
“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R
Capítulo 5
Bill extendió levemente la brillante sombra gris, oscureciendo la esquina externa de sus ojos lo mínimo posible y batió sus pestañas para sí mismo al espejo. Había tenido una mala noche, algo que de por sí no era raro, pero esta era la primera noche durante el mes que sus amigos habían logrado coincidir sus horarios para que todos pudieran reunirse. Normalmente, uno u otro tenían trabajo o ya habían hecho otros planes, por lo que lo iban posponiendo continuamente, con la esperanza de salir la siguiente semana, y Bill pasaba otro día descansando en su apartamento ordenando la ropa o viendo una película, como hacía en la mayoría de sus noches libres.
Estaba noche habían planeado reunirse en un club que Angela insistió que era increíble y la música se escuchaba hasta el callejón de Bill. El sitio estaba de moda, tenía bastante clientela joven y al parecer se servían los mejores martinis que hubiera probado, lo que decía mucho para ella. Bill adoraba a Angela, la conocía desde poco después de que se mudara a la ciudad, pero la chica era un poco borrachina y Bill se había despertado más de una vez en su sofá después de haberla ayudado a llegar a su casa pasada de copas, después de una de sus salidas.
Poniendo un poco más de rímel en sus pestañas, Bill decidió que se veía bastante bien para una noche con sus amigos, todo él vestido diferentemente de su habitual atuendo de trabajo. Había mantenido su maquillaje más ligero, pasó de los jeans de diseño a favor de unos más viejos y sacó un jersey negro de cuello alto para la reunión. Seguía estando bastante sencillo, pero si la costumbre se mantenía, seguiría siendo el mejor vestido de su pequeño grupo. Agarrando su bolso de la mesa junto a la puerta, Bill se dirigió a la salida para ir a reunirse con los chismes y el alcohol.
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—Lo peor de todo es que creo que ella piensa que tengo algún tipo de enamoramiento porque la sigo mirando —dijo Jarret, haciendo una pausa para tomar un sorbo de su cerveza. —Tengo miedo de que vaya a volcarse debido a estas cosas. O tropezar casualmente con la mesa porque te juro que no hay manera de que pueda verla alrededor.
—No entiendo la obsesión por los pechos de esta sociedad —Angela intervino, apartando unos cuantos de sus rojos rizos de la cara. —Estoy conforme con estos hasta ahora y no tengo ningún interés en cambiarlos por unos un poco más grandes. —Angela alzó su pecho con orgullo. —¿Tu qué piensas Billy? No son tan malos.
—Creo que eres hermosa de cualquier manera —dijo Bill, alejando la copa lejos de ella, y consiguiendo una brillante sonrisa por el cumplido.
—¿Ves? Bill sabe como realmente funciona. No todo es acerca de la apariencia.
Jarret se mofó, tomando lo último que quedaba de un solo trago. —Te das cuenta de que estás hablando del chico que llevaba más maquillaje que tú ahora mismo, ¿verdad?
—Estás celoso debido a que Billy y yo nos vamos a casar algún día —dijo Angela, agitando una mano a Jarret con desdén—, y no vas a ser invitado a la boda porque no nos vas a dar buenos regalos. —Llegaron al otro lado de la mesa, Angela le dio a la mano de Bill un apretón. —Va a ser hermoso.
—Algún día —respondió Bill con una sonrisa, devolviéndole el apretón en la mano a Angela. Durante todo el tiempo que Bill podía recordar, Angela le había estado diciendo que iban a casarse, ella lo había decidido e iba a ser con él, en algún momento. Pensó que era dulce, aunque la mayoría de las veces lo decía sólo para poder burlarse de Jarret, era su manera de atraer al chico de nuevo. Angela había traído a Jarret a su círculo de amigos cuando comenzaron a salir por primera vez, quería presumir de su hermoso mejor amigo Bill, y luego la pareja se había roto en cuestión de días. Curiosamente, Angela y Jarret parecían llevarse mucho mejor cuando no estaban de novios que cuando lo estaban, que era parte del motivo por el cual volvían a estar juntos una y otra vez. Todo esto le daba a Bill bastante alegría ya que había decidido no molestar con todo el asunto de la citas. Simplemente parecía tomar demasiado esfuerzo.
—Creo que es el turno de Bill de comprar otra ronda. —dijo Jarret, empujando su vaso vacío al centro de la mesa.
—Pero todavía voy por el primero —dijo Bill, levantando la mitad de su appletini (*).—Creo que las reglas del grupo consistían en que el primero que termine tenía que conseguir la siguiente ronda.
—Entonces Angie y yo estaríamos consiguiéndoles bebidas a todos —dijo Jarret, pateando a Bill ligeramente por debajo de la mesa—, además, eso sólo significa que tú eres el más probable de todos nosotros que pueda traer las copas a la mesa sin tambalearse.
A su lado, Angela ahogó un grito de asombro. —¡Eso sólo pasó una vez!
—Mi chaqueta olió a amaretto (*) por un mes. —Jarret replicó, dándole a la chica una sonrisa y consiguió otra pequeña sonrisa a cambio.
Rodando los ojos, Bill se levantó, sabiendo muy bien que esos dos estarían juntos de nuevo en el momento en que regresara. —Está bien, pero que nadie se termine mi bebida en mi ausencia, Angela.
—Te dije que estaba bueno. —Angela respondió con aire de suficiencia, saludando a Bill cuando abandonó la mesa.
Sacudiendo la cabeza, Bill se abrió paso entre el club lleno de gente, rechazando cortésmente algunas de las ofertas para bailar que recibió mientras se dirigía hacia el bar. Con una resplandeciente sonrisa, la atención del barman fue suya al instante y Bill le dio la orden para su mesa, inclinándose ligeramente contra el borde de la barra mientras esperaba a que el hombre lo consiguiera todo. Tuvo que admitir que el club estaba muy bien y, para ser un lugar nuevo, la música no te absorbía por completo y los niveles de ruido eran buenos.
Bill podía hablar con sus amigos en la parte de atrás y aún así oírse entre ellos sin tener que gritar, pero una vez que llegabas a la pista la música era lo suficiente alta para que la puedas sentir e incluso en el corto trayecto que Bill hizo a través de ella bastó para que quisiera bailar. Una vez que regresara a la mesa, podría considerar pedirle a Angela un baile.
Llevando el ritmo con el pie, Bill miró a través de las diversas personas en la pista. La mayoría de ellos parecían estar intentando conseguir la atención de alguien más, los chicos con más estilo, mientras que las chicas escogían a cualquiera que estuviera lo suficientemente cerca a medida que se tambaleaban sobre sus talones. Apartando la mirada de la pista, a Bill se le secó la boca en un instante mientras su corazón latía con fuerza en su pecho, casi tan fuerte como para ahogar los graves golpeteos de los altavoces. No a más de tres metros de distancia, apoyado en la barra, estaba Tom, con una cerveza en la mano mientras asentía al ritmo de la música. No estaba vestido elegantemente, llevando nada más que unos pantalones vaqueros y una enorme camiseta que no combinaba con todo lo demás, pero en ese momento Bill podría habérselo comido vivo. O tal vez solo se acurrucara al frente de su sudadera para dejar que Tom le sostenga por un tiempo. Tal vez incluso ambos podrían llegar a entenderse.
Perdido en el mundo que le rodeaba, Bill vio el perfil de Tom mientras lo contemplaba por encima de todas las cosas, admirando la curva de su nariz y el ligero resplandor de luz que se reflejaba en su piercing por las luces de la pista, y Bill quiso lamerlo. Todo lo que tenía que hacer era dar unos cuantos pasos y podría chocar accidentalmente con Tom, como si fuera una pequeña coincidencia al azar;que agradable es verte aquí, ¿vienes a menudo? ¿Quieres desnudarte y follar en la barra? Eso suena factible.
Ensimismado como estaba, le tomo al barman tres intentos conseguir la atención de Bill y entregarle las bebidas que había pedido, Bill le pagó rápidamente y huyó hacia la mesa antes de que tuviera la oportunidad de hacer algo de lo que se arrepentiría.
—¡Billy! —Angela canturreó, sentada estrechamente al lado de Jarret. —¡Finalmente llegaste!
Dejando las tres bebidas en la mesa, Bill se levantó para dejar Kat darle su habitual abrazo y beso en la mejilla que siempre aterrizaba en la esquina de su boca.
—Bueno, ¿qué provocó ese brillo en tus ojos? No creo que estés tan alegre de verme. —dijo Kat, robando su nueva bebida, sentada mientras Bill se sentaba estrujado junto a ella.
—Oh, ya sabes que siempre me alegro de verte —respondió él, chocando levemente el hombro de la chica y dándole una sonrisa, mentalmente estaba volviéndose loco sobre si realmente tenía los “ojos brillantes”. Sólo había sido una mirada. Una mirada y tal vez unos pocos de segundos de fantasía, que no debería haber sido suficiente para que sus ojos se pusieran vidriosos.
Ocultándose en la esquina trasera de la cabina, Bill bebió el resto de su appletini mientras que el resto del grupo conversaba acerca de cosas cotidianas. Kat había llegado tarde porque su jefe había perdido tres horas poniendo todo en orden en los cinco minutos antes de irse. Angela se quejó de quedarse atrapa en ayudar a una horrible mujer durante una hora para ayudarla a encontrar un par de zapatos a juego con sus horribles guantes y que no hicieran que sus pies se vieran como pezuñas. Jarret les contó acerca de ir a mostrar una casa sólo para encontrar que un grupo de adolescentes lo habían roto todo la noche anterior y destrozaron el lugar. Y Bill se quedó en silencio, dejando que todos los demás hablaran de sus respectivos puestos de trabajo, mientras que agitaba su bebida. No es que estuviera avergonzado de su trabajo, solo que no quería realmente hablar de ello con sus amigos. ¿Qué se suponía que debería decir?Oh, esa mujer parece terrible. Me acuerdo de la semana pasada, me pasé casi una hora siendo arremetido por una mujer con un arnés y también tenía unos zapatos horribles.Bill ya podía imaginar sus miradas desconcertadas. Y luego las interminables por qué y cómo y clamando por cada uno de los detalles que pudiera darles, lo que iría en contra de la política de la agencia, por decir algo. Así que se quedó en silencio, asintió con la cabeza y soltó una carcajada de vez en cuando, y trató de no pensar en los labios de Tom.
Jarret acababa de regresar con la tercera ronda y la segunda copa de Bill cuando éste se deslizó hasta el borde de su asiento, recogiendo su bolsa por sus pies del suelo. —Cuarto de baño —dijo Bill claramente, anticipándose a la pregunta antes de que la hicieran. Se deslizó entre la multitud por segunda vez, tomó un minuto para localizar los baños, tenía que recorrer todo el camino hasta el otro extremo del club, algo que no le importó en lo más mínimo. Haciendo lo que fue a hacer, Bill se detuvo ante el espejo, revisando sus ojos y asegurándose de que su maquillaje no estuviera corrido. Podría retocar su brillo de labios, decidió, buscando el pequeño tubo en su bolsa y calmadamente se puso una delgada capa.
Satisfecho, Bill apartó su pelo hacia atrás, tratando de conseguir que los pocos mechones sueltos se que quedarán donde deberían, miró a un lado cuando la puerta del baño volvió a abrirse, sus ojos eran como plato mientras miraba a la persona reflejaba en el espejo cuando la puerta se cerró. Mirando de vuelta al espejo, la boca de Tom se abrió por la sorpresa. —Hola.
La espalda de Bill se tensó mientras trataba de parecer lo más frío y distante posible, centrándose en su propio rostro y retocando su brillo de labios por segunda vez. — ¿Por qué me seguiste hasta aquí? —preguntó, con voz suave y tranquila.
— ¿Qué? No… Yo no lo hice. No sabía que estabas aquí, sólo tenía que usar el baño —respondió Tom, caminando hacia los urinarios, Bill se encogió internamente por el tono de dolor en su voz.
—Bueno, está bien, entonces —dijo Bill triste y sin convicción, suavizando sus cejas con un dedo húmedo. Sabía que debería irse, salir por la puerta y nunca más mirar hacia atrás, pero él quería más que nada tener estos escasos momentos con Tom, sin importarle lo poco aconsejable que era.
—Sí —le dijo Tom en voz baja—, fue muy agradable verte de nuevo, de todos modos. Cuídate. —Apretó suavemente el brazo de Bill, Tom se puso en marcha detrás de él, en dirección a la puerta.
Si más tarde, alguien le hubiera preguntado, Bill hubiera echado la culpa al alcohol a las ¾ partes de alcohol que bebió esa noche, cualquier cosa por tener una excusa por actuar tan impulsivamente.
Tom casi tenía una mano en la puerta cuando Bill lo agarró, tirando de él hacia atrás y lo empujó contra la pared con tanta fuerza que rebotó una vez antes de ser presionado de nuevo. Por un segundo Tom pensó que iba a gritarle, decirle que solamente lo dejara y que nunca más tratara de poner en contacto con él de nuevo, pero en su lugar se encontró con su propia boca, desesperada y hambrienta. Las manos de Bill vagaron locamente sobre él, ahuecando su rostro antes de deslizarse por su pecho, retorciendo los dedos en su camiseta por un segundo para luego pasar por sus costados, sus caderas y viceversa. Tom cogió suavemente los brazos de Bill, empujándose necesitado contra él y consiguió un urgido gemido antes mover los brazos de Bill y envolverlos alrededor de su cuello.
Apretando a Bill estrechamente contra él, Tom le besó alejando su ansia, alimentando su necesidad con lo que Bill exactamente quería: lentos y suaves besos que hacían que su corazón doliera y su ingle palpitara. En su desesperación Bill menguó, la necesidad crecía en él, se restregó lentamente en el muslo de Tom con la esperanza de que se diera por aludido. —Tom, yo… —Bill suspiró contra los labios de Tom, mirándolo con los ojos entrecerrados. —Por favor.
—Tengo una habitación arriba —Tom le susurró, pasando los dedos por un lado del rostro de Bill—, si quieres.
Bill asintió, dejando que Tom le tome la mano y lo lleve de vuelta al club, a la multitud de personas olvidadas su alrededor mientras Tom pasaba por los lados hacia una puerta. Se quedó cerca mientras Tom sacaba las llaves, abriendo la puerta y metiéndolo dentro, Bill le siguió por el corto paseo a la planta de arriba. Todavía podía sentir el repiqueteo del club vibrando debajo de sus pies, mirando alrededor de la pequeña habitación, en realidad no había mucho más que una oficina con una cama individual empotrada a la pared, y eso, para Bill, era mejor que cualquier habitación de un hotel de cinco estrellas que hubiera visto nunca.
Jalando a Tom hacia él, Bill deslizó la sudadera de Tom por los hombros y lo besó otra vez, lento y suave. Una prenda a la vez que de desnudaban entre ellos, dejando que las cosas cayeran, la ropa enredada junta en una pila en el suelo. Piel contra piel, Bill le dio un empujón a Tom en dirección a la cama, colocándolo y sentando a horcadas sobre su regazo, presionó sus cuerpos lo más cerca que pudo, sin tener a Tom aún en su interior. —Tom — murmuró Bill suavemente, besando su mandíbula.
Suspirando, Tom acarició su espalda. —No tengo nada —le dijo en tono de disculpa, conteniéndose lo suficientemente para simplemente tener a Bill a su lado sin hacer nada más. Bill hizo una pausa, un pequeño destello de decepción pasó a través de él, no porque Tom no estuviera preparado, pero recordó que él si lo estaba, siempre lo estaba.
— Yo sí —dijo en voz baja, rozando su nariz contra el oído de Tom antes de subir al lado de él y ir a buscar lo que necesitaban en su bolsa, recostándose encima de Tom a su regreso.
Cuidadosamente Tom le preparó, sus labios sin dejar la piel de Bill si podía evitarlo mientras le acariciaba desde dentro, Bill gemía al lado de su cuello con cada caricia. Se sorprendió cuando Bill se apartó de él, formulando una pregunta en su cabeza antes de que Bill cogiera el preservativo y lo abriera, rodándolo por el eje de Tom y moviéndose a sí mismo en su lugar.
Tomando la mano de Tom, Bill lo guió hacia él, sus ojos estando en Tom cuando se dejó caer.
Meciéndose lentamente, Bill miró a Tom todo el tiempo que lo montó, su respiración estaba agitada y sus piernas temblorosas encima del chico. Cuando Tom deslizó una mano por sus caderas para tocarle, Bill no estaba seguro de si quería correrse, gritar o llorar por toda esta situación. Al final se decidió por la primera y un poco por la segunda, sus ojos finalmente rompieron el contacto con Tom cuando se corrió, maldiciendo el hecho de que tenían que terminar. Tom lo siguió pronto, sus caderas enviando espasmos dentro de Bill un poco más antes de que por fin lo convenciera para dejarlo ir.
Desnudo, Tom dejó caer el condón usado en el contenedor de basura al lado de la cama para después tumbarse de nuevo y aceptar a Bill otra vez en sus brazos. Abrazado estrechamente, Bill puso su cara en el cálido hueco del hombro de Tom, dejando que éste tirara una manta sobre ellos dos. —Gracias —dijo suavemente, apenas lo suficientemente alto para Tom pudiera oírlo, Tom puso un beso en la parte superior su cabeza.
—Quédate conmigo esta noche. —Tom le susurró, acariciando el costado de Bill cuando éste se tensó, calmando cualquier miedo que pudiera tener ante la idea.
Un largo rato más tarde, Bill asintió, acurrucándose al lado de Tom mientras escuchaban el club silenciándose poco a poco debajo de ellos. Pronto, Tom pudo oír la pausada y profunda respiración de Bill, cuando el pálido chico de quedó dormido, con el pelo colgando delante de sus ojos mientras dormía. Besándolo otra vez, Tom dejó que la calmada respiración de Bill lo adormeciera, cálido y cómodo durante todo el enredo que tenían juntos en la estrecha cama.
Bill se había ido para el momento en que Tom despertó la mañana siguiente, una tenue mancha de maquillaje en su hombro fue la única cosa que dejó atrás.
Continuará…
(*)Appletini: cóctel suave hecho a base de vodka, licor de manzana, hielo y agua.
(*)Amaretto: licor hecho a base de albaricoque, almendras, azúcar caramelizado y diecisiete plantas y frutas aromáticas entre las que destaca la vainilla, aunque tiene también tiene melocotón y cerezas.

Que lindo mi imagen mental me la esta haciendo pasar bien 🥵💋💋💋💋💋