& Capítulo 23 &
Tom terminó de comer tanto como pudo y un poco más, gracias a su madre y esposo, quienes le habían obligado a tragar más. Les agradeció por la comida y se excusó. Necesitaba salir y respirar, los eventos del día lo tenían un poco mareado.
Bill se quedó de pie observando, tenía un poco de miedo de que Tom se volviera a derrumbar, eso era algo que no quería volver a repetir nunca.
—Ve por él. Ustedes dos necesitan hablar. Estoy feliz de que ambos hayan regresado, pero eso no significa que no tengan que resolver la situación. No quiero que se vayan a lanzar esto a la cara en el futuro. —Le aconsejó Simone.
—Simone, realmente por primera vez en mi vida… tengo miedo del futuro. Normalmente soy de esos que afronta todo, pero ahora tengo miedo de que me odie para siempre… de verdad no sé cómo hacer para compensarlo, o agradecerte a ti por tu amabilidad. Pero, por favor, ¿dime qué hago?
Simone suspiró. Bill estaba condenado a sentirse perdido—. Simplemente habla con él. Una vez que estés allí con él, te las ingeniarás. Y no te va a odiar. Creo que él se siente tan mal como tú, por no haberse dado cuenta antes, por sí mismo, que tú le decías la verdad. Creo que él está tan asustado como tú.
Bill asintió, decidiendo que era mejor habar con él. Caminó hasta la salida, lentamente puso sus manos en los hombros del otro chico—. Luces como si te hubieran roto el trasero.
Tom levantó la vista a Bill—. Yo… no sé, tal vez así es cómo me siento. —Volvió a bajar la mirada, suspirando.
El mayor lo sujetó—. Mírame, Tom… tú creíste lo que todos los demás creyeron… y lo viste con tus propios ojos… yo también lo habría creído, si no hubiera sido yo el violado.
—Mamá no lo creyó. —Alegó el menor.
—Ella nunca vio la película. ¿Y de verdad crees que ella le cerraría la puerta a alguien sin hogar? —Bill le sacó la lengua.
—Hablo en serio, Bill. Me siento mal por no haberte creído. —Una lágrima bajó por la mejilla de Tom, sin ser notada por el angustiado joven.
Bill levantó su cabeza por la barbilla—. Pero ahora estás conmigo… eso es todo lo que importa, ¿cierto?
Tom sonrió—. Sí. Pero no quiero que estés enojado conmigo.
—No estoy enojado contigo. Estoy feliz. —Bill se sentó en el regazo del otro, mirándolo directo a los ojos.
—¿Feliz? —Preguntó el menor. Si mirada se suavizó un poco al contemplar los ojos de su esposo.
—Porque tengo al hombre que amo justo aquí, una vez más.
—Ese es el asunto, debiste tenerme siempre. Estuviste sufriendo y yo empeoré las cosas. —Tom sintió la necesidad de beber algo, ya que su cuerpo se había acostumbrado a eso las últimas semanas, pero no iba a defraudar a Bill, no de nuevo.
El pelinegro lo miró—. Tom, por favor, entiendo. Ya todo está bien.
—Yo solo… cuando te vi… —La voz del menor tembló, sus ojos se llenaron de lágrimas, esperando a caer—. Creo que mi corazón nunca estuvo tan destrozado.
Bill envolvió sus brazos en él fuertemente—. Está bien, bebé.
Tom correspondió el abrazo, llorando—. Te amo. No tienes idea cuánto. Y cuando pensé que no me amabas, me quise morir.
—Y yo me sentí como muerto, Tomi. Renuncié a mi trabajo… Me iba a ir…
—¿Renunciaste a tu trabajo? —Preguntó Tom—. ¿Y cómo vamos a vivir ahora? Yo no trabajo.
—No tengo que trabajar. Después de todo, tengo el dinero de papá… pero ¿de verdad crees que podría quedarme allí? ¿En esa clase? ¿Con ese chico que vio cómo me violaban? Encontraré otra cosa. —Bill se mordió el labio.
Tom asintió, entendía a Bill, aun así, no pudo evitar preocuparse—. ¿Cómo te sientes hoy? Sobre… ya sabes.
—¿Mi? ¿Pene… trasero… enfermedad… cabello? —Agregó la última palabra para hacerlo sonar menos sexual.
—¿Trasero? ¿Enfermedad? ¿Ambos? —Agregó Tom sonrojándose.
Bill también se sonrojó—. Bueno, el doctor dijo que estaba bien, pero dijo que continuara tomando las medicinas, en caso de que el virus todavía estuviera en mí.
—¿Pero, te duele? Quiero decir… bueno, no quiero obligarte a hacer nada, pero… —Tom dudó, no estaba seguro de cómo abordar el tema.
El pelinegro seguía sonrojado—. No duele… pero no quiero que te infectes, Tom… tú significas mucho para mí.
—No me voy a infectar de nada. —El chico sonrió, le gustaba cuando Bill demostraba que se preocupaba por él—. Compré condones, ¿recuerdas? Aún están en la habitación.
—Pero podrían estar defectuosos, o podrían tener agujeros microscópicos y te podrías pegar los bichos de Bill o algo así.
Tom soltó una risita—. Bill, ya te revisaron, si tuvieras cualquier otra cosa, ya te habrían dicho. Y si algo pasa, me podrían curar, igual que a ti.
—Pero es horrible tener a personas metiéndote cosas por el trasero y mirándote allí… en serio, no es un fetiche que investigar. —Bill acarició con su nariz el cuello de su esposo.
—Bueno, creo que me gusta que tú pongas cosas en mi trasero… sólo déjame saber, cuanto te sientas listo, es todo. —Tom suspiró contento, sentir la calidez de Bill era celestial.
—Pero te podría infectar con los gérmenes de Bill. —El pelinegro hizo un puchero.
—Quiero infectarme con los gérmenes de Bill. De esa forma estaré en cama y todo caliente —dijo, guiñándole un ojo.
El mayor se sonrojó—. ¿De verdad quieres…? Estoy seguro que todavía me salen hongos allá abajo. —Bromeó.
—¡Ew, Bill! —Fingió que hacía arcadas.
El moreno soltó unas risitas—. Quizás deberías revisar, doctor.
—Sí, tal vez debería hacerlo. ¿Quieres ir a casa?
—Creo que sí. —Bill sonrió—. Solo si te disfrazas de doctor. —Se rió.
—En estos momentos me travestiría hasta de Cenicienta, si me lo pidieras. —Tom, le dio una sonrisa coqueta.
—Bueno, si me lo estás ofreciendo… Nah, me quedo con el doctor… mi sexy doctor particular. —Bill se separó de Tom y lo levantó.
—¡Mamá! —Gritó el menor.
Simone se asomó—. ¿Qué pasa, chicos?
Bill sostuvo a Tom por la cintura—. Creo que me voy a llevar a Tom a casa. —Le dio una sonrisita de lado.
—Claro, pero no digas ni una sola palabra más. No quiero saber. —La mujer se volteó, despidiéndose con la mano.
—Adiós, mamá.
El pelinegro le dio un besito al cuello de Tom, antes de empujarlo hasta el auto.
—Mierda, Bill… estoy tan caliente. —Gimió Tom, frotando la palma de su mano contra su erección.
—No, o no llegaremos a la casa. —Advirtió Bill, manejando más rápido.
Tom se quejó, pero alejó la mano de su polla… y la puso en la pierna de Bill.
Bill le dio una mirada de advertencia, ya conduciendo por su calle.
—Te necesito —explicó el menor.
El pelinegro se estacionó y salió del coche—. ¡Rápido! —Apresuró a su esposo a que bajara del auto.
Con ganas de provocar, Tom bajó agónicamente lento del vehículo.
Bill corrió hasta él, lo agarró por la cintura y se lo puso en el hombro.
—¡Bill! —Gritó Tom, riendo. Nunca habrías adivinado que el pelinegro fuera tan fuerte.
El mayor se puso a reír—. No debiste provocarme.
—No estoy de acuerdo. Eres tan sexy cuando te molestas y estás caliente…
—Mmm, no me provoques… no me gustaría morderte la polla. —Aún cargando a Tom, le bajó el pantalón y le dio una nalgada, ahí en la calle.
—¡BILL! —Gritó Tom, avergonzado, pero excitado.
El pelinegro se rió—. No debiste provocarme.
—Oh… ¿de verdad lo crees? —Tom se estaba poniendo más duro con cada nuevo segundo, aun cuando sus vecinos los miraban con mala cara.
El pelinegro le volvió a dar una nalgada—. Definitivamente. —Abrió la puerta y entraron—. Tom, Jr. parece que está feliz en mi hombro.
El menor gimió como respuesta. Quería hacer el amor con Bill—. Bájame.
Su marido obedeció—. Sí, sexy trasero colorado.
—Ya veremos qué trasero está colorado más tarde. —Tom le guiñó el ojo.
—¿Oh, y eso es una amenaza o una promesa?
—Ambas, creo —contestó Tom, alzando los hombros.
—Mmm, ¿condones?
—Los tengo en la habitación —informó Tom, casi corriendo hacia las escaleras para ir a buscarlos. Menos mal que Georg y Gustav habían limpiado un poco el lugar, de lo contrario, el olor habría matado las pasiones en un instante.
Bill sonrió coqueto—. Bien, vayamos a usarlos.
—¿Estás ansioso? —Se podía oír la sonrisa en la voz de Tom. Se sentía bien estar tan cerca de su esposo otra vez.
—Vamos… no es como si no estuvieras pensando lo mismo.
—Oh, no, estaba pensando en dormir. —Bromeó Tom.
—Conmigo, sí, lo sé. —Bill sonrió de lado.
—Sí, abrazados en la cama, escuchando tus suaves ronquidos, muy lindo.
—No, no, no, algo así como que estemos desnudos y tú embistiendo mi apretado trasero.
Tom se rió—. Como si fuera posible de otra manera.
El pelinegro sonrió coquetamente—. Entonces, hagámoslo… espera. —Pensó en seguir provocando a su marido.
—¿Qué? Mi polla va a explotar. Desnúdate ahora mismo. —Mandó el menor.
—¿Qué tal si te contagias de algo?
—¿Y a quién le importa? A mí no me importa. Desnúdate. Ahora. —Tom se estaba impacientando y su erección estaba dolorosamente apretada entre la ropa.
—¿Y qué hay de los disfraces? —El pelinegro hizo un puchero.
El trenzado arrugó el ceño—. ¿Por qué disfrazarnos si lo que quiero es estar desnudo en esa cama contigo? Solo quiero sentirte y hacerte mío nuevamente…
—Siempre he sido tuyo. —Y luego Bill empezó a pensar, Tom y él nunca tuvieron sexo después de… eso significaba que su cuerpo todavía pertenecía a Andreas—. ¡FÓLLAME!
—Nah.
—Grrr. ¡Hazlo, hazlo, hazlo! —Bill se sintió sucio, especialmente ahora, al recordarlo.
—¿Follarte? No, no lo haré. —Tom estaba siendo romántico por primera vez.
El pelinegro hizo un puchero—. Está bien, no lo hagas. —Se levantó y caminó hacia las escaleras.
—Pero no te vayas. Ven y déjame quitarte la ropa. —Tom sonrió, sabiendo que Bill había malinterpretado las cosas.
El mayor estaba triste, tal vez Tom de verdad no lo deseaba con esa enfermedad.
—Bill, te dije que vinieras aquí. Todavía tienes mucha ropa puesta.
El pelinegro encendió la televisión, una pequeña lágrima rodó por su mejilla. «¿Es eso? ¿Tom piensa que soy asqueroso? Él no me quiere y… mierda… ni yo me quiero»
El menor siguió a Bill, bajando las escaleras, llevando los condones en la mano—. Bill, bebé, siento si me entendiste mal. Lo que quise decir es que quería hacer el amor contigo, no follarte. —Tom se disculpó, limpiando la lágrima de la mejilla de su esposo.
—Pensé que no me querías por la enfermedad…
—Bill, eso no es cierto. Y tú lo sabes. No me importó antes y no me importa ahora. Además, ya estás curado.
—Ha pasado mucho tiempo desde que te sentí, Tom… desde que me sentí completo… lléname.
—Lo haré. —Tom se arrodilló entre las piernas de Bill y comenzó a quitarle la ropa, lentamente.
El pelinegro se sintió como si fuera virgen. Estaba tan preocupado de infectar a su marido.
—Bebé, relájate. —Pidió Tom, sintiendo la tensión del moreno cuando le quitaba los zapatos. Con mucho cariño, le acarició las piernas. Esas largas y suaves piernas.
Bill se derritió ante los toques de su esposo, todo se sentía mucho mejor. Abrió las piernas ampliamente. Su pequeño agujero todavía estaba un poco herido, pero no estaba tan mal.
Tom gruñó ante la vista. Se había puesto más duro ante su Bill desnudo y expuesto—. No puedo esperar a que estés completamente sano, porque tengo tantos deseos de lamerte.
Bill se excitó—. Oh, Dios… —Casi podía sentir la lengua de Tom allá abajo.
—Pero eso tendrá que esperar, aunque esto, no. —Tom presionó un dedo con un condón lubricado en la entrada de su marido.
Bill arqueó la espalda, mostrando todo a su Tom.
—¿Te gusta esto? —Preguntó el trenzado, presionando el dedo más profundamente y girándolo un poco, mientras acariciaba los costados y muslos de Bill con su mano libre.
—Ajá… —Bill asintió, pequeños jadeos salían de su boca.
—¿Quieres más? —La mano de Tom ahora estaba provocando la erección del otro, tocándola levemente, antes de moverse a la cadera de Bill.
—Más… sí… más…
Tom sacó el dedo del agujero del pelinegro y puso un segundo dígito en el condón, agregando más lubricante. Luego, volvió a ingresar los dedos, buscando la próstata de su esposo.
Bill se mordió el labio, sabía que Tom se estaba acercando.
—¿Más adentro?
El pelinegro asintió frenéticamente, no se había sentido tan lleno en mucho tiempo.
Tom volvió a presionar, hasta que ya no pudo empujar más. Sintiendo el pequeño nudo de nervios contra sus dedos, presionó justo en él.
Bill gritó. Sonriendo, Tom sacó y empujó otra vez, bombeando lentamente la polla de Bill al mismo tiempo.
El pelinegro se arqueó—. Aahh, Tomi.
—¿Qué, bebé? —Tom continuó haciendo lo mismo, deseando escuchar los gemidos del moreno.
—Aahh, me siento tan lleno… con solo dos dedos, pero tú eres mucho más grande.
—¿Necesitas un tercero? —Preguntó el menor, no deseado lastimarlo, pero desesperado por entrar en él.
—Eso creo. —Se sonrojó.
Tom nuevamente sacó sus dedos y puso un tercero dentro del condón, usando más lubricante. Su miembro se sentía como si fuera a explotar, pero él nunca lastimaría a Bill.
Bill se sentía tan avergonzado de que su propio esposo tuviera que usar un condón, y más encima en los dedos. Pero a Tom no le importaba nada. Al empujar tres dedos dentro del agujero demasiado apretado de su pelinegro, trató de buscar el punto que borraría todo el dolor con el placer que traía.
Bill se sacudió—. Oh, olvida esto, fóllame.
—No, no, voy a hacer que dure. —Tom era un provocador. Aunque al provocar a Bill, se estaba torturando a sí mismo también.
Bill se arqueó—. Aahh, pobre de tu polla.
—¿Qué hay con ella? —Preguntó el trenzado, todavía bombeando el miembro de Bill.
—Parece que va a estallar dentro de tus pantalones.
Tom soltó una risita—. Probablemente sí.
—Entonces déjame ayudarte.
—Espera, Bill… déjame hacer esto, ¿ok? Andreas te lastimó, yo no haré lo mismo, quiero que todo eso se vaya. —Tom le dio a Bill una sonrisa llena de amor.
—Me siento tan… ¿cómo es la palabra? Discapacitado.
—¿Por qué discapacitado?
—Porque no puedo tocar… y no sé, siento que si te toco, te infectaré.
—Oh, bebé. No te preocupes demasiado.
—Me preocupo por ti, porque te amo, pero también te deseo tanto… quiero sentirme completo otra vez. —El pelinegro hizo un puchero.
Tom sonrió, sacando sus dedos del cuerpo de Bill y quitándose el condón—. Eso es bueno, porque también es lo que yo quiero. —Comenzó a quitarse sus propias ropas, suspirando de alivio cuando su atrapada erección fue liberada.
Bill sonrió, Dios cómo había extrañado a su Tom—. ¡Hazlo!
—Espera Bill —dijo el trenzado, abriendo otro condón—. Tenemos que cuidarnos.
—Lo sé. ¿Crees que no? —Le sacó la lengua. Después de todo, era él quien se preocupaba de que Tom se contagiara.
—Mhmh. —Gimió el menor, poniéndose el condón, luego aplicó más lubricante en sus manos, pasándolas de arriba abajo por su longitud hasta que estuvo bien lubricada—. ¿Cómo lo quieres?
—Quiero verte… déjame cabalgarte —contestó sonrojado.
Tom también se sonrojó. Había pasado tanto desde la última vez que hicieron algo. Se sentó en el sillón, esperando a que Bill se sentara sobre él.
El pelinegro gateó sobre su amante, poniéndose con ambas piernas a los costados, asegurándose de sostenerse sobre sus rodillas antes de descender sobre su esposo.
Tom llevó la cabeza hacia atrás, mordiéndose los labios para evitar correrse. Tenía las manos en las caderas de Bill, sujetándolo tan firme que seguramente dejaría marcas.
Bill tragó, se sentía tan bien. El moreno seguía siendo muy estrecho, aun con mucha preparación y sentía que el miembro de Tom era gigante, casi como un humano.
—Joder, Bill. —Gimió Tom, incapaz de contenerse cuando su marido estuvo completamente sentado sobre él—. Estás tan apretado.
—Lo puedo sentir. —Gruñó el pelinegro, sentándose ahí un momento, antes de elevarse lentamente y volver a bajar, tratando de ajustarse a Tom dentro de él—. ¿Estás seguro… de que no te has hecho… un alargamiento de pene?
Tom se rió, estaba sin aliento—. Muy seguro. —Pasó sus manos por el pecho de Bill, tocando sus pezones.
Bill gimió. Tom tocó justo el pezón de su nuevo piercing—. Mhmh, creo que ya puedo aguantarlo. —Se movió de arriba abajo, un poco más rápido, no demasiado, solo lo suficiente para recibir más placer.
—¿Te duele? —Preguntó el trenzado, refiriéndose al piercing.
—No mucho. Aún no sana del todo, pero me da… placer. —Se arqueó levemente.
—¿Y si yo lo… chupo? —Preguntó entre jadeos.
El pelinegro gimió—. Sí, hazlo. —Él, personalmente, solo lo había tocado y con solo eso lo había hecho derretir.
Tom lamió el pecho de Bill, con su lengua tentó la piel antes de ir por el pezón perforado. Lo chupó en su boca con mucha delicadeza. Y al mismo tiempo alzó sus caderas para enterrarse más profundamente en el cuerpo de Bill.
—Aahh. —Gimió el pelinegro. Envolvió su mano en su propia erección, mientras se movía con más velocidad sobre su marido.
Tom le dio una lamida final antes de alzar la vista a Bill, sus ojos estaban oscuros de lujuria—. Déjame tomarte.
Bill asintió frenéticamente—. Hazlo.
Tom rodó, para quedar sobre el cuerpo del pelinegro. Casi de inmediato salió, para empujar más fuerte.
Bill arqueó la espalda. Gemidos y gritos salieron de su boca. Se sentía tan bien.
El trenzado deslizó una mano debajo, en la espada de Bill, acercándolo más, mientras que usaba la otra para afirmarse. Su polla se movía en fuertes embestidas contra el cuerpo de Bill.
Bajó la cabeza, dejando besos y chupetones en el cuello del moreno, queriendo dejar una marca ahí.
Bill alejó la mano de su erección, arqueándose al sentir tanto placer, al grado de no poder mover ninguna otra parte de su cuerpo—. ¡Tomi, cómo te extrañaba! —Gritó, antes de correrse sobre su pecho.
—Mierda, yo también. —Gimió Tom. —Todavía no se había corrido. El condón bloqueaba algunas de sus sensaciones.
Bill apretó fuerte los músculos de su entrada alrededor de la carne de Tom, quería ayudar a su esposo a correrse, después de todo, sabía que era su culpa que no pudieran sentirse el uno al otro apropiadamente.
Tom gruñó. Al sentir que Bill hacía eso, lo llevaba al límite. Empujó en su cuerpo dos veces más antes de correrse, gimiendo sonoramente el nombre de su esposo.
Bill se aferró a los brazos del otro—. Te amo.
—Yo también te amo. —Tom salió de su cuerpo, muy lentamente, sacando el condón que ahora estaba lleno. Ató el borde y lo dejó en la mesa, junto al sofá.
—¿Lo estás guardando como un recuerdo, verdad? —Bromeó el pelinegro, presionando sus labios sobre los de Tom.
—Nah, estoy demasiado cansado como para arrojarlo en otra parte. —Tom descansó su cabeza en el pecho de su marido. Cerró sus ojos, al sentir que los latidos de su corazón lo hacían dormir.
Bill lo abrazó fuertemente, pensando en lo genial y afortunado que era al tener a Tom en su vida. Y luego, se unió a él en el mundo de los sueños.
& Continuará &
Notas finales de las traductoras:
Ya solo nos queda el capítulo final. La pareja parece por fin haberse perdonado, pero ¿qué pasará con Andreas y su hermano? No se pierdan el final. Y muchas gracias por su visita y comentarios.
