Notas de MizukyChan: Tuve la autorización de traducir este fic hace algún tiempo, por tanto iré actualizando continuamente, porque cada capítulo nos deja con ganas de saber qué pasará después. Bienvenidos a la familia de la “Hipnosis” y espero que disfruten de esta historia tanto como yo.

Fic TWC de dubistheilig. Traducción de MizukyChan
Parte 1
Tom se movió incómodamente en su cama, mientras las luces de afuera y los sonidos de los coches, lo mantenían despierto. Él y Bill se estaban quedando en un hotel, al día siguiente irían a casa de su madre. Gordon los había llamado la semana anterior para contares que ella había estado teniendo problemas y que le gustaría que estuvieran en casa con ella.
Solo por un tiempo.
Ella ya había estado así, en el año 2005, cuando realmente empezó su fama ella se derrumbó por completo. El pensar que sus hijos se estaban volviendo famosos la asustaba, porque cualquier cosa les podría pasar. Los podrían atacar o secuestrar, algo que podría significar que nunca más los volvería a ver.
Su padre les había contado que ella siempre se había sentido así. Siempre había sido paranoica y tener hijos estrellas de rock famosos, no estaba ayudando.
Tom todavía no podía dormir. Los pensamientos corrían en su mente mientras yacía en cama. Estaba bastante cálido afuera, pero sus preocupaciones lo hacían estremecer. Deseaba que su mamá no se preocupara tanto, porque él sabía que estarían bien.
Tom, irritado, volvió a abrir los ojos al escuchar dos golpes en su puerta. Por un minuto, consideró quedarse quieto, fingiendo que dormía como una roca, pero al ver que los golpeteos continuaban, se levantó.
Solo vestía unos bóxers y sus ojos se veían muertos.
—Tomi… —murmuró Bill desde el pasillo cuando Tom abrió la puerta.
—¿Mhm? —respondió, limpiándose los ojos para ver a su hermano—. ¿Qué pasa?
—No puedo dormir —dijo Bill, mirando el suelo—. Estoy preocupado por mamá. —Buscó emociones en el rostro de Tom—. ¿Tú no?
Tom suspiró profundamente y abrió la puerta para que el pelinegro entrara.
—Lo estoy —respondió abatido—. Yo tampoco podía dormir.
Bill le sonrió dulcemente, sabía que Tom también tenía problemas con el sueño. Cuando uno los tenía, el otro también los tenía. Amplió su sonrisa y gateó hasta la cama de Tom, esperando a que su gemelo se le uniera. Tom se recostó junto a él, sus rostros estaban a solo pulgadas de distancia.
—¿Crees que ella va a estar bien? —Preguntó Tom con curiosidad. En algunas situaciones, Bill era mucho más calmado y optimista.
Bill tomó una de sus manos y acarició su mejilla.
—Creo que ella va estar bien. —No pudo evitar sonreír. Había algo en la preocupación de Tom por su mamá que le mostraba el gran corazón que tenía su hermano.
—Buenas noches, Bill —dijo el mayor, sonriendo un poco. Se durmieron simultáneamente.
&
Al día siguiente, los gemelos despertaron a las once, listos para partir a la casa de sus padres. Los llevaría un chofer privado, porque ninguno de ellos podía conducir por su cuenta en público. Por lo menos no en Alemania.
Bill se había ido de inmediato a su habitación en el instante en que despertó. No tenían mucho tiempo y el conductor ya los esperaba en el auto fuera del hotel.
Bill peleó con su maleta, con un cepillo de dientes en la boca y las coas desparramadas en el suelo. No escuchó cuando la puerta se abrió suavemente y su hermano entró en la habitación.
—Bill —llamó Tom.
El gemelo menor casi se ahogó con el cepillo de dientes cuando vio a su hermano de pie frente a la cama.
—Tom, idiota. Me asustaste más que la mierda. —Fue al baño a escupir la pasta dental, mientras trataba de recuperar el aliento.
Tom estaba riendo cuando regresó, Bill se impactaba fácilmente, pero no dijo nada.
—No es gracioso —reclamó Bill—. Ayúdame a empacar. Tom hizo caso y comenzó a ayudarle a meter todos los productos del cabello y el maquillaje en la maleta. Tom nunca entendió por qué su hermano necesitaba todos esos productos, ahora no estaba usando maquillaje, ni tenía el cabello arreglado, y aun así lucía bien.
—¿Y si ella me hace sentir mal? —Preguntó Bill, mientras Tom ajustaba el cierre de su maleta. Miró confusamente a su hermano, pero sabía lo que quería decir. Bill suspiró profundamente, mientras escondía el rostro en sus manos.
—¿Te acuerdas del verano pasado? Ella me describió todo lo mal que se sentía, cómo la estaba matando saber que nunca nos vería de nuevo —negó con la cabeza mientras hablaba—, eso me hizo querer parar toda la fama.
—No podríamos detener la fama —respondió Tom—, incluso si lo quisiéramos. —Se volvió a confortar a Bill, acariciado sus brazos.
—Lo sé —dijo Bill—. Solo me preocupo, es todo… ahora tenemos que apurarnos. El conductor nos está esperando.
Tom asintió, pero no se movió de la cama. Cuando Bill arrastró su maleta por la habitación, Tom todavía estaba sentado en la cama.
—Vamos, tenemos que irnos —dijo Bill, impaciente porque Tom saliera del cuarto.
Tom caminó hacia la puerta, había dejado su propia maleta fuera de la habitación de Bill en el pasillo.
Caminaron en silencio hasta el elevador. Bill encontró extraño que Tom estuviera tan callado, pero no dijo nada al respecto. Vieron el carro de inmediato cuando salieron del edificio. Estaba estacionado justo fuera del hotel y el conductor salió del coche, en el momento en que los vio.
Abrió las puertas de atrás para ellos y esperó pacientemente a que entraran.
—¿Por qué no hablas? —susurró el menor a Tom al verlo apoyado en la ventana.
Volvió su mirada a Bill, finalmente rompiendo su largo silencio.
—Solo estaba pensando.
—¿Sobre qué? —Preguntó Bill con curiosidad.
Tom sonrió y volvió a apoyarse contra la ventana—. Sobre todo… la vida —respondió y soltó un hondo suspiro.
—Oh… —Bill soltó unas risitas—. ¿Es buena la vida en estos momentos?
—Lo es —decidió Tom, al mirar el idéntico par de ojos en Bill—. Por supuesto que estoy preocupado por mamá, pero no cambiaría nada. —Le dio un apretón a la mano de Bill, dejándole saber que estaba hablando en serio.
—Yo tampoco —dijo Bill, respondiendo el apretón en su mano.
El resto del viaje fue en silencio. Ambos estaban pensando en las mismas cosas y ambos estaban aliviados de que el chofer no intentara iniciar una plática incómoda.
&
Simone estaba de pie en la puerta cuando un vehículo se estacionó. Tenía diferentes expresiones en su cara: tristeza, orgullo, preocupación. Su sonrisa se amplió cuando vio a sus hijos bajando del auto. Se despidieron del conductor agitando la mano y caminaron hacia la puerta. Ella los abrazó a ambos inmediatamente. Se sentía bien estar en casa. No habían estado allí por casi ocho meses y el cálido sentimiento de estar en casa, los hacía sentir completos a ambos.
Después de un pequeño momento, Gordon apareció en la puerta para saludar a los chicos, darles la bienvenida y ayudarlos con el equipaje. Él estaba preocupado por ella, se notaba. Pero sabía que estaría mucho mejor ahora porque los chicos estaban ahí.
—Ha pasado mucho tiempo desde que estuvieron aquí… —dijo Gordon cuando entraron a la cocina. Tenía el brazo sobre el hombro de Simone.
Bill sonrió suspirando, pero aliviado al ver que no lo decía desilusionado.
—Lo sé —respondió Bill, mirando a Tom—, pero estamos felices de estar de vuelta en casa. Los extrañamos mucho.
Simone les sonrió y abrazó al menor apretadamente, mientras Tom se asomaba a las escaleras. Fue hasta su habitación, frente a la de Bill. No había estado allí en mucho tiempo y estaba llena de recuerdos de su pasado. Bill solía escabullirse a su cuarto en la noche para ver películas de terror con él. Podían estar despiertos toda la noche, solo hablando de cualquier cosa, lo que querían de la vida y las oportunidades de conseguirlo.
Tom escuchó como abrían la puerta y se volvió, encontrando a su hermano.
—Hey —dijo—. ¿Qué pasa contigo?
Bill suspiró profundamente, al sentarse en la cama de su gemelo—. Hablé con mamá. —Esperó un poco, él siempre quería una reacción inmediata, aunque todavía no había llegado al punto.
—¿Y? —Preguntó Tom, sentándose junto a él en la cama.
—Está pensando en ir a un hipnoterapista.
Los ojos de Tom se abrieron de golpe. Él nunca había creído en esa clase de cosas. Nadie podía hacer que alguien entrara en trance y hacerle olvidar sus preocupaciones o hacer que se dieran cuenta de algo importante de sí mismos, ¿verdad?
—¿En serio? ¿Y ella cree en esas cosas? —Preguntó Tom, aún con los ojos muy abiertos.
—No lo sé. Es algo estúpido. No creo ni siquiera que sea posible —respondió Bill, mirando a los ojos de su gemelo—. ¿Y tú?
—No —contestó Tom—. No puedes controlar la mente de alguien, solo hablándoles, es ingenuo creerles. —El mayor aclaró su mente y trató de pensar por qué alguien creería en algo así.
—Pero Gordon dice que podría ayudarle —agregó Bill—. Dice que tiene un amigo que fue hipnotizado.
Tom alzó la vista, pero todavía no estaba convencido.
—Aun así no creo en eso. Pero si mamá piensa que es una buena idea… debería hacerlo.
—Yo también lo creo —dijo el menor, apretando la mano de Tom—. Pero estaba pensando…
Tom volvió a levantar la cabeza—. ¿Si? —Preguntó con curiosidad.
—¿Y si uno de nosotros es hipnotizado antes que mamá? Ya sabes… para ver si es real. Porque creo que ella está nerviosa… —Bill se mordió el labio antes de continuar—. Creo que tú deberías hacerlo.
Tom miró fijamente a su hermano. Él no creía en la hipnoterapia y tampoco quería probarla.
—Pero no creo en esa mierda. —Se quejó el mayor.
—¡Lo sé! —Respondió el otro, levantando las manos en alto como si la respuesta fuera obvia—. Por eso, después de la sesión que tomes tú, le podrás decir a mamá que esa cosa no funciona.
Tom lo pensó un momento.
—Suena justo, pero ¿por qué yo? —Miró a Bill a los ojos, tratando de encontrar la respuesta.
—Bueno… —respondió Bill, listo para darse por vencido—, tengo miedo de que me vea nervioso y que al notar como me visto, diga que soy gay. —Se cruzó de brazos como si lo hubiesen insultado.
Tom soltó una pequeña risita.
—Pero no lo eres… aunque entiendo tu punto.
—Entonces, ¿lo harás? —Preguntó el menor con esperanza y Tom rodó los ojos.
—Sí. Lo haré —contestó Tom, suspirando. Bill sonrió ampliamente y le dio un abrazo a su hermano.
—Le diré a mamá esta noche —comentó el menor—. Le sugerí esto y ella se vio muy interesada en la idea. —Bill sonrió y bajó la mirada—. Espero que tus creencias sobre el hipnotismo no cambien por esto. —Sonrió y fue a su propia habitación, dejando atrás a un Tom muy confundido.
Comenzó a desempacar, solo había llevado una maleta, porque de todas formas, su pieza estaba llena de sus cosas.
Cuando bajó a la primera planta, encontró a Bill y a su madre sentados en el sofá, mirando sus fotografías viejas. Se quedó de pie detrás de ellos y miró hacia abajo, a las fotos. No pudo evitar sonreír, él y Bill siempre habían sido muy unidos y eso se veía reflejado en todas las imágenes.
Simone volteó la cabeza y le sonrió a su hijo mayor.
—Mira que pequeño eras, Tom —dijo ella—, es como si fuera ayer. Tom sonrió y se sentó junto a su madre y a Bill.
Pasaron unos momentos de silencio, mientras se ponían más y más grandes en las fotos.
—Voy a preparar la cena —dijo Simone y besó a sus hijos en la frente.
Cuando se levantó del sofá, Bill se acercó más a Tom.
—Mira lo mucho que hemos crecido… —murmuró Bill, mientras pasaba las páginas del álbum—. Mamá siempre ha estado tan preocupada por nosotros. —Tom sonrió y apretó el brazo de su hermano.
—Oh, a propósito —dijo el menor—, mañana irás con el hipnoterapista.
Tom lo quedó viendo fijamente—. ¿Mañana? Pero…
—Gordon ya pidió una sesión, tú irás en lugar de mamá —interrumpió el pelinegro.
—Oh. —Tom tragó y consideró lo que iba a decir—. Está bien.
Bill lo miró sospechosamente—. ¿Está bien?
—Sí, sí. Está bien.
& Continuará &
OMG ¿qué va a pasar al día siguiente? No se pierdan la continuación.
