sentó frente a ellos.
—Su madre los está mirando ahora mismo… —En verdad, Simone llevaba rato observándolos y había visto cómo se tomaban las manos, el gesto tierno de Tom hacia Bill—. Me dijo que esperaba que la novia de Tom estuviera en Berlín para la presentación de la banda en la puerta de Brandeburg.
—No quiero a esa cerca —Bill intentó pararse y Tom lo retuvo.
—Ya hablaremos de eso luego; ahora no es momento, Shiro, hemos bebido mucho esta noche.
—Ok; mañana lo hablamos. ¿Se irán ya a su hotel?
—Sí, nos despedimos de todos y nos vamos; anda, Bill —más sobrio, Tom ayudó a su gemelo a caminar erguido.
—No quiero hablar con nadie más, ¿sí, Tomi? Llévame directo a la cama.
Tom se carcajeó del doble sentido en la frase de Bill y asintió.
—De acuerdo; nos vamos sin despedirnos —igualmente, era un peligro que Bill hablara con Simone en su estado de embriaguez y esta le mencionara a Ria; la reacción de Bill podría crear un escándalo en la fiesta, así que era mejor escabullirse.
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Finalmente Ria estuvo en la puerta de Brandeburgo el 31 de diciembre, cerca de Tom y posando como novia mientras los medios y la familia de los Kaulitz estuvieron presentes; luego, ellos y los Gs se fueron a festejar el año nuevo en varios clubes de la ciudad, acompañados solo por su seguridad.
—Fue una gran noche; realmente lo fue —Georg brindó con todos—. ¡Todas esas personas!
—Ajá, solo tuvimos que soportar alguna gente indeseable —acotó Bill entre trago y trago.
—Ya hablamos de ello; déjalo, ¿sí? —Tom lo miró casi suplicante y Bill solo agitó la cabeza como si con ese gesto apartara los pensamientos inconvenientes.
Era cierto que el día anterior, tras recuperarse de la resaca y dar rienda suelta a su pasión, se habían encontrado con Shiro y habían puesto en claro algunas cosas, como que la imagen de Tom con una novia era beneficiosa para la banda, al menos por un tiempo, para que no parecieran tan inusuales en su relación de hermanos como en realidad eran. Acordaron que intentarían reducir al mínimo la intervención de ella, pero que inevitablemente debería aparecer en algunos eventos. “Y a Simone… ¿planean decirle lo que sucede realmente?”, preguntó el manager y fue Bill esta vez quien se negó: prefería a su madre creyendo que su hijito favorito al fin iba por el “buen camino” y no molestándolos con sus críticas y sugerencias molestas acerca de la vida íntima de los dos.
Sí, tendría que aguantarse a Ria metida en sus salidas, haciéndose amiga de sus amigos, por un poco de tranquilidad con Tom, y por Tokio Hotel, por todo lo que banda representaba; era solo que Ria le provocaba una aversión incontrolable, y a pesar de saber que ella y su gemelo no eran nada más que dos personas que, si acaso, se eran simpáticos, no podía soslayar ese presentimiento que le decía ella era capaz de maldades que el inocente Tom, siempre dispuesto a ver lo mejor de los demás, ni se imaginaba.
Esa madrugada, mientras observaba a su gemelo reír, bailar, conversar animadamente, y cada vez que sus miradas coincidían y se alimentaban en un segundo con tanta energía que les daba el amor compartido, o se rozaban intencional o casualmente mandando electricidad a cada parte de sus cuerpos, Bill supo que cualquier dolor o sacrificio que debiera afrontar para conservar a Tom a su lado, valía la pena. Y aunque no siempre pudiera decir que estaba OK, cada uno de esos momentos atesorados valía por cualquier angustia vivida.
F I N
Este fic tiene continuación en el Long-Fic «Algo Nuevo», pincha el nombre o la imagen para leer.

