Fic de Zarlina. Traducido por MizukyChan
«La fuerza de un humano»
Bill estaba sentado en un cómodo sofá en una pequeña habitación, creada originalmente para el staff de la librería en la que estaba en esos momentos. Estaba apoyado en el respaldo, con los ojos cerrados y se estaba enfocando en su respiración, manteniéndola lenta y calmada.
Era la quinta vez que estaba haciendo esto y aun así su corazón no había aprendido a permanecer tranquilo. Estaba latiendo tan fuerte que estaba seguro que el hombre junto a la puerta lo podía oír y, sin importar lo profundo que trataba de respirar, no se calmaba.
—Es hora —dijo David, el hombre junto a la puerta—. ¿Estás listo?
Bill abrió los ojos y le dio una cálida sonrisa, asintiendo levemente y levantándose de su asiento. Su corazón podía estar latiendo como loco, pero era de una buena forma, así que en realidad no importaba. Le encantaba esto. No quería que se fuera esa emoción que sentía. Quería aferrarse a este sentimiento por el resto de su vida.
Rápidamente giró hacia el espejo de la pared, asegurándose de que su cabello estaba perfectamente pegado hacia atrás y que su maquillaje estaba aplicado correctamente. Luego se dio a sí mismo, una brillante sonrisa, sin molestarse en tratar de ocultar la felicidad que sentía, o lo orgulloso que estaba de sí mismo.
Lo había logrado. Después de todos estos años, finalmente lo había logrado.
Giró hacia David y volvió a asentir. Y con una cálida sonrisa, el hombre, su amigo y editor, abrió la puerta por él y le dio un golpecito de ánimo en el hombro cuando pasó a su lado y salió a la gran librería.
Bill nunca antes había estado allí, pero sabía que era una de las más grandes de la ciudad de Nueva York y cuando le pidieron que fuera a firmar copias del libro, había sido el mejor momento de su vida, incluso ahora que estaba allí, todavía no podía creerlo.
Su sonrisa se amplió cuando vio a la gente que lo esperaba y el ruido de las voces cuando los saludó agitando la mano, le hizo soltar una risita baja. Tener a esa gente esperándolo a él, porque habían leído el libro que había escrito, porque les gustó, era algo a lo que nunca se podría acostumbrar. Saber que la gente que estaba afuera, leía algo hecho por él, disfrutaba y amaba ese pedazo de su corazón, los pensamientos y emociones que él mismo había experimentado y luego le había dado a sus personajes, era demasiado que asimilar.
Lo amaba y los amaba a ellos. Amaba a cada persona que alguna vez había leído su libro, que lo había compartido con sus amigos, que lo había discutido online y que, en alguna forma, se sentía conectado a cualquiera de las personas a las que había dado vida, escribiéndolas sobre papel. Incluso amaba a los que odiaban su trabajo, porque aunque escribían cosas negativas sobre él, hacían que la gente se sintiera más curiosa y a muchas de esas personas curiosas, terminaba gustándole.
Se sentó detrás del escritorio que lo esperaba, luego asintió a los hombres que controlaban la fila, haciéndoles saber que ya estaba listo y pronto, la primera persona estaba de pie frente a él, sonriendo y sonrojándose cuando él le preguntaba su nombre mientras escribía un corto mensaje en el libro que había dejado sobre la mesa. Luego le daba otra sonrisa, le agradecía por el apoyo y por comprar su libro. Y como sabía que las hacía mucho más felices, les preguntaba si había algo más que pudiera hacer por ellas.
La primera chica dijo que no, la segunda quería que también le firmara un cuaderno y un hombre joven le pidió si podía escribir una cita de su personaje favorito, para poder convertirla en un tatuaje.
Bill nunca les decía que no. Sabía lo difícil que podía ser la vida y si podía hacerla un poquito mejor, si podía hacer que una persona sonriera un poquito más, que sintiera que la vida no era completamente inútil, porque alguien a quien admiraban los había notado y había compartido unas palabras extra con ellos, entonces lo haría.
Al principio, David no había estado muy feliz con ello, pero cuando notó el aumento en las ventas después de que la gente escuchaba lo amable que era con las personas que venían a conocerlo, o que lo paraban en la calle, lo había instado a seguir haciéndolo. Y ahora siempre se aseguraban que las sesiones de firmas fueran más largas que las normales, para que tuviera tiempo para aquellas personas que estaban en la fila, para darles la atención extra que tanto amaban.
Tal vez no era un actor sorprendente, pero sus fans de todos modos lo amaban y había suficiente gente deteniéndolo en la calle para que se diera cuenta que las personas lo reconocían.
Entre persona y persona, dio una mirada alrededor y se dio cuenta que reconocía el lugar. Nunca antes había estado ahí, sabía que no, pero aun así no se podía quitar la sensación de que el lugar le resultaba demasiado familiar.
Fue entonces que sintió por primera vez su presencia. Después de firmar el siguiente libro y también dibujar uno de los personajes ahí, alzó la mano un segundo, dándole una señal a los dos hombres de que aguardaran la fila por un segundo. Luego miró alrededor y, aunque no vio su rostro, sabía exactamente quién era la persona que había desaparecido detrás de los estantes.
Giró la cabeza a la gente en la fila y les dio una cálida sonrisa—. ¿Me pueden dar un minuto? —Preguntó con suavidad y, por supuesto, a ellos no pareció importarles. Volvió a sonreír, se levantó de su silla y giró, para caminar hacia el estante donde el hombre había desaparecido y justo antes de que lo viera, pudo sentir que se estaba acercando.
Era como si el aire se pusiera más cálido a medida que se acercaba y esa sensación de paz que una vez sintió en una concurrida estación de trenes y en un tormentoso acantilado, lo envolvió.
—No pensé que te volvería a ver —dijo cuando encontró la mirada del hombre de ojos avellana—, pero estoy feliz de que vinieras.
—Quería comprobar que estabas bien una última vez —respondió el hombre con una suave sonrisa y, al igual que las dos veces en las que se habían encontrado, Bill se sorprendió por la forma en que su voz sonaba como música.
—Tenías razón —dijo Bill asintiendo—. Sí mejoré —sonrió, notando como el hombre lo había guiado hacia la estantería donde su propio libro estaba ubicado—. Estoy mucho mejor.
—Lo sé —el extraño sonrió.
—Gracias —dijo Bill. No era suficiente, pero no sabía qué más decir.
El hombre volvió a sonreír y Bill supo que pronto se iría. No estaba allí para quedarse y Bill supuso que ya no lo necesitaba más. Con suerte, nunca más lo haría.
—¿Te volveré a ver? —Preguntó. Estaba bastante seguro que la respuesta sería no, pero de todos modos tenía que preguntar.
El hombre volvió a sonreír, luego se estiró para acariciar la mejilla de Bill y, una vez más, Bill sintió su calidez, la sensación pacífica que este extraño siempre le traía. La única diferencia era que esta vez, él ya tenía esperanza y felicidad y no necesitaba los poderes de un ángel guardián para hacerle saber que todo estaría bien, porque ya lo estaba.
—Cuando sea tu tiempo. El tiempo correcto —el hombre sonrió cálidamente—, entonces nos volveremos a encontrar. Pero no aquí, no en este mundo.
Bill también sonrió, pensando que nunca más tendría la necesidad de ser salvado. Que nunca más tocaría fondo y que nunca volvería a sentir que no podía levantarse, como la última vez que se habían encontrado.
—Hasta entonces —el hombre sonrió y la mano que había estado en la mejilla de Bill, ahora estaba en su mano y Bill no tuvo que mirar para sentir las cosquillas de una pluma—. Debes saber que te estaré observando y que estoy muy orgulloso de ti.
—Gracias —dijo Bill otra vez—. Por todo.
—No me agradezcas —el hombre, que ya no se sentía como un extraño, sonrió—. Agradécete a ti mismo. Yo sólo te mostré lo que te estaba esperando.
Volvió a sonreír y retrocedió un paso, Bill supo que sólo era cosa de segundos para que volviera a desaparecer, esta vez para siempre.
—Pero la fuerza para llegar hasta allá, vino de ti.
F I N
Aaawww me encantó. Sé que los primeros one-shots de esta serie fueron muy tristes, con esperanza, pero tristes. Sin embargo este, me ha dejado con mucha emoción y ganas de sonreír. ¿Y a ustedes? Gracias por venir a leer.
