Mi jaula dorada 30. Parte 1

Notas de MizukyChan: Hola a todos, quiero que pongan mucha atención porque en este capítulo pasan cosas muy importantes. Vayan a leer y disfruten el fic.

Bill ha estado en el harem 10 meses y 1 semana.

Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan

Capítulo 30. Parte 1

Bill había despertado en mitad de la noche.

Venía del baño, caminando de regreso a su habitación, cuando escuchó el eco de voces incoherentes, en algún lugar más allá del corredor. Eso de inmediato le pareció extraño. Primero, porque era muy tarde. ¿Quién estaría despierto sólo para conversar? Moviéndose más por el pasillo, pasó su habitación y las otras, para buscar la fuente del sonido. Las voces se hacían más distintivas a medida que se aproximaba a la curva, así que Bill redujo la velocidad, deteniéndose justo antes de girar. Tentando, dio una mirada por esa curva y el pelinegro descubrió que eran dos de ellos, apoyados en la baranda de la escalera.

Por su posición en la escalera, Bill sólo los pudo ver de las rodillas hacia abajo. Y estaba bastante seguro que ellos no podían verlo a él. Inclinándose en la pared, cerró los ojos, esforzándose por oír exactamente lo que estaban diciendo.

Conscientes de que los ocupantes del harem estaban dormidos, los dos hombres hablaban en rápidos susurros, pero sus voces eran tensas, rayando en una discusión.

¿Entonces vas a ignorar mis preocupaciones? —preguntó uno.

El otro hombre, cuya voz pudo reconocer pero no asociar, respondió lentamente—. No estás hablando de nada… “sombras”

¿Acaso las sombras no son creadas por objetos que sí son muy sólidos?

Dame una prueba. No puedo atacar a susurros fantasmales.

Hubo silencio por un momento, antes que el primer hombre le respondiera secamente—. Muy bien. Mientras tanto, esperemos que estas cosas se conviertan en nada o tú habrás cometido un gran error.

Segundos después, las pisadas de uno de los hombres sonaron fuerte en la piedra, claramente acercándose. Bill trató de coger aire e hizo una mueca ante el inminente ruido. Volteó para correr, pero no alcanzó a dar un solo paso, antes de ser sujetado fuertemente por el antebrazo.

¿Qué estás haciendo?

Bill giró el rostro para mirar al hombre, el miedo automático que había sentido se disolvió al instante. Anis era un matón, pero, con las restricciones de su posición, no tenía con qué justificar sus amenazas, y Bill no le tenía miedo. Sacudiendo el brazo para soltarse, el pelinegro dio un paso atrás.

Nada de tu incumbencia. Estoy autorizado para andar por estos corredores cada vez que me dé la gana.

El hombre más grande rugió muy fuerte—. Regresa a tu cuarto.

De hecho, eso era exactamente lo que Bill planeaba hacer, al lugar que quería ir (porque estaba muy cansado), pero no deseando estar de acuerdo con el guardia, dio un paso al lado, intentando rodear al hombre para pasar. Después de enojar a Anis por un buen rato, daría una vuelta por el segundo piso y regresaría a su habitación.

Pero sus intentos fueron detenidos, pues el guardia volvió a coger su mano. Honestamente, Bill quedó en shock cuando el hombre comenzó a arrastrarlo por la muñeca, por el mismo pasillo de vuelta a su cuarto. El movimiento fue tan repentino, que Bill no tuvo tiempo para coordinar su cuerpo y presentar batalla. Anis no disminuía la velocidad, y la fuerza con la que lo empujaba, provocó que Bill fuera trastabillando todo el camino, con dolor en los huesos por la fuerza del agarre.

Rehusándose a hacer cualquier sonido de dolor, Bill gruñó apretando los dientes—. ¡Me lastimas!

Anis no respondió. Empujando a la concubina frente a él, azotó a Bill contra la pared, y el chico tardó en darse cuenta de que estaba en la puerta de su habitación. El guardia se acercó, deslizando su brazo bajo el brazo de Bill hasta la espalda del menor. Por un momento Bill pensó que estaría a punto de ser asaltado físicamente. Pero un leve “clic” sonó y la puerta que Anis acaba de abrir, fue empujada.

Entra.

Bill achinó los ojos—. Pagarás por haberme puesto las manos encima. Esto —levantó su antebrazo, donde se mostraba la huella roja de una mano sobre su muñeca izquierda—, se pondrá morado. Y cuando eso pase, estarás en serios problemas.

Anis arrugó el ceño. Cruzando los brazos, dio un paso al frente y como resultado, Bill se vio obligado a retroceder varios pasos en su habitación, seguido de cerca por el otro hombre.

¿Oh, en serio? —preguntó—. ¿Y a quién exactamente le llevarás las quejas, ah? ¿Al amante que te abandonó o al sultán que te odia?

Bill sintió que la sangre abandonaba su rostro, por ambas razones: por la forma impertinente en que el guardia se refería al príncipe y por la comprensión de que lo que el hombre había dicho era cierto. No tenía a nadie a quien recurrir por protección si Anis hiciera efectiva una de sus numerosas amenazas y lo lastimara. Podría ir con sus amigas por consejo y piedad, pero ellas tampoco podrían hacer nada. El pelinegro nunca había considerado la posibilidad de que Anis abusara de su poder de esa manera, pero la forma en la que hombre había actuado, dejaba en claro que esa posibilidad sí existía.

Sintiéndose particularmente inútil, Bill ignoró la pregunta del guardia y en cambio, respondió furiosamente—. Sal de mi cuarto. Ahora.

Para alivio del pelinegro, el hombre más grande retrocedió hasta la puerta—. Mientras te mantengas aquí —contestó. El guardia salió de la habitación, cerrando la puerta tras él.

Caminado hacia adelante, el chico abrió la puerta con sus manos, dejándola junta—. No me digas dónde puedo y dónde no puedo ir —Anis simplemente gruñó y volvió a cerrar la puerta. Bill quitó sus manos rápidamente, porque sus dedos casi quedan atrapados por el portazo. Echaba humo mirando la puerta, imaginando que sus ojos traspasaban el material y perforaban la espalda del guardia, quien se retiraba. Volteó y dando zapatazos, llegó al diván y se sentó en él.

Su enojo era en parte por las acciones del hombre y en parte por lo que había dicho. Bill suspiró, pensando en qué podría hacer para rectificar el problemita. ¿A quién podría recurrir si Anis decidiera lastimarlo? Un momento de reflexión produjo múltiples opciones, las cuales no habían sido visibles al calor del instante previo. Bill sabía que Saki era un hombre bueno y justo. El guardia más viejo no jugaba con favoritismos ni manipulaciones, como hacían muchos otros. Pensó que Micah también se pondría de su lado, si se lo pidiera.

Eso era reconfortante, pero aún existía un problema: ninguno de los hombres mencionados tenía poder, si es que llegara a necesitar remover a Anis del harem. Como el mismo Anis había dicho, sólo Tom, el sultán y otros pocos tenían dicho poder. Bill ni siquiera consideró al sultán sería una opción ridícula, pero sí se preguntó por Tom. Por lo que el pelinegro había apreciado, el príncipe no parecía estar molesto con él. No había habido malicia en el otro hombre, la última vez que hablaron. Bill pensó que seguramente, si le escribía a Tom, detallándole la ofensa como un serio abuso físico, el rastudo no se quedaría de brazos cruzados.

Después de hacer una lluvia de ideas con todas las posibilidades para conseguir protección, Bill volvió a pensar en el comportamiento de Anis, sólo minutos atrás. El mutuo disgusto entre él y el guardia, siempre había estado allí, pero los desplantes públicos de hostilidad habían ido en aumento, desde que Bill lo golpeó en la nariz aquel día. Bill sabía de la enemistad de Anis contra él, pero ¿qué había provocado al guardia para acosarlo físicamente como ahora? ¿Tan horrible había sido que escuchara ese pedazo de conversación privada?

Bill repasó en su cabeza exactamente lo que había oído hablar a los dos hombres. «Nada tan terrible» Pensó el pelinegro. Ciertamente no era nada para que Anis comenzara a actuar a la defensiva. A menos, estaba claro, que sólo hubiera pillado el final de aquella charla. Anis no había tenido forma de saber cuánto había escuchado la concubina, tal vez pensó que el chico había oído mucho más.

Bill se puso de pie y se quitó la bata que antes se había puesto para dormir. Gateó de vuelta a la cama y se preguntó con quién estuvo hablando Anis a los pies de esa escalera. ¿Y qué exactamente se suponía que eran esas “sombras y susurros”?

&

Y ese fue el cuento del genio y el pescador.

Mientras la multitud que se había reunido aplaudía, cada chica que había participado en la pequeña obra, caminó hacia el frente luciendo sus disfraces, e hicieron una reverencia.

Bill y Nephthys aplaudieron en el lugar donde se hallaban sentados.

Semanas atrás, Deena había anunciado sus intenciones de preparar una obra para que todos los ocupantes del harem, se divirtieran. Con todos sus trucos, fácilmente “reclutó” a más de una docena de chicas para el show. Manar se ofreció de voluntaria para ayudar en la organización del evento. Mirando a la parte de atrás del escenario, Bill vio que la princesa estaba de pie junto a su amiga, mientras Deena daba un pequeño discurso, diciéndole a todos, lo agradecida que estaba porque “tantos habían venido a verla”. Ciertamente, parecía que todos los ocupantes del harem habían llegado a ver la obra. Pero no era tan sorprendente, ya que no habían demasiadas cosas que hacer, que no hubieran hecho antes. Las lluvias invernales, aún los tenían atrapados puertas adentro, así que todos asistieron.

Para ser honestos, Bill no esperaba que la obra fuera tan buena. La calidad del entretenimiento, fue una grata sorpresa. Inclinándose le dijo a Nephthys lo que pensaba—. Fue bastante bueno, ¿no crees?

La chica de la servidumbre asintió, sonriendo—. Sí. No pensé que sería tan buena.

Lo sé —Bill estuvo de acuerdo, poniéndose de pie mientras su amiga se disponía a hacer lo mismo—. Y fueron tres horas completas. Yo pensé que a estas horas estaría dormido.

Nephthys rió y asintió, mientras se movían por entre la emocionada multitud—. Supongo que por ese simple hecho, podemos llamarle un éxito.

Cruzando un arco, para alejarse a una habitación más pequeña, Bill se tambaleó un poco cuando sus pies se enredaron con la esquina de la alfombra.

¡Ups! —exclamó y casi suelta la copa que sostenía. El vino del interior se movió peligrosamente cerca del borde—. Eso estuvo cerca.

Justo en esos momentos, Mahtob entró en la habitación. Viendo que el pelinegro casi cayó, se rió, elevando su copa hacia él—. ¡Bill! —Ella imitó un susurro, apenas conteniendo su creciente risa—. ¡TEN CUIDADO! —Se acercó y palmeó fuertemente el brazo y hombro de Bill, apoyándose en él, logrando que ambos volvieran a tambalearse.

Bill sintió unas ilógicas ganas de reírse. Bajando la mirada a la chica que estaba pegada a su lado, rió y dijo—. Creo que estás un poquito más borracha que yo.

De pronto con mucha seriedad pintada en la cara, Mahtob se acercó más, clavando un dedo en el pecho de Bill—. ¿Sabes qué? —Arrastró las palabras—. Creo que tienes razón.

Bill estalló en risotadas, lo que ocasionó que Mahtob riera también y al verse así, ambos rieron aún más fuerte. Al otro lado de la habitación, Nephthys hizo un sonido de enfado.

¿Cómo pueden si quiera decir que beber esa cosa es divertido, cuando lo único que hace, es convertirlos en un par de idiotas balbuceantes?

Bill alzó la vista al oír hablar a su amiga y tal vez le habría prestado atención, pero en esos momentos Mahtob comenzó a hipar y entre cada hipo involuntario, soltaba lágrimas de puro júbilo. Nephthys rodó los ojos.

Son unos ridículos. No voy a andar con ustedes, mientras se vean así. —Y luego, abandonó la habitación, dejando que los otros dos, buscaran solos, su camino de regreso a sus cuartos.

Caminaron por los corredores del harem. Bill trataba de ayudar a Mahtob a caminar derecho, pese a que él mismo se balanceaba constantemente—. ¿Sabes? —comentó el pelinegro—. Nunca antes te había visto beber.

Bueno, eso es porque nunca lo hago. El alcohol es estúpido —declaró la chica.

Y sin embargo, aquí estás… borracha —llegaron a la habitación de Mahtob. Tratando de sujetar a la chica contra la pared, Bill maniobró para abrir la puerta. Sin embargo, tuvo que girar rápidamente, porque su amiga había comenzado a deslizarse hacia abajo—. Cayéndote de borracha —corrigió, guiándola hacia el cuarto.

Dejando que se sentara en la cama, Mahtob se mofó de sus palabras—. Bueno, sí, eso es por culpa de Tom. Él también es estúpido.

Bill levantó una ceja—. ¿Estás diciendo que Tom te hizo beber?

La chica en la cama asintió, abrazando su almohada—. Sí. Él es estúpido.

Okey… —Bill no discutiría eso, pero tampoco estaba exactamente seguro que conllevaba la palabra “estúpido” aquí—. ¿Por qué es estúpido? ¿Qué hizo?

Viéndolo desde las mantas, Mahtob contestó—. Se va lejos. Muy lejos… a la guerra.

El pelinegro se congeló al oír esta información. La guerra con Foularr ya llevaba más de un mes. Las pocas noticias que ellos recibían, eran mayormente sobre numerosas e inesperadas pérdidas, por haber llegado tan pronto, así como también noticias sobre las terribles condiciones climáticas.

¿Estás segura? —preguntó Bill. Por alguna razón, el pensar en Tom en medio de todo aquello, le daba un raro sentimiento nauseabundo en pleno estómago.

Sí —se quejó la chica—. Se va. No va a cambiar de opinión. Estúpido.

No sabiendo qué decir sobre eso, Bill movió las mantas para cubrir a su amiga.

Mmm, gracias —dijo Mahtob cerrando los ojos. Parecía que sus previas preocupaciones se hubieran esfumado.

¿Estarás bien ahora? —cuestionó suavemente el pelinegro, no queriendo dejar a la chica por si sentía deseos de vomitar.

Pero no recibió ninguna respuesta. Mahtob se había dormido. Mientras caminaba hacia la puerta para dirigirse a su propia habitación, oyó los sonidos de un suave ronquido de la chica que yacía alcoholizada en la cama.

&   Continuará   &

Ay no, ¿qué hará Bill ahora que Tom se va a la guerra? Especialmente sabiendo que si él no está, será posible que Anis lo siga maltratando.

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