
Fic TWC de ladyaradia
Capítulo 1 (P.2)
Enero/2016
Estaban en Alemania para las fiestas de Año Nuevo, y Simone sospechaba del nuevo acercamiento de los dos, de cómo interactuaban otra vez en público. Ria estaba de visita en la casa de sus padres en Hamburgo; para los padres de ella, Tom era en verdad su esposo, así como lo era para Simone, nada más normal y esperable pues que pasara tiempo con él mientras ambos estaban en Alemania —eso le explicó Tom a Bill para que entendiera por qué debían llevarla con ellos en su excursión a Allgäu, una bellísima región rural: “Si no lo hacemos, mamá sospechará”, fue la última razón dada antes de que Bill accediera. A pesar de todo, Ria se sintió sorprendida de que realmente la invitaran a compartir tiempo allí. Cuando recibió la llamada de Tom, le contestó con un saludo risueño.
—Hey, Tom. ¿Qué tal la resaca de Año Nuevo? —rió con ligereza.
—Ya me recuperé, gracias. No, en serio, sabes que no bebo tanto; Bill la pasó peor, así que quiero llevarlo a otro lugar para que se despeje. ¿Conoces Allgäu?
—Aún no, pero he oído que es una región bellísima.
—Pues si quieres, puedes visitarlo con nosotros…
—Sabes que no puedo negarme; soy tu esposa, ¿no?
—Solo en papel, Ria; no lo olvides. Y prepárate, que pasamos por ti en 1 hora —Con eso le colgó, y ella se fue a preparar su bolso y escoger su ropa, tarareando una canción de navidad.
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Mientras el auto que llevaba a los Kaulitz se acercaba a la casa de los padres de Ria, Tom volteó unos segundos para sonreírle a Bill, que lo acompañaba en el asiento del copiloto, pero este le contestó con un gruñido.
—Ni pienses que con sonrisitas vas a comprarme para que le ceda mi lugar a tu amiguita; que vaya en el asiento de atrás.
—Bill, hay que ser caballeroso, ¿no?
—A la mierda con eso; especialmente con ella.
—Billy, por favor, deja ya esos ataques de celos con la chica, estás cansado de saber que ella no me interesa.
—Pero no puedo olvidar que al menos una vez…
—Bill, no sigas por ahí, no quiero recordarte cuántas veces tú estuviste con muchas mujeres… Esto es necesario, por mamá y porque Shiro ha preparado algo allá, para que nuestros fans nos vean, y sería bueno que la vean a ella con nosotros…
—…y crean que no puedes estar sin tu noviecita… porque al final nadie sabe que están casados, al menos oficialmente… Bueno, ok, trataré de ser amable con ella —Tom volvió a sonreír, ampliamente—; pero aún así no le cederé mi puesto en el auto: que vaya allá atrás.
—Está bien, chiquillo malcriado…
—Eh, cuidado con llamarse así, yo soy tu verdadero esposo, recuerda; y acá el único malcriado siempre has sido tú —le aclaró señalándolo con el dedo índice.
—Eres mi verdadero esposo, y también mi hermanito, así que a mi hermanito le puedo llamar chiquillo malcriado, porque soy el mayor.
—Ah, ¡por Dios!, ¡cómo te valen esos 10 minutos! —Bill se rió y Tom le hizo eco.
Cuando aparcaron, ya Ria se despedía en la puerta de su hermano Roy, quien la había acompañado de regreso a Hamburgo desde L.A. para las fiestas navideñas. Los Kaulitz no bajaron del auto, solo saludaron a Roy con la mano y un grito a coro: ¡Feliz año nuevo!; por lo contrario de Ria, a Bill le caía muy bien el hermano de ella; al menos lo consideraba alguien muy divertido con quien compartir en clubes. Ria esperó unos segundos que alguno de los dos se bajara a saludarla, pero al ver que no tenían ninguna intención de ello, solo abrió la portezuela del asiento trasero y se sentó; Tom arrancó inmediatamente.
—No podemos perder tiempo: el lugar está lejos; pero confíen en mí, soy el astro de la carretera rápida.
—Pudimos solo tomar un avión y estaríamos ahí en minutos —medio gruñó Bill.
—La idea es disfrutar del aire puro y los paisajes, ¿no? —dijo Tom antes de echar una ojeada hacia atrás sin perder de vista la carretera—. Estás muy callada, Ria.
—Solo… los escuchaba hablar; a veces olvidan que tienen compañía, ¿no?
—Es fácil olvidar algunas compañías —ironizó Bill, pero Ria no se dio por aludida.
—Entonces, Tom, ¿cuánto tiempo será hasta allí? —acercó su rostro hasta rozarle el hombro y Bill se intranquilizó.
—Unas cuatro horas…; llegaremos a tiempo para almorzar.
Mientras almorzaban en un pintoresco restaurante local, un mensaje de Shiro al móvil de Bill les indicó que debían bajarse sin falta junto a la iglesia del pueblo, toda una maravilla medieval. Al parecer, habían dejado saber la información de que los Kaulitz estarían por allí ese día y confiaban en que incluso en lugares tan rurales Tokio Hotel tuviera fans. Y así fue; la agradable sorpresa, que no fue una chica gritona enamorada de alguno de los gemelos, o de ambos a la vez, sino un joven del lugar que realmente amaba su música y admiraba por sobre todo la capacidad artística de Bill, lo que llamaba su “genialidad”. Por supuesto, pidió un selfie con su ídolo, quien le complació sonriente y se alejaron un poco de Tom y Ria para tomarse la foto.
Mientras, Ria aprovechó para caminar y observar a su alrededor. Tom no la acompañó; se quedó mirando disimuladamente al lugar donde estaba Bill hasta que este regresó a su lado.
—Misión cumplida. ¿Ahora podemos ir adonde nos dé la gana?
—Claro, Bibi. ¿Adónde quieres ir?
—Quiero ver animales.
—Oh, pero… creí que veríamos la iglesia por dentro —objetó Ria—; parece una maravilla.
Tom miró a Bill con una interrogante, y este cedió.
—Sí, veámosla. ¿Crees que nos dejen hacer un mini concierto ahí dentro, Tomi?
Un rato más tarde, un amable granjero les guió en un recorrido por su finca y Tom quedó conmovido con un ternerito recién nacido; aprovechando que Ria no había querido ensuciarse los zapatos, Bill observó a sus anchas los ojos brillantes de su gemelo, su sonrisa cálida; le alargó una mano y él se la tomó, apretándola fuertemente. Bill intentó hacerle una foto con su móvil a su rostro emocionado, pero Tom negó suavemente con la cabeza.
—El protagonista es él: una nueva vida.
Esas palabras calaron hondo en Bill, porque entre los dos había un pacto silencioso de no hablar sobre futuros hijos a pesar de sus fuertes instintos paternales, así que volcaban todo esos sentimientos en sus perros, y en los animales que hallaban en sus viajes por el mundo. Decidió sacar una imagen del ternerito, pero dejando ver parte de los pies calzados con zapatillas deportivas de Tom, y colocó como comentario justamente las palabras que Tom acababa de decir: “Nueva vida…”.
En el regreso a Hamburgo, los ánimos estaban más alegres. Bill ya no estaba receloso de la presencia de Ria, después de que Tom le demostrara que él era su única prioridad; así que pasó la mayor parte del tiempo cantando o riendo de las bromas de Tom. A Ria la dejaron en la casa de sus padres, y esta vez los Kaulitz sí se bajaron e incluso Tom la besó en el rostro.
—Espero lo hayas disfrutado. Yo amo ver paisajes diferentes; a veces hago excursiones en motocicleta allá en Los Ángeles solo para conocer lugares desconocidos.
—¿Qué tal si alguna vez me llevas detrás? Me encantaría…
—Realmente estoy intentando convencer a Bill, pero él tiene miedo de las motocicletas.
—No es cierto —protestó Bill, nuevamente molesto porque Ria no perdía oportunidad de coquetear e insinuarse a Tom—. Te aseguro que iré tras de ti la próxima vez.
—¡Ah, bien! —exclamó Tom, divertido. Siempre disfrutaba instigar los celos de Bill, hacerlo reaccionar—. Bueno, ya nos vamos; iremos a despedirnos de mamá y Gordon, recoger a nuestros bebés, y luego seguiremos hacia Berlín.
—¿A Berlín? ¿Vas a conducir una hora más? —se asombró ella.
—Una hora más, una hora menos, ¡qué más da!
—Yo puedo conducir un rato si estás cansado, Tom.
—¡Nooo! Conduces como una dama, Bill. No estoy cansado y me encanta ir rápido.
—Pero podrían descansar, ¿para qué tanto apuro? —insistió Ria.
—Allá tenemos un estudio y queremos adelantar algunas cosas antes de que se nos unan los Gs —soltó Bill, algo ríspido, cansado de dar explicaciones a quien, según él, no tenía por qué pedirlas.
—Bueno… si es así —ella al fin dio media vuelta, aún no muy convencida de qué tanto tenían que hacer en el estudio si no había disco nuevo a la vista.
Ellos montaron en el auto sin más demoras.
—Si alguna vez atrapo a esa zorra sentada en tu motocicleta, agarrada a ti, los arrastro a los dos de los cabellos, ¿entendiste? —casi siseó Bill.
Tom se carcajeó; estaba disfrutando realmente hacer a Bill demostrar su posesividad para con él.
—No seas tonto; jamás la llevaría. Ahora, tú en cambio, acabas de prometer ir conmigo a mi próxima excursión.
—¡Yo no he prometido nada! —Bill agitó las manos frente a su cara como si quisiese espantar una pesadilla.
—Siempre mientes y manipulas, ¿no? —quería parecer serio pero sus ojos sonreían.
—Tom, aparca ahora mismo…
—¿Te sientes mal?
—¡Aparca! —Bill no esperó a que Tom quitara la mano del volante tras frenar a un lado de la carretera para írsele encima y devorar su boca con besos hambrientos que fueron correspondidos—. Mmmm, he deseado hacer esto durante todo el día, pero esa siempre estuvo cerca —dijo cuando pudo recuperar el aliento.
Tom le sonrió, respirando fuerte; su pecho bajando y subiendo.
—¿Solo querías besarme?
—No, quiero más y lo sabes; solo que estamos en Hamburgo y si nos atrapan en esas acá en la carretera, nos meten presos por exhibicionistas o por incestuosos.
—Es cierto —se reacomodó Tom—. Ahora por tu culpa tendré que ir pensando en cosas repugnantes para que se me baje la erección antes de que lleguemos donde mamá, o se va a asustar mucho.
—Pues sí; lo mismo haré yo. A ver, que nos ayudo, ¿recuerdas aquella vez en que te vomité los zapatos…?
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Aunque en Berlín hacía un frío pavoroso, la atmósfera dentro del pequeño apartamento que rentaron para la banda era muy cálida. Si bien tenían todo el espacio para ellos solos, prefirieron encerrarse en la pequeña habitación que Bill mostrara como la “suya” en uno de los episodios de THTV. La cama también era más bien estrecha, pero ellos habían encajado juntos perfectamente en otras más pequeñas, como en las literas de su primer tourbus.
Una vez dentro, con Pumba y el Boy alimentados y dormidos, y con la calefacción encendida, cayeron enredados en la cama que el día antes había sido dispuesta con sábanas limpias por el servicio contratado. Con celeridad mientras más entraban en calor, se fueron despojando de las ropas hasta quedar ambos desnudos. Bill estaba ansioso porque Tom había estado jugando con él todo el día, intentando despertar la bestia en su interior que tanto le fascinaba: Tom adoraba ver cómo su hermanito poco atlético, algo infantil y más bien delicado en sus maneras, se convertía en un demonio lujurioso que lo sometía sin compasión, pero con exquisita ternura.
La mayor parte del tiempo, ambos luchaban por el dominio en su extraña relación de hermanos-amantes-esposos; pero cuando se refería a lo sexual, Tom era más que feliz con dejar que Bill tomara todo el control. De ese modo, pronto estuvo bajo sus manos que lo acariciaban, que apretaban con saña los pezones erectos de sus tetillas, siendo recorrido por una lengua perforada en que un piercing redondo agrandaba las sensaciones en toda su piel, desde el cuello hasta la punta del glande. Gimió cuando Bill tomo su erección goteante dentro de su boca y lo saboreó lentamente, por unos minutos nada más antes de dejarlo y utilizar su lengua para introducirse en el estrecho agujero más abajo, dilatándolo con calma, hasta hacerlo gritar de placer y expectación. Luego entró en juego el lubricante que siempre tenían a mano, porque a pesar de cualquier reacción instintiva Bill jamás se perdonaría lastimar a Tom (incluso aún no podía perdonarse a sí mismo la herida emocional que le infringió cuando le fue infiel).
Cuando fue el momento justo, Tom insistió en cambiar de posiciones, así que Bill quedó con la espalda pegada a la cama mientras Tom se penetraba a sí mismo, marcando su propio ritmo al subir y bajar por la extensión bastante considerable de su gemelo. No pudieron durar mucho, producto de la excesiva tensión sexual que habían aguantado durante todo el día, así que al sentir las paredes del interior de Tom apretarlo aún más, Bill aceleró sus movimientos marcando otra vez el ritmo, sosteniendo a Tom de las caderas, para que el orgasmo los alcanzara casi a la misma vez, y se derramó dentro, como ambos disfrutaban, en medio de gemidos compartidos. Tom se recostó sudoroso sobre su gemelo que también transpiraba copiosamente, y sonrió; estaba feliz.
—Hemos calentado a Berlín, ¿no?
—Ajam —parecía Bill que ya no podría mantener los ojos abiertos¬—. Te… amo, Tomi. Durmamos ahora, ¿sí?
—Sí —Tom también estaba muy soñoliento—, ahora sí estoy cansado… —Se deslizó a un lado de su gemelo y lo abrazó por la espalda; con el resto de fuerzas que le quedaban, alcanzó las mantas y los cubrió a ambos al menos hasta la cintura.
Las ganas de orinar despertaron a Tom, y zigzagueó con los ojos entrecerrados hacia el baño; descargó su vejiga y regresó, pero uno de sus pies descalzos chocando con los zapatos altos de Bill casi lo hizo caer; por suerte pudo agarrarse de la cama y el susto lo hizo espabilarse un poco. Entonces enfocó a la imagen que tenía enfrente: Bill dormido de espaldas a él, con el pelo alborotado y toda la piel que no cubría la manta brillando ante sus ojos; cada uno de los lunares de su espalda y los tatuajes visibles en esa posición, lo hacían parecer una criatura excelsa, salida de otro mundo. Supo que tenía que inmortalizar esa imagen, así que tomó el móvil de Bill, el que más cercano tenía en la locura que era la habitación tras que ellos lanzaran las ropas por cualquier lugar. Tomó la foto, dejó el móvil en la mesa de noche, y volvió a acurrucarse junto a él en un abrazo apretado. No tardó en dormirse nuevamente.
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Era más de mediodía, Tom fue hasta Bill, quien estaba fumando en la terraza y lo abrazó; él estaba mirando su móvil y se volteó.
—¿Me sacaste esta foto?
—Soy culpable —rió Tom besándole la mejilla—; te veías demasiado sexy y… —le besó los labios enseguida y Bill se dejó hacer.
Sonaron ladridos ansiosos y ambos notaron necesitaban dar comida a sus bebés y al menos dejarlos caminar por el apartamento antes de dedicarse a algo más.
—Vamos, Bibi; nuestros bebés nos llaman.
—Sí, ya voy —abrió la aplicación de instagram en su móvil y posteó la foto que Tom le sacara la noche anterior, con un optimista comentario: “2016 ha estado bien hasta ahora…”.
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Y en efecto, 2016 fluyó muy bien para ellos en un inicio. A principios de febrero regresaron a Los Ángeles, dejando a Gustav en función de su cercana paternidad y a Georg de su novia que ya se quejaba de estar siendo abandonada por la banda. Para Tom y Bill era un nueva oportunidad de pasar San Valentín solos, en su casa y con sus perros.
Iniciaron marzo con una visita a su tatuador favorito: Wyatt Vandergeest. Por fin, Tom convenció a Bill de llevarlo en su motocicleta, así que asombraron un poco a su amigo quien sabía de la aversión de Bill a esos aparatos. Hubo varios tatuajes más para Bill: en el brazo izquierdo, una actualización del símbolo de Tokio Hotel y en la muñeca, un diamante brillando; en cada muslo, una taza de café y un helado en barquillo, todo ello símbolos de su personalidad y sus sueños. Tom decidió también hacerse dos símbolos complementarios: en el antebrazo derecho, un ancla; en la mano, un timón de barco, porque él era el Capitán de su destino pero estaba anclado a la persona con quien había elegido compartirlo. Luego, juntos, se fueron a varios clubes gay de la ciudad, demostrándose a ellos mismos y a los demás que ya no tenían miedo de lo que pensaran los otros: ellos eran libres.
Sin embargo, para algunas de las salidas con su amigo y nuevo socio comercial y musical, Devon Culiner, Shiro les sugirió llevar a Ria.
—¡Ella otra vez! —el gesto de desagrado de Bill no se hizo esperar cuando Tom se lo comentó.
—Recuerda que ya hace mucho no se deja ver con nosotros. Últimamente hemos estado… muy sueltos y…
—Entonces salimos con Ria y Devon. ¿Y resultará que para todos es salida de parejas? Tú con Ria y yo con Devon. Claro, es más fácil que me vean como gay a mí, ¿no? Estoy harto de los circos pero bueno… al menos yo no tendré que besar a nuestro amigo para fingir nada. ¿Te das cuenta de que cada vez que damos un paso o dos para ser más libres, alguien nos empuja hacia atrás? A veces creo que tal vez sería mejor que lo dejáramos ser, y que nuestros fans piensen lo que se les antoje.
—Las canciones que saldrán en el EP van a levantar revuelo; démosles tiempo para adaptarse, ¿sí?
—Bueno… —Bill se dejó caer con un gesto cansado; Tom se acercó a abrazarlo y lo notó caliente.
—¿Estás enfermándote? Creo que tienes fiebre. ¿Cómo no lo noté antes? —el lado de hermano protector de Tom se activaba rápidamente al menor signo de que la salud de Bill estuviera afectada, mucho más tras lo que aquel vidente le dijera en Rusia.
—Ya sabes que no he estado completamente bien hace tiempo; desde que… cuando tú y yo estábamos mal, tenía muchos dolores de cabeza, dormía mal y poco, y hemos estado trabajando sin descanso últimamente, creo que… debería relajarme un poco.
—Sí, y ver a un médico, al mejor de la ciudad, hoy mismo te buscaremos una cita.
—No exageres, Tomi.
—No exagero. Yo no me perdonaría si algo te pasa.
—No me voy a morir, tonto.
—Pues más te vale, porque yo me muero también —lo volvió a abrazar, y esta vez se quedaron así por mucho rato, sentados en el sofá de la sala, adonde fueron a unírseles Pumba y Capper.
Una cita con el mejor médico de la ciudad podía demorar varios días, así que no fue hasta el regreso de Coachella que al fin pudieron visitarlo. Durante todo ese tiempo, Tom estuvo intentando que Bill se estresara lo menos posible. El examen físico y clínico demostró que él tenía una infección urinaria y cálculos renales.
—Billy, creo que… hay que dejar todos esos proyectos para más adelante; ahora lo que importa es tu salud —aconsejó Tom.
—¡No!, ¡eso no! Lo único que necesito para estar bien es tenerte conmigo, que estemos bien y haciendo lo que nos gusta. Seguir mis sueños, porque si tuviera poco tiempo para llevarlos a cabo, no lo puedo perder, ¿entiendes? Tomi, lo que me mataría es dejar de ser yo mismo, o perderte a ti, solo eso.
—Está bien —juntó su frente a la de Bill—, seguiremos con los planes, pero estaré al pendiente de ti todo el tiempo. ¿De acuerdo?
—De acuerdo. Ya verás, voy a estar bien.
—Te tendré alegre y descansando cada vez que se pueda; menos alcohol y más alimentación sana, y más aire puro.
—Lo que tú digas, mi capitán —hizo un gesto de acatar órdenes y ambos se carcajearon.
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Fue Berlín la primera ciudad escogida para presentar las imágenes y art-book de “Love don´t break me”, y allí, la persona más orgullosa por lo que estaba ocurriendo fue la madre de los gemelos, Simone. Viendo a sus hijos frente a ella, se dio cuenta que algo estaba definitivamente diferente a la última vez que había estado en su compañía. Ellos parecían más compenetrados que nunca, todo el tiempo juntos y pendientes uno del otro, especialmente Tom de Bill.
—¿Qué está pasando con ustedes dos, Tom? —preguntó ella la primera vez que pudo tener cerca al mayor de sus gemelos sin que Bill lo acompañara.
—No pasa nada. No entiendo a qué te refieres, mami.
—Yo… tenía muchas esperanzas puestas en tu matrimonio con Ria pero ahora veo que sigues centrado en tu hermano, en sus proyectos.
—Siempre lo he hecho.
—No quieras hacerme pasar por boba; soy su madre y sé cuando…algo pasa. ¿Por qué no trajiste a Ria contigo? ¿Están teniendo problemas?
—No pasa nada con Ria… yo… sencillamente tengo que estar ahí para Bill… sin distracciones.
—O sea que… otra vez estás siendo manipulado por Bill a su antojo.
—Nadie me manipula; no me creas tan poca cosa. Y Bill, él no está bien…
—¿Qué le pasa? —preguntó ella algo ansiosa; al fin el instinto de protección maternal se activó en ella por Bill, y no por Tom como casi siempre ocurría.
—Su salud está algo resentida; y no dejaré que nadie ponga más estrés sobre él. ¿Lo entiendes? Sé cariñosa con él, sé comprensiva, sé la mamá que él precisa ahora —le tomó la mano y ella la apretó, aceptando que Tom tenía razón: a veces podía ser demasiado crítica y dura con Bill.
—Vamos con él, ¿sí? Quiero felicitarlo y… darle mi apoyo, ¿de acuerdo?
—Sí, mami; vamos —Tom le sonrió al fin.
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Cuando las fotos del cumpleaños de Shay salieron a las redes sociales con la presencia de su esposo Shiro, dos de sus amigas, y los gemelos Kaulitz, sin la presencia de Ria en una celebración en la que normalmente habría sido invitada, todo el fandom de Tokio Hotel se dio cuenta de que ella estaba siendo alejada de la vida de Tom; y en efecto, así era, los Kaulitz se resistían a seguirla llevando a todos lados solo por apariencias, aunque el contrato de matrimonio continuaba vigente y un acuerdo de confidencialidad seguía garantizando el silencio de Ria acerca de los pormenores de su relación con el músico alemán.
Lo que no se esperaba Tom era que ella empezara a aparecer enseguida con extrañas compañías y un nuevo novio que al parecer tenía mucho dinero pero muy mala reputación.
—Ya te lo había dicho, ¿no? —fue el comentario de Bill tras mostrarle a Tom un video que le habían pasado donde Ria y el tal Marcus al parecer se mostraban tras tener sexo y hacían comentarios burlones mencionando a Bill—. Ella no vale nada y me odia tanto como yo a ella.
—¡¿Cómo se atreve?! Que se meta contigo sí que no puedo permitírselo.
—¿Y qué vas a hacer, Tomi? Ella está buscando atención; posiblemente tu atención porque no pudo seducirte y eso le lastimó el ego, así que no le demos el gusto. Me conformo con saber que está fuera de nuestras vidas.
—Sí, creo que tienes razón. Solo ignoraré su existencia a partir de ahora. Creí que podríamos seguir llevándonos bien, ella y yo, pero eso ya no va a pasar.
—No te imaginas cuánto me alegra escucharlo—Bill sonrió sentándose sobre el regazo de Tom; le besó la comisura de los labios.
—Ahora olvidemos a esa por completo, ¿sí?
—¿Tienes algo en mente? —Tom le hizo recostarse sobre el sofá y comenzó un viaje exploratorio por su pálida piel.
—Vas por buen camino… —gimió Bill.
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La hija de Gustav nació a fines de mayo y fue también el momento de dejar a las cámaras de THTV seguir a los Kaulitz a algunos lugares. Bill iría a México para presentar su solo project, sin Tom, puesto que era urgente terminar ciertos trabajos de producción en estudio del nuevo álbum de la banda. Sin embargo, Tom no pudo resistirse a acompañarle a Miami por unos días que coincidirían con las fiestas norteamericanas por el 4 de julio para descansar antes de ese viaje. Fueron unos días muy agradables, los cuales Bill comentó en su instagram como #miami #huida #amor #lavidaahoramismo #felizcuatro.
Ya en México, se la pasó haciéndose selfies para mostrarse a sus fans, sí, pero también porque había prometido a Tom tenerlo todo el tiempo informado de cómo estaba: era su forma de decirle: “tranquilo, véme, estoy bien”.
No obstante, tras su regreso a L.A., una invitación de Devon a compartir un viaje en yate con otros amigos, fue aceptada por ambos otra vez. Fue el momento de Bill para fotografiar a Tom, quien normalmente se mostraba reacio a publicar fotos suyas, y bromear con el lado protector de su gemelo que se había exacerbado en los últimos meses, llamándole “Capitán”.
Los conciertos de Adele en Los Ángeles fueron un gran suceso en la ciudad, y Bill, que realmente era fan de su música, arrastró a Tom a dos de ellos. En el primero, Bill intentó convencer a Tom de dejarse tomar una foto para Instagram, pero él no aceptó. La emoción sentimental de la noche desembocó en una apasionada entrega sexual de los dos, la cual Tom no pudo evitar inmortalizar con las imágenes que le tomó a su gemelo dormido y medio desnudo. Bill publicó una de ellas en su instagram y como revancha por la sesión fotográfica que Tom le había hecho sin su consentimiento, este tuvo que permitirle publicar un selfie de los dos en el segundo concierto de Adele al que asistieron. Bill aprovechó para publicar una frase de la canción que más le parecía hablar de su estado de ánimo en ese momento: “Primero y único”. “Nunca lo sabrás si nunca lo intentas. Adele ❤ #segunda vez” fue el comentario que acompañó a la imagen de los dos entre el público.
Se acercaba rápidamente su cumpleaños 27, y la melancolía intentaba instalarse en los Kaulitz por esa edad en que tantas grandes estrellas se habían despedido del mundo, así que Tom le propuso una idea que ambos acariciaban desde hacía un buen tiempo: pasar su cumpleaños solos, con sus perros, lejos de todos y en contacto con la naturaleza, “dar un paseo”, “disfrutar una vista montañosa”, y de paso respirar mucho aire puro.
Pocos días antes, Bill terminó de filmar el video clip de “Not over you”, donde por primera vez Bill se atrevía a danzar en serio, y entonces se cortó el cabello y lo entintó de un color rosa fresa con una química no tan invasiva para las grabaciones de “California high”; fue con ese color aún que emprendió el viaje por carretera junto a Tom el 31 de agosto.
A sus móviles empezaron a llegar felicitaciones de cumpleaños desde todas partes, sus amigos, sus familiares, sus colegas, sus fans a través de las redes sociales, y Bill tuvo la idea de compensar esa escapada de los dos en solitario —tal vez era la primera vez que pasaban esos días completamente solos— tomando muchas imágenes que compartir con todos.
El lugar principal al que irían fue escogido porque Bill había visto algo sobre una leyenda nativa de que abrazarse a un árbol muy antiguo y pedirle un milagro al espíritu de este, podía curar a una persona hasta del peor de sus males. Así que decidieron irse al Parque Nacional de las Secuoyas donde algunos de los seres vivos más antiguos del planeta se erguían en toda su altura. Cuando al fin pudo estar con sus brazos y cuerpo pegado al árbol, Bill le susurró:
—Necesito tiempo; necesito vida y salud para tener tiempo de cumplir mis sueños.
Exploraron, vieron animales; Pumba y Capper estaban a sus anchas, corriendo sin correas y absolutamente emocionados, como también lo estaban sus papás humanos. Bill aprovechó que Tom había sacado su veta de excursionista y le tomó muchas fotos escalando, cruzando arroyos, con ropa de baño y el pelo suelto bajo una cascada.
Luego Bill se metió en ropa de baño al río y Tom aprovechó un momento en que salió a buscar algo para fotografiarlo también dentro del agua. Ya luego, con los perros curioseando en la orilla, se le unió abrazándolo desde atrás y besando su cuello. Bill se dejó hacer, encantado. Cuando sintió una mano colándose entre su ropa y bajándosela, miró a su alrededor algo aprensivo.
—Había personas en el margen del río un poco más allá; los vi y les tomó una foto desde lejos.
—Ajá, están lejos, y de lejos nadie nos ve tanto parecido; acá nadie sabe quiénes somos, y puedo cumplir mi fantasía de hacerte el amor al aire libre.
—Una vez lo hicimos en una piscina, ¿recuerdas? Fue en España, cuando nos quedábamos en el 483.
—Sí, los Gs aún no lo olvidan, que nos vieron mientras… nuestras caras se contorsionaban de placer y nuestros cuerpos estaban tan pegados que parecían solo uno. Geo siempre dice que le creamos un trauma para toda la vida, jaja. Pero eso no cuenta, todavía era la piscina de nuestro bungalow; igual cada vez que lo hicimos en la playa de nuestra villa en Maldivas. Pero acá, es verdaderamente un lugar no privado, y se está tan bien que… no puedo desaprovechar la oportunidad —volvió a besarle el cuello.
—Nuestros bebés están ahí mirando, los traumaremos a ellos también.
—Hmmm, no será la primera vez que nos vean, y acá estamos dentro del agua; tampoco es que se vea mucho.
—Oh, bueno, sabes que no puedo resistirme a ti así que… —puso su mano sobre la de Tom para así ayudarle a bajar su ropa que al sacar pusieron sobre una piedra cercana del río. Bill pudo sentir que Tom ya estaba desnudo también.
—Nadé hasta acá así —dijo Tom adivinando sus pensamientos.
Bill se volvió y se colgó del cuello de su gemelo.
—Ya, luego se preguntan por qué eres más alto, y es que siempre me haces llevar los pesos…
—Tú eres quien se ejercita de los dos —rio Bill antes de besarlo apasionadamente en los labios.
Lo que siguió fue verdadero desenfreno, donde los dos no se cohibieron para gemir, gritar, aprovechando que la naturaleza les hacía una cortina de sonidos.
Esa noche durmieron en una acogedora tienda de campaña, equipada con todo para que ningún insecto fuera a picar a Bill —ese fue uno de los primeros requerimientos que buscó Tom para elegirla, siempre protegiendo a su gemelo de cualquier daño— y bastante cómoda.
—Esta tienda es tan lujosa que arruina el efecto “Brokeback mountain”, Tomi.
—No importa; lo que importa es que estamos acá juntos, y solos.
—Ajá, los bebés estarán bien en la otra tienda, ¿no se asustarán?
—Ya deben estar durmiendo esos holgazanes; se cansaron mucho hoy.
—Nosotros también.
—Yo aún tengo fuerzas para más —afirmó Tom antes de caer sobre Bill y dejar a sus manos acariciarlo.
—¡Cuánta resistencia, wow! Creo que es el contacto con la naturaleza, te hace bien —gimió cuando las caderas de Tom se movieron contra las suyas—. Ok, una vez más, allá vamos; te dejaré hacer todo el trabajo.
—Como quieras —Tom atrapó su labio inferior entre los suyos.
Casi al mediodía del día 2, despertaron con deseos de café y con mucha hambre. Bill se dejó llevar por Tom a un local que le dijo había visto su publicidad y le había encantado. Al llegar, resultó que parecía una casa de cuento de hadas donde te encontrarías todo tipo de dulces, pero en su interior estaba pensado en función de parejas de enamorados, pues todo estaba decorado con corazones.
—¿Te gusta?—Tom le dio un beso en la mejilla cuando el vendedor fue a por su pedido al interior de la cocina.
—Me encanta este lugar; lo adoro. Pero… ¿sabes qué? Es porque estoy aquí contigo. Si no fuera así me parecería demasiado ¿kitsch?, así le llamarían los Caten, ¿no? Sin embargo, estando los dos juntos aquí, en nuestro actual estado de ánimo, esta decoración es justamente la necesaria.
—Sí, a veces soy demasiado sensiblero cuando se trata de mostrar mi amor por ti; lo acepto.
—Eres perfecto; eres mi pareja perfecta —Bill estiró su mano para tomar la de Tom, quien se la apretó emocionado.
Trajeron sus cafés y los helados que pidieron; y Bill le tomó una foto al suyo para su cuenta de instagram, así como también lo había hecho con el local desde el exterior y el exterior. A todo le colocó corazones, e incluso un comentario demasiado claro: “Enamorado”.
Cuando llegó el momento de regresar a L.A., otra celebración los esperaba: un evento VIP de degustación de comidas y vinos en los Estudios Paramount. Aunque allí tendrían menos intimidad, era también una buena forma de compartir juntos en el otro ambiente que formaba parte de sus vidas, el de la fama, y demostrarse uno al otro que ellos dos podían crearse una burbuja propia en cualquier parte.
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Cuando empezaron a hacerles preguntas en los medios acerca del nuevo álbum y tour que anunciaban para muy pronto, todo lo que acababan de vivir hizo a Bill abrir más su corazón ante los periodistas: «Nuestras nuevas canciones están bien resguardadas. Nadie las ha oído todavía y nadie lo hará. Nuestro nuevo disco va a ser especial. No es como nada que hayamos hecho antes. Tiene nuestra alma». Y sí, especialmente esas canciones de “Dream Machine” tendrían el alma de los Kaulitz retratada en ellas, todas sus angustias, sus sueños y sus momentos de felicidad.
Trabajaron sin descanso después de regresar de su viaje de cumpleaños, terminaban exhaustos y uno de esos días, cuando regresaban a la casa, Bill se dobló adolorido. Tom lo sostuvo, asustado.
—¡¿Qué ocurre, Billy?!
—Duele, duele mucho, acá en el abdomen. Uh, ya sentía una molestia hace rato pero ahora —jadeó— creo que me desmayaré del dolor, Tomi…
Realmente estaba desfallecido y pálido, así que Tom no perdió tiempo para llevarlo a emergencias, donde lo admitieron, le pusieron tratamiento para el dolor y le pidieron pasar la noche para contactar al especialista que lo estaba atendiendo antes de dejarlo marcharse. De nada sirvió que Bill le rogara a Tom irse a descansar y regresar temprano a la clínica puesto que él se sentía tanto mejor como para sacarse fotos y colgarlas en su instagram, porque su gemelo se rehusó a apartarse de su lado.
Cuando el médico llegó, con los resultados en su mano, ambos estaban ansiosos, expectantes.
—Tengo buenas noticias. Los exámenes de Bill muestran una gran mejoría, es casi milagroso, las piedras se están disolviendo, por eso el dolor, los trozos están intentando salir por su sistema urinario.
—¿Es eso? ¡Oh! No en balde duele tanto…
—Debe seguir con tratamiento para el dolor, tomar mucha agua, cuidarse bastante. Use todo lo más sano y natural posible; aliméntese y descanse bien; evite el estrés…
—Lo haré —asintió Bill.
—Ya me ocupo yo de eso —aseveró también Tom con una gran sonrisa—. Nos lo tomaremos con más calma. Además, debo ponerme a punto para cuando comencemos el tour en marzo; entonces sí habrá poco tiempo para descansar.
—Deben buscar el tiempo, ¿sí? Ahora recomendaré que le den el alta, pero debe tomarse unos días de reposo más.
—Lo siento, Bibi —dijo Tom mirando a Bill—, pero no habrá estudio para ti en al menos unos tres días, porque sé cómo eres de perfeccionista.
—Entonces tú tampoco irás al estudio; no soportaré saberte allí trabajando en el álbum sin mí.
—Bueno…
—Muy bien —el médico escribió en la historia clínica antes de salir—. Sigo estando a su disposición, Sr. Kaulitz, pero espero que no me necesite.
Cuando quedaron solos, Bill se puso de pie.
—Alcánzame mis ropas y sácame de aquí.
—En cuanto lo autoricen —Tom le dio lo que pedía y Bill empezó a vestirse; se acercó al espejo en la habitación y miró su cabello que ya casi no tenía nada de su tono rosa.
—Necesito color de nuevo.
—Sí, pero espera un poco; deja que tu cuerpo esté más recuperado aún.
—Está bien, Tomi, como tú digas —le guiñó un ojo; estaba realmente feliz. Ambos lo estaban.
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Tom encontró a Bill sentado frente a su laptop, escribiendo más de la “novela”, ese proyecto que casi habían dejado de lado, pero con varias botellas de cerveza vacías cerca.
—Estás atrapado —le dijo mientras abrazaba su cuello desde atrás y besaba su cabeza—. Recuerda que no puedes abusar del alcohol.
—Estoy bien; no he abusado.
—¿De veras? —le hizo girar el asiento—. ¿Cómo me lo probarás?
—Como quieras.
—¿Te pondrías de rodillas y…?
—¿Quieres que te pida perdón de rodillas… por tomarme un par de cervezas?
—Sabes que fueron más de un par. Pero más que pedirme perdón quiero… otra cosa.
—¡Ah! Andas muy lujurioso últimamente, Tomi.
—Es tu culpa; siempre me provocas.
—La verdad es que… tú también me provocas, eres… delicioso —Bill se arrodilló ante él y le abrió los pantalones; Tom agarró el móvil de su gemelo que estaba junto a la laptop y le hizo una foto en esa posición, tomándolo de la cintura para abajo antes de que la cabeza de Bill se interpusiera en el camino. Previamente a que las nubes del placer no le dejaran concentrarse en nada más, le dio vuelta a la foto y la publicó en la cuenta de instagram de Bill. Él se separó por un momento de su faena.
—¿Qué estás haciendo, Tom? ¿Qué tramas?
—Ya lo sabrás en un rato; ahora, concéntrate en lo que haces.
—Hmmm, te me has vuelto muy mandón últimamente.
—Necesitas mano dura, Billy —lo tomó por la cabeza para acercarlo de nuevo a su pene y Bill rio con la mirada antes de retomar lo que había empezado. Luego, terminaron por ir a la cama y continuar allí esa entrega apasionada que siempre los había caracterizado, aunque intercambiando los roles más frecuentemente que antes.
Al fin su mundo parecía brillar con luces nuevas. Aunque habían pasado por la oscuridad más tenebrosa y tenido que soportar el dolor más horrible en los últimos años, todo ello había sido como una hoguera purificadora que los había hecho salir renovados. Decir “No estoy bien” para todo el que escuchara había realmente acrisolado el alma de Bill y también su cuerpo, y ahora podía decirle a todos que estaba definitivamente “muy bien”.
&
Los proyectos y el trabajo se acumulaban; nuevas canciones eran compuestas para un próximo álbum del que ya habían pensado el nombre: “Dream Machine”, pero justamente al presentarle sus ideas a Interscope, que hasta entonces los representaba, surgieron otros problemas. Según los ejecutivos, el estilo era demasiado alternativo para lo que esperaban sus fans, y las canciones “tienen mensajes no adecuados que nuestra empresa no puede apoyar”. Bill interpretó esas palabras como una invitación tácita a someterse o marcharse; por tanto, los tiempos de trabajo de Tokio Hotel con la Universal Music estaban por acabar. Si había algo que ninguno de ellos estaba dispuesto a rendir era su libertad creativa: no lo habían hecho cuando eran unos chiquillos y decididamente no lo harían ahora.
—Vendrán momentos difíciles, Billy. Será un adiós a nuestra seguridad económica —fue el comentario de Tom una vez estuvieron solos en la seguridad de su casa.
—Lo sé, Tomi, pero ya está bien de aceptar imposiciones; no puedo más. Ni un circo más, ni una estúpida publicidad más; no lo necesitamos: confío en nuestra música y en nuestros fans.
—Yo también, pero…
—Ya sé, no te gusta sentir inestabilidad, ni perder el control, pero necesitamos esto; necesitamos algo nuevo… —se acercó a Tom y le acarició la mejilla poblada antes de sentarse en su regazo; Tom lo apretó en sus brazos mientras descansaba la frente sobre su hombro.
—No puedo resistirme a lo que pidas…
—¿Sí? Pues entonces es hora de acabar con uno de esos estúpidos circos; termina ya con ese matrimonio fingido con la zorra de Ria…
—Bill, sabes que ella… conoce demasiadas cosas sobre nosotros, puede traernos muchos problemas si se decide a hablar.
—Sí, esa chantajista nos ha tenido agarrados de los cojones todo este tiempo pero ya me cansé. Hagámoslo, enfrentemos lo que sea por ser libres otra vez, como cuando empezamos este sueño…
—Hmm, creo que dejaré que me convenzas de ello —contestó Tom con picardía mientras le buscaba los labios.
Poco después, con Bill tocando certeramente su próstata con cada embestida, con sus almas enlazadas en una sola y sintiendo ese placer que ya sabía jamás podría alcanzar con alguien más, Tom supo que no dejaría pasar un solo día más sin alejar a Ria de una vez de sus vidas.
&
El abogado que contratara, le avisó de las complicaciones: primero, posiblemente la prensa se enterara de su divorcio puesto que las cortes judiciales de Los Ángeles eran asediadas por medios sensacionalistas con todos los derechos a indagar en informaciones legales; segundo, que tal vez la demandada exigiera compensaciones monetarias extremas; tercero, que era una disposición de la Corte que el solicitante de un proceso de divorcio llevara al menos seis meses separado de su pareja, de modo que el matrimonio estuviera, de hecho, roto.
—¿Su esposa… dejó el hogar compartido hace cuánto?
—Ella… no ha estado… conviviendo… conmigo… desde… desde antes de año nuevo —en verdad, ella nunca había convivido con él, pero ¿cómo le explicaría eso al abogado?
—Entonces, pongamos como fecha de separación el 31 de diciembre de 2015, ¿le parece, señor Kaulitz?
—Sí, está bien, si es necesario —recordaba que hasta abril habían estado llevándose a Ria a distintos lugares por sugerencia de Shiro, a Ällgau, a Coachella, a cenas con amigos; tenía que admitir que ella había cumplido las condiciones que también él impuso para el matrimonio —nada de sexo ni caricias entre ellos— y que generalmente era una divertida compañía para todos, siempre chispeante y dispuesta a disfrutar de la vida, pero ni él ni Bill la toleraban demasiado y tenerla cerca a veces les llegaba a ser asfixiante.
—De acuerdo. Entonces, ¿algún beneficio que quiera ofrecerle? ¿Existe algún acuerdo de comunidad de bienes?
—No, no, yo… todos mis bienes están compartidos con mi hermano y Ria no tiene participación en ninguno de nuestros negocios ni ganancias.
—Podría, si es que algo de su capital ha sido adquirido durante el tiempo en que han estado casados. ¿O firmaron un acuerdo prematrimonial?
—Sí, yo… tomé todas las disposiciones para que ella no acceda a nuestros bienes… —el abogado notó el plural usado; definitivamente su cliente tenía una identificación absoluta con su hermano y era a quien más intentaba proteger.
—Debo tener acceso a todos esos documentos, a la mayor brevedad.
—Se los traeré, esta misma tarde. Gracias por tomar mi caso.
—Gracias a usted; nos vemos —le extendió su mano para despedirse.
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Efectivamente, como el abogado le había advertido a Tom, la noticia de que los documentos que atestiguaban su petición de divorcio a Ria Sommerfeld estaban ya en la corte judicial de Los Ángeles, fue publicada en un sitio web llamado TMZ, especializado en esos temas.
La reacción no se hizo esperar, tanto de sus fans —quienes no entendían cómo Tom había estado casado con alguien sin que nadie tuviera la más mínima sospecha y se sentían dolidos por el secretismo— como de Simone. Ella fue la primera en hacer sonar el teléfono de Tom para preguntar si todo era cierto o aquello no era más que sensacionalismo.
—Es cierto, mamá. Ria y yo… no tenemos futuro.
—Pero… ¿cómo que no? Llevabas más de cinco años de novio con ella, decidiste hacerla tu esposa al fin, y luego, tan poco tiempo después, se acaba todo…
—Pues, ya que estás tan enterada de los chismes sobre nosotros, ¿no viste en ninguna parte que Ria tiene otra pareja, se droga y, peor, deja que la grabe ese tipo y suba esos videos a youtube?
—¡No lo creo!
—Puedes buscarlo tú misma.
—¿Lo hacía mientras estaban juntos… ustedes dos?
—No, pero…
—Entonces entiendo que la pobre chica se ha sentido humillada y ha reaccionado así. Te lo advertí, ¿no?, que Bill destruiría tu matrimonio si seguías pegado siempre a él.
—Mamá, Bill no tuvo que ver… —al escuchar que pronunciaran su nombre, Bill, que hasta ese momento había permanecido en silencio no queriendo hacer notar su presencia a su madre, se puso en alerta, dejando el lento masaje en el cuero cabelludo de Tom que hasta ese momento hacía y tocó el ícono de altavoz en la llamada sin que Tom lo detuviera.
—¡No lo defiendas! Siempre es lo mismo: Bill no te deja en paz, Bill te domina y tú te dejas… ¿Por qué, Tomi? ¿Es que nunca voy a poder ser feliz? ¿Nunca voy a poder superar este castigo? ¿Qué hice para que Dios me pague con esto? —el rostro de Tom decayó ante esas palabras y Bill no pudo aguantarse más; le quitó el móvil de las manos y lo acercó a su oreja.
—No metas a Dios en esto, mamá. Estoy seguro de que si existe un Dios que es amor tiene que entender…
—¡No blasfemes, Bill! ¡No te atrevas a decir eso! Dios jamás aceptaría esa abominación que insinúas. Yo… debí imaginar que estabas ahí controlando a tu hermano, como siempre. ¡Regrésale el teléfono ahora mismo!, aún tengo cosas que decirle.
—¡Yo también tengo cosas que decirte a ti! —ante esas palabras Tom intentó tomar su móvil de vuelta pero Bill se alejó; Tom lo miró suplicante pero en ese momento nada podía detenerlo, tenía demasiadas cosas atascadas en la garganta para decirle a su madre—. Tú no sabes nada del amor, ni siquiera del amor de pareja; tienes una relación inmadura con Gordon que sí te ama pero tú solo lo usas a tu antojo…
—Eso no…
—Es lo que yo veo. Tú juzgas a todos como si fueras superior, pero nunca fuiste tan buena madre como te crees; no estuviste realmente cuando te necesitábamos, solo nos dejabas hacer lo que nos viniera en gana para evitarte problemas, ¿y ahora vienes a juzgarnos? Tom y yo somos uno, lo hemos sido siempre, a pesar de que siempre intentes separarnos…
—Tú… eres el demonio que corrompe a tu hermano, él no…
—Sí, yo, yo siempre soy el culpable, ya lo sé; tal vez nos merecemos, yo soy tu castigo y tú el mío…
Tom se sentó con las manos en la cabeza, abatido, aquello estaba llegando muy lejos. Del otro lado de la línea hubo silencio por unos segundos, y se oyó un sollozo, luego la voz de Simone volvió con un tono entre triste y severo.
—Si no fueras idéntico a Tom, creería que no eres mi hijo.
Esa estocada hirió a Bill profundamente; le alargó el teléfono a Tom y se fue hacia la habitación; Tom sabía que estaba llorando y no quería que lo vieran. Se acercó el móvil a la oreja nuevamente.
—¿Mami? —se oyó otro sollozo del otro lado.
—¿Por qué lo haces, hijito? ¿Por qué me lastimas? ¿Por qué dejas que Bill me lastime así? Me están matando, ¿sabes?
—Yo… debo colgar…
—No, Tom, no vayas tras él una vez más; no te pongas de su parte en esto, por favor, te lo ruego.
—Mami, perdóname pero… Bill es mi vida… nada me importa más que él.
—Tom, no… —la voz de Simone se apagó cuando Tom no solo cortó la llamada sino que apagó su teléfono.
Subió las escaleras hacia la habitación que compartía con su gemelo y lo encontró con la cabeza enterrada en una almohada y su espalda se movía dejando ver que lloraba; eso le recordó una vez que había visto esa misma escena cuando acababan de cumplir 18 años y la depresión de Bill que le siguió a eso.
—Tampoco es que seas una víctima inocente, Billy; así que… basta ya, deja de llorar. Yo estoy aquí contigo, ¿no?
Bill levantó el rostro húmedo de lágrimas, los ojos enrojecidos.
—Es solo que… duele comprobar una vez más que mi madre no me quiere, que le molesta que sea su hijo.
—No es así; vamos, Bill, ¿cómo quieres que reaccione? Sus hijos son unos incestuosos y ella…
—Y ella solo me odia a mí. Tú no, tú eres su hijito bueno, el angelito corrompido por el diablo de su gemelo. ¿Por qué no le dices que jamás estuviste casado en verdad con la zorra? No, no puedes decepcionar así a tu mami, ¿verdad? Y mientras yo sigo aquí, cargando todas las culpas. No soy una víctima, no; pero tampoco soy un victimario. No te he obligado a nada, jamás; tú estás conmigo porque quieres…
—Estoy contigo porque te amo… más allá de todo. Ni yo mismo entiendo por qué es así, pero es… y jamás será de otro modo. Ven, anda —lo haló hacia él y lo abrazó; Bill terminó de sollozar sobre su hombro antes de que Tom empezara a llenarlo de besos ansiosos: la discusión con su madre le hacía desear reafirmar esa unión con su gemelo que iba desde lo espiritual hasta lo físico en maneras inexplicables.
Bill se dejó llevar por la pasión de su gemelo y ambos se desnudaron de las pocas ropas que llevaban dentro de su casa en el cálido clima de Los Ángeles. Tom lo iba a hacer suyo, algo que no ocurría muy a menudo, y Bill se descubrió ansiando ese momento, necesitando abandonarse a las decisiones y las maneras de Tom, dejar el control en manos del otro por una vez. Cuando al fin Tom entró en su cuerpo, manteniéndolo firmemente abrazado contra sí al mismo tiempo, nuevas lágrimas salieron de los ojos de Bill, pero esta vez de felicidad.
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Noviembre/2016
Estaba casi por terminar el año y muchas tensiones se acumulaban sobre los dos, empezando por el hecho de que debían encontrar una disquera para representarlos, puesto que habían roto su contrato con Universal y, a pesar de que entre Bill y Tom habían compuesto todas las canciones del nuevo álbum poniendo en ellas toda su alma, y de que Tom haría toda la producción musical, aún necesitaban publicidad, promoción, representación en ventas y tours que solo una gran empresa musical podía proporcionarles.
Otra causa permanente de tensiones era el hecho de que Simone ignoraba por completo a Bill, y que este seguía reclamándole a Tom el que no la enfrentara por eso y aceptara hablar con ella normalmente sin que Bill fuera mencionado.
Georg vino a la ciudad con el fin de discutir con ellos una propuesta: la empresa alemana ProSieben1, más específicamente una de sus sucursales nombrada Starwatch les había ofrecido representarlos para el próximo álbum. Todos confiaban en Georg para las cuestiones financieras así que escucharon sus explicaciones y aceptaron su consejo de acceder al contrato. De ese modo, indirectamente pasarían a tomar parte en el aparato publicitario de Sony Music. Tras ponerse de acuerdo, los tres tuvieron una reunión con Markus Hartmann y Erik Julicher, director principal y publicista de Starwatch, respectivamente, quienes también habían venido a la ciudad y con la aprobación de Gustav, quien aún se mantenía en Alemania junto a su esposa y su pequeña hija, firmaron.
Antes de que Georg partiera, los tres salieron por la ciudad y luego se reunieron en el estudio. Muy pocas personas fuera de los 4 miembros de la banda habían escuchado las canciones compuestas en su totalidad por Bill y Tom; y Tom, como productor musical que era, estaba ansioso por hacer escuchar de primera mano a su amigo, quien también llevaría gran parte de la responsabilidad musical cuando tocaran en vivo más allá de su tradicional bajo, los nuevos arreglos.
—Todo esto será una gran sorpresa para nuestro público —apuntó Georg— y las letras… creo que están siendo tal vez… ¿demasiado valientes? No sé, a veces la libertad conlleva sacrificios demasiado grandes.
—Geo, tú y Gus siempre nos han apoyado, y confiamos en ustedes; sigan confiando en nosotros y todo estará bien —Bill le puso una mano sobre el hombro y Georg lo miró sonriente.
—De acuerdo. Siempre podemos dar a entender que te inspiras en… mi relación con Tom. Torg, ¿no?, así le llaman, jaja, las fans enloquecerían.
—Aman el Toll también —intervino Tom antes de tomar la mano de Bill entre las suyas.
—Ya lo creo; unas lo aman y otras lo odian… —soltó Georg.
—No podrían odiar algo que yo inventé; me aman por sobre todo.
—Ah, ya le salió el ego —se rio Bill y miró a Tom a los ojos—; yo te amo por sobre todo, así que el resto de los que te aman… que se jodan, incluyendo a este —golpeó a Georg en la cabeza.
—Auch; ya, ya, ya sé que no hay que meterse con la propiedad de Bill Kaulitz.
—Yo no soy pro… —Bill le clavó la mirada otra vez y Tom solo se calló, asintiendo, un poco sonrojado. A Bill le encantaba esa capacidad de Tom para ruborizarse frente a él.
—De acuerdo, yo solo… los dejaré solos antes de que empiecen a besarse frente a mí, o algo peor. Igual tengo que terminar de empacar mis cosas. Tom, me vas a llevar al aeropuerto, ¿cierto?
—Sí, claro…
—Y yo iré con él, de copiloto, para que no te hagas ilusiones —acotó Bill y Georg solo se echó a reír mientras salía.
Cuando se quedaron solos en el estudio, realmente comenzaron a besarse como si nada más importara. Trataban de soslayar los problemas cuando estaban juntos, pero la verdad era que solo en la parte pasional todo iba de maravillas porque en el convivir cotidiano, y hasta en los asuntos de trabajo, surgían roces que a veces escalaban a grandes dimensiones. La presencia de Georg con ellos había aplacado un poco los ánimos, pero las reacciones de posesividad y celos sin razón que Bill estaba mostrando eran ejemplos claros de que las cosas no estaban bien, de que no se sentía seguro.
Lo despidieron con abrazos, diciéndole que estarían en contacto todo el tiempo y que pronto se verían todos en Alemania; fue entonces, cuando ya Georg se marchaba despidiéndose de lejos con un gesto de la mano, que Tom notó el rostro triste de Bill.
—¿Qué te pasa, Bibi? —le buscó la mirada pero Bill la rehuyó.
—Es solo que… pensé que vamos a Alemania pero… que mamá no me aceptará en su casa. Supongo que pasaré Navidad solo, a no ser que tú…
—Le prometí a mamá que íbamos a estar con ella en Navidad. Bill, tú puedes…
—¡No; no puedo! Ella no me ha dicho que me considera su hijo, así que… no iré a molestarla.
—¡Ah, Billy…!
—Basta; Tom. No debemos hablar estas cosas en lugares públicos. Vámonos a casa.
—De acuerdo —sin decir nada más, Tom sacó las llaves del auto de su bolsillo y caminó hacia el parqueo. Durante el regreso a su casa, permanecieron en silencio.
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Noviembre 12/ 2016
El silencio se volvía algo tangible. No es que no hablaran de pequeñas cosas, de sus perros, de la comida, de a quién le tocaba bañarse primero, pero evitaban concienzudamente tocar los temas dolorosos, los temas sin resolver entre los dos. Claro que esa situación era un peligro, puesto que se acumulaban tensiones que en cualquier momento podían explotar.
Estaban en el estudio cuando sucedió. No acababan de ponerse de acuerdo sobre uno de los temas, y a Tom le parecía que Bill estaba especialmente caprichoso e intransigente. Entonces, tras gritarse “Estás siendo intransigente” y “Estás siendo un estúpido”, Tom se paró para poner sobre la mesa algunas cosas que había estado pensando ya por muchos días.
—Escucha, Bill, he estado pensando que Shiro ya no podrá representar a la banda.
—¿Por qué no? —la cara de Bill mostraba desacuerdo.
—Pues porque la empresa que nos representa ahora está en Alemania, y… quiero que volvamos a Alemania.
—¡¿Qué?!
—Tú se lo dijiste a la prensa, que si ganaba Trump nos marcharíamos de U.S.A., ¿no?
—Ah, Tom, sabes que estaba fanfarroneando. Pero si me fuera de aquí no sería a Alemania, y lo sabes bien. Allá no somos libres, allá estamos en peligro, allá…
—Allá está mamá…
—Sí, eso, allá está mamá, y ya tengo bastante con que me persiga y me haga la vida imposible por teléfono o cuando nos visita; no quiero estar cerca de ella.
—¡Es tu mamá! ¡Nacimos ambos de ella! ¡No pueden estar peleados así, Billy!
—Ella es tu mamá, no la mía, porque ella así lo ha decidido, ¿no la escuchaste?
—¡No puedo creer que digas eso! Pase lo que pase es nuestra madre…
—¿Sí? Entonces solo ve y confírmale que me amas y me deseas, que me buscas cuando yo te dejo tranquilo, que te metes en mi cama como perra en celo…
—¡Basta! Estás llegando lejos, Bill, ¡no me hables así! No soportaré que me humilles y rebajes como siempre intentas hacer, ya no soy ese Tom.
—Ah, entonces es cierto, soy yo quien te humillo, te rebajo y… y te violo, ¿verdad? Pobrecito Tomi; deberías correr donde tu mamita para que te consuele, ¡bien lejos de mí!, ¿eh? —lo enfrentó desafiante y Tom no pudo controlar su mano que se impulsaba para darle una bofetada; la detuvo en el último instante.
—Me estás sacando de quicio, Bill; basta ya.
—Basta, Tom, basta —bajó la voz pero con un tono aún más amargo—. Tal vez sea mejor que de verdad busque otro lugar para vivir…
—¿Qué quieres decir?
—Irme a vivir a otra parte, arrendar un apartamento o algo.
—Bill, ¿te das cuenta de lo que dices? Estás hablando de romper lo nuestro, ¿después de… todo lo que hemos pasado?
—Tú lo estás rompiendo. Nos hemos herido mucho ambos hasta hoy, y nos hemos perdonado mucho, pero yo ya no voy a seguir siendo el culpable de todo. Ya sé que necesitamos estar juntos y… lo estaremos, trabajaremos juntos, pero no viviremos juntos, no dormiremos en la misma cama, no mientras sientas que soy quien te… ¿cómo dijiste?, humilla y rebaja. Me recordaste mucho a Simone diciendo eso. Y debe ser porque tú eres su hijo, el único que ella hubiera querido.
—Estás exagerando las cosas…
—Es posible. Yo… voy a salir, a pensar…
—¿Adónde vas a ir? ¿Y solo?
—Le pediré a Shay que me acompañe; sí, eso haré.
Salió, dejando a Tom ahogándose en un océano de angustia: las cosas habían llegado a un punto de inflexión, ese podía ser el final de todo, o el principio de algo nuevo…
&
Como siempre, Shay estuvo ahí para Bill cuando él la necesitó; ella era una excelente amiga y pensó en cuánto la extrañaría si realmente se marcharan de Los Ángeles. El rostro de Bill mostraba contrariedad y pesar, y ya cuando estuvieron sentados en una mesa del club, ella se atrevió a preguntar qué ocurría.
—Es Tom. Nos hemos peleado feo esta noche.
—Ah, Bill, estoy segura que pasará. Ustedes siempre lo arreglan.
—No sé, esta vez casi me golpea; nunca vi a Tom así…
—¿Y no lo provocaste para eso?
—Sí, supongo que lo hice. Es que… no puedo más, mami Shay —los ojos de Bill estaban rojos y las lágrimas pugnaban por salir—. No puedes siquiera imaginar hasta dónde llega mi amor por Tom; no creo que ni siquiera él lo sepa. Y sé que he cometido errores, que no soy perfecto, pero lo he dado todo por este amor, soy capaz de todo, por este amor y por él. Pero mi madre…
—Ah, ¿Simone los está molestando otra vez?
—Ojalá mi mamá fuera como tú, pero ella es intransigente, controladora y, a veces, muy cruel. Tom la deja manipularlo en mi contra, la deja creer que él es una víctima mía, de mi egoísmo y dominación, ¿entiendes? Él posa como el pobre chico al que no le queda otra opción que someterse a mis deseos.
—Pero entre ustedes todo es consensuado, no hay víctimas.
—Ya lo sé; pero Simone no quiere aceptarlo. Tom es su niño bueno y yo el diablo que nació con él, punto. Ella me ignora por completo porque le dije unas cuantas verdades, pero Tom… él sigue posando como el hijito bueno que no puede decepcionar a su madre. Y ahora quiere… irse a Alemania.
—¿Qué? Pero ustedes corren peligro allá, ¿o no? Está bien por unos meses, pero no tener un hogar permanente allí.
—Pienso lo mismo. Pero Tom parece que ha olvidado todo lo malo que vivió allí y solo piensa en estar cerca de su mamita. Me dijo que Shiro ya no podrá ser el mánager de la banda porque la empresa que nos representa es alemana y qué sé yo…
—Oh, vaya, la cosa es grave; creí que lo llevaban bien con Shiro.
—Sí; lo siento.
Se hizo un silencio entre ambos, que se rompió cuando unas amigas, casi todas modelos, llamaron a Shay a su mesa.
—Regreso enseguida, Bill —se excusó ella—. No te muevas de aquí, ¿sí? —él asintió y se quedó allí, bebiendo de su trago de vodka, y pensando. Las cosas habían llegado a un punto de inflexión, ese podía ser el final de todo, o el principio de algo nuevo…
Continúa…
Gracias por la visita.
