Escort 1

Escort 1

“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R

Capítulo 1

Bill puso un poco más de delineador en la esquina de sus ojos, asegurándose de que se veía perfecto incluso para sus propios estándares más exigentes, y dio una mirada al reloj puesto discretamente detrás del tocador. Había llegado temprano como siempre, la habitación estaba decorada a su gusto. Las habitaciones del hotel no le parecían bastante acogedoras cuando llegó por primera vez. La iluminación era muy fuerte, proyectando sombras desagradables en su piel. Los muebles estaban muy limpios y bien pulidos. A la mayoría de la gente con la que trabajaba no les importaba mucho como lucía la habitación, simplemente aparecían, él hacía su trabajo con lo mejor de su infinidad de habilidades, y se iban una vez que acababa. Sin embargo, para Bill tenía que ser una experiencia, y simplemente uno no puede tener una agradable experiencia con un ambiente estéril, en una aburrida habitación de hotel.

Algunos libros decoraban la pequeña mesa en el centro de la habitación, cada uno de ellos abiertos intencionalmente en una página que Bill pensó que captaba su mejor estado de ánimo. Un cómic hacía alarde de su juventud, que él valía la pena, y el manga le hacía parecer un poco mundano. Un periódico le hacía ver un tanto casero, una gruesa novela sugería que era una persona inteligente, pero el tema del libro variaría según la ocasión. Todo era una actuación suya y éste era su escenario, cada parte había sido seleccionada para interpretar el personaje que tenía que ser esta noche.

Cada cliente quería algo diferente, y Bill siempre era informado detalladamente de sus intereses y deseos incluso antes de que hubiese dejado de la casa. Sus clientes no estaban pagando el mejor precio para simplemente sentarse y conversar con él sobre lo que la noche iba a acontecer. Pagaban para que sus fantasías fueran cumplidas a partir del momento en que entraban por la puerta. La agencia de Bill era lo bastante buena en dar a los clientes exactamente lo que querían, los largos cuestionarios aparentemente inútiles, la mayoría de las veces ayudaban a que no se repitiera una situación gracias a su entrega impecable. ¿Por qué iría alguien a otro lado cuando sabían que podían pedir un sueño hecho realidad con ellos?

El cliente de esta noche parecía bastante sencillo, nada de gustos extraños o anormales y de acuerdo con la agencia de contacto de Bill, era también sorprendentemente joven. A Bill nunca se le ocurriría decir nada en contra de sus clientes más viejos, pero incluso alguien 10 años más cerca de su propia edad era algo que esperar con interés, aunque fuera sólo por simple curiosidad.

Su cliente habitual solía ser el exitoso hombre de negocios, o la mujer de negocios de vez en cuando, o, básicamente, alguien que podía permitirse pagar por su compañía durante la noche. Bill era la estrella de la agencia, podía permitirse rechazar algunas citas y su lista de espera era de meses de duración con algunas personas arrastrándose por conseguir una reserva, sin importar cuánto tiempo tuvieran que esperar. El cliente de esta noche había tenido suerte gracias a una imprevista cancelación en el registro.

Era curioso como lo desaprovechado por un hombre podía ser tan útil para otra persona.

Mirando el reloj de nuevo, Bill vio que los minutos seguían pasando y frunció levemente el ceño. Sus clientes nunca llegaban tarde. La mayoría de ellos ni siquiera llegaban a la hora acordada, generalmente llamaban a la puerta mientras que Bill todavía estaba hojeando una revista para elegir la imagen adecuada para la noche. Mirando el minutero rodar otra vez, Bill consideró molestarse un poco y estaba mentalmente enfadado pensando en que todo el tiempo que el cliente perdía llegando tarde no era tiempo que él iba a compensar después. Todo el mundo tiene una hora. Si querían más tiempo, tenían que pagar el doble.

Otro minuto pasó antes de que Bill oyese que llamaban a la puerta, su tentación eliminó toda la irritación que había logrado obtener. Levantándose de la silla, Bill se dio un último vistazo en el espejo antes de ir a la puerta y abrirla lentamente. Por un instante se detuvo, mirando al hombre alto y bastante joven de pie en el pasillo, y asumió que el pobre chico se había perdido en el hotel. Arqueando una ceja, Bill preguntó: ¿Tom?

Con el nerviosismo siendo evidente en sus ojos, el joven asintió, susurrando un débil «sí» y solo le tomó a Bill medio segundo estar completamente encantado con él y su timidez.

—Entonces creo que deberías entrar —le dijo tímidamente, sonriendo con su pequeña sonrisa de gato mientras se hacía a un lado, permitiendo que Tom entrara.

—Así que, um, una habitación bonita —dijo Tom, jugando con el dobladillo de su camisa mientras hacía el vago intento de una pequeña charla.

—Hm —respondió Bill. El cuestionario de Tom había solicitado específicamente hablando mantenerse al mínimo, y Bill no estaba dispuesto a ir en contra de eso por una pequeña plática.

Él sabía muy bien cuándo mantener la boca cerrada, y cuando abrirla lo más ampliamente que fuera capaz.

Viniendo por detrás, Bill pasó sus manos por la longitud de los brazos de Tom, indagando un poco por debajo de las mangas y arrastrando levemente las relucientes uñas pintadas de negro por su piel.

Contra su pecho, Tom se estremeció, así que Bill lo hizo de nuevo. Tomando una de las manos de Tom entre la suya, Bill le dio la vuelta, mirando sus grandes y brillantes ojos oscuros en la leve iluminación mientras ponía una mano en un costado de su cara, acariciando con el pulgar el pequeño lunar de su mejilla. Lentamente Bill acercó a Tom hacia él, acortando la distancia entre ellos hasta que sus labios apenas se tocaron, Tom estaba temblando un poco en contra de su voluntad.

Envolviendo los brazos alrededor de su cuello, Bill dejó que Tom tome la iniciativa, aceptando su recato y la vacilante exploración de su boca sin juzgar, parte de él esperaba que Tom se alejara tímido y avergonzado por todo el asunto, como si le acabaran de robar un beso detrás de las gradas de la secundaria.

Se sorprendió un poco al sentir la suave y cálida caricia de la lengua de Tom en sus labios, vacilante, pidiendo permiso para entrar. Bill fingió no darse cuenta por un momento, dejándolo ponerse un poco más agresivo antes de abrir su boca, degustando el débil sabor a menta que se reunió con él cuando la lengua de Tom rozó la suya. Bill dejó que le besara, lento y profundo, por lo que le pareció una eternidad, su lengua movía la pequeña bolita en el centro de la lengua de Bill y se restregaba contra su paladar, logrando que se estremeciera. Era agradable, dulce y suave, y de alguna manera la sensibilidad del momento provocó una molestia en la ingle de Bill a causa de la necesidad de tocarse. Quería que Tom lo llevara a la cama y le diera un beso igual que este, acariciándolo lentamente hasta que no estuviera seguro de poder soportar las lentas caricias en su piel por más tiempo.

Podía tener aunque sea una parte de todo eso, pensó, guiando a Tom hacia atrás hasta llegar a la cama. Lo recostó sobre el colchón, pasando por encima de él, lento y sigiloso, hasta que pudo poner más besos en su mandíbula. Sentado ligeramente hacia atrás, Bill rozó su cadera contra la entrepierna de Tom, sintiéndole para comprobar si ya estaba duro y consiguió un suave suspiro cuando se restregó contra la piel erguida. Bill sonrió ante sus besos, presionando su propia dureza contra la de Tom mientras marcaba un camino de besos por el cuello del otro hombre, dándole pequeños mordiscos de gatito que sabía no dejarían marcas.

Cogiendo la camisa entre sus manos, Bill la empujó hacia arriba y fuera de su camino, realizando un lento recorrido descendiente sobre el pecho firme y el tonificado estómago, su lengua provocaba cosquillas en la piel de Tom.

Deslizándose cerca del borde de la cama, Bill quitó el cinturón con dedos ágiles, desabrochando los pantalones y tirando de ellos hacia abajo lo suficiente para que estuvieran fuera de su camino.

Al meter su mano dentro de los bóxers, Bill miró hacia arriba para encontrarse con la mirada de Tom, apoyado en sus codos con la boca ligeramente abierta, ya fuera a causa de la lujuria o el asombro. Bill personalmente esperaba que fuese por ambas cosas.

Esperando hasta que tuvo toda su atención, Bill bajó la cabeza hasta que su aliento sopló a través de la piel, el pene de Tom temblaba en su mano. Dando una primera y suave lamida a su eje, Bill envolvió sus labios alrededor de la cabeza, sintiendo una punzada de pesar porque el cuestionario de Tom no había dicho nada de querer sexo completo. Por la manera en que Tom se sentía en su lengua, Bill sabía que lo había estimulado acertadamente. Después de todo, tenía la suficiente experiencia para saberlo.

Moviéndose lentamente, Bill se dedicó completamente en dar a Tom la mejor mamada que alguna vez tendría, desplazando la bolita de su perforación a lo largo de la parte inferior de su pene mientras trabaja con una mano a lo largo de la base. Bill quería que Tom recordara esta noche por siempre, y tal vez con un poco de suerte, llame para contratarlo de nuevo. Y otra vez. Y una vez más después de esa.

Por su parte, Tom era una de las personas más agradables que Bill había conocido en mucho tiempo. No se empujaba contra su boca demasiado duro, los pocos tartamudeos y los pequeños empujes estaban lejos de ser agresivos, y no trató de agarrar la cabeza de Bill para empujarlo a que tomara más de lo que podía manejar o hacer que se moviera más rápido. En cambio, su mano se posó suavemente sobre su cabeza y los dedos sencillamente se enroscaron en su pelo, acariciando el cuero cabelludo con delicadeza, casi con cariño, y sólo eso hizo que Bill decidiera ir en contra de su manera habitual de trabajar y lo tragara para él.

Siguiendo las señales de Tom, Bill extendió la mamada mientras pudo, las primeras punzadas de dolor en la mandíbula sería lo único que obtuviera hasta que lograra acabar.

No le tomó mucho para entonces, la presión adecuada de su lengua y el movimiento deslizante de su mano consiguió que Tom estuviese viniéndose para él con jadeantes gemidos mientras Bill lo apresaba hasta secarlo.

Tragando con elegancia, Bill se limpió las comisuras de su boca antes de subir de nuevo a la cama y acurrucarse contra el costado de Tom, con la mano apoyada en su pecho para sentir los latidos de su corazón.

Al voltear la cabeza, Tom miró a Bill, con los ojos pesados y medio cerrados. —Yo… —comenzó, buscando a través de sus pensamientos las palabras adecuadas en su mente en blanco. —Gracias —casi no parecía apropiado decirlo y—, cuánto me costaría mantenerte para siempre. —Podría sonarle ya sea dulce, ofensivo o increíblemente espeluznante, sin importar lo que realmente eso pudiera significar. Renunciando a las palabras, Tom presionó sus labios contra los de Bill, saboreándose a sí mismo en su lengua.

Bill sonrió levemente, dejando que Tom lo atrajera hacia más dulces besos y decidió que después de todo, Tom podía tener ese minuto perdido nuevamente.

Continuará…

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