Mi jaula dorada 18

Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan

& Capítulo 18 &

El ensayo con vestuario de la noche anterior, había ido bastante bien, y ahora Bill y otras trece estaban de pie, escondidos detrás de unos paneles de tela hechos a mano, escuchando la música, mientras otras diez concubinas se presentaban al otro lado de las cortinas. Estaban haciendo una danza nativa de Bagrah; una que empleaba bastantes movimientos de cadera. Bill no estaba participando en el primer número por tres razones: una, era desagradablemente erótico; dos, no se arriesgaría a usar cualquier versión masculina “provocativa” de esos trajes que a Deena se le pudiera ocurrir; y tres, él simplemente no tenía las curvas femeninas que esos movimientos debían enfatizar. La última fue la única razón, por la que Deena no lo dejó participar.

Bill escuchaba el sonar de los tambores al otro lado de las cortinas y pudo saber que la canción estaba por terminar. Él y las mujeres a su alrededor, pronto tendrían que caminar al lugar donde los altos dignatarios estaba sentados. Miró a las mujeres a su alrededor, para ver si alguna de ellas lucía nerviosa como él se sentía, pero no lo estaban.

Por supuesto, ellas no tenían tanto de qué preocuparse. Deena y Nephthys habían centrado las coreografías en él, volviéndolo el centro de atención. Había discutido sobre eso hasta el final, pero eran tercas.

Eres el único hombre. No te podemos vestir con una “sari” para que bailes en línea con todas las chicas.

Así que fue forzado a tomar el punto central de toda la coreografía.

Cada baile indio contaba una historia, había dicho Nephthys, así que éste había sido diseñado para relatar un cuento sobre un cortesano, encantado por una mujer que conoció en la celebración de una boda. Bill y Manar cumplirían los dos roles principales, bailando en el centro y al frente. Sus trajes eran de una azul brillante. El de Manar era una versión más elaborada de las “saris” amarillas que vestían las otras mujeres, mientras que el de Bill, era similar a una toga con un set de pantalones. Estaba muy feliz de, por lo menos, haberse cubierto el torso en este baile; en el otro baile, no tuvo esa suerte. Su pelo iba atrás en una cola de caballo. Habría una larga pausa entre su primera y segunda actuación, para permitirle realizar los cambios de vestuario, peinado y maquillaje.

La música se detuvo y se escucharon los aplausos. Deena apareció y les susurró bruscamente que estuvieran listos. Bill levantó la mandíbula y respiró. Era el momento.

En el segundo en que el canto comenzó, emergieron desde atrás de la cortina. Para cuando el primer “ringa” se cantó, ya estaban en formación y bailando. Los pensamientos de Bill se apagaron y sólo siguió los movimientos que había practicado tantas veces. El estilo de la danza era muy flexible y repetitivo. Bill estaba parado en un pie, rodilla alzada y esperando a la siguiente cuenta de ocho, antes de completar un complicado movimiento en el que él, giraba totalmente, manteniendo su cuerpo rígido como piedra, dando la impresión de que su pie seguía pegado al suelo. Era el momento en el que Manar entraba, tomando el papel de una hermosa mujer. Se deslizó alrededor, reuniendo a sus amigas de la fiesta de matrimonio, para que le acompañaran. La mitad de las chicas fue al lado de la rubia y las otras seis que quedaron con Bill. Manar y su grupo bailaron en el centro de la pista, mientras Bill las rodeaba.

A Bill no le había gustado el aspecto teatral de la danza. Se suponía que el cortesano miraba hambrientamente a la mujer. Con práctica había logrado lucir “astuto”. Deena no estaba satisfecha, pero Nephthys pensó que lucía “malvadamente sexy”. Lo que fuera que eso significara.

Normalmente, la danza era agotadora y difícil de realizar, pero haciéndola ahora, en frente de una audiencia, el pelinegro se sentía energizado. La adrenalina corría por su cuerpo, mientras Bill y sus seis bailarinas saltaban por el suelo en cuclillas, algo que era realmente más difícil de hacer de lo que parecía.

Los bailarines continuaron moviendo sus cuerpos en aquel estilo particular que habían aprendido. Y cuando la canción estaba por llegar a su fin, Bill se unió a Manar en el centro de la pista, los dos grupos de bailarines estaban al fondo, mezclándose y moviéndose hacia los extremos. Manar completó sus movimientos finales, haciendo círculos alrededor de Bill, encantándolo. Las mismas notas con las que había comenzado la canción, la terminaron y los tambores dieron su último batir, mientras los bailarines tomaban su postura final.

El pecho de Bill se movía en profundas respiraciones y cuando Manar conectó sus ojos con los suyos, una amplia sonrisa apareció en ambos rostros. La audiencia aplaudía sonoramente y Bill miró al público por primera vez desde que emergió de las cortinas.

La plaza del patio donde habían estado bailando era grande, rodeada en tres partes, por oficiales. El sultán estaba al frente. Bill sabía que estaba allí, pero no había pensado mucho en ello. Al lado del gobernador se sentaba un hombre que lucía igual de importante, seguramente era el monarca que estaba de visita. Bill continuó escaneando la multitud y su mirada se posó en el príncipe.

Tom estaba a la izquierda, lejos de los reyes y sus séquitos. Estaba con Georg y varios hombres más que Bill no reconoció y sus ojos también estaban fijos en los de Bill. El rastudo lucía bastante en shock.

Bill sonrió, Tom no había sabido que él participaría en el pequeño proyecto de Deena. Él no le había contado. Había sido muy difícil para la conversadora concubina, pasar tiempo con el príncipe y tener que ocultarle sus quejas sobre las agotadoras sesiones de práctica de Deena. Pero se las había arreglado. Y viendo la mirada sorprendida en el rostro de Tom, todo había valido la pena.

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Bill había estado desconfiado con el príncipe, después de su primer beso hacía tres meses, pero cuando Tom había regresado a verlo en una forma amistosa, Bill dejó caer su guardia. Luego el príncipe lo había besado en el patio y él no lo había detenido. Más besos le habían seguido y Bill tampoco había detenido aquellos. Se había sorprendido a sí mismo de disfrutar libremente las visitas de Tom durante el día y se sentía un poco culpable por ello en las noches. Su resentimiento contra el otro hombre, por lo que le había hecho, lentamente se diluía. Bill no sabía si estaba perdonando u olvidando, pero de cualquier manera, ya no podía decir que odiaba al príncipe.

Si eso lo hacía débil, que así fuera. Bill sabía y sólo ahora podía admitirlo que encontraba la príncipe, extremadamente atractivo. El rastudo tenía un rostro hermoso con rasgos maravillosos y aunque siempre vestía impecablemente frente a Bill, la concubina podía apreciar, la forma oculta que las ropas bordadas cubrían.

Bill no sabía quién lo había forzado aquella noche, porque este hombre era completamente diferente. El pelinegro sabía que Tom tenía escudos. Podía ver que se esforzaba por mantener un cierto grado de desapego. Pero también era claro que esas barreras estaban cayendo. Cuando pasaban tiempo juntos, el príncipe rápidamente olvidaba su propósito y se abría, reía y conversaba con facilidad. Era en esos momentos momentos en los que Bill realmente veía a Tom que se encontraba a sí mismo olvidando lo pasado y aumentando el cariño por él.

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Bill hizo una reverencia junto a los otros participantes y todos se retiraron detrás de la cortina. Deena y Nephthys estaban allí, esperando para felicitarlos por tan buen trabajo.

¡Estuviste genial! —Gritó Nephthys, corriendo y saltando, para abrazar al chico más alto.

Bill se rió, con los hombros encorvados por el peso de la chica—. Gracias. Estoy aliviado porque no me caí.

Nephthys retrocedió y juntó sus manos, feliz—. Sabía que no lo harías. Necesitas tener más confianza.

Bill alzó los hombros. Pensó que Nephthys no comprendía cuán afortunado había sido de haber realizado todo el baile. Con su ayuda, Bill había ganado bastante confianza en el último mes de práctica. Mientras Deena cogía su brazo para arrastrarlo a las preparaciones para el segundo baile, se dio cuenta de que no estaba nervioso.

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Las concubinas que participarían en el baile final, fueron llevadas a una pequeña habitación del patio. Antorchas fueron encendidas, mientras los parpadeantes rayos del sol se apagaban hasta desaparecer. Bill y todas las chicas usaron esponjas, humedecidas en una vasija con agua, para humectar su piel. Entonces les pidieron quedarse muy quietos y casi completamente desnudos, mientras eran bañadas en un polvo que se secaba instantáneamente, volviendo sus cuerpos: dorados.

Bill pensó que Deena se estaba vengando por este baile menos sexual, al obligarlos a pintarse de esa forma tan ridícula. Una sirvienta, a la que Bill no conocía, dio un paso al frente y le ayudó a atar su complicado disfraz de seda, alrededor de su cintura y entre sus piernas, para que el abanico de tela plisada se estirara en el frente, como se suponía que debía hacerlo.

Luego lo guiaron con otras mujeres para que se sentara con las chicas que lucían trajes similares al suyo, pero con un top. Luego otra mujer se adelantó y se puso en el piso a sus pies, tomando rápidamente su pantorrilla dorada y comenzó a aplicar con un dorado más profundo, una hoja de henna al final de sus piernas. Bill observó cómo sus dedos se movían ágilmente, haciendo que la tarea pareciera simple. El delicado trazado de las marcas, bajando por las pantorrillas y talones como chispas de fuego, eventualmente formaba un intrincado patrón sobre sus pies. Se inclinó para tocar una, pero antes de que su mano llegara, fue bruscamente golpeada.

Tuvo que dejar de mirar y llevar su cabeza hacia atrás, ya que una nueva mujer llegó para pintar una banda roja cruzando su rostro, que iría de oreja a oreja cubriendo sus ojos. La chica a sus pies se levantó, para dibujar diseños iguales en sus antebrazos y manos. Cuando declararon que la pintura estaba seca y le permitieron a Bill volver a moverse, se deslizó para sentarse en el suelo, para que la chica que había pintado sus ojos se ubicara en la silla que él ocupó y comenzara a peinar su cabello.

Amplias bandas de cuero fueron cubiertas con hileras de cascabeles y atadas en sus tobillos, para completar el atuendo. Las otras concubinas conversaban nerviosamente entre ellas, admirando sus apariencias.

Mahtob caminó hacia él, luciendo dorada y frívola. Le sonrió emocionada. Ella haría el papel de uno de los aldeanos pacíficos que Bill y su “ejército” pronto asesinaría.

¿No es genial? —Rió y levantó las manos, para dar un giro y mostrarle a Bill una mejor vista de su traje.

Bill se retorció—. La pintura me pica —resistió la idea de agacharse y rascar sus piernas.

Mahtob sacudió su cabeza—. Es sólo tu imaginación. Deja de pensar en ello.

Hablaron Mahtob riendo tontamente por los nervios, Bill quejándose por el disfraz y luego ya era hora de regresar al patio y prepararse.

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Las celebraciones se habían realizado durante todo el día y el príncipe había, responsablemente, participado en todas. Algunas eran mucho más interesantes que otras. Tom había observado la danza extranjera por varios segundos, antes de darse cuenta que Bill estaba allí y sorprendiéndose ante ello. Nunca hubiera esperado algo como eso de parte del esclavo pelinegro, quien era muy tímido y buscaba siempre cuidar de su privacidad. Y aun así, allí ante sus ojos, había estado Bill, bailando en perfecta sincronía con los otros. Tom pensó que se veía increíble moviéndose de esa forma. Y se le ocurrió pensar en cuánto debieron trabajar, Bill y los otros, para realizar ese baile. Tenía un ritmo rápido y fue muy largo, no parecía ser fácil.

Tom había esperado que Georg hiciera algún comentario para molestarlo, por su concubina varón, pero no llegó ninguno. La atención del castaño había estado fija solamente en la bailarina principal. La misma hermana de Tom había estado bailando al frente contrastando con sus otras chicas, mientras que Bill había hecho lo mismo con su grupo. El pelinegro había vestido un traje de seda azulado. Los dos protagonista del frente, claramente sobresalían del resto, bailando como cabeza del grupo, o guiando el camino por el piso de piedra del patio.

El príncipe nunca antes había visto esa clase de baile. Él había observado, impresionado, como Bill realizaba toda clase de hermosas destrezas; pero que sin duda eran poses y movimientos muy difíciles. La concubina varón, junto con las otras seis bailarinas que lo seguían, se movían más angulosas, modificando el estilo, para parecer más masculino que el grupo de Manar, cuyos movimientos eran más suaves, incluían más caderas, y mirándolas más de cerca, se asemejaban a las danzas del vientre de Bagrah. La presentación había estado llena de acción y emoción. Tom estaba cautivado por el “look fiero” que los rasgos del pelinegro habían adoptado.

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Tom escaneó al grupo que actualmente estaba bailando. No sabía dónde se había ido Bill, y estaba haciendo lo imposible para no desilusionarse con su desaparición. Tras él, Georg le estaba contando a Gustav cuan maravillosa era su prometida.

¿No fue maravilloso? Hombre. En serio. Mierda, tan sexy.

Gustav se acercó a la mesa y le palmeó la mano—. Cálmate semental, la boda no es hasta dentro de dos meses más.

Georg arrugó el ceño y se volvió a hundir en su silla. Tomando su vaso y bebiendo profundamente, dijo—. Lo sé. Y si ella baila así en la fiesta, haré más de lo que Bill hizo; le saltaré encima.

Tom volteó la mirada con la mención de su concubina varón—. ¿Lo conoces?

Gustav lo miró divertido—. Hablas de él todo el tiempo, Tom.

La cara del rastudo se calentó—. No es cierto.

Lo he visto en el harem un par de veces. Él lucía tal como lo describiste, por eso lo reconocí. Además, todos sabemos que eres el único que tiene un chico allí —dijo Georg, su tono no era desdeñoso, más bien perplejo, como si nunca fuera a comprender los gustos del príncipe.

La música comenzó a sonar desde el patio abierto que estaban usando como escenario. La cabeza de Tom giró medio segundo más rápido que la de todos los demás. La presentación anterior había terminado y nuevos bailarines emergían desde detrás de las cortinas. Los ojos de Tom se abrieron grandemente al verlo: ¡eran dorados!

Las diez mujeres que habían salido, vestían trajes en tenues tonos de azul, verde y amarillo. Con ropas enredadas en sus piernas como pantalones, mientras paneles plisados en el frente le daban apariencia de faldas. Bailaban lentamente, sus movimientos eran calmos. El énfasis lo daban sus manos y pies, las poses que hacían con sus cuerpos sugerían actividades diarias, como cocinar, dormir y barrer. Era una escena pacífica.

De repente, la cítara tocó con rapidez y la música se volvió amenazante. Los tambores sonaron, creando un ritmo veloz y luego otros doce nuevos bailarines entraron apresurados. Alguien dorado brilló y Tom contuvo la respiración en su garganta al ver a Bill entre los recién llegados. Él encabezaba el grupo de bailarines de rasgos fríos al entrar en escena. Y el príncipe supo que sus movimientos rápidos, sugerían algún tipo de ataque sobre los pacíficos bailarines, cuyos serenos rostros ahora mostraban temor.

El cabello de Bill estaba trenzado a los lados, levantándose hacia arriba y amarrado atrás, para formar una especie de melena en su cola. Sus ojos pintados, te quemaban a través de la banda roja que seccionaba su cara. El negro que llenaba el patio, se dispersó por las llamas que ardían en las hogueras dispuestas en puntos de bronce. El fuego y las sombras parecían lamer la piel dorada de su concubina. Lucía absolutamente primitivo.

Tom observó como Bill y los otros bailarines “malos”, quienes también lucían trajes rojos y dorados, rodeaban a los campesinos y saltaban en un pie, bajando sus cuerpos hasta quedar prácticamente flexionados en una pierna con la otra curvada en el aire. El príncipe no podía imaginar cómo era posible hacer esa posición. Sus manos se dispararon arriba y a los lados, los codos y los dedos extendidos hacia afuera en un movimiento muy preciso.

Bill, que sobresalía en el frente y centro del círculo, hizo un movimiento con su muñeca hacia arriba, y Tom observó como el movimiento rápidamente fluyó entre el círculo, con cada bailarín copiándolo. Saltaron alto, suspendidos en el aire por una fracción de segundo, en el que patearon hacia afuera y aterrizaron sobre la pierna contraria. Sus cuerpos siguieron el movimiento en perfecta sincronía. Cada vez que los talones de Bill tocaban el suelo, cada vez que su cabeza se ladeaba o alzaba sus brazos, los otros le imitaban.

La parte más impresionante era, que los cascabeles en sus tobillos sonaban en sincronía con los instrumentos que tocaba la banda. Eso mostraba una precisión y control increíble, ya que el más leve error, podría generar un sonido inapropiado. Pero los cascabeles nunca sonaron fuera de tiempo, pues los bailarines giraban lentamente sus pies, como si fueran una sola persona diseminada a través del prisma de un caleidoscopio.

Cuando hubo terminado, Tom vio que la fiera expresión del rostro de Bill, se disipó y una gran sonrisa tomó su lugar. El chico estaba complacido consigo mismo. Adoptando sonrisas similares, el resto de los participantes se alinearon e hicieron una reverencia para la audiencia, recibiendo sonoros aplausos.

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Bill y Mahtob caminaron entre la multitud, deleitándose en las vistas y sonidos distribuidos por todo el patio. Sus cuerpos aún brillaban en dorado, pero se habían cambiado a sus topas habituales. La gente se reunía en todos lados, comiendo, bebiendo, bailando, riendo y en general, pasando un buen rato. Bill nunca había visto las cosas tan animadas en el palacio.

El sultán y sus invitados reales, estaban sentados detrás, en el mismo dosel lleno de lujos, desde el que presenciaron los bailes, rodeados por mujeres y comida. Algunos artistas destacaban entre la multitud. Había un hombre haciendo malabares con espadas al lado de unas de las antorchas, el brillo del fuego acentuaba las navajas, cuando éstas eran arrojadas al aire. La banda que había tocado para los bailarines, ahora se hallaba ubicada cerca de una muralla del patio, ondeando trazos de música que se escabullía a través de aire perfumado y apenas tocaba tus oídos.

Bill vio a Manar de pie al lado de una de las grandes mesas repletas de comida. Estaba tratando de preparar un plato para ella misma, pero Georg la estaba acosando por detrás, intentando besar su cuello. La rubia se reía y lo alejaba, tratando de continuar seleccionando la comida para su plato, sólo para volver a ser molestada por los toqueteos del hombre grande. Ella levantó la vista con una sonrisa y se topó con los ojos de Bill. Él le saludó con la mano y cuando Georg enredó sus brazos en la cintura de la chica, ella rodó sus ojos como diciendo “¿Lo puedes creer?”

Mira allí está Deena —Mahtob apuntó a un grupo de concubinas que habían estado en el grupo de bailarinas—. ¡Hey Deena!

La chica de cabello negro levantó la vista y vio a Mahtob, se volteó al grupo para excusarse. Se deslizó hasta donde estaban ellos y les saludó—. ¿Divirtiéndose?

Bill asintió. Presentarse frente a otros no había sido tan malo como pensó que sería y ahora que lo difícil había culminado, estaba pasándola bien.

Deena se unió a ellos y los tres caminaron por ahí, deteniéndose para probar helados con sabores y saludando a los rostros familiares. Deena divisó a una mujer, quien por unas monedas, te decía la fortuna y arrastró a los quejumbrosos Bill y Mahtob hasta allí.

¡Oh, cielos! Esto es genial. Todos tenemos que intentarlo —declaró, sacando un monedero de su falda. Sacó unas pocas monedas y se sentó en frente de la mujer que vestía un traje “místico”—. Yo primero.

Mahtob sacudió la cabeza y alzó las cejas en forma sarcástica—. Eres libre para gastar tu propio dinero, pero Bill y yo no estamos interesados.

Bill habría alzado la voz y dicho que tal vez lo intentaría —después de todo, ¿qué daño habría en dejarse llevar por un poco de superstición?— pero no tenía nada de dinero y tampoco tenía idea, de dónde lo sacaban las otras concubinas.

Bill y Mahtob se alejaron mientras le decían a Deena su fantástico destino.

Hacia la parte trasera del recinto, donde el estruendo de las festividades no era tan fuerte, los dos compañeros encontraron un lugar vacante donde se sentaron. Bill cruzó sus piernas sobre el mueble, la henna brillante aún se asomaba por sobre sus zapatos. La esencia del incienso colgaba en el aire y no podía decir si lo estaban quemando o si procedía de los pequeños árboles que rodeaban el patio.

Mahtob se estaba inclinando para sentarse, cuando divisó a un pequeño grupo cerca de ellos—. Oh, genial. Mira quién es.

Bill volteó para ver de quién estaba hablando. Hessa estaba sentada en una esquina oculta con otras dos mujeres. Su rostro mostraba enojo, viendo todo el evento con desdén.

¿Alguna vez sonríe? —preguntó Bill.

No. Y, ciertamente, no lo hará hoy.

¿Por qué? Esto es tan divertido —Bill canturreó, volviendo los ojos a los vivos colores y a los frenéticos movimientos de la fiesta.

Mahtob respondió quedamente—. Hessa es originalmente de Foularr. Ella ve todo esto —hizo una seña mostrando la fiesta— como una amenaza, como un gesto de hostilidad contra Foularr. Dicen que probablemente iremos a la guerra pronto.

Bill parpadeó. ¿Guerra? Bagrah no había visto una guerra a gran escala por más de un siglo. Simplemente el imperio había crecido tanto y era tan poderoso, que ninguna nación se atrevía a levantarse contra él. Bill no tenía mucha educación, pero de lo que había leído en los libros de historia de la biblioteca, las naciones del sur eran relativamente pequeñas y débiles. Si Foularr se declarara en guerra contra Bagrah, ciertamente serían aplastados.

Volvió a ver a la hosca mujer y dijo—. Creo que entiendo por qué está enojada.

Sí es una mujer amargada. ¿Qué más hay de nuevo? —Deena acababa de llegar.

Mahtob levantó la vista hasta ella—. ¿Te vas a convertir en la emperatriz de mayor influencia en la historia de Bagrah?

Deena le dio una áspera sonrisa—. Voy a tener una muerte trágica y romántica.

Mahtob levantó las cejas—. ¿En serio? ¿Y cómo exactamente uno muere trágica y románticamente?

Deena rodó los ojos—. No lo sé. Los simbolismos del futuro son nebulosos.

Mahtob se mofó—. De hecho, ya está nublado.

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Deena se unió a ellos en los cojines, pero rápidamente se aburrió de estar sentada lejos de la actividad. Decidió que necesitaban beber algo y obligó a Bill a acompañarla. Llegaron hasta la mesa de las comidas y un sirviente, les llenó unos vasos con “Arak”. Bill le agregó hielo al suyo, volviendo el líquido blanco como la leche. Le dio sólo un sorbo a su trago, ya que nunca había desarrollado el gusto por el alcohol.

Llevándolo del brazo, Deena maniobró entre la multitud. El pulso de Bill se aceleró cuando se dio cuenta de que lo estaba guiando hacia una mesa, donde el príncipe y sus amigos estaban sentados. Levantó el vaso hasta sus labios y lo tragó.

& Continuará &

Notas de Sarahyellow: Arak” es una bebida alcohólica transparente del medio-este, que cuando se disuelve con agua o hielo, se vuelve blanca.

Al principio la danza que hacen es de estilo Bollywood (Como Hollywood pero en la India), mientras que la segunda, es una danza india clásica. Youtube te mostrará la diferencia, aunque la actuación allí es un poco seca. He visto algunas mucho mejores en vivo.

Puse un dibujo en el FanArt del segundo traje de Bill, si quieren pueden verla

Notas de MizukyChan: ¿Vieron? Un capítulo gigantesco jejeje. Pero ahora comienzan las cosas buenas y sexies jejeje. Estoy ansiosa por que sigan leyendo.

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