Mi jaula dorada 29. Parte 2

Bill ha estado en el harem 9 meses y 3 semanas.

Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan

Capítulo 29. Parte 2

Caminando a lo largo del vasto corredor del pequeño zoológico, Bill tuvo que admitir que estaba impresionado. El edificio completo estaba construido de cristal. Transparentes vidrios se elevaban por varios pisos, uniéndose para formar un impresionante domo en las alturas. Aún viviendo en el palacio, el inmenso espacio de aquellos lugares, pasmaba a la concubina pelinegra. En esos momentos, estaba lloviendo, así que en lugar de ver un cielo despejado, todo lo que se podía ver a través del cristal eran los jardines anegados de afuera.

Había plantas árboles y también fauna dentro del lugar, los cuales estaban saludables y florecientes. De cualquier forma, si fueron plantados o replantados en el suelo, daban la impresión de estar al aire libre: un pequeño trozo del mundo natural, capturado y preservado. Bill continuó caminando por el bien cuidado camino de gravilla, deteniéndose al acercarse a un exótico venado. El animal estaba de pie en sus delgadas piernas, moviéndose al lado derecho del cristal, donde el césped había sido cortado. Bill se quedó quieto, mirando a través de las barras de hierro de la puerta.

Un momento después su guardia se acercó y se quedó junto a él. Cuando Bill se había aproximado a Anis en la entrada del harem esa mañana, pidiéndole que lo llevara al pequeño zoológico, el hombre se había alejado, clamando que necesitaba “orinar”. Saki había mandado a Micah que fuera su escolta, una asignación que el hombre aceptó gustoso. Bill había gruñido en su cabeza, pero para no parecer grosero, no dijo nada.

Estaban de pie uno junto al otro, en silencio, considerando a la criatura y Bill estaba tenso, esperando el comentario del guardia. Porque sabía que Micah no podía refrenarse si podía coquetear. Cuando el hombre finalmente habló; no era lo que Bill había estado esperando.

Tú eres como él —dijo señalando al animal.

Bill se mofó—. ¿Qué, encerrado?

Sí —sus ojos se enfocaron en la forma llena de gracia en que se movía dentro de su encierro—. ¿Ves como se pasea? —Volviendo a mirar al chico a su lado, continuó—. Ninguno de los dos está hecho para vivir aquí.

Bill aún estaba mirando a través de la barras, pero escuchó las palabras del hombre.

Pero tú no habrías sobrevivido en el mundo. Como él, tu colorido lo habría evitado.

Bill sí levantó la vista al oír eso—. ¿Qué quieres decir?

El guardia alzó los hombros—. Eres demasiado hermoso. Sobresales. Los leones te habrían seguido hasta cazarte.

El pelinegro comprendió lo que le estaban diciendo. Volviéndose para apreciar a la gacela albina, respondió—. Tal vez ya lo hicieron.

Todos los animales viven más en cautiverio, Bill.

Terminando de ver, la concubina se alejó de la jaula de la gacela—. Eso ya lo sé. Y tú no necesitas tener esta conversación conmigo. Ya me he resignado a vivir en el harem. Ya no sueño con irme.

Bill tuvo un breve pensamiento de cómo, meses atrás, tal declaración lo habría molestado sobremanera. Ahora, ya casi no le afectaba. Regresó al camino de gravilla y continuó su marcha, lentamente, disfrutando de la vista de todos los diferentes animales y esperando que Micah, lo siguiera diez pasos atrás. Pero no lo hizo. Conteniendo un suspiro al ver que el otro hombre se acercaba, para caminar a su lado, Bill observó los pájaros que volaron por arriba suyo.

No estaba tratando de consolarte, sólo hacía una observación.

Bill no respondió. El camino los guió a un área oculta por árboles y cuando la concubina vio que era el final, giró para buscar otra ruta. Sin embargo, antes de que hubiera dado dos pasos más, Micah tocó su brazo, pidiéndole a Bill que se sentara a su lado en una banca, tan sólo un momento. No teniendo una razón lo suficientemente buena para negarse, Bill se sentó, pero de todos modos, estaba dudoso. La banca estaba puesta justo contra la pared y por esa proximidad, el sonido de la lluvia era mucho más notable, incluso ruidoso. Bill miró por el cristal, tratando de adivinar las borrosas figuras del exterior.

Bill —dijo el otro hombre, quitando su atención del melancólico mundo—. ¿He hecho algo que te ofendiera?

La pregunta tomó a Bill con la guardia baja, pero contestó con rapidez—. ¿Como compararme con un animal? —Se sintió mal en el momento en que lo dijo, porque sabía que no era lo que el guardia había querido decir y el hombre se mostró herido ante la opción de que Bill hubiera entendido eso de sus palabras. Así que ágilmente agregó—. Sé que no fue eso lo que quisiste decir.

No. Por supuesto que no —insistió Micah—. Yo sólo traté de… yo sólo quise poder expresar que… te encuentro muy atractivo —la sonrisa que apareció en su rostro fue, sorprendente y completamente sincera, conteniendo sólo una pizca de malicia.

Bueno —replicó el pelinegro—, creo que esta es la primera vez que te oigo tartamudear, Micah —la sonrisa del guardia creció, al ver que el esclavo usaba su primer nombre y Bill casi lamentó haberlo hecho.

Me gustas, Bill —dijo el otro hombre y Bill se dijo a sí mismo «Oh, Dios». Acercándose, el hombre dejó claro que iba en busca de los labios del pelinegro.

Retrocediendo rápidamente, Bill se puso de pie—. ¿Qué estás haciendo? —preguntó en un susurro lleno de pánico, mirando hacia atrás, por donde habían venido.

Micah no se veía para nada avergonzado—. Estaba tratando de besarte. ¿Es eso tan malo?

Bill lo miró con los ojos grandes—. ¿Qué? Por supuesto que lo es —contra-atacó.

El guardia lo miró desde su posición en la banca—. ¿Estás seguro? —preguntó—. Podrías descubrir que te gusta —Bill ya estaba negando con la cabeza, listo para interrumpir, pero antes de que pudiera, Micah continuó—. En verdad me gustas, Bill. Y me gustaría intentarlo —el pelinegro no estaba muy lejos. El hombre se estiró y tomó la mano del chico—. Podría ser divertido —dijo suavemente. Poniéndose de pie, cerró las distancias y juntó sus bocas.

Hubo un momento en que Bill se quedó quieto; no correspondiendo el beso, pero tampoco resistiéndose. El pelinegro tuvo un segundo para notar que los labios del otro hombre se sentían bien sobre los suyos y, aunque el guardia no estaba siendo agresivo, Bill podría haber asegurado, que era un talentoso besador. Esa idea lo sacó de su consentimiento. Retrocediendo con rapidez, Bill lo miró con enojo—. ¿Estás loco? —siseó—. ¿Sabes lo que podría pasar si alguien nos hubiera visto?

Para el desagrado de Bill, Micah no se veía ni una pizca de alarmado—. No estoy preocupado por eso, Bill. Sé cómo ser discreto.

Aparentemente no —alegó el chico, alejándose un paso—. Deberíamos irnos. Llévame de regreso al harem.

Micah dio un paso al frente—. Bill, no te escapes de esto. Quiero saber.

Bill no lo estaba mirando cuando preguntó—. ¿Saber qué?

Si podemos tener algo.

Bill giró para mirarlo de frente, completamente serio—. Mira Micah, me gustas, en serio. Tú en verdad eres agradable. Y no es que no te encuentre… atractivo, porque lo eres. Pero escúchame bien; no puedes ni siquiera considerar esto. No es sobre lo que nosotros queremos. Te podrían matar por lo que me estás proponiendo, incluso por lo que acabas de hacer.

Finalmente, el guardia lucía como que en verdad ponía atención a las palabras de Bill, su expresión se puso más sombría. Él exhaló y bajó la mirada, parecía resignado ante lo imposible de cualquier relación entre él y el chico—. Tienes razón —accedió después de un momento—. No es justo de mi parte, proponerte algo así.

Bill sacudió la cabeza suavemente—. De todos modos, no deberías tomar este riesgo. Nosotros casi no nos conocemos. No valdría la pena —alejándose, lo llamó—. Vamos, regresemos al harem.

Mientras caminaban de regreso, atravesando el pequeño zoológico, el guardia golpeó el brazo de Bill, provocándolo—. Pero sí crees que soy sexy.

El pelinegro no pudo reprimir una vergonzosa sonrisa, que cruzó todo su rostro, ante el comentario del hombre—. Dije que te encontraba atractivo, no te dejes llevar.

Oh, por supuesto que no —insistió—. Es sólo que me siento honrado, de que el elegante Bill piense que soy tan guapo, sofisticado, espléndido, genial, hermoso…

Cuidado ahí —Bill interrumpió—. Esas son palabras mayores. Te podrías lastimar —Micah sólo se rió ante eso y Bill replicó secamente—. Es bueno ver que mi rechazo no ha sido un impedimento para tus constantes bromas.

¡¿Rechazo?! —exclamó Micah, fingiendo indignación—. No conozco esa palabra. Y mientras continuaban su camino, el guardia bromeó con que “ni siquiera había comenzado su campaña” para ganarse el corazón de Bill.

El pelinegro estaba contento porque habían dejado atrás los temas serios, podría manejar el coqueteo con el guardia, pero los romances ilícitos bajo pena de muerte, no.

Más tarde en el harem, Bill consideraría con más seriedad, los problemas que pudieran surgir. Por primera vez, se le ocurrió preguntarse, si podría intimar con otra persona alguna vez. Las relaciones con los guardias estaban prohibidas. Incluso si ellos estuvieran interesados en relaciones heterosexuales, todas las mujeres del harem estaban estrictamente fuera de los límites, propiedad de sus respectivos amos y esposos. Bill sabía que no estaba listo para amar otra vez, pero aun si quisiera, no podría. Y si alguna vez quisiera estar con alguien casualmente, tampoco podría.

Bill pensó en Micah. No se podía negar que el guardia era bien parecido. Era guapo en una forma completamente opuesta a Tom. Donde el príncipe era de piel clara, Micah era oscuro. El guardia tenía el cabello castaño oscuro, sólo un tono más claro que el negro de Bill. Sus ojos tenían los párpados caídos, medio ocultando el café de sus pupilas. Su piel era bronceada, casi como si el sol estuviera allí genéticamente. Y como Deena había señalado, él siempre portaba una sonrisa maliciosa, como si lo que estuviera pensando, no fuera decente. El guardia podría parecer siniestro, de no ser por su actitud juguetona. De hecho, Bill recordó que en un principio creyó que el hombre era escalofriante.

Eso había sido antes de que Micah tomara la iniciativa y comenzara a hablarle. Durante las últimas dos semanas, el guardia se había aproximado a Bill cada vez que se presentaba la oportunidad, aguantando mayormente conversaciones de un solo lado, en las que él coqueteaba y bromeaba incesantemente y Bill principalmente lo ignoraba.

Lo que había comenzado como algo molesto, había evolucionado a algo encantadoramente molesto y eventualmente, las conversaciones se volvieron algo de calidad, de dar y recibir. A Bill le agradaba el guardia, podía admitirlo y estaría feliz de continuar su relación superficial. Coquetear era inofensivo, pero lo que el otro hombre le había propuesto ese día, era muy peligroso.

Tom y él ya no estaban relacionados el uno con el otro, pero incluso si el príncipe volteara la cara a su indiscreción, había muchos otros que no lo harían. Bill sabía cómo funcionaban las cosas allí; la mayoría de las mujeres y casi todos los guardias del harem, reportarían cualquier cosa ilícita que vieran, con la esperanza de mejorar su posición en la torcida jerarquía del palacio. Si él hubiera aceptado la oferta de Micah y fueran descubiertos, el otro hombre, sin duda alguna, sería sentenciado a muerte.

Y no hay privacidad en el harem. Bill sabía que si empezaba algo con el guardia, serían atrapados. Tal vez no de inmediato pero, eventualmente, los ojos o los oídos de alguien, quizás sabrían que estaban haciendo y las consecuencias serían horribles. Él no sería capaz de vivir con semejante culpa, así que lo mejor era evitar esos enredos.

Además, pensándolo bien, él no se consideraba el tipo para tener sexo casual.

& Continuará &

Notas finales de Sarahyellow: ¡Bill y Tom VOLVERÁN a estar juntos! Ese es el punto central de la historia.

Notas de MizukyChan: Me encantó Micah ¿Y a ustedes? A Bill le hace bien que alguien le recuerde lo bello que es. Vamos a comentar chicas. Besos.

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