Demon 6 (P.2)

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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 6

—Es una orden.

Tom bajó la cabeza sumisamente—. Sí, señor.

.

—Luces como si hubieras perdido tu espíritu. —Bromeó Gustav. Tom miró a sus amigos, sus labios se curvaron levemente. Gustav sonrió.

—Te pasaría lo mismo si tuvieras que resolver una paradoja imposible. —Tom suspiró—. ¿Cómo rayos matas a un inmortal?

—Suena a que será tu asignación eterna —dijo Georg.

—Realmente no será eterna, porque el capitán morirá algún día —mencionó Gustav. Tom achinó los ojos.

—¿Sabes? Algunas veces me las podría arreglar sin tus opiniones analíticas, Schafer.

—Lo siento —murmuró Gustav.

—Pensé que ibas a descubrirlo del mismo demonio —dijo Georg. Los tres cazadores notaron que el pelinegro llegaba a la escuela y que se dirigía hacia la puerta.

—Sí —respondió Tom—, pero todo el tiempo le he estado preguntando al ser equivocado. —Gustav y Georg arrugaron el ceño. El demonio pasó junto a ellos, sin notar su presencia— Los veo por ahí —dijo Tom y entró, siguiendo al demonio.

Bill permaneció siendo él mismo todo el tiempo que estuvo en la escuela, atento a las lecciones de los maestros y manteniéndose ocupado tomando notas. Solo una vez puso los ojos en Tom por más de un minuto y le ofreció una sonrisa. Tom sonrió de vuelta. Sintió la confirmación de que Bill había aceptado su compañía, tal vez incluso lo aceptaba como un amigo, excepto que ahora no le ayudaría. La razón por la que Bill nunca le dio respuestas era porque en realidad, él no las conocía. Tom se dio cuenta que debía hablar con el verdadero demonio, con el huésped, y eso era verdaderamente abrumador. El par de veces que había estado en su presencia, había terminado abatido en el suelo. Tom se rascó la cabeza, preguntándose cómo enfrentaría al demonio otra vez y si se las podría arreglar para cruzar un par de palabras con él antes de ser reducido a tiritas.

La escuela terminó, el demonio y el cazador salieron hacia el patio del frente. Bill se volvió a Tom, quien caminaba a su lado.

—¿Todavía me vas a seguir hasta la casa? —Preguntó—. ¿Pero por qué? No tienes motivos para hacerlo ahora que ya conoces mi problema.

—No te estoy siguiendo, te estoy acompañando —afirmó Tom—. Quiero estar ahí en caso de que te ataquen.

Bill miró al cazador, sorprendido y luego se volvió murmurado. Siguió mandándole miradas furtivas a Tom mientras caminaban, miradas que, en cada ocasión, fueron fuertemente percibidas por el cazador.

—Gracias —murmuró Bill.

—No es nada—respondió Tom.

Llegaron a salvo a casa de Bill y este se volteó al abrir la puerta—. Um… bueno, ¿quieres entrar? ¿Tal vez comer algo?

—Oh, gracias, pero probablemente me tenga que ir—respondió Tom—. Estoy trabajando, ya sabes. Bill desvió la mirada, no queriendo recordar las imágenes que venían a su mente relacionadas con el trabajo de Tom.

—Cierto —tosió—. Entonces, supongo que te veré mañana, Tom.

—Sí. Nos vemos luego, Bill. —Tom sonrió y Bill cerró la puerta.

Tom envió una alerta a Georg y Gustav por el comunicador de su cinturón.

—¿Todo bien, capitán? —Respondió Gustav.

—Sí —contestó Tom—. Estoy en la casa del demonio. Me voy a quedar aquí un rato y ver si se aventura en una de sus escapadas habituales. Voy a tratar de confrontarlo nuevamente, pero esta vez no solo les voy a pedir que se mantengan alerta, sino también que me sigan. Quizás no sea capaz de llamarlos por mí mismo.

—¿Qué quieres decir? —Preguntó Gustav.

—Que a estas alturas las cosas se pueden poner un poco feas y, en ese caso, voy a necesitar que alguien se lleve mis restos.

—¿Qué? —dijo Gustav—. ¿Estás hablando en serio? Entonces, no creo que debas ir solo.

—No creo lograr nada si ustedes interfieren —respondió Tom—. Estoy rogando que todo el tiempo que he estado pegado al lado del demonio, me haya ganado un favor. Si es que recuerda algo —murmuró.

—No entendí la última parte —dijo Gustav.

—Sí, bueno, les explicaré después, si es que todavía puedo —murmuró—. Es todo por ahora.

Se apoyó junto a los arbustos y miró a las nubes que pasaban y al cielo que gradualmente se oscurecía y finalmente, a la luna brillando sobre su cabeza. Escuchó ruido en las tejas del techo. Se agachó y miró por entre los arbustos del porche. El demonio aterrizó en el patio del costado. Después de saltar del techo comenzó a dirigirse a las calles.

—No te puedes quedar en casa ni siquiera un día, ¿cierto? —murmuró Tom y empezó a seguirlo.

Era un patrón, meditó Tom, la forma en que el demonio se dirigía deliberadamente hacia áreas inseguras, prácticamente garantizando que lo atacaran. El demonio había entrado a un sucio monasterio en ruinas. Tom lo siguió de inmediato. Se dio cuenta rápidamente de las sanguijuelas que merodeaban en los rincones. El demonio se detuvo cuando llegó justo al medio de un jardín enclaustrado, opaco y sin vida. Hubo un jadeo. El demonio se volvió hacia todos lados, con ambas manos en su boca, los ojos muy abiertos por el shock mientras miraba a los alrededores.

—Mierda —gimió Tom. Las sanguijuelas comenzaron a moverse hacia adelante, saliendo de las sombras. El demonio comenzó a retroceder, luciendo aterrorizado. Tom sacó su Asesina y la cargó. Las sanguijuelas se voltearon cuando oyeron el ruido.

—¡Tom! —Gritó Bill. Las criaturas hicieron una mueca, viendo como el demonio corría hacia el cazador. Bill enrolló sus brazos alrededor de Tom. Tom mantuvo apuntando su Asesina con firmeza. Las sanguijuelas se enfurecieron y se quedaron quietas en su lugar.

Bill desenroscó sus brazos y miró a Tom. El cazador sonrió y luego contuvo el aliento al ver que los párpados del demonio se oscurecían en una fina línea.

—¡Tú, molesto entrometido! —Tom estaba volando por el aire, antes de darse cuenta qué lo había golpeado. Aterrizó en el suelo. Las sanguijuelas retrocedieron, dejando el monasterio en un parpadeo.

El demonio se movió con dirección a Tom, con los puños apretados. Tom se apresuró a ponerse de pie.

—¡Espera! —Exclamó y puso una mano delante de él—. Espera, quiero hablar contigo.

El demonio apartó la mano de Tom con un golpe y luego le dio un puñetazo. Tom gruñó y voló otro par de pasos hacia atrás. Gimió y se levantó. El demonio iba por él otra vez.

—¿Quién eres tú? —Insistió Tom. El demonio no respondió. Cuando se estaba acercando, Tom levantó su arma—. Lo siento, Bill —murmuró y disparó.

El demonio recibió el disparo y se tambaleó hacia atrás. La herida del disparo se disolvió en el minuto en que lo tocó. Ni siquiera hizo una mueca de dolor. Tom arrugó el ceño.

—Eso no funciona igual conmigo. —El demonio se rió.

—¿Oh, entonces estás consciente de Bill? —Preguntó Tom. El demonio se detuvo en sus pasos, respondiendo con una sonrisita de lado. Tom achinó los ojos. Sus labios se curvaron—. ¿Quién eres tú? —Volvió a preguntar.

La cara del demonio se puso seria—. Tú me mantienes despierto —anunció con amargura.

—¿Quieres decir que quieres volver a ser Bill? —Bufó Tom. El rostro del demonio se transformó y luego se volteó otra vez como si hubiera oído algo indetectable a los oídos de Tom. Comenzó a caminar en esa dirección, sus movimientos se volvieron borrosos. Tom tuvo que correr tan rápido como pudo para no perderlo de vista.

El ruido de tráfico pesado se volvió más fuerte. Tom vio que el demonio se paró en la carretera. Un gran camión tocó la bocina, advirtiendo, mientras las luces alumbraban al demonio. El demonio se puso justo frente a él y extendió los brazos.

—¡Oh, Dios! —Lloró el demonio. Sus brazos se contrajeron a sus lados y trastabilló con sus pies al tratar de correr.

—¡Bill! —Tom jadeó. Corrió hasta el medio de la calle y embistió contra Bill, arrojándolos a ambos fuera del camino del camión, justo a tiempo.

Bill estaba jadeando, tirado en el suelo, temblando de miedo. Se aferró a las ropas del cazador—. Tom, por favor, llévame a casa —suplicó.

—Yo… —tartamudeó el otro. El jadeo de Bill se detuvo y el contorno de sus ojos se oscureció—. ¡Oh, no! —Gruñó Tom. Apretó los ojos y esperó el golpe. Al no recibir ninguno, abrió un ojo para mirar y luego los dos. El demonio estaba en cuclillas junto a él y lo miraba con curiosidad.

—Interesante —dijo—. ¿Arriesgarías tu vida por… él? —Tom se puso de pie y sacudió sus ropas. El demonio también se levantó.

—Arriesgo mi vida todo el tiempo, va con el trabajo de proteger humanos.

—Ah, pero él no es humano, ¿cierto? Ni siquiera es real. —El demonio soltó una risita—. Y aun así, sabiendo eso, te mueves por una fuerza que sobrepasa la razón para salvarlo. Admiro a aquellos que están dispuestos a sacrificarlo todo en su nombre.

—Es solo una respuesta natural a las circunstancias —bufó Tom.

—¿Lo es? —Preguntó el demonio. Comenzó a rodear a Tom en forma burlesca—. Creo que hay una razón más fuerte que simple altruismo involucrada. Se volvió para ver a Tom directamente a los ojos. Tom desvió la mirada, molesto por la sonrisa burlona del demonio— De todas las emociones que gobiernan las reacciones humanas, el amor es por mucho, la más poderosa.

—¿Qué mierda estás diciendo? —Murmuró Tom—. ¿Quién eres tú para hablar de emociones humanas, como si supieras de lo que estás hablado?

El demonio rió. Era una risa burlesca que enojó a Tom.

—Eres molesto, pero interesante, tengo que decirlo —el demonio sonrió—, y ya eres un tonto enamorado.

—Y tú eres un fanfarrón loco —respondió Tom. Se dio cuenta que no le gustaba para nada la verdadera personalidad del demonio. Era engreído y pretensioso, muy diferente a Bill.

—¿Pensé que querías que hablara? —dijo el demonio—. Ahora quieres que cierre la boca, porque no te gusta lo que sale de ella. Pero verás, si estuviera equivocado, no estarías tan picado.

—Si vas a ser tan hablador, entonces mantente enfocado en el tema —murmuró Tom oscuramente—. ¿Quién eres tú? ¿Qué eres tú? ¿Por qué rayos tienes dos personalidades?

—Soy un Demonio. Soy un Demonio Superior. Porque me basta mi incapacidad para permanecer y resignarme. —El demonio sonrió con satisfacción cuando terminó.

Tom parpadeó. No se esperaba para nada una respuesta. Pero esas respuestas exasperantemente cortas, solo sembraban miles de nuevas preguntas.

—¿Podrías, tal vez, elaborar un poco más? —Preguntó.

—Podría, pero eso supondría más tiempo de mí mismo —murmuró el demonio con frialdad—. No me gusta estar despierto y te aseguro, tú tampoco quieres que esté despierto.

—¿Qué quieres decir? —Indagó Tom—. ¿Qué no puedes estar sereno toda una noche? Tendré mi Sanguinaria cargada, en caso de que quieras volver a convertirme en tu bolsa personal de boxeo.

El demonio soltó una risita—. Molesto hasta el final. No piensas dejarme en paz a menos que hable, ¿verdad?

—O a menos que me mates —respondió Tom—. De otra forma, seré la mosca molesta de tu mierda.

El demonio se rió—. Esa es una forma muy extraña de describirlo… o tal vez, ¿de verdad quieres mi mierda? —Tom se enojó y otra vez, quiso desviar sus ojos de la mirada penetrante del demonio—. Tú me diviertes —dijo de pronto el demonio—. Tal vez no me moleste estar despierto un rato más.

Continúa…

Aahh, el demonio verdadero es muy pesado, pero ahora ya no quiere pegarle a Tom, en sus palabras “le divierte” y además, sugirió que estaba “enamorado” de Bill. ¿Qué creen ustedes? ¿Será cierto, o solo será interés puramente profesional, como todo un cazador? Para averiguarlo, los invito a continuar con la lectura. Besos a todos y muchas gracias por venir.

2 comentarios en “Demon 6 (P.2)”

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