Notas: Infinitus Est Numerus Stultorum (La Biblia)
Fic de AndeinerSeitenureinneWeile. Traducido por Elle-R
Capítulo 21. El número de tontos es infinito
Lluvia caía sobre el valle desierto, acompañada de duros trozos de granizo. La arena estaba ascendiendo espesa, lodosa y era difícil moverse bien. Zeus lanzó furiosos rayos al campo de batalla. A pesar del caos que los cielos estaban echando sobre los soldados; el combate continuó. Los hombres atacaban tan rápido como podían con sus tobillos atascados en el barro.
Los Hiperiónes formaron una fila bajo el mando de Jost, para mantener su posición en contra de los Elateanos atacantes. La barrera se quebró rápidamente, debido a la mala suerte de un tiempo tan horrible, y a partir de ahí fue un sálvese quien pueda.
Con las filas rotas, Jost se subió encima de su caballo. El animal relinchó y relinchó frenéticamente, aterrorizado por la tormenta y el fuerte sonido metálico de las espadas en medio de los truenos; Jost aferró fuertemente las riendas de modo que no sea arrojado del animal.
Los Elateanos llevaron a cabo su venganza desde esa mañana. Debido a que el enemigo había logrado de alguna manera destruir dos de sus unidades más importantes, cada hombre había duplicado la fuerza y la amenaza, al parecer, e implacablemente mataron a los Hiperiónes con espadas rápidas. El líder ecuestre vio con horror como la sangre de sus hombres se mezcló con el barro y tiñó el suelo de rojo.
&
—¿Qué quieres decir, Bill? —preguntó Andreas con preocupación.
—La profecía, tiene que salir —dijo Bill con una respiración dificultosa. —Nunca fue así de malo antes. Está golpeando contra mi piel.
Andreas se acercó con cautela y presionó su mano contra el vientre de Bill. Se detuvo, dejándola apoyada contra Bill un momento; su rostro se volvía más preocupado con cada segundo que pasaba.
—¡Bill, estás ardiendo! —exclamó Andreas, y retiró su mano.
—¡No, por favor sácala! —rogó Bill mientras sus ojos se movían aleatoriamente entre los cuatros hombres. —¡Tócame!
—Ya hemos comprobado que eso no va a funcionar. Por no hablar de que todavía no estás lo suficientemente bien para… —comenzó Andreas.
—¡Me importa un carajo! —gritó Bill, moviendo sus brazos violentamente en el aire. Su voz sonaba desesperada. —Tom lo hará, ¿verdad Tom?
El rastudo miró a Bill con un rostro impasible.
—Oh Dios, esto me está poniendo tan… tan duro —dijo Bill irregularmente. —Esta excitación, me duele.
—¿Qué quieres que haga? —preguntó Andreas frenético. —¡La última vez que te corriste sólo pudiste balbucear de forma incoherente durante las siguientes horas!
—No me importa —dijo Bill mientras se agarraba el vientre. La tormenta de afuera rugía fuertemente, con más potencia.
—Voy a averiguar qué es lo que te pasa, no te preocupes —le aseguró Andreas al profeta preocupado.
El estruendo del trueno más fuerte de todos estalló, y la atmósfera de la habitación cambió simultáneamente. Había una sensación de pesadez en el aire que se asentó en el estómago de todos los presentes, y un resplandor rojo de las inexistentes velas pareció ensombrecer la habitación.
Bill fue callándose después de unos pocos minutos de silencio, excepto por sus propios murmullos. Su rostro tenía un aspecto de satisfacción, y él cayó en un sueño plácido.
&
—Lo has hecho bien velando por Bill, mi hijo —dijo Eros, su voz sonaba como el sexo en sí. —Pero ha habido una complicación, una que debe ser remediada de inmediato.
Andreas habló con tanta fluidez como pudo, no confiando en su voz, que podía quebrarse con un gemido mientras se dirigía al dios.
—¿Qué es lo que se necesita hacer, mi dios? Voy a hacer caso de vuestra palabra.
—Por desgracia, no puedo interferir mucho en los asuntos de los mortales. Simplemente te estoy advirtiendo que: los padecimientos de Bill deben ser discernidos o ocurrirán cosas drásticas. —El dios dijo. Andreas sintió la piel de gallina al escuchar la erótica voz del hombre.
—Entonces voy a hacer mi mejor esfuerzo para ayudar a Bill —dijo Andreas con orgullo. —Mi señor, qué acerca de Tom, él…
—Tom recibirá lo que es justo para él —respondió Eros vagamente. —No trates con él tú solo.
—Si es la voluntad de los dioses —Andreas hizo una reverencia.
—Confío en ti Andreas. Haz lo que hay que hacer.
Andreas reflexionó sobre las palabras que el dios le había dicho en su sueño sólo hace poco tiempo. Ocurrirán cosas drásticas, él había advertido. Parece que esas cosas ya habían empezado.
Estaba haciendo todo lo posible, intentando ayudar a Bill de cualquier manera posible, pero Tom y otras fuerzas siempre parecían interferir con su progreso. Al menos había descubierto lo que le pasaba a Bill, ahora sólo tenía que encontrar la forma de solucionarlo.
&
Esa noche, mientras Andreas dormía, se encontró una vez más en la agonía de estar en presencia de Eros. Sus mejillas se enrojecieron mientras se acercaba al trono resplandeciente del dios, y su pene se endureció ante la vista del hombre.
—No queda mucho tiempo —dijo Eros, su tono era serio y carecía de su habitual picardía. Incluso las mujeres que le adoraban parecían ser menos voluptuosas que de costumbre.
—Estoy haciendo todo lo que puedo —aseguró Andreas. —Odio ver a Bill así.
—Él va a empeorar si no solucionas la situación en tres días.
Un grito ahogado salió de la boca de Andreas. —¡Entonces déjame volver y trabajar toda la noche hasta tener éxito!
—Cálmate, hijo mío —dijo Eros levantando la mano. —Tengo fe en ti. Sólo necesitas abrir los ojos, echar un buen vistazo alrededor, y verás qué es lo que estás pasando por alto.
—Voy a hacerlo lo mejor posible, mi dios —dijo Andreas con una reverencia.
—Excelente. —El dios respondió. —Ah, y antes de que te vayas, te doy estas palabras de despedida para que tengas en cuenta: no permitas, por ninguna circunstancia, que se separen.
&
Andreas se despertó duro, pero rápidamente perdió la erección cuando se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo. Sólo tenía tres días. No tenía tiempo de sobra, ni siquiera para masturbarse.
El rubio caminó por todo el templo a oscuras, pasando por el altar y los hombres que gemían en sueños, y entró en el sótano para buscar algunas velas con las que pudiera trabajar. En la oscuridad, tropezó con la vasija de barro que había botado de los estantes el otro día en su búsqueda de velas.
El dios había dicho que debía abrir más los ojos, que fue precisamente lo que hizo Andreas en el momento que encendió una vela. Eros hizo parecer que había algo que estaba olvidando, algo tan grande e importante que era de hecho simple. ¿Pero qué podría ser lo que el dios había mencionado que estaba pasando por alto?
Andreas pensó en el ritual. Él se había ido poco antes de la última profecía, que fue cuando Tom había irrumpido y destruido todo. El ritual terminó abruptamente en medio de todo el caos. Había terminado antes – había terminado antes de que Andreas hubiese regresado con el incienso necesario.
No, no podía ser tan fácil. Tenía que haber algo más, sin embargo, en cierta forma, tenía perfecto sentido.
El incienso estaba a punto de extinguirse cuando Andreas había entrado en el sótano para obtener más, pero antes de que lo hubiese encontrado, el incienso ya se había apagado, casualmente en el mismo momento que Tom asoló el templo. Era por eso que la profecía estaba atrapada dentro de Bill.
Él había colapsado antes de llegar a sacarla.
Continuará…
