Dos Condiciones 5

& Capítulo 5 &

Entonces… Señora Trumper, básicamente nos está diciendo… que el joven que intimidaba a su hijo cuando estaba en la escuela, ahora ha matado a su… gato y que lo ha puesto en su casillero, ¿es eso?

Sí, oficial.

El policía alzó una ceja sarcásticamente.

¡No estoy inventando esto! El gato está en la cocina, en una caja, esperando a ser enterrado… es el gato favorito de mi hijo. ¡Se lo dimos porque le hacían bullying por ser feo! ¿Tiene usted hijos, señor? —Espetó Simone. Estaba furiosa porque el oficial no la estaba tomando en serio.

Sí tengo un hijo. Pero Señora Trumper… su hijo ahora es un joven universitario. Un hombre casado. Ahora es lo suficientemente grandecito. Este tipo de cosas no se llevan a la policía, a menos que haya una amenaza posterior a la muerte del gato. —Declaró el policía como si fuera obvio.

¡Es el mismo chico que violó a mi hijo! Es el mismo jodido chico que lo golpeaba… Sí, Bill tenía razón, ustedes no son más que un montón de bastardos homofóbicos. ¡Salgan! —Gritó.

Gordon se puso a su lado en un instante, frotando su espalda para tratar de calmarla. Se dio cuenta que estaba a punto de llorar… hasta que Bill entró caminando.

En serio, yo no haría eso si fuera tú. —Todos los policías conocían al papá de Bill, también sabían que si daban un paso y cruzaban la línea, fácilmente Jorg podría despedirlos.

¿Qué quiere decir? —preguntó de todas formas el policía.

Tratar a Tom en forma diferente porque está casado conmigo, un hombre. Ese chico fue atacado, está jodidamente traumatizado, porque un jodido capullo puso la cabeza de su gato muerto en su casillero. Y tengo que agregar, que el único jodido amigo que tuvo Tom en mucho tiempo ¡fue ese gato! —El pelinegro estaba furioso.

Aun así no puedo hacer mucho, si nadie amenazó a Tom con ese gato, como por ejemplo, decir que eso solo era el comienzo —dijo el policía, que era muy testarudo.

No lo entiende… es el mismo chico que golpeaba a Tom, el mismo chico que lo violó, el mismo chico que trató de separarnos, el mismo chico que mató a su gato. ES SOLO el comienzo. Él no va a parar hasta que UNO DE NOSOTROS esté muerto y ¡sobre mi cadáver va a ser Tom! —Bill amaba a Tom y lo quería consigo para siempre… pero si se daba la posibilidad de que uno de ellos tuviera que morir… sería Bill.

El hombre suspiró y volvió a sentarse—. ¿Sabes? Voy a hacer esto, solo porque sé con quién está casado tu padre. Denme los detalles. Veré qué se puede hacer, aunque de todas formas les advierto, que él no tendrá problemas y ni siquiera conseguirán una orden de alejamiento.

Entonces lo mataré. —Al pelinegro no le importó decirlo frente a los policías, en verdad no le importaba. Si estaba bien para Andreas asesinar, entonces también estaría bien para Bill—. Su nombre es Andreas… ah… ¿Alguien conoce su apellido? Yo solo lo llamo Andreas, chico idiota, que solo jode y se golpeó en la cabeza, maldito homofóbico.

Gordon sonrió—. Solo… —murmuró.

No lo sé. Pero el director de la escuela debe saber, pregúntale, Bill. —Sugirió Simone.

Sí. Yo algunas veces, solo lo llamo “Señor jode mucho”, gracias Simone… pero ahora, en serio me tengo que ir… le prometí a Tom algo de diversión, solo bajé a buscar la crema. —Justo ahora, quería molestar al viejo oficial.

¡Bill Kaulitz-Trümper! —Su suegra lo regañó. No necesitaba enterarse de los detalles—¡No necesito escuchar eso!

Pero lo hiciste… ahora me voy a jugar a cosas pervertidas que incluyen bondage. —El pelinegro se rió y cogió un cinturón con tachas de la silla junto a Simone.

La mujer solo se cubrió la cara con las palmas de las manos y Gordon se rió al ver al hombre de uniforme poniéndose más rojo con cada segundo que pasaba. Y creyó comprender que esa era la intensión de Bill.

Sin embargo arriba, en la habitación de Tom, las cosas no eran tan divertidas. El chico estaba hecho bolita en su cama, sollozando suavemente. Quería sepultar a su gato, pero no podía y seguía cruzándose con sus juguetes, lo que lo ponía increíblemente triste.

Ahora, si me disculpan, damas. Tengo a un mini hombre que complacer. —Bill subió la escalera a saltos y abrió la puerta—. Cariño… yo, oh… —La voz de Bill bajó repentinamente y cruzó el cuarto hasta el chico triste.

Es que no puedo creerlo. No entra en mi maldito cerebro —dijo el menor y su voz temblaba levemente.

¿Sabes? Él nunca morirá… siempre estará en tu corazón… incluso en el mío. —Bill envolvió con sus brazos el cuerpo del otro.

Pero no podré acariciar su pelaje o rascar sus orejas…

Me puedes hacer todo eso a mí, si quieres… —Bill se sonrojó.

Pero tú no eres peludo. La última vez que te comparé con Sparkles, te enojaste y me nalgueaste mi adolorido trasero. —La voz de Tom todavía sonaba quebrada, pero se las arregló para mostrar una pequeña sonrisa ante aquel recuerdo.

Eso fue entonces… Y estoy seguro de estar peludo en algunos lugares. —El pelinegro trató de hacer una broma.

No cuando te rasuras…

Bill se rió levemente—. Está bastante peludo ahora, con todo el drama, me olvidé.

Aun así no tienes orejas de gato para rascar. —Ahora Tom estaba completamente sumergido en su nueva fantasía.

Todavía tengo las orejas de mi disfraz de Halloween de cuando tenía como diez años. —Se rió.

El menor se mordió el labio—. ¿Lo harías? —preguntó con la voz ronca.

Pero no tengo un bonito vestido para acompañarlas. —Bill sonrió, sabiendo de los fetiches de su marido… siempre los mencionaba para hacer sonrojar a Tom.

Sí, sí lo tienes. —El menor se sonrojó furiosamente—. Tu piel es el vestido que te queda mejor.

¿Quieres que encuentre una cola también? Porque estoy seguro que podría encontrar una. —Se rió, sabiendo que tendría que meterla en su trasero para mantenerla fija.

Y eso fue la guinda de la torta para Tom. Saltó sobre Bill, recostándolo sobre la cama y luego pasó la huella de su pulgar por el labio inferior del otro, antes de pegar sus propios labios sobre los de Bill.

El pelinegro sostuvo la cabeza de su marido, correspondiendo el beso con mucha fuerza.

Tom se alejó antes de que las cosas se pusieran muy candentes y susurró en forma sexy en el oído del otro—. No obtendrás nada, hasta que hagas eso. —Y luego se sentó muy rígido y actuó como si nada hubiera pasado.

Bill gruñó y se puso a buscar alrededor de la casa de Tom, sabía que cuando se mudó con Tom antes de casarse, había dejado varias cosas allí. Después de treinta minutos de búsqueda, puso una sonrisa coqueta.

Los encontré. —Se puso las orejas sobre la cabeza y sonrió—. Todavía me quedan. —Y luego se desvistió, quedando sin nada y metió el corcho de la cola en su trasero. Sonrió cuando la larga cola negra, cayó entre sus piernas.

Luego, lenta y seductoramente, caminó frente a su esposo, antes de subir a la esquina de la cama, en sus manos y rodillas, listo para saltar sobre el tan delicioso y apetecible Tom.

El menor tragó pesado—. Oh, Dios mío. —Su polla olvidada volvió a la vida, al sentirse al igual que un ratón frente a un gato enorme, aunque completamente excitado—. Aún tengo una promesa que cumplir, ¿recuerdas, Bill? —comentó, refiriéndose a la promesa que había hecho de follar al pelinegro hasta que no fuera capaz de caminar bien.

Oh, lo sé. —Ronroneó el mayor, moviéndose lentamente hasta Tom, acostándose sobre su espalda, para el otro lo viera todo, y se sonrojó cuando notó la mirada de Tom en su pequeño bosque.

Que buen gatito. —Tom se puso sobre el otro, lamiéndose los labios de anticipación, antes de bajar la cabeza y dar una probada a los endurecidos pezones.

Bill gimió y se estiró mucho más, dándole a Tom una visión completa de él—. Tan bueno.

Sip, eres un buen gatito. —Tom dio palmaditas en la cabeza de su esposo, justo detrás de las orejas, mientras jugueteaba con los pezones y su otra mano, acariciaba su costado con gentileza. Debía mostrarle que todo esto era solo un juego y que todavía lo amaba por ser quien era.

Bill dejó salir un “miau” para mantenerse en su personaje, porque de todas formas se sentía muy bien con ello.

Mi gatito favorito. —Luego Tom bajó la cabeza para darle una lamida provocadora a la polla de Bill.

El miembro del pelinegro dio un saltito de anticipación.

El menor se lamió los labios y luego succionó la cabeza de Bill en su boca, muy lentamente, casi dolorosamente lento.

Más, amo. —Ronroneó el moreno.

Tom le hizo caso, relajando los músculos de su garganta, para recibir por completo a Bill.

El pelinegro gruñó, se sentía tan bien, todo se sentía sorprendente.

Moviendo la cabeza de arriba abajo, Tom trató de sacar más gemidos y ronroneos de Bill, mientras con su mano, acariciaba cariñosamente los testículos del otro.

El pelinegro gimió, estaba tan feliz de que Tom estuviera haciendo eso y no palmeando su pequeño bosque.

El menor se alejó—. Sabes tan bien… ¿Puedo probarte en alguna otra parte?

Claro. —Gimoteó su esposo. No le importaba, porque de todas formas estaba seguro que ya había tenido la boca de Tom en todas partes.

Sonriendo coquetamente, Tom volteó a Bill, haciendo que quedara en cuatro, con el trasero en el aire. Con ternura, acarició las nalgas del pelinegro, antes de separarlas—. ¿Qué es esto? —preguntó, antes de tomar la cola y sacarla del agujero del mayor, para reemplazarla con su lengua.

Bill se arqueó—. Aahhh. —Gruñó, deseaba esto, deseaba tanto a Tom—. Lo prometiste —murmuró.

Mhm —respondió el menor, con la lengua demasiado profundo en la entrada de Bill, como para intentar producir una palabra.

El pelinegro estaba gimiendo y arqueando la espalda, quería hacer el mayor ruido posible para molestar al policía, por ser tan homofóbico.

Tom se separó—. ¿En verdad disfrutas esto?

Oh, sí.

¿Y qué pasaría si pongo mi polla dentro de ti? —Tom sabía que su esposo no estaba lo suficientemente dilatado, pero sí estaba bien húmedo y él estaba con ganas de sexo duro—. ¿Qué dices a eso, gatito?

Digo, no amenaces, solo hazlo. —Sabía que sería un poco doloroso, pero era lo que quería.

No era una amenaza, solo preguntaba. Sabes que nunca haría nada contra tu voluntad —dijo el menor y alineó su miembro contra la entrada de Bill, empujando lentamente, para darle al otro, por lo menos el tiempo para ajustarse a la intromisión. Aunque era complicado, porque la estrechez lo cegaba.

¿Bebé, estás bien? —preguntó Tom, deteniendo por completo sus movimientos, aunque aún no estaba del todo dentro.

Sí, continúa. —Gimoteó Bill.

Tom no estaba muy seguro de eso, pero siguió empujando, haciendo cariño a la espalda de Bill suavemente, tratando de relajarlo—. Joder, gatito, estás tan apretado.

No, es que tú estás jodidamente grande… has crecido. —Luego ronroneó, sintiendo que sus orejitas se caían.

Nop. Es que no estás bien dilatado. —Tom tenía la respiración entrecortada. Movió sus manos para poner en su lugar las orejitas de gato. Sacó su pene casi por completo y lo volvió a meter, gruñendo mientras lo hacía.

Todo el cuerpo de Bill se puso rígido y se movió hacia adelante, lo que le pareció una milla—. ¡Oh, joder, Tomi, sí!

El menor continuó embistiendo contra el cuerpo del pelinegro, buscando aquel punto especial que volvía loco a Bill.

En la primera planta, Simone y Gordon apenas podían mantener calladas sus risas, mientras el policía trataba de no hacer arcadas, mientras llenaba el reporte con los detalles de los problemas pasados que tuvo Tom con Andreas.

Bill soltó un chillido—. ¡Oh, fóllame más fuerte, Tomi!

¿Más fuerte, eh? —Tom cogió el cabello de Bill y lo tiró levemente, mientras aumentaba la velocidad y sus caderas golpeaban el trasero de su marido, logrando producir un sonido de golpes, sumando a los gemidos y gruñidos de la pareja.

Bill gritó, pero se sentía tan bien—. Sí, oh, sí.

Tom gruñó, no podría durar mucho más—. Bill… —Trató de advertirle—. ¿Bill… estás cerca…?

El pelinegro se corrió sobre la cama—. Ah… muy tarde. —Se rió levemente, exhausto.

Joder. —Gruñó el menor ante tal visión y se corrió en lo más profundo del trasero de su esposo.

El gatito fue sucio. —Bill soltó unas risitas, viendo el desastre que había dejado.

&

Bill realizó su camino por la escuela llena de gente y se dirigió directamente al escritorio de su salón.

Siento llegar tarde, clase. Tuve una emergencia —murmuró.

Pronto, los alumnos se sentaron en sus respectivas mesas y guardaron silencio, esperando a que la clase comenzara. Sin embargo hubo rumores sobre la razón por la que el pelinegro debió dejar la escuela tan rápidamente el día anterior, algunos incluso afirmaban que su esposo había muerto.

Una chica de cabello castaño, alzó la mano tímidamente.

¿Sí, Mía? —llamó Bill. La clase todavía no había comenzado y ya había preguntas.

Ah… ¿su esposo está bien? —preguntó la chica, vocalizando la pregunta que tenía más de la mitad de la gente del salón.

Bill rió levemente, por supuesto que se había esparcido la noticia en toda la escuela—. Sí. ¿Por qué razón no estaría bien?

Um, bueno… escuché que él… no estaba tan vivo —respondió la chica, sonrojándose. Y aunque sonara terrible, muchas chicas y algunos chicos, esperaban que algo así sucediera, porque se sentían atraídos hacia su maestro.

Bill se rió levemente—. Él está bien, solo un poco enfermo.

Ohh. —La chica se sonrojó y bajó la mirada.

Está bien. Supongo que pueden decir que pasó algo, pero ya está bien… De todas formas, ¿cómo se enteraron sobre mi esposo? —preguntó Bill, un tanto confundido, porque definitivamente él no había dicho nada acerca de Tom.

Todo el mundo miró a alguna otra parte. Todos los que estaban en secundaria lo sabían, pues los rumores se esparcían como fuego y algunos chicos que ahora cursaban su último año, habían estado allí cuando estalló el escándalo Kaulitz-Trumper.

El pelinegro suspiró suavemente.

Rumores —murmuró un chico rubio.

Está bien. Supongo que de todas formas ya todos lo saben…

El chico rubio se removió en su asiento, antes de recibir un asentimiento de su amigo—. Um… ¿es cierto que su esposo aún era alumno cuando se conocieron?

Ah. Sí.

El salón se llenó de sonidos de murmullos mal ocultados.

Bill se echó hacia atrás en la silla, apoyándose en el respaldo.

¡Es por eso que Tom ahora está en la universidad! —Sonó una voz, logrando que los demás estudiantes soltaran risitas.

Tom está en la universidad porque se graduó de aquí. Además Tom y yo nos conocimos cuando éramos mucho más jóvenes, en Inglaterra, muchas gracias, así que yo también era un estudiante en ese entonces.

El chico se volvió hacia su amigo y susurró algo en su oído.

No voy a tolerar esa clase de comportamiento. Si tienen algo que decir sobre mí o sobre mi sexualidad, me lo dirán a la cara. ¡O los reportaré al director por tratar a su profesor como mierda! —Bill no era de los que se enojaba, pero justo ahora, con todo el asunto de Andreas, estaba furioso.

Le estaba preguntando qué tan bien debería dar una mamada para obtener buenas notas —respondió el chico, lleno de orgullo.

¿Podría elaborar mejor lo que quiso decir? —Bill se sentía un poco confundido.

Los chicos comenzaron a reír. O el profesor era lento, o en verdad se estaba haciendo el tonto.

Déjeme ponerlo de esta manera… ¿Usted cree, que dándome una mamada, obtendrá buenas notas?

Bueno, si funcionó con Tom…

Y solo funcionará con él, ¿lo entiende?

Entonces admite que se graduó porque era bueno en la cama —respondió el mismo chico, joder, era testarudo.

Bill se rió—. Usted sí sabe que Tom pasó mucho antes de que yo comenzara a enseñar aquí, ¿cierto? Él solo tomó mi clase por algunos créditos extras… Y también, él será el único que me dará mamadas, ¿okey? Fin de la conversación.

Claro. Usted es el maestro aquí.

Exacto, yo soy el profesor aquí. ¡Así que no se ponga frívolo conmigo o lárguese! —Bill se sentía estresado—. ¿Quién eres tú?

El chico rubio sonrió y contestó—. Luke. Luke Austerlitz.

Bueno, chico. Eres insoportable. —Bill se echó hacia atrás, dejando prácticamente babeando a las chicas de la primera fila, porque su camiseta se levantó, mostrando la estrella tatuada, así como también una “B” gigante de una palabra en alemán.

El rostro del chico decayó. No podía ser, ¿cierto? No… Bill tenía que saber quién era él. Decidió que se haría conocido. Escribió una nota y la arrojó al escritorio de Bill cuando el profesor no estaba mirando, pues ya había comenzado la lección.

Las manos de Bill se pusieron rígidas sosteniendo la nota—. ¿Quién escribió esto?

Nadie respondió, pero se podía ver una pequeña sonrisa en la cara de Luke, apenas escondida con su pelo rubio.

Bill gruñó, alguien lo sabía y no le complacía para nada.

Bueno… ¿y qué es Señor Kaulitz? —preguntó una chica de la fila de enfrente. Levantando de forma inconsciente, el apenas visible sujetador.

Bill se levantó y caminó alrededor del escritorio, acomodándose cuando se sentó en su lugar, dándole una buena mirada a cada uno de ellos—. Escúchenme bien, sin dar mayores detalles, uno de ustedes sabe qué pasó el otro día… y déjenme decir esto… ¡Díganle que se cuide!

& Continuará &

Notas finales de las traductoras:

¿Quién es ese Luke? ¿Y por qué quiere joderle la vida a Bill? ¿Y por qué sabe lo del gato? Están invitados a seguir con la lectura. Besos y gracias por venir.

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