FOE 9 (P.1)

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

FOE: Capítulo 9

Prometiste que no habría más muertes, ¿verdad? —dijo Jimmy rápidamente, antes que tía Janine continuara.

De hecho, dije que no podía prometer nada. —La mujer se alzó de hombros.

Jimmy la miró con ojos casi suplicantes—. Ya no sé si quiero saber qué pasará.

Tía Janine sonrió y soltó un suspiro—. Bueno, entonces, creo que es el momento preciso para detener la historia y así te puedas ir a la cama. Podrás meditar sobre ella, tomar una decisión mientras duermes sobre si deseas que te cuente el resto o no.

¿Qué? ¡No puedes parar ahora! ¡No voy a poder dormir a menos que sepa qué va a pasar!

Tía Janine soltó una risita—. ¿Entonces, ya tomaste tu decisión?

El niño suspiró, tendría que escuchar cualquier cosa que viniera, incluso si no le gustara.

Sí, por favor, continúa tía Janine.

Está bien, pero no le digas a tu madre que te dejé ir a la cama más tarde.

No hay problema. —Jimmy sonrió.

&

Tomek no estaba para nada contento de ver al gato en la arena. Lo quería muerto, sí, pero por sus propias manos. El felino no trató de escapar inmediatamente como todos los otros, pero solo esperó hasta que subieron a la bestia. En su rostro no había ningún rastro de confianza, así que tal vez no trataría de escapar porque estaba paralizado de miedo.

El felino retrocedió cuando oyó el rugir de la bestia. No hay necesidad de decir que era enorme y además, cuadrúpeda. No había nada demasiado grotesco o aterrador en esta, excepto por los muchos cuernos puntiagudos de su cabeza. La bestia bajó la cabeza y sus cuernos apuntaron al gato, como una espada en guardia.

El gato tomó posición y observó a la criatura. La bestia emprendió el ataque. El felino saltó y usó la espalda de la bestia para propulsarse a sí mismo en una voltereta elevada y así evadir el ataque. La multitud rompió en gritos y abucheos. La criatura giró y volvió a atacar. El felino saltó una vez más y aterrizó detrás de la bestia.

Sin armas para defenderse, los humanoides debían usar sus habilidades físicas como recurso. Correr, parecía la única habilidad a veces, pero no era suficiente contra las bestias. Los gatos no solo tenían piernas veloces, sino que también tenían agudos reflejos y agilidad acrobática. Incluso si confiaban solo en esas habilidades, podrían hacerle pasar un mal rato a sus contrincantes.

El felino continuó evadiendo los ataques de la criatura por un rato y la multitud se volvió impaciente. Tomek apenas se dio cuenta que algunos saurianos sentados entre la multitud se pusieron de pie e hicieron algunos gestos. Observó como la bestia atacó al gato y este se dispuso a saltar nuevamente. Uno de los cañones láser de la arena emergió de repente, dándole al suelo detrás del gato. El felino se sacudió y por un segundo miró hacia atrás, pero fue todo lo que tomó. La bestia lo embistió con sus cuernos puntiagudos. La multitud gritó emocionada. La criatura sacudió la cabeza y sacó al gato de sus cuernos, arrojándolo de vuelta al suelo de la arena.

Tomek miró el cuerpo del felino. No hizo ningún sonido, ni siquiera se atrevió a respirar durante toda la confrontación. Creyó que sentiría algo, pero el hecho de ver al gato recibir lo que merecía, no le ocasionó ninguna satisfacción. Achinó los ojos y esperó. Sabía que el gato se volvería a levantar. La bestia se acercó por su comida, pero en un abrir y cerrar de ojos, el gato estaba de nuevo en pie, listo para atacar. Naturalmente, la multitud abucheó.

El gato había perdido una de sus vidas y Tomek se preguntó cuántas le quedaban. El combate se volvió todavía más injusto, ya que los rayos láser continuaban proyectándose contra el camino del felino, distrayéndolo. El gato no solo tenía que esquivar a la bestia, sino también a los láser, los que aparecían cuando la criatura estaba a solo pulgadas de atraparlo.

El felino saltó, esquivando apenas el ataque de la bestia, sin embargo, la criatura había llegado demasiado cerca. Tomek vio unas manchas de sangre. El gato aterrizó sobre sus pies, apretándose el pecho. Sangre siguió saliendo de la enorme herida, formando una poza y luego, cayó muerto. Pero solo fue otra de sus vidas, porque el gato rodó con facilidad, cuando la bestia intentó comérselo.

Aunque pasaron horas y el sol se movió por el cielo, el tiempo del gato en la arena no terminaría hasta que estuviera finalmente muerto. Y por el disgusto en los rostros de la multitud, probablemente este había sido el combate más largo que hubieran presenciado. Este gato tenía todas sus nueve vidas, Tomek las había contado al observar como sufría horribles y dolorosas muertes. Arrojado al aire y aplastado, pisoteado y apuñalado. Había tanta sangre en toda la arena, que lucía como un lienzo pintado. Tomek notó que cada vez le tomaba menos tiempo a la bestia atacar al gato, después de cada muerte.

El felino se levantó nuevamente, después de su última y brutal muerte. Pero esta vez no lucía tan reanimado como las otras veces. Jadeaba y tenía la respiración agitada, lucía extremadamente exhausto y adolorido. Esta era su última vida. La única vida en la que el cuerpo del gato se volvía vulnerable, como el resto de las tribus humanoides, perdiendo la habilidad de resucitar después de una herida fatal. Todo el mundo decía que la última vida de un gato era la verdadera, así como también su muerte.

La siguiente oportunidad en que la bestia fue tras el gato, el rayo láser apareció. Una vez más el felino se alejó, los cuernos puntiagudos no le dieron por centímetros. La bestia sacudió la cabeza hacia un lado y atacó al gato. El felino cayó. Rápidamente puso sus pies bajo el hocico de la criatura, deteniendo la mandíbula de la cosa para que no se lo comiera. La bestia sacudió la cabeza y se movió hacia el frente, caminando sobre el gato. El felino gimió y gruñó, escupiendo sangre por la boca. Tomek hizo una mueca. Eso tuvo que haber fracturado algunas costillas.

Aun en su última vida, el felino no se daba por vencido. Parecía que solo se las arreglaba para mantenerse en pie, agonizando, pero firme allí, enfrentando a la bestia una vez más. Era admirable y seguramente por eso era un gran guerrero. Por un momento Tomek pensó que sería un desperdicio si terminaba muerto y luego, quería abofetearse a sí mismo por siquiera pensarlo. Tenía que morir, él había venido aquí solo para asegurarse de eso.

La bestia atacó y el gato hizo un movimiento extraordinario. Para entonces se había dado cuenta que los láser eran dirigidos a unas cuantas pulgadas de dónde él estaba parado, y quería ver si los saurianos podrían predecir su reacción. El rayo láser apareció como presumió, pero en lugar de alejarse, el gato dio un salto y giró en el aire, esquivando efectivamente el láser y, al mismo tiempo, aterrizando detrás de él. Fue demasiado tarde para los saurianos cuando intentaron reaccionar ante este movimiento inesperado, porque la bestia corrió justo hacia el láser. El rayo le dio a la criatura directo en la cabeza, partiéndola en dos y dejándola muerta, como un saco de piedras.

En todos sus días de cautiverio, Tomek no había escuchado a la audiencia elevar las voces en niveles tan ensordecedores. Era un caos, una locura en las tribunas. Y no era difícil creer que esta era la primera vez que una bestia hubiera muerto y un humanoide hubiera ganado. Tomek se fijó en el felino, quien estaba tirado en el suelo, con las extremidades abiertas y su pecho apenas moviéndose. Lucía bastante debilitado. Le había costado ocho de sus vidas, encontrar una forma de derrotar a la bestia. Y los saurianos eran los menos contentos al darse cuenta que le habían ayudado a ganar con sus mismas trampas con los láser.

El tumulto en la multitud no se detuvo. Los espectadores estaban discutiendo entre ellos, decidiendo el destino del gato. Tomek pudo distinguir algunas palabras de las discusiones que eran habladas en lengua común. Mientras algunos optaron por querer matar al gato ellos mismos, otros alegaban que las reglas decían que el gato debía ser asesinado por la bestia. Tomke bufó, porque estaban actuando como si realmente respetaran las reglas, especialmente en este juego donde todo era injusto.

Los láser de la arena emergieron. Tomek se sorprendió. ¿De verdad lo matarían? Y luego notó que el láser estaba obligando al gato a regresar a su celda, igual como hacían con las bestias. El felino se obligó a sí mismo a regresar a su prisión y, una vez dentro, cayó, prácticamente sin vida.

Después del combate del gato en la arena, los juegos se detuvieron por ese día, pero iniciaron temprano al día siguiente. Las luchas transcurrieron como siempre. Las esferas se encendían como una ruleta, se escogía un prisionero y luego una bestia aparecía en la arena. Nada espectacular como la lucha del gato, eso era un hecho. Y en cuanto a las criaturas, eran los seres de apariencia más horrorosa jamás vistos, saliendo uno tras otro.

Tomek permaneció mirando la celda del gato, esperando a ver que se moviera. Cuando la luz del día iluminó la arena, notó que el gato permanecía exactamente en la misma posición en la que cayó cuando regresó a su celda y Tomek no podía ver si su pecho se movía. Estaba pensando que el gato probablemente había muerto durante el transcurso de la noche. De pronto, sintió que todo el tiempo gastado en ese planeta se volvió inútil y su impulso de seguir al gato hasta allí, había sido estúpido.

El sonido de la ruleta se detuvo y la multitud gritó bulliciosamente. Tomek no hizo caso, todavía rumeando su falta de interés. Y luego, las barras de su celda sonaron y comenzaron a abrirse, las paredes traseras de la prisión empezaron a moverse. Tomek rodó los ojos.

Lo que faltaba —murmuró.

Caminó de frente a la arena y observó a la multitud. A diferencia de los otros seres humanoides, la multitud abucheó y gritó en su contra, por solo verlo ahí. Tomek no estaba verdaderamente sorprendido, pues estaba muy consciente de su odio por los perros. Después de todo, muchas de las razones por la que estos seres estaban encerrados en planetas presidiarios eran gracias a la intervención de la especie Canina en sus actividades criminales. Por supuesto que no tenían a los caninos en alta estima y tal vez por esa razón, no los consideraban dignos de participar en los juegos de la arena. Y definitivamente por eso, nunca los tomaban prisioneros, sino que simplemente los mataban.

Por alguna razón, la bestia no emergió, aunque Tomek podía escuchar sus rugidos debajo de la arena. «Genial» Pensó. Justo cuando quería ver que su muerte llegaba tarde o temprano, lo hacían esperar. Y luego sonó una alarma estridente. Tomek hizo una mueca y se cubrió los oídos. Los seres en la multitud comenzaron a entrar en pánico, levantándose de sus asientos. Tomek miró alrededor, pero no tenía idea de lo que estaba pasando. La audiencia comenzó a abandonar la arena en estampida. Estaban huyendo de algo, o eso creyó Tomek, pero ¿de qué?

Captó el chirriante sonido de motores de naves, justo antes de que la luz del día se oscureciera, como un eclipse. Su mandíbula se abrió por el shock. Una enorme nave de transporte estaba cayendo del cielo a gran velocidad, con fuego por los costados. Tomek se dio cuenta que estaba a punto de caer junto a la arena. No había donde correr, así que retrocedió hacia la pared, se agachó y se cubrió la cabeza con los brazos.

El impacto fue devastador, como un terremoto. El suelo se sacudió y una ola de polvo y calor cubrió todo a millas de distancia. Los lamentos y los clamores de la arena comenzaron a mezclarse con los rugidos de las bestias. Tomek se puso de pie, mientras el polvo bajaba y vio que parte de la construcción se había derrumbado por un trozo del transporte.

Habría parecido un milagro, ser rescatado por una nave que se estrellaba en la arena, excepto que no era un milagro. Para Tomek no era una gran maravilla darse cuenta que algo así podría pasar, con esa red espacial. De hecho era un milagro que no hubiera pasado antes. El fuerte tirón de arrancar una nave del hiperespacio dañaba al transporte, haciéndole perder el control y aun sin el rayo de atracción, era atraído por la fuerza de gravedad del planeta enano. Tampoco se habría sorprendido, si el que debía estar vigilando se hubiese distraído por los juegos como para darse cuenta de la nave que se acercaba.

El choque había destruido el sistema de control computacional que regulaba el mecanismo de las puertas de las celdas, abriéndolas. Todas las tribus humanoides corrieron salvajemente hacia su libertad, aunque para algunos de ellos, fue solo una sensación de libertad, porque las bestias también estaban corriendo frenéticamente fuera de sus prisiones, matando todo aquello que se movía. Sin su arma, Tomek sintió que no había mucho que pudiera hacer. Y si las cosas seguían así, no quedaría ningún prisionero con vida.

Hubo una explosión de rocas y escombros en una de las paredes de la arena y el lugar se vio invadido por tres Robot Mecha, que comenzaron a apuntar y disparar sus rayos, en un intento de controlar a los prisioneros fugitivos y a las bestias. Una de las criaturas derribó a un Robot Mecha y el operador fue aplastado hasta morir por el pie del tamaño de un tronco de árbol, del ser enloquecido.

Tomek aprovechó la oportunidad y se acercó hasta el sauriano muerto, quitándole el arma. Los saurianos y las otras especies en ese planeta no eran buenos para luchar. Y aunque tuvieran maquinaria tan grande como el Robot Mecha, no les servía de nada si no sabían utilizarla apropiadamente. Tomek se aseguró de disparar el rayo a los puntos débiles de la bestia, como ojos, cabeza y genitales.

Se sorprendió y su estómago dio un vuelco al ver al gato todavía con vida. El felino se había movido y arrastrado, hasta casi salir de la celda. Sus ojos estaban muy abiertos, como maravillados. Probablemente el ruido del choque de la nave lo había forzado a despertar. El gato achinó los ojos e hizo una mueca de dolor al tratar de levantarse. Pero pronto se dio por vencido y luego volvió a mirar a la arena y ante la posibilidad de escapar, lo volvió a intentar.

Una sombra se cruzó ante la vista de Tomek y retrocedió. Apenas evitó ser golpeado por la pata de una bestia. Volvió hacia la arena y continuó matando cada bestia que se cruzó por su camino.

Potentes motores comenzaron a sonar por todas partes y pronto el cielo se llenó de naves y transportes, evacuando el planeta enano.

Otro Robot Mecha fue derribado después de ser atacado por dos bestias, mientras un último robot se encargaba de matar prisioneros antes de que se las pudieran arreglar para escapar por el agujero en la pared de la arena. Tomek hizo una mueca al verlo. Ahora había solo tres bestias en la arena. Apuntó a la más grande y disparó a un costado de la cabeza de la criatura, para atraer su atención. La bestia gruñó, exponiendo sus garras y colmillos. Tomek continuó disparando, sin causar daño directo, sino más que nada provocando a la bestia. La criatura finalmente lo atacó y Tomek corrió en dirección del Robot Mecha.

El operador del Robot Mecha arrugó el ceño cuando Tomek apareció de pronto por debajo de las piernas de su robot. El canino se quedó allí, apuntando con su arma a la cabina del piloto. El operador se rió y le apuntó con las armas de su robot. Sus ojos se abrieron grandemente cuando escuchó el rugido. La criatura embistió contra el Robot Mecha por detrás y el operador se quebró el cuello al salir expulsado de la cabina. El robot cayó como un cuerpo sin cabeza.

La bestia volvió a ver a Tomek y gruñó. El canino esta vez apuntó con precisión, justo entre los ojos de la criatura. La bestia murió con un solo disparo.

Los prisioneros vitorearon y comenzaron a huir de la arena. Tomek volvió a mirar a la arena, ahora vacía, ya que las últimas dos bestias también habían escapado. Volteó la mirada hacia la celda del gato. El felino todavía yacía en la prisión, habiéndose dado por vencido. Después de haber soportado todas esas terribles confrontaciones con la bestia en la arena y nunca haberse rendido. Pero esta vez, quizás, su cuerpo estaba demasiado débil y lastimado hasta para mantenerse en pie.

¡Hey, vamos! ¡Estamos libres! —Le dijo uno de los ex prisioneros en lengua común.

Tomek se giró hacia él. Era el mismo lepórido que había sido traído a las celdas el mismo día que él. El lepórido le hizo señas para que lo siguiera.

Vamos, o todas las naves se irán.

Tomek miró al humanoide y luego a todas las naves en el cielo. Estaba libre. Finalmente estaba libre y podría regresar a casa. Estaba entusiasmado, pero sus piernas no se movieron.

El lepórido miró al canino con confusión—. ¿Estás bien? —Tomek no respondió, volvió a mirar a la arena—. Bueno, no me voy a quedar más en este lugar, así que adiós —dijo el lepórido y se fue.

Tomek caminó lentamente, cruzando la arena, hacia la celda del felino. Se detuvo junto al cuerpo del gato. De cerca, el daño en el felino se veía mucho más intenso. Tenía los ojos cerrados y apenas respiraba. Se había vuelto a desmayar. Tomek respiró hondamente. Su mente vagó con pensamientos de venganza, ideas como terminar con el gato aquí y ahora, pero también pensó que sería misericordioso pues acabaría con su dolor. No era difícil ver que el gato estaba moribundo. Tal vez no lo había matado, pero era responsable de su estado. Si no fuera por él, el gato no habría sido traído a este planeta en primer lugar. Ahora que estaba seguro que el gato moriría, sintió que su deuda estaba saldada. Ahora podría dar la vuelta, regresar y estar en paz. Tomek empuñó las manos, ahora mismo se odiaba tanto.

Maldito seas, gato —dijo al agacharse, obligado por algo mucho más fuerte que sus pensamientos de venganza, y recogió al gato. Lo cargó en sus brazos fuera de la arena.

& Continuará &

Ñiiaa, y empieza la aventura. ¿Por qué Tomek salvó al felino, pese a su juramento de venganza? ¿Qué creen que hará para ayudarlo? Pues está moribundo. ¿O no será capaz de hacer nada y el gato morirá de todas formas? Para saberlo, los invito a leer el siguiente episodio de esta traducción.

1 comentario en “FOE 9 (P.1)”

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