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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
«Demon» 23
Bill le sonría inocentemente a Tom, mientras él lo conducía por el pueblo. Tom había dicho que necesitaban hablar de algo y sugirió que salieran a dar una vuelta en coche, a lo cual Bill accedió ansioso. Pero Tom se mantuvo en silencio todo el trayecto y la sonrisa de Bill comenzó a decaer al darse cuenta que estaban saliendo de la ciudad. Las grandes puertas de la Orden se abrieron cuando el vehículo de Tom llegó. Un gran número de cazadores rodeó el coche, obligando a Bill a salir de él y lo agarraron.
Bill estaba mucho más que confundido—. ¿Tom? ¿Qué está pasando?
Tom suspiró—. Lo siento, Bill.
Los párpados de Bill se volvieron negros. William observó a Tom con incredulidad—. ¿Por qué haces esto?
—Te dije que volvieras a tu mundo —murmuró Tom—. No me dejaste opción. No puedo dejar que nos destruyas. Soy un cazador y tú eres un demonio. Así es como funciona y no hay más.
Los ojos de William se volvieron rojos. Gruñó. Aparecieron truenos y tornados que iniciaron gritos de angustia y terror. Debajo de ellos, el suelo tembló y empezó a resquebrajarse en amplias grietas. Enormes trozos de rocas, árboles y vehículos comenzaron a levitar, mientras todo alrededor se doblegaba ante el poder de William.
—¡Tú hiciste esto! —Rugió. De pronto un rayo cayó entre ellos, volviendo todo una luz cegadora.
Tom despertó de un salto. Respiraba agitadamente, mirando las paredes blancas del motel. El sonido de un trueno lo estremeció de nuevo. Miró a las ventanas. Había una poderosa tormenta afuera. Se sentó en la cama y tragó, tocándose el pecho, sintiendo como su corazón latía furiosamente. Todavía podía recordar la enfurecida cara de William. Cerró los ojos, borrando la imagen, y respiró, tratando de calmarse. Solo había sido otra pesadilla.
Cada vez que soñaba con el fin del mundo, pasaba algo diferente, pero sin importar cómo pasaba, al final, todo era por su culpa. Tom se frotó los ojos. Se levantó de la cama y se dirigió a la ducha.
Había pasado más de una semana. Nadie sabía del paradero del capitán del equipo Legión, ni siquiera sabían si estaba vivo. La cabeza de Tom no había tenido un momento de descanso desde que descubrió un hecho mucho más perturbador de lo que el General le había revelado.
Decidió ocultarse de todos, porque pensó que era lo único que podía hacer, mientras trataba de asimilar lo que acaba de descubrir. No todos los días te enterabas de que ibas a ser el único responsable del fin del mundo, después de todo. Tom golpeó la pared de la ducha, odiándose a sí mismo por dudar. Todo es una ridícula estupidez, se decía una y otra vez, pero ahí estaba, evitando a William a toda costa, sufriendo terriblemente por verlo otra vez, pero sin ser capaz de obligarse a salir de esa habitación y buscarlo.
Seguía recordando las palabras de la sanguijuela, del General y, finalmente, las del vidente, analizándolas paso por paso, viendo que tenían sentido cuando las unía, lo cual le hacía más difícil refutarlas. Tal vez esa era la verdadera razón por la que se habían conocido, y no era todo una coincidencia, pensó Tom. Eso explicaría su atracción mutua, lo cual sin duda, iba contra toda expectativa y contra su naturaleza. Tom gruñó y apretó el ceño. ¿Por qué solo estaba viendo esto ahora?
Se cubrió la cara, ya sin ser capaz de lidiar con la angustia de haber perdido la fe. ¿Pero cómo iba hacer que William lo hiciera? En sus pesadillas, él lo provocaba, haciéndolo enfurecer lo suficiente como para que quisiera destruir todo, o peor, él le mandaba hacerlo. Tom resopló ante la sola idea, pensando en cómo su mente siquiera concebía ese escenario. Es cierto que había ganado algo de control sobre William, y es cierto que ahora William estaba más que dispuesto a cumplir con cualquier cosa que Tom quisiera, pero era totalmente ridículo que él le ordenara algo como destruir el mundo. Tenía que haber algo más, pensó Tom. Tenía que haber más en esta predicción de lo que él sabía, algo que faltaba y que seguramente le daría una salida. ¿Pero qué era? ¿Y cómo podría descubrirlo antes que fuera demasiado tarde?
El viejo vidente probablemente podría revelar mucho más, supuso. Si tan solo no se hubiera vuelto loco con solo ver a la clave del fin del mundo. Y de todos modos, ¿qué mierda quería decir con la clave? ¿Qué él, Tom, fuera la clave para desatar el verdadero propósito de William? Quizás él simplemente estaba asumiendo mal y quería decir algo completamente diferente.
Tom suspiró. Si solo pudiera hallar una forma de hacer que el viejo se mantuviera estable lo suficiente para confesar todo lo que sabía sobre el futuro. Los ojos de Tom se abrieron mucho. ¡Eso era! Una confesión. Estaba seguro que el viejo vidente estaría más que dispuesto a confesar todo lo que sabía sobre la profecía a alguien que estuviera dispuesto a escuchar; alguien que no pensara que estaba loco. Tom salió de la ducha y comenzó a secarse rápidamente. Dejó a un lado su uniforme y en lugar de eso, se vistió con sus ropas civiles, mientras se disponía una vez más a encontrarse con el cura Hanes.
La tormenta había disminuido a una llovizna. Tom se puso la capucha de su chaqueta antes de salir del motel a tomar el bus hacia el centro. La gente del bus lo miraba. Nunca antes se había sentido incómodo cuando lo miraban, era como si lo miraran con desdén. Tom cerró los ojos y los volvió a abrir. Las miradas de las personas se enfocaron en otra parte. Exhaló, la culpa ya lo estaba volviendo paranoico. Se bajó del bus una estación antes de la que debía.
Caminó un par de cuadras antes de poder divisar las luces de la iglesia que se veían detrás de algunos árboles. Oyó un jadeo e inmediatamente se volteó. Dos mujeres al otro lado de la vereda estaban paralizadas de temor, mientras una figura humana se aproximaba. Tom hizo una mueca, maldiciendo su mala suerte. Sacó su arma y luego recogió una piedra. Estaba demasiado lejos como para atacar, no tenía ningún aparato de cribado con él, para distinguir el tipo de espíritu, así que antes debía asegurarse. La piedra le dio al atacante en la cabeza. El atacante gritó, sobándose la cabeza mientras volteaba. Tom exhaló de alivio, ocultó su arma, aliviado de que fuera un ladrón común. Simplemente no podía arriesgarse a exponerse ahora mismo. Las mujeres no perdieron tiempo en atacar al ladrón con sus bolsas y paraguas. Tom soltó una risita cuando el sorprendido ladrón trató de esquivar el violento ataque, mientras él se ocultaba de su presencia. Las mujeres notaron a Tom, el único paseante cercano.
Tom se sorprendió y comenzó a caminar más rápido.
—Yooohooo, jovencito, espérenos —llamó una de las mujeres. Tom maldijo. Rápidamente las mujeres se acercaron y se situaron una a cada lado—. Muchas gracias por salvarnos.
—Sí, ustedes señoritas no deberían aventurarse a salir solas a estas horas —respondió Tom.
—No queríamos perdernos la misa —dijo una de ellas—, y todavía hay bastante luz, si no fuera por esas malditas nubes oscuras.
—Que suerte tuvimos de que aparecieras para que nos acompañes —agregó la otra.
—Claro —murmuró Tom. Las mujeres pasaron sus brazos alrededor de Tom y empezaron a caminar.
Se habían acercado lo suficiente para apreciar el gran domo de la iglesia cuando Tom se detuvo en seco, con los sentidos alerta. Otra sombra humana apreció por detrás de unos arbustos, bloqueando su camino. Las mujeres jadearon y de inmediato se pusieron rígidas, soltaron sus bolsas y paraguas, sus manos se soltaron de los brazos de Tom, sucumbiendo al hechizo de la sanguijuela. Tom achinó los ojos. La sanguijuela arrugo el ceño, confundida porque Tom no fue afectado. Tom sacó su arma. La cara de la sanguijuela se deformó de temor al identificar a la Asesina. Gimoteó, girando, preparándose para huir del cazador. Tom disparó una vez que la criatura se alejó lo suficiente para no manchar su ropa.
Las mujeres reaccionaron y Tom velozmente ocultó su arma.
—¿Qué pasó? —Preguntó una de las mujeres.
—No lo sé. Recuerdo a alguien y luego… —Los ojos de la mujer se abrieron mucho, cuando vio los restos oscuros diseminados en el pavimento. Tom se sorprendió cuando oyó los gritos. Rápidamente, cubrió la boca de la mujer.
—Sshh, ya está muerto —dijo. La otra mujer chilló todavía más fuerte. Tom se volvió a ella.
—Sshh, sshh, por favor, sshh ¡Cállate! —Dijo Tom furioso. Ambas mujeres se callaron del asombro. Tom exhaló de alivio.
Varias personas que venían saliendo de la iglesia, doblaron por la esquina solo para toparse directamente con los restos de la sanguijuela. Los gritos se esparcieron más rápido que el pánico.
—¡Maldita sea! —Maldijo Tom. Simplemente tendría que reunirse con el sacerdote otro día. Giró para alejarse de la iglesia, listo para irse, de verdad esperando que el alboroto no fuera tan relevante.
—¡Mierda! —Gritó, saltando del susto. Gruñó consternado, con los hombros caídos. Hasta ahí llegó su esperanza en poder evitarlo. Suspiró, sabiendo que no podría esconderse por siempre. De algún modo temía que William lo encontrara si daba la menor señal de vida.
William tenía una mirada asesina mientras se acercaba más. Tom tragó pesado y dio un paso atrás.
—Mira, William, yo solo… ¡ugh! —Tom jadeó cuando vio los árboles y los edificios reduciéndose debajo de él, mientras William lo llevaba por el aire. Por instinto se aferró al pelinegro—. ¡Oh, Dios mío! William, por favor dime que no piensas arrojarme.
—Dime por qué no debería —contestó William, enojado.
—Mira, lo siento —dijo rápidamente el cazador—. Necesitaba estar solo un par de días.
—Solo, ¿para qué?
—Uh… para… rezar —respondió—, me encontraste camino a la iglesia.
—Mentiroso —William estaba furioso. Aflojó su agarre sobre Tom y este chilló.
—¡Mierda! Okey, okey. No estaba rezando. Pero, honestamente, estuve usando todo ese tiempo para pensar, ¿sabes? Sobre eso de que tú vas a destruir el mundo.
William soltó a Tom. Tom gritó de terror mientras caía, y gruñó cuando el aire se escapó de sus pulmones al rebotar contra el suelo. La caída había sido, probablemente, de menos de dos metros de altura.
William rió cuando aterrizó junto a Tom. El cazador resopló, sacudiendo su ropa, mientras se ponía de pie. Vio que estaba en un acantilado, el panorama de la ciudad estaba ahora millas más abajo.
—Maldito seas. Me asusté más que la mierda.
—Es para que aprendas —dijo William. Ahora su rostro estaba lleno de resentimiento—. ¿Por qué me dejaste? Dije que no lo haría. ¿No confías en mí?
—No, no es eso. Yo… —Tom suspiró y bajó la mirada—. Creo que no confío en mí mismo contigo.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Nada, olvídalo. —Tom agitó la mano para quitarle importancia—. Estoy confundido, eso es todo. No pude soportar el shock de… de todas formas, probablemente solo sean tonterías. Creo que lo único que he conseguido hasta ahora con toda esta meditación interminable, es ponerme más amargado.
—¿Amargado o frustrado? —Incitó William. Pasó un dedo por la mandíbula de Tom—. Me extrañaste, ¿no es así? —Lo provocó. Tom lo miró. ¿Era tan obvio? Por supuesto que lo había extrañado. Odiaba estar lejos del demonio. ¿Cómo podía estar lejos de algo tan hermoso? Pero tenía que hacerlo. Cada minuto que pasaba con él, era un minuto de riesgo. William estaba arruinando toda su determinación con su presencia. Tom supuso que, igual que él, William llegó a un punto en el que no podía estar lejos, lo malo es que era el peor momento.
—Regresa a tu mundo, William, por favor —pidió Tom con remordimiento. William rodó los ojos y retrocedió.
—¡No de nuevo con esto! ¿Por qué te preocupas tanto? Nada y nadie puede detenerme.
—Sí, lo sé —dijo Tom. Eso es lo que me preocupa—. Pero necesitaba tiempo para entender las cosas y no podía hacerlo, estando preocupado por nosotros, por ti. Por favor entiende.
William achinó los ojos y comenzó a desabotonar su camisa. Tom arrugó el ceño.
—¿Qué estás haciendo?
William dejó que su camisa cayera suavemente por sus hombros. Niveló sus ardientes ojos oscuros con los de Tom y comenzó a tocar su propio miembro amorosamente. Tom tragó pesado. El pelinegro se acarició a sí mismo, sus brazos, su torso, arqueando su largo cuello mientras lo hacía. La respiración de Tom se incrementó.
—Dilo de nuevo —mandó William con la voz rasposa—. Di que quieres que regrese. —Tom abrió la boca, pero no pudo decirlo. El pelinegro realmente sabía como matar su determinación. Él no quería para nada que regresara. Lo quería aquí, a su lado, todo el tiempo. Se dio cuenta que estaba atrapado y convertido en su esclavo.
—No juegas limpio —dijo derrotado.
William lo miró lascivamente—. Es más divertido de esta forma.
Tom cerró el espacio entre ellos y detuvo las caricias que William se daba a sí mismo—. Ahora yo me encargaré, pero primero, más vale que nos saques de aquí —dijo.
—¿Por qué? ¿No te gusta la vista? —El pelinegro sonrió de lado.
—Me encanta la vista. Es hermosa —comentó Tom juguetonamente y sus ojos permanecieron fijos en William—, pero odio las alturas.
Continúa…
Notas de MizukyChan: Muchas gracias por seguir apoyando la traducción de este maravilloso fic de blame_my_dirty_mind. Y muchas gracias a ella por betear este capítulo. Les aconsejo tener un vaso de agua fría mientras leen lo que viene y ahora a disfrutar.
