“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R
Capítulo 6
Todavía estaba oscuro cuando Bill se despertó, cálido y cómodo contra la piel de Tom. Pero su confort solo duró un momento, el pánico que sintió tan pronto como su mente se despejó fue suficiente para entender lo que estaba pasando. Distanciándose de la cama, Bill recogió su ropa tan rápido y silenciosamente como le fue posible, obteniendo solo un vago y soñoliento quejido por parte de Tom mientras se apresuraba a bajar por las escaleras y salir del club. Había tenido la suerte de conseguir un taxi a casa, pagándole al conductor un dinero extra por dejarle más cerca. Una vez en casa, se dirigió a darse una larga ducha caliente, frotando para alejar todo rastro de Tom lo más que podía y reprendiéndose por ser tan estúpido e impulsivo.
Él sabía que simplemente no debía entregarse a un cliente, incluso habiéndolo hecho con anterioridad. Estaba estipulado en su contracto con la agencia acerca de cosas como esta, todas ellas remarcadas con una señal intermitente, luminosa y gigante que decía “NO”.
Sabía que hubiera sido lo mejor, pero no había tenido la fortaleza para negarse.
Dos segundos más y Tom habría estado fuera de su vida, las cosas deberían haber sido así y todo hubiera estado bien. Fuera de la ducha, Bill tomó una pastilla para dormir, sabiendo muy bien que sus pensamientos iban a volver sin cesar a la noche anterior y no tendría un descanso.
Necesitaba dormir un poco, de lo contraria acabaría con ojeras y no podía permitir eso. Después de todo tenía una cita más tarde, y nadie quería reservar un chico bonito y terminar con alguien que parecía agotado.
—Ya te lo dije, algo ocurrió —dijo Bill, maquillando sus ojos lo más oscuros que pudo a la vez que sujetaba el teléfono contra su oído mientras Angela se quejaba por haberse marchado la noche anterior—, tú sabes que no me hubiera ido sin decir nada si no hubiera sido algo importante. Por supuesto que fue importante —le dijo, tomando un cigarrillo y dándole una calada. —Bueno dile a Kat que lo siento, haré las paces con ella. ¿Una cena tal vez? ¿A mí? No, no, en cualquier lugar que desee. —Sonriendo ligeramente, Bill retocó el rabillo de sus ojos para que la línea se viera más nítida. —Bien. Bien. Me tengo que ir, sin embargo, tengo planes esta noche. Por supuesto que también son importantes. Hasta pronto, Angela.
Cerrando el móvil, Bill frunció el ceño antes sus propias reflexiones, cogiendo otro cigarrillo. Se sentía mal por mentir a sus amigos, por haberlos dejado, para empezar, pero una vez más sentía la necesidad de guardar sus secretos. Bill estaba empezando a cansarse de los secretos.
Bill sonrió, abriendo la puerta de par en par. —Hola, Wendy.
—Hola, mi querido muchacho. —Wendy canturreó, caminando ostentosamente por la puerta, envuelta de los pies a la cabeza en seda, dándole a Bill un pequeño pellizco en la mejilla. —¿No me ves guapa esta noche? Tienes esta pequeña cosa linda entrando. —Dando un paso adelante, ella tomo la cara de Bill entre sus manos. —Estás un poco nervioso esta noche, conejito. Creo que me gusta.
—Oh, ¿tú crees? —preguntó Bill, arqueando una ceja a la mujer mientras se movía más cerca de ella, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura.
—Oh, sí, mi dulce conejito, —dijo Wendy, poniéndose de puntillas y Bill se agachó para llegar a ella. —No te preocupes, mamá te tratará bien.
Acortando la distancia entre ellos, Bill reclamó sus labios, dejando que Wendy guiara las cosas desde allí. Por mucho que lo costara, Bill no podía de dejar de pensar en que ella no sabía ni un poco a menta mientras su lengua se movía contra la suya. Quería a alguien con sabor a menta y que él no tuviera que agacharse para besarle. Quería…
Alejando el pensamiento de su mente, Bill besó a Wendy más en serio, lanzándose a lo físico y dejó su mente en blanco. Si él no piensa en absoluto, no podría imaginar cosas que no debía. Si él simplemente no piensa, podría confiar en el instinto de realizar su trabajo.
Capa por capa, Bill apartó la ropa de Wendy, dejando que se deslizara hasta el suelo con elegancia, mientras pasaba las manos por su piel. Ella era cálida y suave bajo sus manos, sus pechos seguían firmes al tacto aunque fuera sólo gracias al bisturí de un cirujano.
Poniéndola en su espalda sobre la cama, Bill besó un camino por su cuello, centrándose en la sensación de la piel debajo de sus labios y en el suave olor a perfume femenino que le hacía cosquillas en la nariz mientras pasaba la punta de su lengua por sus pezones. Lentamente la besó a lo largo de su cuerpo, escuchando las reacciones y adaptándose a ellas cuando llegaban.
Acariciando con sus labios entre las piernas de Wendy, Bill dio delicadas lamidas de gatito sobre su piel, haciéndola gemir. Afortunadamente eso era algo que se le daba bastante bien, y lo había hecho tantas veces que probablemente podría hacerlo mientras dormía, si tuviera que hacerlo. Pronto tuvo a Wendy retorciéndose y gimiendo por él, sus caderas se sacudían contra su barbilla.
—Oh, Dios, Bill, sí —gritó ella, sus caderas sujetándose alrededor de las orejas de Bill cuando se corría. —Sí, sí, Bill. —Inclinándose, Wendy pasó los dedos por el cabello de Bill, instándole suavemente a apretarse contra ella.
—Creo que todavía llevo demasiada ropa, ¿no crees? —Bill le susurró al oído, dejando que su escaso peso reposara contra ella.
—Lo creo — dijo Wendy tenuemente, sus manos se movían a tientas por el cinturón. Abriéndolo rápidamente, empujó los pantalones vaqueros hacia abajo, logrando bajarlos lo suficiente para dejar su pene libre. —Bill, cariño, dale una mano a mamá.
Besándola en la mejilla, Bill se sentó, quitándose la camisa, meneando sus pantalones hasta sacarlos de acuerdo con su petición y colocándose encima de ella otra vez, piel con piel. —¿Mejor?
—Trabajando en ello, cariño —le respondió, envolviendo las piernas alrededor de sus caderas.
—Alguien está tratando de ser mala —advirtió Bill, deslizando su pene por el interior de su pierna, consiguiendo un suave gemido de necesidad. —Dame un pequeño momento. —Yendo al final de la mesa, Bill tomó un condón e intentó abrirlo solo para que se le escapara de las manos. Rasgándolo hasta abrirlo, Wendy lo hizo rodar por su longitud, mirándolo con sus expectantes ojos azules. —Impaciente, ¿verdad?
—Sólo para ti, niño bonito. —dijo Wendy, jadeando cuando Bill se metió dentro de ella.
Wendy era toda manos y dedos enmarañados mientras Bill le daba exactamente aquello por lo que ella estaba allí, una hora de pasión con un chico guapo que era lo suficientemente joven como para ser su hijo. Fue agradable para él, también, dejar que la acumulación lenta de orgasmo creciera sin obstáculos hasta que se corrió, sudoroso y jadeante y sorprendentemente contento de que todo hubiera terminado.
Después Wendy le mimó y le acarició y le dijo que era un absoluto ángel y que estaría pidiéndole de nuevo tan pronto como tuviera la oportunidad. Bill sonrió ante la alabanza, todo eso sintiéndolo en el pequeño hueco de su oído mientras ella parloteaba. Era siempre lo mismo, un discurso que había oído tantas veces en los últimos años que podría haberlo recitado otra vez para ella. Aceptando sus abrazos, sus besos y las promesas de que lo volvería a ver pronto, Bill miró a Wendy ir hacia la puerta y salir al igual que las anteriores veces, dejando que la cerradura hiciera clic.
Poniéndose la ropa de nuevo, Bill comenzó a limpiar la habitación, tomando sus pertenencias y metiéndolas de nuevo en su bolso y recolocando las pocas cosas del hotel que se habían movido y dejándolas fuera del camino.
Se aseguró de que las almohadas estuvieran en su lugar y que la envoltura del condón usado no estuviera en la cama para evitar que la pobre señora de la limpieza lo encontrara más tarde. En el momento en que acabo, la habitación apenas parecía haber sido utilizada, tal y como él prefería dejarla. Él sabía que la cama sería limpiada, que las sabanas se lavarían y se sustituirían, pero aún así el odiaba dejar todo el lío más de lo necesario. Especialmente la mancha pegajosa, el brillo del semen en contraste con lo blanco que observo con sus oscuros ojos…
Frunciendo el ceño, Bill golpeó con la mano la parte superior de la cómoda, obligando a sus pensamientos salir de su cabeza. Nunca más, se juro. Nunca más.
Suspirando, Bill llamó a la agencia para hacerles saber que había cumplido con la última cita íntegramente y que no le programaran más en algunas semanas. Necesitaba unas vacaciones e iba a irse lo más lejos que pudiera de Tom y de todo aquello que pudiera recordárselo para poder por fin sacárselo de la cabeza.
Continuará…

Ay no pobre Bill 😏😱😱😱😱🔥🔥🔥no creo que pueda