FOE 27 (P.1)

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

FOE: Capítulo 27

Y ahí estaba, el espectáculo de fuegos artificiales en el espacio, siempre una exposición atractiva, como cientos de luciérnagas, brillando y apagándose en medio de la oscuridad, excepto que cada brillo significaba que una nave de batalla había sido destruida. Era difícil asociarla al horror que estaba ocurriendo, mientras observabas a la distancia en otra nave espacial.

Era probablemente la segunda vez que Tomek la veía en su vida, ya que usualmente él mismo era parte del show. La brillante escena se hizo más y más pequeña a medida que el cohete Canis I volaba, alejándose de ella. Aunque estaba consciente de que estaban lejos de estar a salvo. Poco después de despegar de la nave de comando, una pequeña sección de la flota felina comenzó a seguirlos de inmediato.

Tomek vio que se acercaban rápidamente—. ¿Todavía no podemos entrar al hiperespacio? —Preguntó a los pilotos.

Ni siquiera sabemos hacia dónde vamos, así que pensé en usar los portales de salto y ahorrar nuestro combustible para emergencias —respondió Andraz.

Esto ES una emergencia —bufó Tomek.

Estamos a punto de llegar al portal de salto —agregó Andraz—. Todavía podemos lograrlo.

Tomek miró nerviosamente por la ventana, ahora las naves felinas estaban notablemente más cerca— Ya están a distancia de tiro —espetó el rastudo.

Todavía podemos detenerlos —dijo Gustaf. Maniobró por el panel de control y una serie de rayos láser emergió del cohete, apuntando a las naves felinas. Los guerreros rompieron formación y se alejaron del cohete. Todos, menos uno, que continuó acercándose cada vez más.

Es extraño. Él no nos está apuntando —señaló Andraz.

Solo dispárale, Andraz —dijo Tomek.

¡Giorgi! —De pronto Billeam saltó de su asiento y se asomó por la ventana—. ¡Es Giorgi! Debe saber que estoy aquí —dijo.

¿Qué está diciendo? —Preguntó Andraz.

Parece que ese piloto es amigo suyo —respondió Tomek—. Él no nos está apuntando, porque sabe que transportamos al Príncipe Felino.

El guerrero felino se puso a nivel del cohete, cerca de una de las ventanas e hizo un gesto con la mano, señalándose a sí mismo y luego al cohete. Billeam se volteó a Tomek.

Tienes que dejarlo entrar. —Pidió.

Él quiere que lo dejemos entrar —dijo a los otros dos pilotos. Andraz y Gustaf se miraron el uno al otro, esperando oír la opinión contraria del otro, pero ninguno dijo nada. Ambos volvieron a enfocarse en el frente.

Abriendo las compuertas centrales —anunció Andraz.

La nave felina desapareció debajo del cohete. Billeam y Tomek aguardaron detrás de la cámara de descompresión. Canis I se mantuvo quieta, mientras la nave felina se estabilizaba y su piloto salía eyectado de la cabina. Salió impulsado directo a las puertas y se las arregló para hacer una entrada tan directa y perfecta, que hasta pareció fácil.

Las compuertas se cerraron y la cámara de descompresión se abrió. El guerrero felino se quitó el casco. Ahora el falso Príncipe Felino estaba frente a ellos.

Billeam —llamó. Se apresuró hacia el verdadero Príncipe y lo abrazó.

¿Cómo lo supiste? —Fue todo lo que el pelinegro pudo decir.

Porque ya no eres tú mismo —respondió Girogi—. Sabía que no te aventurarías a territorio de los perros para tratar de matarlos esta vez. Y luego vi tu mirada en la pantalla. —Se volvió y miró a los perros—. Y supe que no estabas en peligro.

No debiste haber venido —dijo Billeam.

Necesitaba verlo por mí mismo —Giorgi resopló, su enojo era obvio—. Tenía que saber la razón por la que habías cambiado tanto. La razón por la que nos darías la espalda por estos malditos perros. —Se volvió a los otros con una mirada de escrutinio, especialmente contra Tomek—. ¿Quién es él?

Mi nombre es Tomek

Giorgi se congeló en su lugar, dándose cuenta que Tomek había entendido todo lo que dijo.

¿Qué planeas hacer con Billeam? —Preguntó ácidamente.

Bueno, si debes saberlo… —respondió Tomek con una sonrisa maliciosa en la cara.

Lo sabe. —Soltó Billeam, callándolo. Miró a Giorgi, quien verdaderamente estaba muy consciente de la razón por la que había ido hasta allí, aunque nunca hablaron de ello. Billeam, como su padre, no era de aquellos que demostraba sus sentimientos con palabas.

¡Es un perro! —Esta vez alzó la voz. Billeam inmediatamente recordó al Rey Felino y su contante postura de eterno rechazo.

Lo siento —declaró el pelinegro, porque era lo único que podía decir por su conducta. Ambos sabían que a ojos de cada felino, ni siquiera una extensa demostración de arrepentimiento sería suficiente para recibir perdón.

No puedes hablar en serio. ¡Es antinatural! ¡Es un pecado!

Sea lo que sea, es más fuerte que yo y no puedo evitarlo —respondió Billeam, se encontró a sí mismo recitando las mismas palabras de Tomek, pero solo ahora comprendiéndolas perfectamente.

¡Sí puedes!

Billeam le dio una mirada fiera—. No quiero.

Giorgi se quedó en silencio. Tomek observó que la furia de sus ojos se desvanecía y su mandíbula apretada se relajaba, y dentro de su pecho, casi podía ver su corazón romperse.

El Rey nunca lo aceptará —dijo Giorgi después de un momento—. Nunca nadie aceptará esto.

Billeam se alejó, no quería escuchar la innegable verdad.

Ya no me importa lo que los demás piensen —respondió.

¿Entonces lo dejarás todo, así como así? ¿Tu linaje real, tus seres amados, tu mejor amigo?

Si no puedo volver con Tomek a mi lado —dijo el pelinegro—, entonces no tengo otra alternativa.

Giorgi le envió una mueca de odio a Tomek. La mirada del rastudo nunca flaqueó, pero aunque se mantenía firme, su expresión era tan triste como la de Billeam, dándose cuenta perfectamente de lo precario de su situación. La ira de Giorgi se ablandó.

Sabes que nunca te dejarán tranquilo.

Sí —contestó con pesar.

¿Cómo crees que vas a escapar de todos? —Preguntó Giorgi, su interrogante dirigida exclusivamente a Tomek.

Bueno, todavía no hemos pensado en eso —comenzó Tomek y de pronto la alarma de estar siendo apuntados sonó—. Pero hay muchas probabilidades de que no lo logremos —terminó. Sus ojos miraban la gran cantidad de naves guerreras felinas que ahora los seguían.

Todo el mundo abróchese el cinturón —anunció Andraz—. Haremos maniobras evasivas para salir de esta.

Necesitamos sentarnos —dijo Tomek en idioma felino, empujando a Billeam de vuelta a su asiento y ajustando su cinturón. Le hizo una seña a Giorgi para que se sentara. El castaño obedeció sin mucho jaleo.

Tomek observó como el número de naves felinas crecía—. Maldición, luce como si toda la flota felina estuviera ahora detrás de nosotros. Ambos, él y Billeam se volvieron hacia Giorgi. No necesitaba preguntar por qué, porque por supuesto la presencia de Giorgi en el cohete era un gran delator.

Canis I escapó a gran velocidad, mientras las naves felinas disparaban sus rayos láser. Andraz intentó cada maniobra evasiva, giros veloces, movimientos abruptos, pero los persistentes pilotos permanecían desagradablemente cerca. El cohete fue golpeado varias veces, aunque ninguno de los impactos era grave, solo los estaban obligando air más despacio o a detenerse en algún lugar.

Parece que quieren decirnos algo —dijo Gustaf, poniendo en alta voz el mensaje.

Suelten al prisionero —dijo una voz felina en lengua común—. No lo pediremos dos veces.

Apaga esa cosa —espetó Tomek.

Justo después de que Gustaf rompiera la comunicación, los guerreros felinos dispararon más, esta vez, produciendo más daño.

Andraz y Gustaf lucharon por mantener estable al cohete. Una de las esquinas de la cabina de pasajeros comenzó a soltar chispas.

¿Por qué demonios no simplemente saltamos? —dijo Giorgi de pronto y Tomek no pudo estar más de acuerdo.

¡Maldición, ya salta! —Apremió a los pilotos.

Otro golpe y sonó una alarma. Andraz gruñó—. Supongo que nos leyeron la mente —dijo—, acaban de deshabilitar los drivers de hipersalto.

No se preocupen, solo tenemos que resistir cinco minutos más antes de alcanzar el portal de salto —Gustaf les notificó rápidamente.

Un torpedo de protones fue disparado desde una de las naves guerreras felinas. Pasó velozmente, sobrepasando a Canis I e impactó directamente en el portal de salto. El portal estalló y desapareció.

¡Maldita sea! —Renegó Tomek.

Wow, leen la mente, ¿verdad? —murmuró Andraz.

¿Y ahora qué? —Preguntó Gustaf—. No podremos escapar si no podemos saltar.

¿Cuál es tu plan ahora, Tomek? —Preguntó Andraz.

El rastudo se volteó a Billeam, su rostro mostraba preocupación. Billeam respondió su mirada enojado.

No te atrevas a dejar que me lleven —dijo con simpleza.

Pensaré en algo —respondió a los pilotos—. Entre tanto, no dejen que se acerquen demasiado.

El cohete aumentó la velocidad y realizó toda clase de maniobras evasivas, haciendo lo mejor posible por mantener una buena distancia entre ellos y las naves enemigas.

Tomek se concentró. Tenía que haber una forma de salir de esa.

¿Cómo lo hiciste? —Preguntó Giorgi de pronto. Para su sorpresa, Giorgi hablaba con fluidez la lengua común.

¿El qué?

¿Cómo hiciste para gustarle?

Tomek comprendió que estaba usando la lengua común para excluir a Billeam. Aunque eso lo sorprendió un poco. ¿Cómo Giorgi podía pensar en algo así en un momento como ese? El rostro del castaño lo miraba expectante y, una vez más, Tomek no pudo evitar sentir lástima. Quién sabe por qué Billeam lo quería. Supuso que todo fue una cuestión de circunstancias que aseguraron su inevitable y posterior compañía.

Lo elogiaba constantemente —respondió, lo cual era lo suficientemente cierto.

Giorgi bufó—. Eso nunca me funcionó a mí —afirmó y luego volvió a mirar al frente sin preguntar nada más. Tomek se echó hacia atrás en su asiento, con una sonrisa interna de orgullo.

¿Ya tienes alguna idea de cómo salir de esta? —Preguntó Gustaf.

No —contestó el rastudo—. Solo sigue adelante.

Bueno, parece que no podremos seguir adelante.

¿Qué?

Nuestra ruta ha sido bloqueada por la nave nodriza.

Tomek miró hacia afuera. La enorme nave flotaba a la distancia. Muchas naves guerreras felinas se alinearon con Canis I. Estaban atrapados.

Ya no podemos seguir esquivándolos —informó Gustaf—. Parece que se preparan para escoltarnos a la nave nodriza.

¡No! —Estalló Tomek—. No voy a renunciar a Billeam.

De pronto el monitor comenzó a parpadear.

¿Qué es eso? —Preguntó Tomek—. ¿Nos están apuntando?

No, es una advertencia de campo magnético —respondió Gustaf.

¿Y eso qué significa?

Es un punto-X —aclaró Andraz. El mismo punto-X que los felinos intentaban utilizar para el arma mortal se mostraba ahí, entre su cohete y la nave nodriza felina.

Así que es eso —dijo el rastudo con astucia—. Podemos usarlo como portal de salto y escapar a través de él.

No podemos. Iríamos directo a Procyon Alpha —dijo Gustaf de malas—. De todas formas, no creo que nos hayan dejado las cosas tan simples. Sin importar lo que hagamos, ellos lo pensaron antes que nosotros. Es como si lo supieran todo —murmuró preocupado. Tomek se hundió en su asiento.

Hay algo que ellos tal vez no sepan —dijo de repente Andraz.

¿Qué? —Preguntó Tomek.

Bueno, he estado estudiando nuestra estrella paterna, aprovechando que está tan cerca de nosotros y he detectado grandes cantidades de energía oscura y materia fantasma —respondió. Todos lo miraron con expresiones confusas—. Lo que significa que hay una leve posibilidad de que en su centro pueda haber un agujero de espacio-tiempo —explicó.

Los ojos de Tomek se abrieron grandemente, su cara brilló de alegría.

¿Qué fue lo que dijo? —Preguntó Billeam.

Está diciendo que hay un agujero de salto dentro de Procyon Alpha.

¿Un agujero de espacio-tiempo interestelar? —Preguntó Giorgi en lengua común, mirando a Andraz.

Les digo de inmediato que esto no ha sido comprobado, es solo desde un punto de vista especulativo. Podría estar mortalmente equivocado —contestó Andraz en lengua común, bajando sus esperanzas—. También hay una alta posibilidad de que no lo atravesemos. Si no nos quemamos al principio, podríamos ser despedazados si el agujero de espacio-tiempo colapsa antes de que lo atravesemos

¿Qué? —Preguntó Billeam.

Dice que no tendremos posibilidad de atravesarlo —Giorgi respondió a Billeam en felino.

De pronto, Canis I perdió estabilidad al ser golpeada por más rayos láser.

¡Mierda! —Maldijo Andraz.

Parece que nos estamos quedando sin tiempo —dijo Gustaf. Todos giraron hacia Billeam, como si lo que fueran a hacer después fuera su decisión.

¡Esto es ridículo! ¡No voy a volver! —Exclamó Billeam, los pilotos se volvieron a Tomek.

Nos arriesgaremos, entonces —anunció el rastudo a los pilotos—. Además, prefiero morir destruido, que a manos de los felinos.

Buen punto —dijo Andraz—. Entonces, todo el mundo agárrese bien, este será un viaje turbulento.

¿Tienes alguna idea de a dónde nos podría llevar este agujero? —Preguntó Gustaf, mientras dirigía el cohete hacia el punto-X

A la muerte —respondió Andraz con seriedad.

& Continuará &

Bueno, nos queda un poco más. Hagan sus apuestas. Chan, chan, chan…

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