Y aquí va otro. Sólo queda uno para el final
Fic Twc/Toll escrito por MIZU. Traducido por MizukyChan
Capítulo 9: Terciopelo Rojo
—¡Y yo de verdad pensé que le gustaba. Char! —Bill sorbió los mocos. Estaba en su cama, con ropa interior y una playera, su hermana junto a él, dándole cariñitos en la cabeza y Aquiles saltando de un lugar a otro a los pies del colchón.
—Es un imbécil, Yam. Olvídate de él.
Ya le había explicado todo el asunto, tres veces, y se estaba cansando a sí mismo por tanto hablar de Tom Trumper, inspector de salud, mentiroso y un completo idiota.
—Lo sé —volvió a sollozar. Solo había llorado un poquito durante la charla, más que nada enojado porque Tom se estaba mintiendo a sí mismo y le estaba mintiendo a su pobre prometida, y a la larga, iba a terminar lastimando a mucha más gente, porque no podía enfrentar la verdad de sí mismo. Más que nada estaba molesto por eso. No era como si hubieran estado saliendo—. No es que rompiera mi co… corazón o… algo, algo así —pero definitivamente hipó un poquito.
—Lo sé, bebé. Va a tener que ver ese asunto a su manera. No todo el mundo acepta que es gay tan fácilmente como lo hiciste tú.
—Mm, a mi mamá le gustaba. Ella dijo que me hacía ver más inglés.
—Mamá es rara —dijo Char, soltando una risita—. Me refiero a ¿qué te dice eso de los ingleses?
Bill gruñó y se hundió en su lado, sin tener humor para bromas. Charlotte le dio una palmada de comprensión en el trasero.
—Duerme un poco, bebé. Te hablaré en la mañana. —Levantándose de la cama, ella recogió la taza, ahora, vacía que le había llevado—. Y trata de no enojarte mucho con este tipo, Yam —dijo, mientras dejaba la habitación, apagando la luz.
Suspirando, Bill parpadeó un par de veces y luego cerró los ojos. Estaba tan cansado, pero imágenes de Tom Trumper llenaron su cabeza, manteniéndolo despierto por horas.
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—Esto apesta, tío.
—Sí.
—Muévase a la izquierda, por favor.
Tom hizo como le dijeron y el sastre pasó una mano por su muslo interior—. ¿Para qué lado se viste, señor?
—¿Vestir… ah?
—Para qué lado va tu polla. —El amigo de Tom, Georg, le explicó amablemente.
—Oh, a la izquierda.
—Está bien, señor. Solo unos pocos ajustes más…
Tom sintió más tirones y dejó salir un suspiro de cansancio. Después de una larga discusión con Tricie la noche anterior, solo había logrado un par de horas de sueño. Él la culpó a ella, pero la verdad, fueron los pensamientos de Bill los que lo mantuvieron despierto. El sastre terminó de poner algunas cosas en su lugar y luego se puso de pie.
—Ahora se puede desvestir. Solo tenga cuidado y ponga los pantalones en el colgador de la esquina.
—¿Está seguro que esto estará listo para el sábado? —Preguntó Georg, quitándose la chaqueta.
—Sí, por supuesto. Solo son los dos de ustedes los que debo ajustar.
—Es una boda muy pequeña —murmuró Tom, sintiendo que debía explicarlo. Iba a ser una boda pequeña y barata, porque no le importaba mucho y nunca le importó. Giró para hablar con Georg y se quedó pegado, con los ojos fijos en el torso desnudo de su amigo.
—¿Cuánto más estará enojada contigo esa loba? —Preguntó Georg, deslizando una playera por sobre su cabeza.
Tom parpadeó una vez que su amigo estuvo cubierto y sintió que su cara estaba roja—. No lo sé. Probablemente por siempre.
—Hey, ¿estás bien? —Preguntó Georg, poniendo una mano en el hombro de Tom.
Tom lo miró. Habían sido amigos por años. Él ya se había descubierto a sí mismo mirando a su amigo antes, pero siempre se engañaba diciéndose que estaba haciendo comparaciones o que tenía la habilidad de admirar el buen físico que tenía.
Pero no era eso. Eso no era para nada. Algo en el cerebro de Tom lo estaba pateando. Algo que había tenido enterrado por tanto tiempo, finalmente estaba peleando por escapar.
—Ouch.
Sintió que su cráneo se estaba rompiendo y un recuerdo era empujado desde su memoria hacia el presente. Sintió que su estómago se agitaba con nauseas por la repentina fuerza de ello.
Él tenía cinco años, tal vez seis. Él y un vecino, Edison, estaban jugando en la habitación de Tom. Tom quería jugar a que estaban casados y envolvió a Eddie en un abrazo apretado. Justo cuando besó la mejilla del otro niño, el padre de Tom abrió la puerta.
Edison fue enviado a casa y nunca más volvió. A Tom le dijeron que no podía volver a jugar con él. Tom pudo ver las facciones enojadas de su padre, explicándole que los niños no besaban a otros niños, que estaba mal. Su padre no era abusivo, pero era muy, muy persuasivo. Se había sentado con Tom en la sala y le explicó, por lo que parecieron horas, que a los niños les gustan las niñas. A los niños les gustan las NIÑAS. Las niñas y solo las niñas.
Podía recordar cómo lo observaba su padre después de aquello. Por años, el hombre le había puesto un ojo encima y Tom había tenido mucho cuidado de comportarse de la forma en que su padre quería. Salía con chicas. Besaba chicas. Eventualmente, jugó con tetas y vaginas y se convenció completamente de que le encantaba.
No le gustaba.
—¿Tom? —Georg agitó una mano enfrente de un par ojos que no lo veían.
Jordan había invitado a Tom a su casa en noveno grado, a trabajar juntos en un proyecto. Tom podía verse a sí mismo, sentado en una silla en la habitación del chico, moviéndose nerviosamente, mirando al otro chico, queriendo, deseando, anhelando, bloqueando y reprimiendo. Y Jordan lo besó. Jordan se puso de rodillas y lo chupó. Y a Tom le gustó. No, a Tom le encantó, más que cuando las chicas lo hacían, más que a nada.
Había salido corriendo después de eso, corrió a casa y se bañó, antes de que su padre llegara a casa y oliera “gay” en todo su cuerpo.
Hubo dos chicos más en el liceo. Uno al que agarró y besó y, por consecuencia, fue golpeado después de eso. Pero él le contó a su padre que había pasado al revés.
Y otro chico, Corbin. Corbin. Él… a Tom le gustaba… mucho.
—¡Hey, Tom! —Georg lo agarró por los brazos y lo sacudió.
Y luego, el chico de la fiesta, el año anterior. Tom había tenido tantas ganas de acostarse con él que había sentido vértigo.
Tricie tiene que haber visto la expresión de su rostro, ese deseo delirante y sus párpados semi-cerrados.
—Tricie… —susurró.
—¿Qué hay con ella? Hey… Tierra llamando a Tom… vamos, siéntate un rato. —Georg guió a su amigo hasta una silla y lo ayudó a sentarse.
Tom hizo una mueca cuando un alfiler pinchó su costado y luego parpadeó, alzando la vista a Georg. A su apuesto amigo, Georg. El amigo, cuyo cuerpo había admirado más de una vez.
—Soy gay.
Georg miró hacia abajo a su amigo, agradecido de que hubiera vuelto al presente—. Sí, lo sé —respondió como si le hubiera dicho que el cielo era azul.
Tom solo se sentó ahí varios minutos más, con los ojos fijos en los de Georg, cuyas palabras por fin hicieron clic.
—Sabías.
—Tío, en el segundo en que estoy sin playera, no puedes dejar de mirar.
—A ja.
Varios minutos pasaron—. Mierda, tío, deja de perderte en el espacio. Está bien.
—¿Por qué?
—¿Por qué nunca dije nada?
Tom asintió, su cerebro todavía estaba tratando de recuperarse del increíble cambió de paradigmas.
—Porque tu papá es un jodido bastardo. Pensé que lo mantendrías oculto hasta que el viejo muriera, y que para entonces, tú tendrías como sesenta años y finalmente aceptarías ser gay, y que pasarías los últimos años de tu vida feliz, lamentándote por no haber sido fiel a ti mismo muchos años antes.
Tom lo miró mientras las palabras calaban hondo, dándose cuenta en su corazón, que la visión de Georg de su vida, realmente podría ocurrir.
—Eso es muy jodido —susurró.
—Sí, pero no es mi misión sacar a nadie del closet, si están ahí por su propia opción, ¿sabes? Tú tenías tus razones.
—Yo… tenía mentiras. —Estaba frío por todas partes. Frío y calor. Y nada en el medio.
Georg se alzó de hombros—. No tenías que creerlas, tío. La pregunta es, ¿qué vas a hacer ahora, mi amigo?
Con los ojos todavía en Georg, Tom estiró la mano a la mesa que estaba junto a él y cogió el celular. Lo miró hacia abajo lo suficiente para marcar el número de su prometida y se reconectó con los familiares ojos verdes de Georg, como si toda su fuerza viniera de ellos.
—¿Tricie? Soy Tom. Voy a cancelar la boda. Soy gay. Soy gay y no me puedo casar contigo. No te amo y soy gay. De verdad lo siento, pero soy gay. Siempre he sido gay.
El otro lado de la línea se quedó en silencio por un largo rato, pero Tom simplemente esperó.
—En verdad lo eres, ¿cierto? —Respondió Tricie lentamente—. Tú eres gay.
Tom asintió y ambos volvieron a quedarse en silencio.
—Está bien —dijo finalmente ella con la voz brusca—. Tengo algunas llamadas que hacer. Que bueno que hicieras esto antes de casarnos. Pero, Tom, eres un jodido bastardo.
Y con eso, ella colgó.
Tom sonrió, sintiendo de pronto como si le hubieran quitado de encima el peso de cientos de edificios—. Jesús, creo que toda esa represión me habría dado cáncer eventualmente —dijo a su amigo.
Georg le dio palmaditas en los hombros—. Entonces, tomaste la decisión correcta, ¿no es así? ¿Por qué no vas ahora a contarle al chico que te hizo ver esto?
—Al chico… sí. Oh, mierda. —Saltando, empujó a Georg fuera del camino, se puso sus zapatillas, cogió su playera y jeans de sobre la mesa—. ¡Gracias, Georg! —Agarró a su amigo y le plantó un beso directo en los labios y salió corriendo de ahí.
—Bill, Bill, Bill, mierda… va a estar tan enojado conmigo… —vistiendo el traje con el que suponía que se iba a casar, Tom se subió al auto y arrojó sus ropas en el asiento del pasajero—. Por favor, Bill, no estés muy enojado… —encendió el coche y manejó.
No gritó a otros conductores, no aumentó la velocidad, no gritó en las luces rojas, no tuvo sentimientos de frustración, ira, ni claustrofobia. En una luz roja, tomó el teléfono y marcó a su padre.
—Hola papá. Siento decirte esto en un mensaje, pero no respondiste así que… aquí va. La boda se canceló. Soy gay. Tú me has hecho miserable. Te amo, adiós.
Tarareando junto a Led Zeppelin, giró en la fila del estacionamiento del mall, donde el pequeño sueño de Bill esperaba y se estacionó detrás del edificio.
—Soy gay. —Movió el espejo retrovisor y sonrió a su reflejo—. Hola, soy Tom Trumper y soy gay. Soy homosexual. Me gustan los hombres. —Su corazón se agitó, vibró y flotó por todo su pecho con las nuevas alas que le habían crecido. Se lazó un beso a sí mismo y bajó del auto—. Soy gay —susurró, caminando hacia el edificio—. Soy un hombre gay. Me gusta Bill. —Parándose frente a la nueva pantalla de la puerta, dio una mirada adentro.
—¿Hola? —Llamó—. ¿Bill? —Abriendo la puerta, entró y dio una mirada alrededor. Los electrodomésticos habían sido movidos al frente y la pared de atrás, había sido pintada de un blanco brillante—. Lindo —Giró y vio que otras dos murallas también habían sido pintadas—. Se ve bien. —Oyendo ruidos en el frente del edificio, fue en esa dirección. Su corazón se agitaba y movía felizmente cuando cruzó la puerta giratoria.
Los brazos de Bill estaban a punto de caerse. Después de cuatro horas de sueño intermitente, dejó de intentarlo y decidió que era mejor dejar algo de trabajo terminado. Había estado ahí, desde antes de las cinco y había pintado todas las murallas de la parte trasera, una pared del frente, además de la mitad del techo. Había pensado en Tom Trumper toda la noche, y toda la mañana, y toda la tarde, dándose cuenta que probablemente se había enamorado del hombre al que apenas conocía.
Su corazón estaba un poco más que roto.
Pero el trabajo lo mantenía ocupado. Quería estar listo para la inspección, para no tener que pasar más tiempo con Tom, del que fuera absolutamente necesario. La cocina estaba impecable. Ya había limpiado todos los electrodomésticos, habían sido revisados y reparados. El lugar se había limpiado mucho más rápido y mucho mejor de lo que Bill hubiera imaginado ese primer día.
Si solo pudiera sacar a Tom Trumper, el extraordinariamente idiota, fuera de su mente y fuera de su corazón, estaría de mucho mejor humor.
—Hola.
—¡Wha…oof! —Sorprendido, Bill dio un paso en falso de la escalera y cayó sobre su trasero.
—¡Mierda, mierda, mierda! —Tom corrió, agachándose junto a Bill—. Lo siento. ¿Estás bien?
—Sí. Estoy bien. —Afortunadamente, solo había estado en el primer escalón. Encogiéndose para que Tom quitara las manos de sus hombros, Bill lo miró enojado—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Yo…
—Oh… la inspección. —Bill saltó, prácticamente derribando a Tom y se cruzó de brazos, esperando a que el otro hombre se pusiera de pie.
—Bueno yo…
—Terminemos con esto —con un giro, Bill caminó hacia la cocina—. Creo que no habrá problema para que lo apruebe. Le mostraré dónde planeo poner…
Tom agarró el brazo de Bill, girándolo para que le diera la cara—. No estoy aquí por…
Bill arrugó el ceño, notando el atuendo de Tom—. ¿Por qué estás vistiendo un traje?
—Estoy tratando de…
—Oh, ¿solo viniste a probar lo “hétero” que eres? —Usando sus dedos para hacer comillas en la palabra.
—No, yo…
—Está bien, Tom Trumper, eres hétero. Eres el hombre más hétero que jamás me ha besado, el hombre más hétero que jamás se ha frotado contra mí, el hombre más hétero que…
Tom rodó los ojos, esto no iba a ninguna parte, así que puso una mano en la nuca de Bill y cubrió su habladora boca con sus labios, lo suficientemente fuerte como para callarlo.
Agitando las manos por la sorpresa, las puso en los hombros de Tom y le dio un empujón.
—¡Qué demo… no, no, no, Tom! no vas a venir aquí y…
—¡Bill, te podrías callar por un segundo! Quiero decirte que yo…
—¿Callarme? ¿Quieres que me calle? Después de la noche pasada vienes aquí y…
—Creo que te amo.
Y eso lo calló.
Tom inhaló, sujetó a Bill por los bíceps con firmeza y se enfocó—. Lo que quiero decir es que creo que QUIERO amarte. Sé que es un poco pronto y todo eso… y de todas formas está bien… soy gay.
Bill lo quedó mirando.
—Soy un hombre gay.
—Oh… okey —respondió Bill, esperando más.
—Soy un hombre gay y quiero estar contigo.
Bill no dijo nada, así que Tom continuó.
—No me voy a casar.
Bill bajó la mirada, al traje que Tom estaba vistiendo.
—Llamé a mi prometida y le dije que soy gay. —Tom rió, su tono se elevó hasta el punto de ser histérico—. ¡Soy gay!
—Así has dicho.
Tom se dio cuenta que Bill no se estaba regocijando con él y su felicidad se desinfló un poco—. Supongo que te debo una explicación.
—A ja. —Si el hombre iba a hacer una declaración, como querer amarlo, estar con él y blah, blah, blah, Bill necesitaba mucho más que eso.
Bajando su fuerte agarre, Tom se tocó la parte de atrás de la cabeza, pensando. Miró el rostro semi-paciente de Bill y luego pasó la vista de arriba abajo por su cuerpo alto y esbelto—. A propósito, eres muy hermoso.
—Yo… —Estaba mugroso, cubierto de pintura y sudor. Estaba exhausto, no tenía maquillaje y probablemente olía un poco mal. Pero Tom le estaba dando una mirada que era de completa adoración y le sonreía de una forma que hacía que todo el cuerpo de Bill vibrara—. ¿Crees que soy hermoso?
—He pensado eso desde el día uno. Golpeaste mi mente más allá de lo imaginable.
—Con razón actuabas como retardado. —No pudo evitarlo y lo dijo. Le dio a Tom una sonrisita.
—Hey —respondió Tom con una risita de lado—. Asperger NO es ser retardado. Soy solo socialmente patoso. —Se acercó una pulgada más, su atención variaba de los labios de Bill a sus bellos ojos avellana.
—Oh, bueno, supongo que me puedo acostumbrar a eso. Ahora dime por qué estás usando un traje.
—Más tarde.
Tom juntó sus labios, planeando tenerlos así por mucho, mucho tiempo.
& Continuará &
Aawww, se arreglaron, prácticamente es un final feliz, pero todavía nos queda un capítulo, ¿alguien se imagina qué viene? Los invito a averiguarlo. Muchas gracias por venir y no olviden comentar.
