El fin justifica los medios 24

Notas: Sic Erat In Fatis

Fic de AndeinerSeitenureinneWeile. Traducido por Elle-R

Capítulo 24. Así que estaba predestinado

En uno de los comedores del palacio divino de Eros, una mesa vestida de rojo estaba atestada de alimentos dignos del más grande de los reyes. Copas doradas de vino con rubíes y platos con diamantes incrustados hechos con el metal más puro, estaban repletos con las carnes más gruesas, los frutos más ricos y los arroces más sabrosos.

Había pasado mucho tiempo desde que Bill había contemplado tan espléndido festín. No es que se hubiese muerto de hambre durante su cautiverio, pero existía una delgada línea de diferencia entre el común pan de los guerreros y los panes horneados con semillas y miel de los cocineros de los dioses. Bill no estaba seguro de si se le permitía participar en tales celebraciones dentro del reino divino.

—Por favor, sírvete. —La voz de Eros ofreció cuando el dios entró por el umbral de la puerta. —Tenemos, de hecho, mucho que celebrar. Incluso en sueños, esta comida te satisfará.

Bill bajó la mirada y se inclinó ante su dios agradecido. —Gracias, Eros. —Besó al dios en cada mejilla.

—Bueno, no te quedes ahí. —El dios se rio levemente entre dientes. —Toma algo. Sé que debes estar hambriento después de semejante noche.

El profeta se sonrojó y elegantemente llenó su plato con las delicias más selectas. Bill se sentó en un grande sillón dorado con un cojín rojo. Mientras tanto, Eros se paseó frente a la mesa, mirando a Bill calculadoramente y haciéndole señas para que empiece a comer. Bill obligado felizmente.

—He esperado este día durante mucho tiempo, Bill —empezó Eros mientras se paseaba —, el día en que tu papel como mi bendecido sería purificado y tus poderes arreglados.

Bill miró con curiosidad al dios, sin saber lo que el hombre joven y atractivo quería decir.

—Ah, sí. Creo que debo explicarme con más detalle —Eros dijo con firmeza. —Verás, hubo tantas fallas; indecencias vamos a llamarlas, que entorpecieron mi voluntad prevista. Tú no tienes la culpa, no te preocupes, pero siento que ahora que han pasado ciertas cosas, es lo más correcto aclarártelas. Una cosa tan sencilla se convirtió en una complicada red de momentos entrelazados.

—Tú conoces la conexión que existe entre nosotros —dijo el dios. —Cuando naciste, hermoso como eras, yo supe que estabas destinado a la grandeza, a ser el profeta más renombrado de todos los tiempos, así que te bendije en el momento en que saliste del útero materno.

—Siempre podías sentir mi presencia, incluso cuando eras un niño. Tu belleza y atractivo encanto eran demasiado poderosos para ser un hombre normal, y las personas se interesaron en tu cuerpo. Esta, fue la primera indecencia —dijo Eros.

Bill asintió mientras continuaba deleitándose con la comida del dios.

—Había olvidado, en mi misericordia, la arrogancia del hombre. Hombre que, como es posible que hayas aprendido, tiende a hacer caso omiso de las reglas de los dioses porque sus reglas son más importantes.

El profeta frunció el ceño, no le gustaba lo inquietante de las palabras de Eros.

Eros continuó: —Si bien es cierto que tu primera experiencia sexual desencadenaría tus profecías y el papel activo como mí bendecido, el acto no salió de la forma como yo lo había planeado. —Los ojos del dios se oscurecieron. —Yo nunca lo habría originado de una manera tan dolorosa, ni encargado a tu propio padre para que lo haga.

—Lo que él hizo fue egoísta y motivado por la lujuria, y fue mi culpa por no darme cuenta de cuán tentadora sería tu naturaleza sexual para los despreciables buscadores de placer. Dime, ¿cómo se sintió acostarse con Tom esta noche?

—Increíble. Nunca había sentido algo tan puro y apasionado antes —dijo Bill mientras se limpiaba los labios con una servilleta de terciopelo. —Fue la experiencia más íntima que he tenido.

El dios sonrió y suspiró. —Como siempre debió ser.

—Cuando tu padre te tomó de esa manera, él corrompió tus poderes. Has sentido la corrupción por ti mismo; anhelabas un amor que, por una razón u otra, no podías tener. El Amor y el Deseo van de la mano, son hermanos, pero también enemigos. Digamos que en el Amor hay un Deseo natural, una atracción hacia la persona amada. Pero en el simple Deseo, el Amor es arrojado a la arena y pisoteado por mil cascos enlodados de caballos, y el ser amado se convierte en un objeto. Nunca tuve la intención de que seas un objeto, Bill. Lo juro.

—Así que yo estaba en lo cierto —dijo Bill vacilante, intentando aclarar su cabeza con todo lo que le estaban diciendo. —Mi padre no era quién tenía que desencadenar mi profecía, y él de verdad me arruinó. No era más que un… un…

—Un hombre egoísta —dijo Eros. —Él desencadenó tus profecías a través de un ataque de Lujuria, y la Lujuria te domina tanto si quieres como si no. Debería haber sido evidente para cualquiera que era testigo de tus profecías saber que había algo mal. ¿Por qué sino tú no estás presente mientras profetizas, o colapsas después de cada profecía? ¡¿Por qué no puedes controlar las palabras que salen de tu boca, o eres incapaz de comprenderlas por ti mismo, cuando el más poderoso de los dioses te bendijo para que las tengas?!

Eros dio un puñetazo sobre la mesa de la ira. —Lo siento, pero desapruebo las perversiones que se han hecho hacia ti. Deberías tener sexo experimentado, iniciado por ti mismo y controlado de forma consensuada. Deberías tener el poder de elegir cuando decir mis palabras, no ser obligado a decirlas en cada encuentro sexual forzado. Tenías que ser mi instrumento de tu propia mano, no un objeto en las manos de los demás.

—Ahora, yo no culpo a Andreas, porque él te ha dado la mejor de las atenciones bajo mi atenta mirada, y él verdaderamente te ama, como tú a él —dijo Eros, tomando aliento para calmarse y estabilizar su voz furiosa. —Desafortunadamente, su corazón no es dueño del tuyo, como estoy seguro de que él ya se ha dado cuenta después de los acontecimientos de esta noche.

—Tom no se ha dado cuenta de esto, pero fue él quién te arregló por mí —dijo Eros, y los ojos de Bill se abrieron sorprendidos. —Al parecer, su jugada fue… idiota, interrumpiendo un importante ritual profético, sin embargo, fue su inoportuna llegada la que hizo el truco.

—Ya he dicho que tus profecías fueron torcidas desde el principio. Al terminar prematuramente el ritual e impedirte que des tu última profecía, la Lujuria que siempre te había controlado antes, se unió a la propia profecía que estaba atrapada dentro de ti. Con la Lujuria en una jaula, el Amor y los sentimientos pudieron finalmente apoderarse de ti como se esperaba. —El dios dijo con orgullo. —Es por eso que pudiste experimentar el sexo con Tom la primera vez, porque todas las cosas que te lo estaban impidiendo, sobre todo la cruda Lujuria que dominaba tu poder, se hicieron a un lado. Gracias a su accidental equivocación, estaban teniendo sexo no para profetizar, sino para sentir y experimentar como lo que era: una forma de expresar Amor.

—Tom interrumpió la corriente de profecías corrompidas, y las remplazó con algo puro como yo lo había previsto. Pero al entregarte a sus hombres, la Lujuria intentó volver al campo de juego. Sentiste el dolor mientras la profecía inspirada por la Lujuria golpeaba dentro de tu abdomen —dijo Eros con un bufido. —Cierto que Tom será castigado por ordenar tu abuso tan despiadadamente. Sin embargo, él aún debe ser recompensado por arreglarte.

Bill se mordió el labio, sintiendo un extraño nudo en la boca del estómago que definitivamente no provenía de la deliciosa comida que había comido.

—La Lujuria, no importar qué tan fuerte sea, no es tan poderosa como el Amor. La acción de Tom pudo desviar la Lujuria el tiempo suficiente para que el Amor intervenga y asuma plenamente el lugar que le corresponde. El ritual tenía que ser terminado, y por eso se llevó a cabo, no obstante, esta vez la última pizca de la poderosa Lujuria salió con la profecía.

—Cras amet qui nunquam amavit… quinque amavit, cras amet. —Bill susurró con asombro. —Puede que él ame mañana a quien nunca ha amado antes.

—Mira, mi bendecido, lo fácil que es para ti interpretar por ti mismo ahora. Así es como debería haber sido desde el principio.

—¿Todo esto es gracias a Tom? —Bill preguntó incrédulo, a pesar de la explicación que le habían dado. Era tan extraño pensar que el hombre que lo había odiado, para empezar era quién lo había arreglado y por eso, Bill lo amaba. El hombre había hecho su más grande sueño una realidad.

—Sí, y como ya he dicho, será recompensado por ello. —Eros dijo con firmeza. —Creo que entiendes de qué manera.

Bill asintió respetuosamente, comprendiendo lo que le debía a Tom, y lo que había que hacer ahora. Se puso de pie, mirando una vez más al dios.

—Siento que voy a despertar pronto. —Bill dijo con una reverencia. —Gracias por todo.

—De nada, hijo mío —respondió Eros.

—Ah, pero antes de irme —dijo Bill con una sonrisita. —¿Tengo razón si pienso que la profecía tiene un doble significado?

Eros sonrió secamente. —Sí, Bill. La tiene.

&

Cuando Bill se despertó, lo primero que hizo fue poner un dulce beso en los cálidos labios de Tom. Ambos estaban enredados juntos en la habitación del ritual, todavía desnudos, sus cuerpos cerca.

Tom adormilado le devolvió el beso, y al sentir a Bill acariciando el lado de su cara, el rastudo abrió los ojos.

—¿Qué estás haciendo? —Tom murmuró cansadamente.

Bill sonrió mientras miraba fijamente los ojos curiosos del hombre. —Sólo quería agradecerte. Por no hacerme daño anoche, ¿sabes?

—Prometí que no lo haría. No otra vez. —El rastudo dijo en voz baja y seria. —Mira Bill, después de todo lo que ha pasado entre nosotros, yo realmente no sé qué decirte…

—No tienes que decir nada —dijo Bill con una sonrisa tímida. —Ya has hecho suficiente.

—He estado… molesto desde que yo… te lastimé —dijo Tom en voz baja, sus ojos esquivando los del profeta. —Intenté huir de todo, pero terminé de regreso aquí a tu lado.

—Mmm… —murmuró Bill mientras acariciaba la mejilla de Tom una vez más. —Así es como debe ser.

Tom no tenía ni idea de lo que de pronto se había apoderado de Bill. Claro que lo había tratado bien la noche anterior, pero aparte de eso no había hecho nada para merecer la confianza o la aceptación del pelinegro. ¿Ahora de repente él estaba acurrucado a su lado, aferrándose a él, y hablándole con palabras tiernas?

—Siento que te lo debo por lo que has hecho —dijo Bill mientras alzaba ligeramente su cuerpo, con la cabeza apoyada sobre el codo. —¿Querías una profecía para ti, verdad? Bueno, creo que ya es hora de que la recibas.

Bill se sentía eufórico, y había un hambre en su estómago de algo para alimentar su corazón. Por primera vez, Bill estaba empleando y probando su propio poder sobre sus profecías, uno que debía haber sido capaz de utilizar desde que era un adolescente.

Tom no detuvo al chico cuando éste empezó a lamer sus labios y chupar con gusto su piel. No pasó mucho tiempo antes de que Tom se deslizara dentro de un Bill preparado, confuso acerca de lo que había poseído al profeta, pero aun así amando la espontaneidad de todos modos. Se movieron juntos, lento y rápido, y por todos los lugares en medio, hasta que ambos hombres sentían el dolor y la necesidad de correrse.

Bill se mordió el labio, gimiendo cuando Tom golpeó su próstata, y la excitación creció dentro él hasta que se hizo casi insoportable. Bill sonrió, sintiendo las palabras simplemente llegar a su boca mientras él perseguía a su clímax.

Honor virutis preamium —gimió al oído de Tom. —El honor es la recompensa de la virtud.

Los dos llegaron al mismo tiempo, y explotaron de gozo. Una vez que Bill se hubo calmado, todavía despierto y sonriendo emocionado, besó a Tom apasionadamente y dejó que el otro hombre simplemente lo abrace.

&

Se habría quedado como un momento agradable si no fuese por un clamor repentino desde la habitación principal del templo.

Bill y Tom se miraron con curiosidad, luego se vistieron rápidamente y se dirigieron hacia la confusión. Georg estaba de pie en la parte frontal del templo, y Gaius yacía tendido en las escaleras del templo, se acercaron a él. La ropa del mensajero estaba hecha jirones, su cara sucia de barro y con manchas de sangre.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Tom, dando un paso en su papel como líder.

—El mensaje sobre el plan de ataque cayó en manos del enemigo —dijo Gaius con voz ronca, su voz tan aguda como el maullido de un gato. —Alguien te vio regresando aquí. Ellos saben que fuiste tú quien mató a sus hombres ayer por la mañana, Tom.

—¡¿Qué?! —exclamó Tom con enojo.

—Los Elateanos vienen aquí. No hay mucho tiempo —dijo Gaius—, y están empeñados en vengarse.

Continuará…

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