Dos Condiciones 21

& Capítulo 21 &

Había pasado una semana desde la última vez que Bill intentó hablar con Tom, todo lo que había hecho era sentarse en los alrededores de la casa de Simone y deprimirse. Habían pasado tres días desde la última vez que Georg trató de convencer a Tom de que dejara de beber, pero nada funcionaba. Habían pasado más de dos semanas desde que Georg y Gustav habían tenido un momento a solas, ambos temiendo que Tom pudiera hacer algo estúpido. Habían pasado más de cuatro horas desde que Gustav amenazó con arrancarles las bolas a Bill y hacer una sopa de bollas de Bill.

Y ahora Tom estaba tirado en el sillón, posponiendo todo lo posible la hora de la comida. Se estaba poniendo muy delgado, pero no le importaba nada. Todo lo que podía esperar ahora era que sus amigos lo dejaran tranquilo un rato, para escaparse y volver a emborracharse.

Georg decidió que hablaría con Gus sobre lo que Bill le contó hacía una semana atrás. Lentamente, empujó al rubio hasta la cocina y comenzó a explicarle todo.

Viendo una oportunidad, Tom se levantó del sillón y silenciosamente se dirigió hacia la puerta, saliendo de la casa sin hacer ningún ruido.

Una vez fuera, corrió hasta el bar más cercano, revisando si tenía dinero en los bolsillos. Tenía lo suficiente para emborracharse esa noche.

Georg no tenía absolutamente idea de lo que sucedía, pero aun así continuó explicándole a Gus lo que Bill le había contado. Le contó desde el comienzo, justo desde que fue besado, hasta cuando ellos encontraron a Tom.

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Entretanto, Tom ya iba en su tercer whiskey—. Y luego… el jodido mentiroso… me dice que fue violado… —Tom arrastraba las palabras contándole al barman, quien estaba muy preocupado por el bienestar del jovencito en su barra.

Luke también estaba sentado en la barra, junto a Tom, también bebiendo. Todavía estaba preocupado de que su hermano solo lo estuviera usando. Y de que nunca podría ser tan bueno y tan hermoso como Bill.

Él ama a ese hijo de perra… pero mató a mi gato. —De pronto Tom estalló en risitas.

¡Él no lo ama para nada! —Estalló Luke. Su hermano lo amaba a él y no a Bill.

¿Quién no ama a quién? Heeyyy. ¿No eres tú el pequeño demonio que besó a Bill? Oh, bueno, si se lo puedes robar a Andreas, entonces es tuyo —dijo Tom con una sonrisa demasiado grande para ser natural.

¡Andreas es mío! ¡Él solo violó a tu novio para vengarse de él! —Luke ya había tenido demasiados tragos, pero Andreas seguía siendo suyo y no del apestoso de Bill.

La boca de Tom cayó al suelo—. ¿Qué? Noo, no. Bill lo quería y Andreas quería a Bill… ¡ha estado enamorado de Bill desde siempre!

Ja, ja, ja, de verdad estás alucinando… Andreas no ama a Bill… Andreas es mi novio… Andreas lo hizo por venganza… Bill no merece ser feliz por eso lo arruinamos.

¡Desgraciado! —Tom le dio un puñetazo a Luke en plena mandíbula.

No sacas nada con golpearme, eso no te devolverá a tu Bill… veo que no estás usando tu anillo de bodas… ooww. —Luke se llevó la mano a la boca, estaba sangrando.

¿Cómo demonios sabes todo eso, ah? ¿Quién eres tú?

Ya te lo dije, soy el novio de Andreas. ¡Él me ama! —Luke se puso de pie, dispuesto a largarse—. Y si Bill te llega a perdonar, va a ser un milagro… después de todo… ¡tú no confiaste en él! —Y con eso, Luke se fue de ahí.

Dame otra. —Mandó Tom, dejando unos billetes en la barra para pagar sus bebidas.

El barman hizo como le pidieron, sintiendo verdadera lástima por el joven.

Después de tragar su último whiskey, Tom regresó a casa, llamando a Georg escandalosamente fuerte desde el jardín.

El castaño salió corriendo—. ¿Qué pasa? Espera, ¿por qué estás afuera?

Ahora no es el momento. Necesito encontrar a Bill… Bill. —Comenzó a soltar risitas. Vería a su esposo otra vez.

No creo que ahora sea un buen momento. Estás borracho. —Empujó a Tom, para entrarlo a la casa.

Dije ¡BILL! Quiero a mi Bill. ¿Dónde está mi Bill? Tiene que estar lastimado… —Los ojos de Tom brillaban, pensando en lo mucho que lo había herido.

No sé dónde está, Tom. Ven adentro y lo llamamos por teléfono.

¡El teléfono! ¡Por supuesto! Llámalo. ¡Lo quiero aquí!

Gerog suspiró—. Ven adentro y luego lo llamamos juntos.

Tom saltó de arriba abajo, dando aplausos, hasta que se mareó y se detuvo—. Chicos, hagan que el mundo deje de temblar.

El castaño casi arrastró a Tom dentro y sacando su teléfono, marcó a Bill.

¿Ya te contestó? —Preguntó Tom con impaciencia. Estaba buscando su anillo de bodas y cuando lo encontró, se lo volvió a poner.

Bill respondió—. ¿Hola?

Georg suspiró—. ¿Dónde estás, puedes venir? Tom está preguntando por ti.

Bill miró a Simone—. Ah… claro, pasaré por allá…

Dame, dame, quiero escucharlo. —Tom rogó como un niño.

El castaño le pasó el aparato.

¿Bill? ¿Bill, bebé, ven a casa? ¡Te extraño!

Tom, estás borracho, vete a la cama. —Los ojos de Bill comenzaron a aguarse; no necesitaba que Tom lo enfureciera.

No, no, no quiero ir a la cama. —Se quejó Tom. ¿Por qué Bill no venía a casa?—. ¿Por favor? Ven a casa. Te necesito.

Ok, voy para allá —dijo y cinco minutos después, estaba llamando a la puerta.

Tom saltó del sillón, corriendo a abrir la puerta. Cuando vio a Bill allí, no pudo evitar abrazarlo fuertemente.

Yo… lo siento tanto.

Bill solo lo miró. No sabía qué hacer.

Tenías razón… Él te lastimó… lo siento. —Tom estaba llorando, asustado de que Bill no lo perdonara.

¡Tomi! —El pelinegro envolvió sus brazos en Tom, aunque tuviera el corazón destrozado, todavía extrañaba esa cercanía.

Ok, alguien que me explique lo que está pasando. —Pidió Gustav, muy confundido. Un minuto Tom estaba maldiciendo a Bill y en el siguiente lo estaba abrazando como si la vida le fuera en ello.

Bill pasó las manos por el cabello de Tom.

Georg se alzó de hombros—. Supongo que Tom se dio cuenta de que fue una violación.

Tom se volvió al castaño—. Sí, eso fue. Me encontré con alguien y vi la luz. Lo siento… yo. —Y luego se desmayó. Había bebido demasiado y su cuerpo no tenía suficiente comida ni descanso encima.

Bill lo cogió antes de que golpeara el suelo y lo cargó en sus brazos.

¿Creo que deberías llevarlo a la cama? Y luego tendremos que hablar. —Sugirió el castaño.

Bill asintió y cargó el cuerpo a la habitación que una vez compartieron. Cuando llegó ahí, acomodó a Tom en la cama y puso unas mantas alrededor suyo.

Bill. —Georg lo había seguido—. ¿Qué vas a hacer?

En verdad no lo sé. ¿Qué me recomiendas?

¿Qué es lo que quieres hacer? —Preguntó Georg. Entendía que ahora Bill estuviera confundido, pero no tenía sentido enojarse el uno con el otro, cuando era obvio que ambos habían sido engañados.

Lo amo, Georg… ¿pero cómo sé yo que esto no es una broma?

No creo que lo sea —contestó el otro, mirando a Tom—. Él todavía te ama. Puedes ver que ha estado muy mal estos días. Está muy delgado.

Me di cuenta. No pesa casi nada.

No come. Y cuando lo obligamos, apenas lo resiste. —Georg suspiró—. Oh, a propósito, ¿has recibido los resultados del hospital? Tom me dijo que fuiste.

Oh… ah, sí. —Bill suspiró.

¿Y bien? —Presionó el castaño.

Tengo gonorrea. —Se mordió el labio. Le daba mucha vergüenza.

¿Te estás tratando? —Preguntó su amigo.

Sí. Tengo algunos medicamentos y algunas cremas.

Bien. ¿Cuándo tienes que volver a una revisión? Iré contigo si este niño tonto está demasiado débil como para acompañarte.

Mañana —respondió el moreno.

¿Quieres bajar o prefieres quedarte un rato con él?

¿Puedo… mirarlo? Lo extraño. —Pidió Bill, pasando su mano cortada por el rostro de Tom.

Claro. —Georg se volteó y bajó para estar con su esposo.

Bill sonrió y presionó su otra mano sobre la mano de su esposo y luego dejó un suave beso en sus labios.

Tom sonrió y sus ojos se abrieron—. ¿Eres un ángel? —Preguntó todavía borracho y confundido.

Estoy lejos de serlo —respondió Bill suavemente y continuó acariciando la mano del otro.

Te ves como uno —dijo Tom, sus ojos estaba vidriosos.

El pelinegro suspiró, de verdad quería que Tom volviera a ser él mismo.

¿Por qué estás triste, ángel?

No soy un ángel, Tom. —Bill se sentó allí.

Tú eres mi ángel, Bill.

¿Todavía tienes mi anillo de bodas? —Lo quería de regreso.

Tom miró a Bill, confundido. No estaba seguro de si él tenía el anillo de bodas de Bill o dónde podría estar. Los últimos días habían sido una bruma.

Te lo pasé a ti… con mi cadena. —Ahora Bill estaba aterrado… era su anillo de bodas después de todo.

Yo… le preguntaré a Georg —respondió Tom, bajando la cabeza, avergonzado.

Está bien, Tom. —Aunque por dentro, Bill estaba destrozado.

No, no lo está. ¡Georg! —Llamó.

El castaño subió las escaleras—. ¿Sí?

El anillo de Bill.

Está en tu cajón. —Georg señaló el cajón junto a la cama.

Oh, bien. —Tom sonrió al pelinegro y se acomodó en su regazo, cayendo dormido casi de inmediato.

Bill puso el anillo en su dedo y jugó con el cabello de Tom—. Espero que esté bien.

Eso será cosa tuya, Bill. —Georg sabía que Tom se había dado a la bebida porque extrañaba a Bill y quería ahogar sus sentimientos. Pero si tenía a Bill a su lado, nada podría romperlo.

No sé cómo le diré Georg —susurró, refiriéndose a su enfermedad.

Solo dile. No es tu culpa.

El pelinegro asintió—. Le diré en la mañana.

&

Al día siguiente, Bill todavía estaba sentado con Tom en su regazo. Tom sintió la esencia de Bill y sonrió, la luz del sol lo hizo despertar lentamente. Bill pasó una mano por el cabello de su amante y sonrió suavemente.

¿Bill? —Tom no recordaba claramente los eventos de la noche anterior—. ¿Qué… qué?

Buenos días, Tomi. —El pelinegro le sonrió.

¿Por qué estás aquí? —Definitivamente, Tom estaba confundido. Recordaba haber golpeado a Luke y a Bill viniendo a casa, pero no más que eso.

Tú… tú pediste que regresara a casa.

Pero… —Y luego lo recordó. La conversación de borrachos con Luke—. Oh, mierda. —Se movió para besar a Bill, pero una ola de nausea lo golpeó, haciéndolo correr ciegamente hacia el baño.

Cuando llegó allí, se arrodilló frente al baño y vomitó todo lo que tenía en el estómago.

Bill corrió detrás de él y cogió su cabello.

Tom gruñó cuando su estómago quedó vacío. Respiró agitado un momento y luego se puso de pie. Su cabeza le dolía como un demonio. Quejándose, se cepilló los dientes.

Bill lo miró—. Estás tan delgado.

No podía comer. —Se alzó de hombros.

Será mejor que empieces a comer. —Se apoyó en él.

Si te quedas.

Por supuesto que lo haré… claro que tengo que traer mis cosas de vuelta. —Se aferró a Tom—. Y mis medicinas —dijo en un susurro.

¿Medicinas? —Tom preguntó preocupado. Bill nunca antes necesitó medicinas.

El pelinegro asintió—. Yo… me dieron los resultados.

Tom alzó la vista—. ¿Qué tienes? —Preguntó directamente, sabiendo que no le darían medicinas por nada.

Gonorrea. —Bill se sonrojó.

Mierda, ese bastardo… ¿Bill, te duele? —Tom acarició el rostro del otro, aunque quería acurrucarse y morir de pena. La cabeza lo estaba matando.

Mira, tómate estos analgésicos. —Bill abrió el botiquín y sacó dos.

Gracias —respondió el otro, tragándoselos rápidamente con un sorbo de agua—. Pregunté si te duele… allá abajo.

Oh… está un poco irritado, pero estaré bien. —Bill estaba muy sonrojado.

Bien… ¿tienes que ir al doctor?

Sí, en un par de horas.

¿Quieres que vaya contigo?

Me gustaría. —Bill sonrió suavemente. De verdad había extrañado la cercanía entre él y su esposo—. Y entonces… ¿qué te hizo cambiar de parecer? —Preguntó bajito.

Tom se sonrojó, sabía que cuando le contara a Bill, lo odiaría por no haber confiado antes en él—. Tuve una conversación con… Luke. El chico… él me dijo lo que pasó.

¿Lo hizo? Que honesto de su parte… me pregunto en qué estarán esos dos.

Bueno, estaba bastante borracho, actuando como celoso. Dijo que Andreas era su novio… —respondió el chico con honestidad.

Eso lo explica todo. Y, Tom, ¿sabías que son hermanos? —Bill le sacó la lengua.

¿Son qué? —Preguntó sin poderlo creer.

Sip. Hice mis investigaciones.

Bastardo enfermo —murmuró Tom.

Exacto. Vamos, tenemos que ir al doctor.

Claro… pero, siento no haber confiado en ti. Yo solo, la película fue tan… me destruyó. —Dejó caer la cabeza de vergüenza. Debió haberse dado cuenta antes.

Está bien. —Bill rodeó su cintura con un brazo.

Quiero quemarla. —Tom no quería verla nunca más.

Podemos quemarla juntos. —Bill sonrió, aferrándose a él—. Después de que vamos a salvar mi trasero.

Vamos a salvarlo. —Tom sonrió, sintiéndose mejor a cada segundo.

El pelinegro sonrió y tomó la mano de su esposo—. Vamos.

& Continuará &

Notas finales de las traductoras:

Ya se están solucionando las cosas, queridos lectores, además vamos en el capi 21 y son 24, estamos casi, casi al final. Gracias por su visita y no olviden que pronto habrá más.

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