Escort 9

Escort 9

“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R

Capítulo 9

Bill se sorprendió cuando se despertó en un enredo de extremidades y sábanas, inseguro en cuanto a donde se encontraba. Meneando un poco sus caderas, se quedó tranquilo de ver que al menos aún llevaba los pantalones, así que no había mucho por lo que preocuparse, y mirando a la pelirroja roncando en su pecho todo regresó rápidamente a él. Había conseguido tumbar a Angela en su cama, inclinándose para darle un beso en la frente antes de dirigirse al sofá para echarse, extender y ponerse de mal humor, cuando ella de improviso se acercó y se recostó, murmurando algo acerca de que él era una buena almohada y procedió a enroscarse a su alrededor. Bill había tenido la intención de dejar que se duerma y luego escabullirse, pero después del vuelo, unos cuantos tequilas y el confortable calor de otra persona, se había quedado dormido antes de que pudiera llevar a cabo su plan.

Cepillando el pelo de Angela hacia atrás, Bill suspiró suavemente. Él y Angela tenían de verdad un acuerdo que, si ambos seguían estando solteros a los 35, se casarían y acabarían con todo el asunto de una vez. Habían hecho ese trato hace algunos años atrás, tres meses como mucho después de que se conocieran en un club, ambos revoloteando sus pestañas para conseguir bebidas gratis que no podían permitirse el lujo de pagar. Bill se había mudado recientemente a la ciudad, entonces, con 18 años, soñaba con ser alguien grande, en vez de vivir en un apartamento de mierda que apenas podía permitirse con su sueldo de cajero, pero se las arreglo para juntar unas cuantas monedas y poder salir a bailar una vez a la semana, confiando en su aspecto para conseguir al menos una ligera borrachera antes de tener que irse a dormir.

Una noche él y Angela se la habían pasado casi una hora coqueteando con los demás antes de darse cuenta de que ambos estaban intentando hacer lo mismo. Se rieron un rato y se volvieron a encontrar la siguiente semana, hicieron una apuesta sobre quién podría conseguir más bebida en una noche.

Bill ganó de tres.

Después se hicieron amigos rápidamente, quejándose de sus trabajos en aquella época, compartiendo consejos sobre maquillaje y acordando reunirse en el club todos los sábados. En cierto modo, Bill ni siquiera habría considerado tener el trabajo que tenía actualmente si no hubiera conocido a Angela. Si no se hubieran conocido, no se habrían hecho amigos, él no hubiera hecho planes cada semana, y no habría estado en el club la noche que fue “observado”.

Había empezado como cualquier otra noche, Bill y Angela llegaron y se fueron por caminos separados –la gente no te compra bebidas si estás con alguien– y Bill se marchó a bailar. Después de tres canciones consiguió una palmadita en el hombro y el frecuente cumplido un tanto soso que aceptó con una sonrisa, un guiño y se despidió, solo para recibir de nuevo una palmadita en el hombro. El hombre detrás de él le sostuvo una tarjeta de visita y le dijo que podía hacer un montón de dinero en su agencia, si quería, y Bill se echó a reír, se guardó la tarjeta en el bolsillo del pantalón y se dejó envolver otra vez por la multitud, olvidándose rápidamente de todo el asunto.

Un mes después comiendo solo sándwiches de mantequilla de maní, Bill reconsideró mirar la tarjeta con más detenimiento. Las cosas en su trabajo no marchaban bien desde que había contratado al nuevo gerente y la mayoría de los días prefería apuñalarse el ojo con el delineador de ojos antes de tener que ir, además lo que tendría que haber recaudado en un año de trabajo era casi nada.

Asimismo, en realidad no había nada de malo en ir a la dirección que aparecía en la tarjeta y ver de qué se trataba. Él no tenía que entrar, o aplicar, ni nada. Podía simplemente deambular por el lugar de pasada y ver si este “servicio” era algún sucio edificio antiguo plagado de ratas escondidas en un gueto de por ahí o si se trataba de algo más respetable.

Bill se asombró cuando finalmente encontró la dirección, un indescriptible local en medio de un distrito de negocios de alta categoría que hizo que se sintiera bastante ordinario como para incluso estar allí, y mucho menos considerar tener un empleo por esos lugares. Era de un color blanco, decente, y no daba ninguna indicación en cuanto a lo que era. No había luces de neón en forma de senos ni letras XXX en la parte delantera, ni televisores trasmitiendo porno para tratar de atraer a la gente, En todo caso, parecía una empresa de contabilidad o la oficina de un abogado, no el escaparate de un burdel.

Pensando en que ya que había llegado tan lejos, Bill abrió la única puerta blanca y entró. De alguna manera, el interior del edificio estaba incluso más limpio que el exterior, las botas de Bill resplandecían en el brillante mármol mientras se dirigía a la recepción en el centro de la gran sala bien iluminada. La guapa morena en el mostrador levantó la vista hacia Bill, dándole una alegre sonrisa y un cordial saludo, preguntándole educadamente qué podía hacer por él. Bill sintió que se sonrojaba un poco, sacó la pequeña tarjeta de su bolsillo y explicó la historia que venía con ella, solo para que la chica asintiera a sabiendas, sacara un formulario de su escritorio y se lo entregara, que resultó ser una solicitud de empleo bastante estándar. Veinte minutos más tarde ella tuvo sus datos personales y él tenía una cita con el médico y la promesa de que lo llamarían tan pronto como tuviera sus resultados.

La cita con el médico había sido un tanto inesperada y sorprendentemente exhaustiva, revisando a Bill por si tenía alguna enfermedad, él estaba seguro de que ni siquiera había oído hablar antes de que los médicos tomaran tantas muestras y sacaran lo que parecía todo un galón de sangre. En ese momento, Bill pensó que, bueno, independientemente de lo que pasara con su solicitud, por lo menos él habría conseguido un certificado de tener una buena salud. Esperemos.

Dos semanas más de espera pasaron antes de que finalmente le devolvieran la llamada y le pidieran asistir a la agencia al día siguiente. Bill se había vestido adecuadamente para esa entrevista, maquilló sus ojos tan perfectamente cómo pudo con su barato delineador y caminó a través de la puerta como si fuera el dueño del lugar. La misma recepcionista estaba trabajando de nuevo, honrando a Bill con una linda sonrisa y haciéndole saber que lo consiguió, de hecho, superó su prueba con gran éxito por lo que podía pasar a la siguiente parte del proceso. Ésta vez el formulario que ella le entregó era tres veces más largo que el anterior, preguntaba sobre qué estaba dispuesto a hacer. La mayoría de las cosas eran bastante comunes: mamadas, sexo, juguetes, pero algunas cosas hicieron que sus ojos se agrandaran mientras comprobaba la casilla “no” de las dobles sesiones que había marcado fuertemente con el bolígrafo.

Entregando el papel, Bill se fue con otra promesa de que le llamarían dentro de una semana y las instrucciones de como tenía que lucir en su próxima entrevista.

Bill estaba afligido sobre que ropa ponerse, mientras esperaba que su teléfono sonara de nuevo. Nada de lo que escogía le parecía suficientemente distinguido, sus jeans estaban descoloridos o rotos, y el único pantalón decente que tenía era el del trabajo, y le pareció un poco raro ponérselos para una entrevista en una casa de citas, aunque fuera una muy agradable. Incluso sus camisetas no le satisfacían, de repente, todas las camisetas con tontos grupos de música y con dibujitos no las consideraba adecuadas.

En el momento en que le volvieron a llamar, Bill había elegido, cambiado de opinión, y vuelto a elegir su atuendo tres veces antes de dejar el escogido colgado en su armario a la espera. Cuando se presentó en la agencia por la tarde, estaba vestido con lo mejor que su guardarropa le permitía, lo suficiente como para obtener una mirada apreciativa de la recepcionista mientras él se apoyaba en su escritorio con una sonrisa. Cruzando sus manos en el escritorio, la recepcionista le informó que esta convocatoria era la prueba “física” para asegurarse de que realmente estaba preparado para hacer el trabajo que se le pedía y que no era un chico de la calle que había ido por diversión. Bill estaba convencido y lo llevaron por un estrecho pasillo lateral que no había visto antes, ya que nunca había ido más allá de la recepción, y lo dejaron en una pequeña habitación, solo con un sillón y una cama. Su corazón latía como si fuera un martillo, mientras aguardaba, a sabiendas de que iba a venir en breves momentos alguien que no había conocido antes, del cual no sabía nada y que iba a tener que hacer su mejor trabajo para esa persona. Era un poco atemorizante si lo pensaba, pero al mismo tiempo increíblemente emocionante. Había tenido ligues de una noche antes, después de todo, él no era una virgen ruborizada, pero esto era totalmente diferente.

En el momento en que el hombre entró por la puerta, Bill alejó todo el asunto y puso todo su corazón en ello, dándolo todo en el acto y envió al hombre más que satisfecho de regreso a la puerta.

Bill tenía el trabajo antes de abandonar el edificio.

Había comenzado como pasivo, por supuesto, haciendo los trabajos que los acompañantes más experimentados no querían y todo lo que vino después fue mejorando gracias a su apariencia. No era gran cosa, pero aún así era más de lo que había estado haciendo antes, y era bueno en lo que hacía, algo de lo que no podría alardear como cajero. Lento pero seguro incrementaron sus clientes habituales y obtuvo más negocios de boca en boca. Cuantas más personas lo querían, más la agencia tenía que pagarle por su tiempo y pronto Bill pudo mudarse de su pequeño apartamento de mala muerta a uno más bonito y nuevo.

Y ahora, aquí estaba. Tenía un bonito apartamento, ropa de lujo y, por el momento, una chica guapa que lo amaba, aunque solo sea como un amigo, acurrucado en sus brazos. En este momento, pensó que esa última parte era la mejor.

Inclinándose, Bill le dio a Angela un beso en la frente. —Hey, ángel —susurró suavemente, acariciando su brazo hasta que ella parpadeó con los ojos abiertos—, tengo que ir a casa. Ducharme y todo eso.

Bostezando, Angela se estiró más obre Bill. —Sólo tienes que utilizar la mía, después podemos hacer la cena o algo. Será genial.

—Me encantaría quedarme si pudiera, pero tengo que irme. Tengo alguna personas a las que llamar ahora que estoy de vuelta, ya sabes como es.

Angela se quejo. —Pero yo extrañaba a mi Billy. No hemos pasado suficientemente tiempo juntos.

—Lo sé. Voy a compensarte más tarde, ¿de acuerdo? —le dijo Bill, apoyando su barbilla en la cabeza de ella mientras cogía su camisa.

—Está bien. Pero tengo que elegir dónde. Y tú pagas —ella le respondió, picándole con un dedo el vientre mientras lo soltaba.

—Por supuesto —dijo Bill con una sonrisa. Alejándose de la cama, Bill logró encontrar sus zapatos y sus maletas que habían sido arrojadas a un lado en la sala de estar, le dio a Angela otro beso amistoso antes de salir y llamar un taxi a casa, donde todo fue simplemente dejado de lado una vez más.

Buscando en su teléfono, Bill suspiró y marcó el número de la agencia. Sus vacaciones habían terminado y habían sido, básicamente, un fracaso en hacer lo que pretendía, aunque dos segundos en el restaurante mexicano habían logrado hacer lo que dos semanas en una isla no pudo. Aceptó a un cliente –un antiguo cliente– que había imaginado como alguien más.

Lo hizo, y ya era hora de volver al trabajo.

Continuará…

1 comentario en “Escort 9”

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