Notas: Adspice
Fic de AndeinerSeitenureinneWeile. Traducido por Elle-R
Capítulo 22. Examinar el presente
Tom descansaba en un profundo sueño. Yacía de espaldas, boquiabierto con el rostro mirando hacia arriba al techo de piedra del templo. Aunque Tom había quitado todos los rastros de sangre de sí mismo, aún podía sentirla manchando su piel.
¿Era así cómo había sido para Bill después de que los hombres se hubieran acostado con él, todavía pudiendo sentir sus toques en su piel incluso después de los hechos?
Cada vez que Tom había cerrado los ojos ese día, cada parpadeo, cada segundo libre, la imagen del rostro angustiado de Bill había aparecido con todo claridad ante él. La cara de Bill, gritando de dolor en silencio, él temblando y sollozando, él cayendo débil…
El rastudo estaba atormentado por la culpa, tan avergonzado que sentía que iba a vomitar al pensar en lo que había hecho durante tanto tiempo. Puede que acabara de arruinar sus posibilidades de pasar a la historia como uno de los más grandes hombres que hayan existido. Él era invencible, imparable, independiente y fuerte, pero suciedad había ensombrecido sus trofeos. Marcas negras y cortes rojizos le estaban haciendo un recuento, grabándose en él hasta que no haya nada más que muerte y la sangre deje de atribuirse a su nombre. Incluso si su nombre tuviera la suerte suficiente de salir en la prosa de un pergamino, ¿qué buenas y cordiales palabras de glorificación se podrían utilizar para describirlo?
Tom, estudiante de Ares, el guerrero. Mató el amor por cuenta propia. El profeta pronto se marchito y murió…
Por algún milagro, la conciencia de Tom quedó momentáneamente bajo control. Sus sueños sorprendentemente apacibles en comparación con las pesadillas que había sufrido durante todo el día.
Él podía recordar haber visto el lugar donde estaba actualmente de un lejano recuerdo. Había visto la costa del mar Egeo antes, a pesar de que nunca había puesto un pie allí hasta ahora.
Tom caminó por la arena, tan cerca del agua que las olas corrían tranquilamente a través de sus pies. Mientras observaba el mar espumoso, notó a alguien caminando sólo hasta las rodillas en el agua. Un esbelto y hermoso muchacho con el pelo corto y negro.
—Y el pez más pequeño sabía que había un depredador, aunque él no podía decir dónde estaba, porque el depredador hizo un buen trabajo enmascarándose. —El muchacho hablaba para sí mismo mientras se encorvaba sobre la clara superficie reflectante del Egeo. Sus manos estaban preparadas, listas para moverse rápidamente y atrapar la pequeña criatura.
—¡Hey, chico! —El joven se sobresaltó cuando un hombre de mediana edad se acercó a él en el agua.
—Ha hecho que mi pez se aleje —dijo el muchacho con tristeza.
El hombre estaba entrando en el agua. —Eres lindo cuando te enfadas, sabes…
—Oh, gracias. —El muchacho se encogió de hombros. Estaba acostumbrado a ser halagado por completos desconocidos sobre las cosas más extrañas.
—Yo podría ayudarte a pescar si quieres. —El hombre ofreció furtivamente mientras le miraba de una forma lasciva más de cerca. —Soy bueno con mis manos.
Los ojos de Bill se iluminaron y asintió con entusiasmo. —¡Eso sería muy amable de su parte!
—Tengo algunas redes que podríamos utilizar. —El hombre sonrió abiertamente. —Hey, ¿por qué no vamos en mi barco?
Tom miraba con disgusto como el hombre agarró la muñeca de Bill y la apretó con fuerza.
—En realidad, me iba a ir casa ahora —dijo Bill con una pequeña sacudida de su cabeza, y dio un paso hacia la orilla. El hombre lo hizo retroceder y lo condujo hacia un pequeño barco de madera.
—Entra en el barco, Bill.
—¡No, papá, suéltame!
—Así no es cómo sucedió, lo sabes.
Tom se dio la vuelta para ver el Bill adulto yendo directamente hacia él. El profeta estaba vestido con una túnica de color morado oscuro, sus manos se balanceaban a sus costados mientras caminaba y su presencia parecía amortiguar los gritos de su yo más joven en el agua.
—Yo era más mayor —dijo Bill mientras tomaba una lugar al lado de Tom y entrelazó sus dedos con las manos del hombre con rastas. —Nada jamás sucedió en la playa… eso fue peor…
Tom asintió, y cerró los ojos mientras dejaba que la calidez de la mano de Bill abarque la suya.
—Tu mano está temblando —señaló Bill, y luego acarició con el pulgar la piel de Tom. —Está bien. Está en el pasado.
—¿Cómo puedes hablar así? —preguntó Tom, su voz temblorosa. —El hecho de que ya ocurrió no significa que esté bien…
Bill suspiró y apoyó su cabeza en el hombro de Tom. Las olas pasaban por los dedos de sus pies y el viento era ligero. —Tengo cosas más importantes en que pensar que eso.
—¿Cómo qué?
—Es un poco infantil —murmuró Bill —, pero quiero sentir el amor. Siempre ha sido mi mayor deseo.
—Pensé que…
—No —le interrumpió Bill, su voz era baja y triste. —Siento la lujuria, sus efectos. Incluso cuando amo a alguien con todo mi corazón, no puedo experimentar la cercanía del amor.
—¿Andreas? —murmuró Tom en voz baja. —Él te ama. Puedo verlo en sus ojos cada vez que te mira.
—Casi del mismo modo como tú me miras —dijo Bill, alzando su cabeza y situándose delante de Tom. Tom ahora sentía la calidez en sus dos manos puesto que sus dedos se entrelazaron.
—Tú me quieres, y no puedo decir si es sólo pura lujuria o no. Eres muy difícil de leer.
—No te quiero. —Tom le aseguró al profeta.
Bill alzó una ceja. —¿No me quieres o no me mereces?
El rastudo permaneció en silencio. El único sonido que se escuchaba era el de las olas.
—Oh, Tom. —Bill estaba abrumado.
De pronto Tom sintió unos labios rozando los suyos ligeramente. El profeta se apretó contra el pecho de Tom y Tom no lo apartó. Sus labios se separaron muy levemente cuando el chico bendecido empezó a mordisquear su labio inferior con ternura.
—Tienes que perdonarte a ti mismo. Seguir adelante. Conseguirás lo que de verdad deseas al final.
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Tom se despertó abruptamente por un par de manos estrangulándolo. Andreas lo estaba zarandeando, sus ojos azules bien abiertos y en cierto modo urgentes.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —Tom gruñó mientras empujaba al rubio.
Andreas estaba jadeando, había corrido directamente al líder y lo despertó aún cuando apenas estaba amaneciendo.
—¡Lo he descubierto! —exclamó Andreas extasiado. —No puedo creer que lo haya pasado por alto. El incienso, se apagó antes de que terminara el ritual.
—¿Y tu punto es? —Tom le preguntó con aire cansado.
—¡Eso es lo que se mantiene a Bill despierto durante el ritual! Sin eso, él se habría desmayado antes de que el ritual estuviera completo. Bajé al sótano porque se estaba agotando, pero…
—Pero la varilla obviamente se apagó. Le vi colapsar en el altar —informó Tom.
—¡Tenemos que terminar el ritual! —proclamó Andreas, sintiéndose como si acabara de revelar el mayor descubrimiento de todos los tiempos. —Fue en la etapa final.
—Etapa, ¿qué quieres decir?
—La cuarta y última etapa, la etapa más importante de la intimidad. La cópula.
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No podían utilizar la sala principal del templo por todos los hombres enfermos arruinando su aura sagrada. En su lugar, utilizarían una sala de santificación, que era normalmente donde los enlaces con los dioses se hacían. Andreas buscó en el sótano y reunió todas las cosas posibles que podrían ser usadas para reproducir las condiciones originales del ritual.
La habitación no contenía nada, salvo por un par de jarras de agua bendita y un poco de laurel dulce. Andreas tomó una tela gruesa y dorada que había encontrado y la tendió con cuidado en el centro de la habitación. Era tan gruesa y suave que no se dañaría por el ritual que tendría lugar. Luego encendió cuatro velas y las colocó en las cuatro esquinas de la habitación.
El incienso estaba puesto en un plato de plata que colgaba del techo por una pequeña cadena, listo para su uso adecuado.
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—Deberías hacerlo tú —le dijo Tom a Georg. —Tú querías probar con él antes.
—¿Con Andreas observando? —dijo Georg con una risita. —Sé que él tiene que registrar la profecía, pero no estoy muy metido en el voyerismo…
—Entonces Gustav lo hará. Él nunca consigue nada…
—Normalmente tú saltarías ante la oportunidad de acostarte con Bill. ¿Por qué estás actuando tan extraño de repente? —le preguntó Georg, su rostro formando un ceño fruncido. —Ayer desapareciste y regresaste horas después, cubierto de sangre. Entonces intentas deshacerte de Bill, ¡la única cosa que tenías muy claro de no tener la intención de dejar marchar! ¿Qué pasa contigo?
—Nada que quiera compartir. —Tom gruñó. —Es sólo que no quiero hacer esto.
—¡No es como que cualquier otra persona pueda hacerlo! —exclamó Georg. —Tú has reclamado a Bill por completo para ti, nadie osaría quitártelo.
—No voy a hacer esto. —Tom negó con la cabeza muy seguro, su rostro firme con determinación.
—¿Es porque ya le has hecho tanto daño? —preguntó Georg, traspasando las fronteras y el sondeo en la conciencia de Tom. —Esto podría ser una manera de redimirte por todo lo que has hecho. Recuérdalo.
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—Tengo miedo. —La voz de Bill era suave y tímida mientras Andreas le conducía a la cámara de la santificación. Acaba de ser informado de lo que había que hacer, y aunque no podía aguantar un día más con tan feroces golpes en su estómago, todavía estaba inquieto por tener que completar el ritual.
—¿Dé qué tienes miedo? —le preguntó Andreas mientras ayudaba a Bill a ir hacia el altar, improvisado altar que había hecho de tela.
Bill se sentó en el material suave y sus ojos miraban hacia su regazo. —Tom, él…
—Si él intenta lastimarte, yo voy a estar aquí —le dijo Andreas. —Lo juro por Dios que si él pone un dedo en el sitio equivocado lo mataré por ti de inmediato.
—Gracias —dijo Bill con una leve sonrisa. —Eso es muy valiente de tu parte.
—No permitiré que te pase nada, ya sabes eso.
—Me alegro de que estés aquí —dijo Bill agradecido mientras unos pasos se acercaban a la puerta.
—Yo también.
Continuará…
