Dos Condiciones 1

& Capítulo 1 &

Bill entró de puntitas en su habitación y saltó sobre su amante—. ¡Despierta!

Mhmm —murmuró Tom, lanzando un brazo sobre el cuerpo de Bill para pegarlo más a él.

El pelinegro sonrió—. Levántate, bebé, o no vas a comer waffles.

Waffles, sí, mamá, puedes hacerme waffles —murmuró el chico adormecido y enredó un brazo en la almohada, enterrando su rostro en ella.

Bill bajó sus bóxers y restregó su erección contra la espalda de Tom—. No creo que tu madre tenga una polla, Tomi.

Mhm, Sparkles, detente…

¿Sparkles, ah? —Bill se levantó, después de darle una nalgada bien fuerte al otro.

Tom se levantó enojado—. ¡BILL! ¿Qué demonios? —Se acarició el trasero, que ya estaba adolorido por la noche anterior.

El pelinegro ya había bajado las escaleras y estaba comiendo los waffles que tanto le había costado preparar.

Tom se puso unos bóxers, ropa y bajó corriendo las escaleras.

¿Por qué tuviste que pegarme? Tengo la colita adolorida, ¿sabes? —Quiso dar un gran zapatazo, pero habría sido demasiado infantil, así que prefirió hacer un puchero. Demasiado tarde, igual se veía infantil.

Me llamaste Sparkles. Nunca pensé que tuvieras esa clase de gusto por los gatos, Tom. —Bill masticó ruidosamente sus waffles.

Mi gato solía frotarse contra mí cuando era más chico. Cuando tú te frotaste contra mí, se sintió tan duro como su cara —dijo Tom para defenderse.

Esa cosa, cariño, era mi pene. Y definitivamente, no tenía piel de gato. —Bill rió.

Tom cogió un waffle y comenzó a masticarlo—. Bueno, no pude identificarlo. Y no tenías que haberme nalgueado. No después de anoche…

Recuerdos de la noche anterior, jugaron en la mente del pelinegro.

&

Oh Dios, Bill. ¡Te ves tan sexy! —Tom acarició el costado del pelinegro. Sus ojos, oscurecidos por la lujuria, viajaron por el cuerpo de su esposo, vestido solo para él.

Los labios de Bill hicieron un puchero, estaba vistiendo un traje azul, consistente en un corsé blanco y una faldita azul con vuelos. También tenía calcetas blancas hasta la altura de la rodilla, con pequeñas cintas blancas en el tope. Sus ojos estaban maquillados de blanco en lugar de negro. Y de hecho, estaba usando ropa interior femenina.

Quiero ser todo tuyo… por completo. —Él asintió e hizo una señal sutil, mostrando el mueble junto a la cama.

Bill caminó hasta el mueble y se dobló para abrirlo, exhibiendo su pequeño trasero. Alzó sus cejas—. ¿Para qué es esto? —Sujetó los objetos.

Tom agitó sus manos, mostrando sus muñecas—. Dije que quería ser tuyo…

¿Quieres que te domine? —Bill sostuvo la soga y la ató alrededor de los brazos de Tom. Luego, lentamente, lo guió hasta las barras de la cama para amarrarlo ahí.

&

¿Bill? Tierra llamando a Bill.

El pelinegro dio un salto—. Ah, no es mi culpa que alguien sea pervertido. —Recientemente había encontrado el pequeño fetiche de Tom y disfrutaba de recordarle constantemente sus gustos cachondos.

¡Pero es tu culpa, que me pegaste en el trasero cuando mi colita está así de adolorida! —Tom se sentó enfurruñado. Y eso fue todo, iba a castigar a Bill… la ley del hielo, eso era lo que merecía.

Aaww, lo siento, bebé, pero tenía que levantarte. Después de todo, ¡hoy tienes clases! —Bill sonrió, porque él también tenía trabajo, de vuelta en la vieja escuela.

Tom solo se quedó mirando su waffle a medio comer. Aun así, había mejores formas de despertarlo.

El pelinegro hizo un puchero—. Lo siento, bebé. Te lo compensaré… —Puso una sonrisita coqueta.

Tom alzó la vista, todavía sin contestar, pues era un chico testarudo.

Bill puso una frutilla entre sus labios, chupándola delicadamente, tratando de recuperar la atención del otro.

Tom contuvo el aliento, su boca se hizo agua y sus regiones bajas respondieron ante tal visión, pero no iba a darse por vencido. No le iba a hablar a Bill esa mañana. Se levantó y cogió sus cosas para irse a la facultad.

Suavemente, el moreno hizo un puchero, odiaba cuando Tom no le hablaba.

Tom se rió, ahí estaba, haciendo un puchero y… «ah, no, no, no. ¡No mires el puchero!» Demasiado tarde, su resolución ya se estaba tambaleando hasta el suelo—. ¿Qué, Billa? —habló, suspirando. Maldito sea Bill y sus pucheros.

Lo siento… —Mantuvo el puchero, más firme que nunca.

Tom sonrió y le dio un besito al otro en la mejilla—. Sí y lo sentirás más esta noche, cuando te haga a ti, lo mismo que me hiciste a mí, a já… —Contra-atacó Tom con una pose pensativa.

¿Qué… darme de nalgadas, o abrirme hasta romperme el trasero? —Bill se sonrojó, recordándolo todo muy bien, la forma en que su polla estaba en el agujero de Tom… y Tom sintiéndose tan apretado.

¿Y por qué no ambas? —dijo Tom con el aliento caliente en el oído del pelinegro, antes de que se alejara, como si no fuera nada del otro mundo.

La erección de Bill creció, solo por la forma en que el otro lo dijo.

Bueno, ¿nos vamos o qué? —preguntó Tom desde el umbral de la puerta.

El moreno asintió, cogiendo sus cosas—. Vamos.

Uhm, Bill. —Tom miró el enorme bulto en los pantalones del pelinegro—. Tal vez quieras encargarte de eso, antes de dejar la casa y dejar que tus estudiantes crean que eres un pervertido.

El aludido bajó la mirada—. Es tu culpa. —Le sacó la lengua a su marido.

Bueno, no voy a hacer nada al respecto sino hasta la noche —comentó Tom.

En ese caso, supongo que tendré que dejarlo así y cuando todos se preocupen, yo diré “no se preocupen, es solo que mi esposo no me toca”. —Bill rió.

En lugar de eso, diles “mi esposo estaba muy enojado porque lo desperté dándole nalgadas en su adolorido trasero, lo cual fue enteramente MI culpa”, eso tendría más sentido —respondió Tom con una sonrisita de lado.

Bill soltó una risita—. Bien… en verdad te veías sexy… y me llamaste Sparkles…

¡Eso no fue mi culpa! Tu polla se sintió como la cabeza de mi gato. A propósito, quiero a mi gato. ¿Por qué no lo traemos acá? —Tom hizo un puchero.

Vamos a buscarlo después de la escuela —habló el pelinegro—. ¡Y mi polla no está peluda!

¡YAY! Y sí, tu polla no es peluda, pero es dura. No tengo sensor de pelaje cuando estoy durmiendo, ¡joder! —El menor rodó los ojos, pero por dentro, estaba saltando de felicidad de traer a su gatito a casa.

Bill rió y besó al chico, poniendo sus las manos en su propia erección, frotándola.

Tom gruñó, según sus libros, eso era provocar.

El pelinegro se arqueó y gimió el nombre del otro, aún frotando su erección.

Oh, Sparkles, me voy al auto o pronto, también tendré un problema que resolver —dijo Tom, usando a propósito el nombre del gato y luego, dejó la casa.

Bill se puso a reír, podría acostumbrarse a que le llamaran Sparkles, se frotó más fuerte. Después de unos pocos minutos se unió a Tom también en el coche.

Okey. ¿Puedo entrar?

Sip. Vámonos, Sparkles. —Tom se ajustó el cinturón de seguridad y encendió el vehículo.

Bill se cruzó de piernas—. ¿Sabes? Tienes que ponerle otro nombre a tu gato… porque me gusta más este nickname más que “Billa” —dijo divertido.

No. Tú y mi gato tendrán que compartir. Pero mi Sparkie Sparkles, seguirá igual.

El pelinegro suspiró—. Está bien. —Abrió el cierre de sus pantalones.

O tú podrías ser Skittles. —Tom sonrió. Sí, Skittles le quedaba mejor a Bill. Era dulce, sabía bien y era su propio arcoíris.

Bill rió—. Okey. Skittles está bien. —El chico acarició su erección.

¡Biiiiilll! ¡No mientras conduzco! Quiero mirarte y no puedo, pero te voy a mirar de todas formas y tendremos un accidente, y tú morirás, y yo quedaré paralítico de por vida, y sufriré por ti cada vez que Sparkles se frote contra mí, recordándome este día hasta el final de mi vida. —Soltó sin parar.

Okey, okey. —Lo cubrió—. ¿Cómo es que pudiste conseguir tu licencia de conducir con esos nervios que tienes? —Le sacó la lengua.

Fácil. Teniéndote lejos del auto. Eso es lo que más me aterroriza, lastimarte. —Tom se estacionó—. Ya llegamos. ¿Estás listo?

Tom, ¿sabes que no voy a la facultad contigo, cierto? Voy a trabajar en la vieja escuela. —Se rió suavemente al ver el enorme edificio universitario.

El menor miró al otro un poco confundido, luego sonrió brillantemente al recordarlo—. Oh, sí… um, bueno. Te llevaré hasta allá. —Volvió a encender el motor y arrugó el ceño, iba a llegar tarde el primer día de clases.

No, caminaré, solo tengo que cruzar la calle. —Bill sonrió y bajó del coche—. Ahora, compórtate y no hagas nada que yo no haría… Espera, ese es un mal consejo. —Después de todo, él siempre dejaba que su alumno lo tocara en clases.

No haré nada que tú harías, lo prometo. Y tú no vayas a enamorarte de otro alumno. Eres mío ahora. —Tom sonrió y le hizo una seña a Bill para que se acercara.

Ni soñaría con eso… tengo un amante ahora. —El pelinegro cruzó la calle para ir a su nuevo trabajo. Al aproximarse, vio a un pequeño estudiante llorando en las escaleras, aunque sonara triste, él sonrió, recordando que fue de esa misma forma en la que conoció a Tom.

Tom suspiró, él quería besar a Bill. Luchando con las ganas de hacer un puchero, se bajó del auto y caminó hacia el edificio. Cuando estuvo dentro, contuvo el aliento al ver a cierto chico rubio.

Oh, mira lo que tenemos aquí. —El platinado sonrió. Tenía el cabello más largo, hasta los hombros y sus ojos eran de un azul frío.

Mira, Andreas, ambos estamos mayorcitos para esos juegos estúpidos, así que por favor, madura como yo lo hice y olvida que siquiera existo —dijo Tom, sin poder evitar la molestia en su tono de voz. De entre todas las personas en el mundo, tuvo que encontrarse con Andreas.

¡Tú no maduraste, Tom! —El rubio habló en un tono frío—. Solo te casaste. —Agregó, lo suficientemente fuerte para que todos los que estaban alrededor escucharan.

Con la persona que amo y contra todas las personas como ustedes que quisieron separarnos. Sí, eso me hizo madurar bastante rápido. —Gruñó, cuando la gente comenzó a murmurar—. ¡Sí, estoy casado! —Gritó—. Y a propósito, casado con un HOMBRE. ¿Tienen algún problema con eso?

Todo el mundo se paró ahí a mirar—. Tú nunca maduraste, Tom. Aún eres un crío… ¡un crío obligado a casarse con un mentiroso! —dijo el rubio y se alejó, caminando con sus amigos.

Tom se quedó ahí con la boca abierta. Cuando finalmente reaccionó, corrió tras Andreas, lo volteó y le dio un puñetazo directo en la nariz—. No llames mentiroso a mi esposo. Y nunca fui obligado. El único que trató de forzarme fuiste tú. —Escupió las palabras.

Andreas agarró la playera de Tom y lo arrojó al suelo, después de todo, él siempre había sido más fuerte. Presionó su rodilla contra el miembro del menor y sus manos fueron al cuello de Tom.

Condenado marica… ¡vuelve a tocarme y te mataré! —Luego de eso sonrió de lado—. Pero no digas que no te advertí sobre tu “precioso” esposo.

& Continuará &

Notas finales de las traductoras:

Yey, un capi más, como dijimos antes, sigue habiendo escenas “hot”, pero ahora entró el drama en el fic, Andreas, el malo, volvió a aparecer. Gracias por seguir leyendo. Besitos.

Nota: Se usó como nickname “Skittles” refiriéndose a los dulces de colores.

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