
Notas de Sarahyellow: Me encontré llevando un rastreo del tiempo que Bill lleva en el harem, ya que ustedes tendrían que leer con mucho detalle, para percatarse de ello.
Así que de ahora en adelante, les diré cuanto tiempo lleva Bill en el harem, al inicio de cada capítulo.
Bill ha estado en el harem por 5 meses
Notas de MizukyChan: La definición del perro saluki y una foto de él, al final del capítulo. El juego que se menciona más abajo, se describe en la misma historia. Y SaraYellow explica algo sobre él al final del capítulo.
Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan
& Capítulo 20 &
Bill acarició al perro que estaba junto a él. El saluki color crema se llamaba Tohfa y pertenecía a Manar, en cuya cama se encontraban cómodamente sentados. Nephthys había tomado la única silla de la habitación y les leía un libro en voz alta.
Bill le prestaba más atención al canino a su lado que a la historia —algo relacionado con un rey obsesionado con matar vírgenes. Comenzó a hacer trenzas en los pequeños mechones que colgaban en las orejas del perro. Manar miró por arriba para apreciar mejor el nuevo estilo que le daba a su mascota y sonrió.
Bill levantó la vista y sonrió—. Hermoso —declaró suavemente, dando pequeñas palmaditas en la cabeza de la perra. Tohfa lo miró estando dispuesta a contradecirlo.
—No creo que a ella le guste —dijo Manar en una risita.
Las dos concubinas estaban susurrando, pensando que de esta manera Nephthys no les oiría. Un sordo “thwack” se oyó cuando la sirvienta cerró el libro de golpe—. Si ustedes dos no van a escuchar, no voy a gastar mi aliento leyéndoles.
Bill levantó la vista luciendo culpable, pero no dijo nada. Realmente no estaba tan interesado en la historia. Había ido a la habitación de Manar sólo para pasar el rato y conversar, pero la otra chica ya estaba allí y sugirió el libro.
La princesa le sonrió a la sirvienta de piel oscura como disculpándose y dijo—. Lo siento Nephthys, estamos un poco inquietos para historias por ahora.
—¿Pensé que estaban aburridos?
Bill suspiró—. Estoy aburrido e inquieto. Quiero hacer algo divertido. Algo nuevo.
Manar lo miró parpadeando—. ¿Cómo qué?
Bill se encogió de hombros—. No lo sé. Escabullirnos por ahí, algo.
Nephthys alzó las cejas—. ¿Escabullirnos por ahí?
—No tuviste suficiente de eso anoche.
Bill miró bruscamente a la rubia con ojos grandes.
—¿Qué pasó anoche? —preguntó Nephthys alzándose en la silla.
—No sé —Bill apretó los dientes, girando la cabeza para mirar a la chica con legua suelta—. ¿Qué pasó anoche, Manar?
La princesa le dio una mirada que decía “lo siento, pero no realmente”—. Se fue a vagar por el palacio con Tom, durante las celebraciones y nunca regresó.
Bill estrelló su puño en la cama y Tohfa saltó dando un gemido de molestia—. ¡Manaaar!
La chica rodó los ojos—. Oh, vamos. Como si para esta tarde, Deena no le fuera a contar a todo el harem.
Bill se hundió en los cojines e hizo un puchero—. Afuera existe este concepto llamado “privacidad”. Es algo bastante agradable.
Nephthys chistó—. Privacidad mi abuela. Dime qué pasó.
Bill entrecerró los ojos a la chica, preguntándose cuánto podría mentir para salirse con la suya.
—Sin mentiras.
«¡Maldición!»
—… sólo nos besamos, ¿ok?
—¿Y?
—Y luego regresé a mi cuarto.
—¿Y luego?
—¡Ugh. Nada! Y luego me fui a dormir porque estaba solo. Eso es. Fin de la historia —Bill se encorvó, encogiendo las piernas, jugando con sus zapatos.
Nephthys lo miró con consideración por unos momentos—. Sabes que no te creemos, ¿cierto?
—… estoy aburrido —Bill repitió, como último intento para cambiar de tema.
La sirvienta desvió la mirada—. Está bien, si no quieres decirme… —dejó la frase en el aire.
Manar cogió uno de los colgantes de la almohada—. ¿Por qué no piensas tú en algo que hacer?
La concubina varón arrugó el ceño—. Ugh, no sé ¿Alguna vez… no sé, hacen salidas a terreno?
—¿Qué es una salida a terreno? —preguntaron las dos voces al mismo tiempo, confundidas.
Bill suspiró, había sido una pregunta estúpida—. Olvídenlo. Sólo tengo ganas de hacer algo diferente el día de hoy.
—Deberías preguntar por ahí si alguien quiere jugar chettlekan —sugirió Nephthys, mientras se levantaba para regresar el libro al estante.
Bill levantó la vista, una risa de sorpresa se escapó de su garganta—. ¿Ustedes chicas, juegan eso aquí?
—Por supuesto, todos los seres de la creación juegan eso. ¿Por qué no lo haríamos nosotros?
Bill sonrió con malicia—. No sé, chicas, ustedes beben té caliente cuando el clima es de noventa grados. Hubiera pensado que son demasiado refinadas para correr detrás de un balón.
Manar pareció tomarse esto como un desafío, porque se puso de pie y declaró—. Oh, sabemos el juego y vamos a jugarlo. ¡Ahora mismo! —Se volteó a la sirvienta—. Vamos Nephthys, reunamos gente para los equipos.
Bill deseó no haber molestado a la rubia, porque ahora parecía que tendría que jugar. Se quedó sentado y trató de hacerse invisible cuando las dos mujeres se levantaron para dejar la habitación, pero no sirvió de nada.
—Oh, no. Tú eres el que dijo que estaba aburrido. Te vienes con nosotras.
Cogieron a Bill por los brazos y lo sacaron del cuarto, para buscar jugadores.
&
El chettlekan se jugaba con doce personas divididas en dos equipos. El objetivo del juego era anotar la mayor cantidad de puntos, arrojando el balón del tamaño de un melón, en la portería contraria. La pelota se podía arrojar o patear, pero había reglas que explicaban como pasar del pie a las manos y cuánto tiempo tenía cada jugador para llevar el balón. Los goles anotados con el pie, costaban dos puntos, mientras que los que eran arrojados por mano, costaban sólo uno.
—Atrápala, atrápala, atrápa… ¡No! ¡Mira la cosa! Atrápala ¡SÍ!
Bill era de lejos, mejor jugador que comentarista, pero lo habían restringido a mirar desde el costado, después de hacerse un esguince en el pie durante el juego. El equipo en el que había estado jugando, que incluía a Deena y a Mahtob, iba actualmente a la cabeza. Manar estaba en el otro equipo y había anotado la mayoría de los goles. Era buena.
Bill se inclinó hacia adelante del cojín en el que estaba sentado. Ankara (quien había tomado el lugar del varón lastimado) tenía el balón ahora y se dirigía hacia el otro extremo del patio. No era la mejor ubicación para el juego; la fuente que estaba en el medio del patio era una molesta obstrucción, el piso embaldosado estaba resbaloso, pero estaban usándolo de la mejor manera posible.
No había sido difícil encontrar gente que quisiera jugar y ahora Bill miraba a las mujeres correr en el pequeño espacio, como si fueran chicos comunes de la calle, con el cabello atado, las faldas abandonadas en el piso, reemplazadas por la comodidad de pantalones anchos.
Varios jugadores vociferaron a sólo centímetros de los pies del pelinegro, acercándose hasta el área cubierta donde él se hallaba sentado. Bill se dio vuelta hacia su izquierda.
Su mano cayó de lleno en la alfombra y buscó con la mirada. La bandeja de plata que sostenía su bebida, estaba fuera de su alcance. Casi. Bill giró su cabeza y le sonrió a Anis, quien estaba de pie más atrás, en el arco que daba la entrada al harem.
—Aniiiis —canturreó—. No puedo alcanzar mi bebida —Extendió un dedo solitario, señalando la bandeja que estaba sólo a un pie de distancia. El guardia entrecerró los ojos a Bill, quien sonrió brillantemente y batió sus largas pestañas—. Ayuda.
El enorme hombre caminó hacia adelante, sin embargo lo hizo de mala gana y Bill tuvo que contenerse para no echarse a reír. Realmente disfrutaba atormentando al eunuco. Normalmente, Anis hubiera ignorado las peticiones triviales que hacía. Pero Bill estaba lastimado, y por lo tanto no podía ser desatendido.
—No tan brusco —Le amonestó la concubina, cuando el guardia hizo un ruido sordo al dejar bruscamente la bandeja en el piso. Bill vio que las manos del hombre se apretaban en puños antes de que volviera a retirarse a su posición original. Cogió su vaso y sonrió al té que estaba “maravillosamente helado”. En realidad, no estaba lesionado de gravedad, o eso pensó, al girar el tobillo lentamente. Probablemente estaría de pie y caminando otra vez en un par de horas.
Bueno, ciertamente encontraría algo para entretenerse a sí mismo hasta entonces. Ladeando la cabeza, el pelinegro llamó de nuevo—. Anis.
Silencio.
—Aaaaniiiisss.
“…”
—¡Anis!
Nada. Bill giró hacia atrás—. ¿Anis?
El hombre se había ido.
Bill se enojó y regresó su atención al juego, dando sorbos a su té. Tendría que pensar en una forma de castigar al hombre por abandonarlo.
Las mujeres continuaron corriendo por el patio, deteniéndose ocasionalmente para sacar el balón de la fuente. Bill se reía de las tácticas que usaban desviándose increíblemente de las reglas del juego.
Bill no notó que Anis había regresado y volteó cuando algo se puso al lado de su cara. Le dio una mirada tranquila al guardia cuando le ofreció el trozo de papel—. ¿Dónde te fuiste? Necesitaba más hielo —El eunuco retrocedió ignorando su pregunta.
Dejando abajo su bebida, Bill tomó el papel doblado y lo llevó frente a sus ojos—. ¿Qué es esto? —preguntó, mirando hacia el guardia. Al no recibir ninguna respuesta, regresó su atención al objeto en sus manos y rompió el pequeño sello.
Una carta.
Bill nunca antes había recibido una carta. Nunca en toda su vida. Antes, en la ciudad, las cartas sólo iban dirigidas al varón cabeza de familia; su padre. Y ahora en el harem, cualquier persona con la que él quisiera hablar, vivía sólo a unos pasos de distancia.
Todas… menos una.
Los ojos de la concubina se abrieron grandemente y rápidamente desdobló el papel para escanear su contenido. Sus hombros bajaron y una pequeña sonrisa adornó su rostro. Tom quería encontrarse con él más tarde ese mismo día.
La nota explicaba por qué el príncipe no pudo entregar el mensaje personalmente (aparentemente, estaba muy ocupado con asuntos militares) y se disculpó por no poder ir de inmediato y hablar allí, prometiendo llevarle a Bill una “sorpresa” al día siguiente, para compensarlo. Bill sonrió. Estaba ansioso de ver a Tom otra vez. Estar cerca del otro hombre le hacía sentir feliz, contento y especial. Siempre disfrutaba el tiempo que pasaban juntos.
Bill se mordió el labio. A pesar de todo, estaba nervioso de volver a ver al príncipe. ¿Qué pasaría entre ellos ahora, después de lo que “casi” ocurrió? ¿Sería raro? ¿Lo trataría diferente Tom? Cerrando los ojos, Bill pensó en cómo se habían despedido la noche anterior.
Recordó las palabras comprensivas, el abrazo reconfortante, el fantasma del último beso. Él había observado como la puerta se cerraba gentilmente, el rostro del príncipe desapareciendo de ante su vista, quería tanto… volver a entrar a la habitación e intentarlo nuevamente. Pero se había refrenado, pensando que una pequeña separación sería probablemente lo mejor.
Lo había sido. Ahora Bill lo sabía.
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Tom había estado saturado de trabajo todo el día. Su idea de visitar a cierta concubina en el harem, fue rápidamente desechada. En cambio, había pasado largas horas en compañía de un dignatario visitante de Foularr, tratando de convencer al hombre, de que el ejército Bagravio no se estaba movilizando, cuando en realidad, sí lo estaba.
Tom se sintió como un mentiroso sin vergüenza porque, tan pronto termino su reunión con el dignatario, cabalgó a las barracas, donde la nueva compañía de su batallón, estaba estacionada. De hecho, Gustav estaba a cargo del diverso grupo de nuevos soldados y el príncipe se sintió impresionado por el enorme progreso que habían logrado.
Cuando hubo regresado al palacio, para encargarse de asuntos más administrativos, el príncipe se tomó unos momentos para escribir dos cartas personales; una para el chico al que no había podido visitar ese día, y la otra, para arreglar una sorpresa para ese mismo chico.
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Bill no sabía a qué hora vendría el príncipe, así que para asegurarse, se levantó y se vistió hermosamente desde la mañana. Unas pocas horas después del amanecer, se había puesto ansioso. Decidiendo que era ridículo esperar por ahí por el príncipe (ya que nunca antes lo había hecho), se dedicó a trabajar en su última pintura (en la cual había aves, salpicando agua en la fuente más grande y elaborada de los jardines)
Pero eso eventualmente le aburrió, igual que pasar tiempo con Mahtob. Mucho después en el atardecer, se cruzó con Deena que llevaba sujeto al pecho, su tablero de ajedrez y lo convenció de jugar unos encuentros con él.
Sentado en los sillones, del que era conocido como “el cuarto arcoíris”, por los colores producidos por la luz que se colaba a través de los cristales con diseños, Bill se dio cuenta que había mejorado notablemente en el juego. Las victorias de Deena, ahora eran casi siempre por un pequeño margen de error, Bill incluso había logrado ganar en algunas ocasiones.
El par tomó un descanso para comer la cena ligera que habían ordenado. A Bill no le importaban mucho los mariscos, pero Deena los estaban anhelando, así que fue eso lo que pidieron. El plato que habían escogido, había sido preparado para comerlo, en su mayor parte, sólo con las manos. Contenía pequeños trozos de cangrejo y camarones fríos. Y la forma de una gran langosta descansaba en un platón; acompañada de pequeños tenedores de plata para comerla.
Antes de llegar al harem, la única criatura del océano que el pelinegro había probado, era el pescado. Cualquier otro marisco había estado por encima del presupuesto familiar. Bill pensó que le gustaban bastante los crustáceos. Tomó algo desconocido y crujiente y le preguntó a Deena qué era.
—Calamar —respondió ella.
—¿Puedes comer calamar? —preguntó con la boca abierta.
Deena lo miró como si fuera la persona más ignorante que jamás hubiera conocido—. Por supuesto que puedes. ¿Quién te crió?
Bill volvió a mirar a la “cosa” apanada en su mano—. ¿Cómo sabe?
—Dios. Eres tan quisquilloso. Pruébalo y lo sabrás.
Bill lo hizo y descubrió que sabía muy similar a un globo maltratado pasado por cerveza.
El brillo de la habitación disminuyó, porque el sol continuaba ocultándose en el horizonte, tomando su lugar el crepúsculo. Las concubinas comenzaron otro juego, pero esta vez Bill no se estaba esforzando, porque sus pensamientos continuaban llevándolo a Tom y el resultado era que estaba recibiendo una paliza.
Deena jugó con una de las torres de Bill—. ¿Qué te tiene tan distraído?
Bill pasó sus dedos por el rígido trozo de papel que guardaba en el bolsillo—. Nada —Mintió—. Sólo estoy aburrido.
La chica mordió su mejilla, dándole una mirada incrédula antes de completar un movimiento que extinguía cualquier esperanza para Bill de remontar el juego.
Tom entró en la habitación justo cuando Bill se hundía en los sillones.
—Renuncio.
—Siempre haces eso —se quejó Deena, pero su voz no contenía ninguna señal de reprimenda. Bill vio que ella le sonreía a algo detrás de él. Inmediatamente giró para encontrarse con el príncipe.
—Hola —le saludó, odiando sonar tan tímido.
Tom le dio una suave sonrisa—. Hey.
Bill tragó. El rastudo lo miraba como si pudiera leer sus pensamientos. Esperaba que no fuera así, algunas veces sus pensamientos podían ser muy inapropiados.
Poniéndose de pie, Bill dio varios pasos hacia adelante, hasta que estuvo sólo a unos pies del príncipe. No podía pensar en nada mejor que decir que—. Tú mencionaste una sorpresa —la urgencia de abofetearse por sonar como un chiquillo malcriado fue aplacada por la placentera sonrisa que surcó los hermosos rasgos del príncipe.
—De hecho lo hice. Ven —extendió su mano al pelinegro y el estómago de Bill dio un vuelco al tomarla.
La mano de Tom era áspera, fuerte y cálida, e instantáneamente Bill se sintió menos nervioso. El deseo de abalanzarse sobre el príncipe y tratar de intentarlo de nuevo surgió en su interior inexplicablemente. El pelinegro tuvo que reprimirse para mostrar un comportamiento más apropiado.
Sin embargo, sonrió ante su propio entusiasmo, pensando que si sucedía cualquier cosa entre él y Tom esa noche, él no tendría ninguna “dificultad” no requerida.
Recordando a Deena, Bill pensó en disculparse por su partida tan abrupta, pero al voltear, ella ya no estaba. Una mano se posó en la parte baja de su espalda llevándolo de la habitación con la promesa de que amaría su sorpresa.
& Continuará &
Notas de Sarahyellow: El Islam prohíbe dibujar personas, por eso cuando miras el arte del antiguo medio este, no encontrarás muchos retratos. Esa es la razón por la que Bill y Deena siempre dibujan animales.
El juego Chettelkan es completamente inventado.
Notas de MizukyChan:
Saluki = Es un perro de origen árabe, llamado así en honor a la antigua ciudad Saluq
Busqué una imagen con el mismo color de Tohfa. Vean sus orejas, tiene mucho pelo, con razón Bill le hizo trencitas jejeje.

