Notas de MizukyChan: Hoy veremos quién le acertó a las apuestas. ¿Aceptará Tomek chupar a Billeam? ¿O se mantendrá en su deseo de ser besado primero? ¡A leer!

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
FOE: Capítulo 19
Billeam le envió una mirada furtiva a Tomek, como para ver su reacción.
Tomek achinó los ojos—. Sabes que eso no es lo que quise decir —dijo. La mirada de Billeam se alejó, sin duda para esconder sus ojos. Una sola mirada y sería obvio que expondría la culpa de ellos. Hasta hacía movimientos torpes. Tomek suspiró derrotado. De todas formas ya no podía seguir conteniéndose—. Que demonios, acepto la oferta —dijo y se apresuró hasta él.
Los ojos de Billeam se abrieron mucho. El perro se abalanzó sobre él y dejó besos hambrientos en la suave piel bajo su mandíbula. Empujó al felino hacia atrás, arrinconándolo en su cómodo y espacioso refugio.
El pelinegro estaba demasiado sorprendido o tal vez demasiado preocupado por esta decisión. Alejó la mano de Tomek cuando está bajó hasta su miembro. Tomek lo miró y pausó sus movimientos, maravillado por el sonrojo del otro.
—Pensé que esto era lo que querías —dijo. Billeam abrió la boca como para hablar, pero cualquier cosa que quiso decir permaneció en el silencio—. Eres tan hermoso —dijo el canino. El sonrojo del felino se intensificó—. Tu timidez me maravilla, Billeam. Debes estar acostumbrado a oír cosas como esta todo el tiempo. Nunca me convencerás si tratas de decir que nunca antes han elogiado tu belleza.
El pelinegro gruñó y mantuvo su mirada evadida—. Nunca por un perro —murmuró.
Tomek sonrió—. Bueno entonces, como perro, déjame decirte que no necesitas todas esas habilidades de lucha. Ganar no requeriría ningún esfuerzo para ti. Yo solo necesito verte para admitir la derrota.
—Estúpido pe… —Billeam jadeó cuando Tomek abrió sus pantalones y se arrodilló. Tomek alzó la mirada para verlo.
—Apuesto a que te gusta esto. Yo aquí, arrodillado ante ti, completamente sumiso —declaró con una sonrisa. Pero Billeam parecía más aterrorizado que sintiéndose glorioso.
Tomek rápidamente fue al grano, bajando los pantalones del pelinegro y tomando con ganas su masculinidad. Billeam sonó como si hubiera perdido la voz y estuviera ahogándose con algo. Tomek cerró los ojos y con ganas tomó al felino en su boca.
—¡Mierda! —Gritó Billeam, su cuerpo se puso rígido.
Era la primera vez que Tomek tenía una polla en la boca, aunque había estado deseándolo desde hace un tiempo, desde la primera vez que vio a Billeam desnudo. Si alguna vez lo había considerado asqueroso, dejó de parecerlo cuando comenzó a imaginarse dándole una mamada al pelinegro, o cómo él se sentiría en la boca del otro. Se dio cuenta que el solo pensar en complacer a Billeam de esta forma, lo dejaba con los pantalones tirantes. Y por supuesto que no dudaría si se presentaba la oportunidad.
Le hizo al felino lo que había observado que le complacía, además de usar su conocimiento sobre lo que le hacía sentir placer a él. En realidad no sabía si estaba haciendo un buen trabajo, pero solo necesitaba escuchar los gemidos de Billeam para sentirse confiado. Nunca pensó que eso sería tan gratificante, la exquisita sensación de su cálido miembro palpitando contra su lengua y escuchar sus gemidos roncos, todo mezclado aumentaba los latidos de su propio corazón y lo acercaba más a su propia liberación.
Billeam tiró del cabello de Tomek y arañó sus hombros, acercándolo más. La cabeza rastuda daba botes de adelante hacia atrás, en un ritmo marcado. Una mano acariciaba la espalda baja del pelinegro, descansando sobre sus nalgas.
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Todo eso era insano. Billeam instantáneamente se vio plagado de remordimientos cuando el perro aceptó fácilmente su propuesta. Sin embargo, su tormento solo duró unos instantes. Una vez que el perro de verdad comenzó a chupar su polla, la gratificación llegó como un rayo que lo aturdió. No se podía enfocar en nada más de las sensaciones. Las malditas y deliciosas sensaciones. Se dio cuenta de lo mucho que extrañaba sus fricciones, o lo que fuera que ellos hacían. Los pensamientos de vergüenza rápidamente fueron vencidos porque cedió al placer. El placer siempre le hacía perder la razón y no le importaba nada más.
—Aahhh, oh, mierda. ¡Mierda!
Se arqueó, sus labios se tensaron. Cerró los ojos y esperó a que llegara la hermosa visión del cielo. Abruptamente sintió que el perro se alejaba. Las fuertes succiones, se detuvieron. Sujetó su cabeza, obligándolo a ir hacia adelante, empujándose a sí mismo dentro de la boca del perro. El perro retrocedió, con más fuerza esta vez. Billeam se sintió locamente decepcionado cuando los labios del perro dejaron su polla.
—¡No! ¡No te detengas!
—Sshh —dijo el perro, con un poco de brusquedad. El pelinegro arrugó el ceño. El perro tenía los ojos cerrados y sus fosas nasales se movían. Comenzó a olfatear. Se volteó hacia el cobertizo, oliendo profundamente el aire. Se levantó y se dispuso a dejar a Billeam.
—Espera. ¿Dónde…? —Quiso preguntar el felino, pero Tomek cubrió su boca.
—Silencio —susurró el perro—. ¿No lo escuchas?
Billeam estaba demasiado consternado para oír algo. Pero luego se oyó un ruido que fue imposible de ignorar. Se tensó. Ahora, en la quietud, claramente podía detectar los sonidos de algo crujiendo. Algo estaba acechando afuera, algo grande. El perro dejó su lado y cogió el arma, caminó decididamente hacia la entrada.
Luego se detuvo y dejó el arma preparada, lista para atacar a cualquier cosa que se atreviera a aparecer en su territorio. El sonido de pisadas se detuvo antes de dejarse ver. El perro suspiró. Billeam se cruzó de brazos. De todas las cosas que pasan en un mal momento. Gruñó.
El perro se volvió al pelinegro y le hizo un gesto para que se quedara, antes de, una vez más, avanzar hacia la salida. Dio unos pasos terriblemente lentos y luego dio una pequeña mirada hacia el exterior. Billeam arrugó el ceño, molesto, deseando que el perro simplemente saliera y matara a lo que fuera que jodía por allí.
Sopló una suave brisa, agitando las hojas de los árboles y los sonidos de la naturaleza y los bichos regresaron, dándoles la errónea impresión de calma.
El perro finalmente salió e instantáneamente fue emboscado, como una araña contra una mosca, excepto que esta cosa no era una simple araña. Parecía como una de las bestias de la arena, grande y cubierta de piel, con fuertes y gigantescas extremidades y cabeza pequeña, como un yeti. La bestia lo agarró y comenzó a apretarlo con sus brazos. El perro bramó y pateó, hasta que la bestia lo soltó. Pero cuando el perro intentó disparar su arma, la criatura lo atacó. El perro soltó el arma, al tambalearse con sus pies. La bestia con rapidez lo volvió a apresar fuertemente por el cuello. El perro se ahogó, cuando la criatura lo apretó más fuerte.
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Tomek sintió que su cabeza explotaría por la presión. Sintió que las fuerzas lo abandonaban, así como el poco aire que le quedaba en los pulmones. Su visión comenzó a oscurecerse. Escuchó el disparo de su arma y el aire rápidamente volvió a su sistema, tan pronto su tráquea fue liberada. Tosió fuertemente y jadeó, girando. La bestia había muerto de un disparo certero en la parte trasera de su cráneo.
Tomek alzó la vista y vio a Billeam sosteniendo su arma, apuntándole a él. Tragó pesado. Esta era la segunda vez que las circunstancias permitían a Billeam coger su arma, y, aunque había intentado quitársela varias veces antes, se preguntó si realmente lo haría, si de verdad lo mataría ahora que lo tenía en su poder.
El pelinegro bajó al arma y apuntó nuevamente a la bestia. Disparó una serie de rayos rápidos para acabarla, en caso de que siguiera con vida, o al menos eso creyó Tomek, aunque estaba bastante seguro de que la criatura ya estaba tiesa.
Billeam miró el arma en sus manos y bufó. Y luego la arrojó lejos como si fuera un hueso sin carne.
Tomek exhaló. No creyó que Billeam lo hubiera matado, aunque durante todo ese tiempo contuvo el aliento. Se volvió hacia la bestia. Era una de las dos criaturas restantes que escapó de la arena. La primera había sido la que parecía dragón, la que mató en el edificio del puerto y esta, cosa peluda, fue la que Billeam mató. Seguramente la bestia viajó todo ese recorrido buscando comida, pero acabó convirtiéndose ella en comida. Tomek arrugó la nariz, considerando una mejor idea. Apostó a que ni la vida salvaje querría comerse a esa cosa. Tomek se agachó para tomar uno de sus brazos.
—¿Qué estás haciendo? —Preguntó Billeam.
Tomek comenzó a arrastrar a la criatura lejos del campamento.
—¿No quieres tenerla aquí, cierto?
—Hazlo más tarde.
—No lo voy a hacer más tarde, su hedor solo empeorará si se pudre. —Gruñó Tomek. El peso muerto de la bestia quizás era más de lo que podía soportar.
—Solo déjala ahí.
—¡De ninguna forma! Tengo que llevarla lo más lejos posible mientras pueda y luego cavar un enorme agujero para enterrarla.
—¡Solo deja la maldita cosa en paz, quieres!
—Lo haré, pero tengo que…
—¡Maldición, Tomek, dije que la dejes en paz!
El rastudo se congeló. Miró a Billeam con los ojos muy abiertos—. ¿Me llamaste por mi nombre?
El rostro de Billeam se transformó, como si no se hubiera dado cuenta, desvió la vista y se sonrojó, gruñendo.
Tomek sonrió—. ¿Prefieres que deje esta cosa aquí, cerca de nosotros?
—Por supuesto que no —respondió el felino—, también la quiero fuera de mi vista. —Se volvió para mirar a Tomek con la mirada seria—. Tú te harás cargo de ella, pero primero ¡termina conmigo!
El otro arrugó el ceño—. ¿Qué?
El pelinegro apretó los dientes—. Termíname —dijo. Tomek ladeó la cabeza. Billeam achinó los ojos. Se recostó en el suelo, con la cara hacia arriba, con las rodillas ligeramente dobladas, justo como cuando ellos estaban…
—¡Oh! —dijo Tomek. El pelinegro rodó los ojos. El rastudo recordó que se retiró justo antes de que Billeam tuviera la oportunidad de alcanzar su clímax. No era su culpa no haber entendido al principio lo que Billeam quería decir. Todavía era demasiado asombroso. Aún no podía entender cómo habían llegado a esto, Billeam no solo lo había aceptado, sino que también le pedía intimar —claro que bajo sus propios términos—, pero aun así era bueno. Observó como Billeam abría sus piernas invitándolo, maravillado por el cambio de su compañero felino, por lo menos en lo relacionado con sus encuentros íntimos. Era un hecho que había aflojado sus recelos, aunque le encantaría pensar que era porque se sentía físicamente atraído por él, pero sabía que era una urgencia de aparearse, para finalmente soltarse y liberarse.
Con facilidad Tomek abandonó a la bestia, sin más preocupaciones. Se quitó los pantalones, al bajar junto a Billeam. Se arrodilló, ubicándose entre las piernas del pelinegro y lo miró directamente a los ojos al empujar su pelvis contra la del otro. Billeam respondió instantáneamente ante el tacto, su erección se irguió a full. Tomek lo acarició suavemente, pasando su pulgar por la punta. El pelinegro gimió, dejando que su cabeza fuera hacia atrás. Tomek se agachó para lamer su miembro, encerrándolo con sus labios brevemente y luego pasando su lengua por toda la longitud.
—¿Qué estás haciendo? —Gimoteó Billeam.
—Solo me estoy tomando mi tiempo para disfrutarlo —respondió el rastudo. Nuevamente lo puso en su boca y luego continuó masajeándolo con lentitud y con su lengua.
—Es un tormento —dijo el pelinegro.
—¿Me detengo? —Preguntó Tomek, pero Billeam no respondió—. ¿Continúo? —Preguntó esta vez. Otra vez no hubo respuesta. El perro sonrió. Le encantaba esto, jugar con la mente de Billeam. Probablemente estaba tan confundido con lo que en realidad quería, que no sabía qué responder.
Pero jugar así con Billeam traía un efecto contraproducente. Su propia excitación había crecido dolorosamente y necesitaba una liberación rápida. Pero no se atrevía a detener sus esfuerzos, por cruzar el límite. Le dio un leve empujón a las piernas de Billeam y juguetonamente deslizó su lengua por el orificio anal de Billeam.
El pelinegro jadeó—. ¡Espera! ¡Eso no!
Tomek sostuvo con firmeza sus piernas y presionó la lengua más fuerte, lamiendo lo más que pudo antes de que Billeam se las arreglara para alejarse. El pelinegro tiró fuertemente del cabello de Tomek, tratando de quitárselo de encima. Tomek metió la punta de lengua dentro. El pelinegro se puso rígido y lo soltó. El perro continuó, empujando dentro con su lengua, repetidas veces, volviéndose loco por la calidez y estrechez que estaba probando.
Billeam soltó unos gemidos sonoros. Tomek se sorprendió y lo miró, pensando que había ido demasiado lejos. El pelinegro jadeaba agitadamente, sus ojos de caramelo lucía vidriosos, pero igual de fieros, o incluso más.
—Fóllame —dijo de pronto, como una súplica, pero en realidad más como una orden.
Tomek parpadeó—. ¡¿Qué?! —Preguntó, no podía creer que lo que había escuchado. Billeam se enojó y empuñó su mano.
—¡Dije que me folles! ¡Fóllame ahora o cambiaré de opinión!
—¡Mierda! —dijo Tomek, porque definitivamente no quería que cambiara de opinión. Levantó las piernas de Billeam y con rapidez se ubicó. Billeam arrugó el ceño y se quejó al sentirse invadido, pero no expresó ninguna señal que dijera que deseaba que el perro se detuviera. Tomek entró lentamente, levemente ayudado por su propia saliva. Su corazón estaba saltando y su mente era un caos, a penas era capaz de percibir que no era un sueño y que de verdad estaba sucediendo.
Billeam se ajusto con bastante facilidad o quizás era producto de la ansiedad de la excitación la que le ayudaba a aceptar la extraña intrusión a su cuerpo.
La pelvis de Tomek pronto marcó un ritmo propio, embistiendo profundamente dentro de Billeam. Los gruñidos del pelinegro rápidamente se volvieron jadeos agitados. La mente de Tomek permaneció perdida, pero el placer tomó el control del caos. Y aun en medio de su pérdida, tuvo un momento de lucidez, donde se olvidó por completo de buscar su propia liberación y se concentró solo en la de Billeam. Miró a los ojos del pelinegro y se sorprendió de encontrarlos correspondiendo su mirada. Su expresión era ilegible. ¿Lo estaba disfrutando? ¿Lo odiaba? Pero luego los ojos de Billeam se cerraron, apretados y arqueó la espalda en un espasmo, derramando su semilla en el vientre de Tomek. El rastudo sonrió y trató de recomponerse.
—Te amo, Billeam —dijo exhalando.
Las palabras hicieron que el pelinegro abriera los ojos y sus miradas se encontraron la una a la otra, mientras Tomek se corría dentro de él.
& Continuará &
OMG el primer lemon de los chicos. ¿Pueden creerlo? ¿Alguien le acertó a la apuesta? Que nervios, ¿qué pasará ahora entre ellos? ¿Seguirán follando como conejos o volverá la tensión entre ellos? Están invitados a seguir con la lectura.

Seguimos! !! Vaya que Billeam saca su carácter porque Tomek no ko quería terminar de mamar por deshacerse de la bestia! Dios! Este par es fuego. Bill ansioso follando la boca de Tom. Llevando el ritmo de la mamada pero se volvió un manojo de nervios cuando Tomek le probó la entrada y descubrió que el placer es más fuerte que su cordura y Tomek por fin está dentro de él. Ambos lo quieren. El placer los abraza. El perro está enamorado y el gato confundido. Hicieron el amor pero ahora qué seguirá?