Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan
& Capítulo 19 &
Llevándolo del brazo, Deena maniobró entre la multitud. El pulso de Bill se aceleró cuando se dio cuenta de que lo estaba guiando hacia una mesa, donde el príncipe y sus amigos estaban sentados. Levantó el vaso hasta sus labios y lo tragó.
Tom levantó la mirada y los vio justo cuando llegaron. Bill miró como se reían de algo que un amigo del príncipe había dicho.
—Hola —saludó Deena.
Tom volteó su rostro hacia su concubina mujer—. Hola Deena.
—¿Disfrutaron del show? —Esa pregunta fue directamente para Tom y el hombre más pequeño que también se hallaba sentado a la mesa.
Tom asintió, con sus ojos brillando ante la piel aún dorada de Bill—. Fue definitivamente… algo nuevo —les elogió, ladeando el cuello, sin apartar la mirada de Bill—. ¿No lo crees, Gustav? —El rubio detrás de él asintió y Bill tuvo la sensación de que el hombre no hablaba mucho—. El estilo indio de la danza fue bastante… sensual.
Bill tuvo que contener un temblor, ante el tono zalamero de las palabras de Tom. Casi podía sentir el calor de la mirada del príncipe, quemándole la piel.
Deena parecía completamente inconsciente de este intercambio, porque inmediatamente comenzó a re-contar la historia de cómo había organizado todo. El príncipe miró a Bill con una expresión divertida y el pelinegro comprendió que Tom no estaba interesado en la plática de la chica.
—… Y luego parecía que todo se había arruinado, pero pude arreglarlo, consiguiendo músicos indios reales —la chica batió sus palmas entusiastamente ante lo último—. Y bueno… ustedes los escucharon esta noche, ¿no creen que fueron simplemente perfectos?
Tom rompió el contacto visual con Bill y se puso de pie, posando sus manos en los hombros de Deena, concordando—. Por supuesto que sí. Hiciste un fantástico trabajo Deena. Todo el mundo disfrutó el espectáculo.
La chica irradiaba alegría.
Tom retrocedió y le dio una breve mirada a su amigo—. ¿Por qué no le cuentas más a Gustav, mientras Bill yo hablamos?
La sonrisa de Deena flaqueó por un segundo, decepcionada porque el príncipe la sustituyera, pero luego volteó y consideró al silencioso hombre en la mesa. Decidiendo que era un blanco fácil al cual contarle su historia, sus ojos se volvieron a iluminar y se movió para ocupar la silla vacía—. Bueno… ¿sabías que yo también diseñé los disfraces? Lo que hicimos fue esto: …
Tom cogió a Bill por la curvatura de su codo y lo llevo con él, lejos de la chica parlanchina. Él rápidamente los guió a través de los arcos hacia el fresco mármol de los corredores del palacio. Giraron por varias esquinas, hasta que estuvieron de pie en una habitación, muy bien separada de la conmoción del exterior. El ruido de la celebración, era sólo un tenue murmullo en los oídos de Bill, mientras el príncipe lo arrinconaba contra la pared, poniendo las manos en sus caderas.
—¿Por qué no me dijiste que bailarías esta noche? —Le preguntó, acercándose hasta posar un beso fantasma en la dorada mandíbula de Bill.
Los ojos del pelinegro se cerraron, una ola de excitación recorriéndole por la cercanía del príncipe—. No lo sé —mintió—. Me olvidé —Bill no le dijo que quería impresionarlo.
Él había sido uno de los bailarines más reacios de Deena, constantemente quejándose por lo provocativo de los bailes. Pero en su interior, en un lugar que raramente aparecía en su conciencia, había estado emocionado ante el prospecto de bailar tan atractivamente, frente al príncipe. Él había querido que Tom lo viera así; que lo deseara. Ahora, con el príncipe presionando contra él, respirando sobre su piel, Bill pensó que seguramente había logrado su objetivo.
—Nunca te había visto de esa forma —admitió Tom—. Tenías tanta confianza, te veías tan “oscuro” y… salvaje —recorrió con sus dedos, la mejilla de Bill, justo debajo de la banda roja.
Bill se pegó contra la pared, pero aun así estaban muy cerca—. ¿Te gustó?
«¿Te gusté?»
El rastudo asintió imperceptiblemente—. Estuviste asombroso —sonrió—. Nunca te vi lucir tan masculino.
Los ojos de Bill ardieron tras el maquillaje que los rodeaba—. Pero soy un chico. Lo sabes.
Los ojos de Tom se oscurecieron, sus pupilas crecieron y cuando su voz salió, sonó baja, presa de la excitación.
—Lo sé.
Bill tuvo un segundo para ver como el deseo se desplegaba por los rasgos del príncipe, antes de que ya no pudiera ver nada en absoluto, porque estaba siendo besado. El chico suspiró ante la deliciosa presión que ejercían en su boca, los labios del príncipe se movían firmemente contra los suyos. Ladeó su cabeza al momento de sentir que el agarre en su cintura se intensificaba. Tom movió sus bocas lentamente, permitiéndose a sí mismo disfrutar cada sensación. Bill se sentía caliente y maravilloso bajo sus manos y los pequeños sonidos que soltaba, hacían hervir su sangre.
Bill no pudo reprimir el suave gemido que se le escapó, cuando el príncipe lamió la comisura de sus labios. Respondió la silenciosa propuesta, abriéndolos para un beso apasionado. El calor húmedo aumento en su boca, cuando el hombre la exploró, hurgando para probar al chico.
El calor, acompañado de la presión del beso, envió olas de placer a través del cuerpo de la concubina. Sentía que su piel quemaba, en cada lugar que el príncipe tocaba y la excitación en su vientre crecía a medida que su boca era invadida. Bill podía sentir como su deseo aumentaba; el deseo de tocar, la necesidad de ser tocado, creciendo a cada acelerado minuto. Subió sus manos por los brazos del príncipe, enterrando sus dedos tras los anchos hombros.
Bill presionó de vuelta, contestando el beso, hasta que su lengua también penetraba al otro, buscando. Tom gruñó al sentir que el chico empujaba contra su boca. Se inclinó, poniendo sus brazos alrededor de la delgada cintura, levantando al pelinegro contra él y succionó la resbaladiza lengua entre sus labios.
Bill soltó un pequeño chillido de sorpresa cuando su acción se volvió en su contra, su boca capturada por el otro hombre. Retrocedió y Tom lo soltó para juntar sus frentes, sus alientos jadeantes se mezclaban entre ellos.
—Oh… —Bill suspiró.
—Mmmhmm —Tom acarició con su rostro, el cuello del chico. Pasó sus labios por sobre la piel, sacando su lengua, para probar si la pintura tenía algún sabor. No lo tenía. Una densa nube de lujuria envolvió al par y Tom pudo sentir la evidencia de su excitación, presionándola en el estómago de Bill al preguntar—. ¿Quieres…?
Bill respondió “sí” sin pensar. Y luego Tom cogió su mano, guiándolos fuera de su lugar secreto. Se movieron a través del corredor, volaron por las escaleras y luego bajaron por otro pasillo, hasta donde yacían las habitaciones del príncipe.
Dentro del cuarto, Tom aprisionó a Bill contra las puertas y se inclinó para succionar la piel. Bill gimoteó y se aferró a los hombros del rastudo, enterrando los dientes en una de sus manos. La erección del príncipe se sentía maravillosa atrapada contra su carne. Bill sabía que estaba igual de duro y no tuvo vergüenza en restregarse contra el muslo del otro hombre.
Soltó un suspiro de placer y Tom soltó su cabello para unir sus bocas otra vez, en un beso descuidado. Esta vez, más rápido y firme. Bill gruñó sonoramente mientas sus lenguas se entrelazaban, recorriendo con sus manos, la espalda del príncipe.
Bill ronroneó en protesta y se movió hacia adelante, cuando se separaron para buscar más contacto. Pero Tom se resistió, llevando sus manos al rostro del joven y así ganar su atención. Las pestañas del pelinegro se alzaron para enfocarse en el príncipe y en la pregunta que flotaba en sus ojos.
«¿Realmente quieres esto?»
Una ola más grande que la lujuria lo atravesó y supo de inmediato, que sí lo quería. Asintió, dando su permiso y luego Tom comenzó a caminar en reversa, adentrándose en la habitación. La mirada de Bill se desvió de los elegantes rasgos del príncipe hacia la montaña de sábanas y almohadas detrás de ellos, que se acercaba más y más, hasta que ambos yacían en la cama, lado a lado. El brazo derecho de Tom viajó hasta su cintura, acercándolo y Bill no tuvo idea, de dónde salió la ola de pánico que de pronto le asaltó.
Saltó hacia atrás, lejos de los brazos del príncipe y se puso de pie, lejos de la cama, retrocediendo varios pasos. Su boca se abría y cerraba como un pez, pero ningún sonido salió; no sabía qué decir. Tom se alzó en su lugar en la cama y miró a Bill… confundido.
—¿Qué sucede?
Bill sacudió la cabeza—. No lo sé —suspiró.
El rostro de Tom cambió a uno de dolorosa comprensión y sentándose dijo—. No quieres esto —admitió.
Los labios de Bill se abrieron y sacudió la cabeza—. No. Sí lo quiero —se apresuró a decir.
Tom lo miró con incredulidad, listo para decirle que era una mentira.
—Lo quiero, de verdad —Bill achinó los ojos, mirando el suelo, mordiéndose el labio y frunciendo el ceño—. Es sólo que… no puedo —levantó los ojos de vuelta al príncipe, donde podía ver escritos la confusión y el dolor—. No puedo, lo siento. No todavía.
Tom suspiró y se levantó de la cama, caminó hasta la concubina que ahora veía hacia otro lugar para no enfrentar su mirada.
—Bill.
La mirada del chico volvió brevemente a su rostro y luego regresó al piso—. Yo… no puedo —repitió.
Tom llevó la palma de su mano a la mejilla del menor—. Bill yo —mírame Bill—. No tienes que hacerlo.
El príncipe observó como el pelinegro levantó su cabeza, odiando que luciera levemente sorprendido. Tom acarició con su pulgar la sien del chico, esparciendo la pintura roja. Se inclinó y besó la frente de Bill.
—Cuando estés listo —susurró, respirando en su pelo.
&
Bill recorrió los pasadizos del palacio de vuelta al harem, no estaba de ánimos para volver a unirse a la fiesta, que estaba seguro, duraría hasta bien entrada la noche.
El príncipe había guiado a Bill hasta la puerta, con la promesa de que pronto se volverían a reunir. «Me dejó ir» Pensó Bill, embobado.
La concubina había esperado persuasión, coerción, incluso el uso de la fuerza, pero no simplemente… haberlo dejado ir, haber sido autorizado a detenerse en medio de un abrazo apasionado y luego… irse. Lo que el príncipe había hecho, significaba mucho más para Bill, que todo lo que el hombre hubiera dicho o hecho para ganar su favor. Pasó la mano por la pared preguntándose por qué no había podido dejar que el príncipe continuara tocándolo.
Bill sabía que era por la forma en la que había sido violado antes. Cuando los toques íntimos habían alcanzado cierto nivel, las emociones de Bill habían cambiado de la lujuria y deseo descontrolado, al pánico y miedo desbocado. Bill no había querido tener miedo, no quería que se detuviera, pero la reacción simplemente se salió de control, fría como el agua, incontrolable.
Bill giró en una esquina y suspiró. Sabía que ni siquiera era Tom, de quien estaba asustado, sino más bien de la situación. En el momento en se movieron a la cama, cuando sintió el colchón debajo suyo y un cuerpo caliente sobre él, retrocedió de golpe cuatro meses, cuando él había estado en esa misma cama, pero bajo muy diferentes circunstancias. El miedo de esa noche lo había atravesado y le había tomado a Bill, varios segundos para darse cuenta dónde y cuándo estaba.
Bill se detuvo y golpeó la pared en frustración. No sabía por qué se sentía así, por qué no podía controlarlo. Se sentía estúpido por no poder separar el pasado del presente. Tom no lo estaba violando ahora; ¡él quería hacerlo! Bill miró el suelo y sonrió débilmente. Había querido quedarse en esa habitación, continuar con los toques que él y el príncipe habían comenzado. La concubina sabía hasta donde les habrían llevado y no le importaba. Habría pasado la noche con el príncipe, Bill lo sabía y no tenía miedo.
No podía, eso le había dicho; no aún. No estaba listo. Bill no sabía cuándo estaría listo, no sabía cómo prepararse para estar listo. Había querido dormir con el príncipe esa noche y sin embargo, algo se había metido en el camino y lo había detenido. Ese era un problema que estaba dispuesto a solucionar.
Cuando llegó a su cuarto usó un trozo de tela —lo echó en un bol de porcelana con agua y se sentó en la cama— para limpiar la mayor parte de pintura de su cuerpo, decidiendo que se bañaría cuidadosamente al día siguiente.
Sólo cuando se vistió con una suave bata de algodón y se metió en la cama, pensó que todos estaban en la celebración. Cuando dejó las habitaciones del príncipe había estado solo, sin guardias.
Habría podido salir caminando del harem y de las paredes del palacio.
Bill se abrazó más a la almohada y se dijo a sí mismo que no estaba molesto, sólo por el extremo sueño que sentía.
& Continuará &
Notas de MizukyChan: Hola chicas, bueno al final de este capítulo pudimos ver algunos de los trastornos que permanecen en la mente de las personas que han sufrido agresiones sexuales, porque pese a que Bill quería quedarse con Tom, tener un flashback o un recuerdo de la violación, te sitúa en ese preciso momento, paralizándote. Esperemos que tenga la fuerza y el ánimo para superarlo, porque el príncipe demostró que lo respetará hasta que esté listo.
