Demon 8 (P.2)

Para evitar que esta traducción sea plagiada en Wattpad, o en otra plataforma, la hemos puesto en la tienda, si alguien la sube en algún sitio será castigado por derechos de autor.

No te preocupes, aquí está completa, incluso la misma autora ha editado la traducción para que puedas disfrutar de la obra con la mejor calidad de nuestro idioma, pero si lo deseas, puedes adquirir -para tu biblioteca personal- la versión PDF por un pequeño aporte que se utiliza en esta misma página, que un sitio absolutamente dedicado a Tokio Hotel y para que siga siendo un lugar público, sin censura. (Más abajo está el capítulo)

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 8

—Sí, apenas hay tiempo para hacer otras cosas. Si siguen a este ritmo, voy a fallar en la escuela. —Gruñó Georg.

.

El equipo se presentó en el lugar informado. Habían llevado consigo otro set de bombas iónicas, porque nuevamente se había detectado un gran número de sanguijuelas convergiendo en la misma área. Tom maldijo de solo imaginar lo que Bill estaba pasando.

La señal que parpadeaba en el radar de alerta de demonios se incrementó, al igual que el número de sanguijuelas. Estaban todas reunidas en el mismo lugar, el hall de un teatro abandonado. El equipo se envió señales entre ellos y gestos silenciosos mientras preparaban las cargas. La frente de Tom transpiró, sus dedos temblaron mientras sostenía el detonador. Cerró los ojos con remordimiento cuando presionó el botón rojo.

El hall del teatro se iluminó. Las llamas estallaron por cada ruta de escape. Cuando todo se tranquilizó, Tom señaló a su equipo que entrara.

Inspeccionaron el hall. Los asientos estaban parcialmente destruidos, dejando un espacio vacío donde solían estar, pero para sorpresa de los soldados, no había cuerpos en el suelo. Todos los cazadores estaban perplejos, girando con sus Asesinas a todos lados. Todos escucharon el eco de una risita. Tom alzó la vista e hizo una mueca. Sentado en uno de los palcos, estaba el demonio pelinegro, mirándolos. Los soldados apuntaron con sus armas. El demonio sonrió de lado. De pronto, un gran número de sanguijuelas comenzó a saltar de los palcos hacia el hall, tomando al equipo de Tom por sorpresa. El grupo de Tom se dedicó a matar a cada una de las sanguijuelas con sus Asesinas, hasta que se quedaron sin municiones y como resultado tuvieron que luchar contra las criaturas con sus propios puños y Rajadoras, que eran espadas largas y afiladas, que llevaban en vainas en sus espaldas. Los cazadores eran superados grandemente en número, pero aun así se las arreglaron para resistir y ahuyentar a las sanguijuelas, demostrando su superioridad en combate. Aunque luchar con varias de ellas al mismo tiempo, hizo que pronto este hecho se volviera insignificante y la posibilidad de mantenerse ileso resultara absurda. Sangre comenzó a marcar los rostros de los cazadores y los rasguños se manifestaron en su piel.

Solo el capitán permanecía intacto, en lugar de eso su rostro estaba perlado de sudor. Sus grandiosas maniobras superaban en calidad a las del resto de los soldados. Se deslizaba, agachaba y esquivaba, daba golpes cortos, puñetazos de costado, su espada nunca dejó de embestir hacia adelante y en los costados, apuñalando y matando a todas las sanguijuelas que iban por él y luego, iba por las criaturas que atacaban a los miembros de su equipo.

Tom sacó el filo de la última sanguijuela. Todas estaban muertas. Dio una mirada alrededor y vio que algunos soldados también estaban en el suelo. Gustav estaba ayudando a Georg a ponerse de pie. Tom ordenó a los miembros de su equipo que todavía estuvieran bien a reunir a los heridos y regresar a la Orden.

Vio como el último soldado herido fue sacado del edificio y luego se volvió para mirar al palco donde el demonio pelinegro estaba sentado. El demonio lo miró de vuelta con la cabeza ladeada. Se levantó y, de un salto, llegó frente a Tom, con una facilidad predecible.

—Tienes habilidades impresionantes —dijo—, no pude evitar notar lo bueno que eres con esa… espada. —El demonio bajó la mirada a la espada en manos de Tom—. ¿Qué tan afilada es? —Movió su mano hacia ella.

De inmediato, Tom volvió la espada a su vaina. El demonio soltó una risita.

—Que rudo —dijo—. Solo quería tocarla.

—Regresa a casa —murmuró Tom. El demonio resopló ante la insolencia del otro.

—¿Ahora tienes miedo de que me lastime? —Lo miró con lascivia—. ¿O es que tú no te atreves a lastimarme? —El demonio golpeó a Tom en la cara. El cazador se tambaleó y lo miró sorprendido. El demonio lo volvió a golpear, en el torso. Tom se tambaleó hacia atrás— Vamos, sé que te mueres por pegarme —dijo—. Veamos esas habilidades de combate otra vez. —Cogió a Tom por su uniforme y lo sacudió. Le dio otro golpe, pero esta vez Tom lo bloqueó. El demonio sonrió de lado. Lo intentó con el otro puño, pero Tom lo detuvo con la otra mano.

Tom vio que el demonio no estaba usando toda su fuerza, sino que solo lo estaba provocando, tratando de hacer que peleara, pero decidió que no caería en su juego. El demonio empujó a Tom y luego procedió a lanzar golpes de puño, que Tom evadió con agilidad. El demonio continuó insistiendo, enojándose al ver que Tom solo se defendía.

—Ya pégame, maldita sea. —Bufó.

La lucha persistió un rato más. El demonio no podía parar su sonrisita de lado, obviamente divertido por los esfuerzos de Tom. El cazador estaba jadeando, sudando profusamente y con todos los músculos adoloridos, mientras que el pelinegro permanecía compuesto. El demonio se las arregló para golpear a Tom un par de veces, cuando bajó la guardia, pero aun así, Tom se reponía sin golpearlo de regreso.

—Humano tonto. —El demonio rió—. ¿Crees que él aprecia tus esfuerzos? —Estiró una mano para arrebatar la navaja de Tom y luego presionó el filo contra su propio cuello. Tom se lanzó sobre él, aferrándose y girando con el demonio, luego cogió su muñeca para evitar que el pelinegro cortara su propia garganta. El demonio gruñó. Retrocedió, empujando a Tom con él, estrellándolo contra una muralla. Tom apretó los dientes, los músculos de su brazo estaban tirantes para mantener el agarre de la muñeca del otro.

El demonio se estiró y luego gritó. Comenzó a ahogarse. Los ojos de Tom se abrieron grandemente y luego lo soltó. El demonio soltó la daga, mientras estupefacto, miraba hacia adelante. Se volteó y apretó su cuello, donde la daga había cortado, mirando a Tom con un shock increíble.

—Bill —dijo Tom pasmado—. No, espera… yo no… —Los párpados de Bill se oscurecieron. El demonio soltó una risita. Tom se enfureció—. ¡Bastardo! —Soltó. El demonio atacó a Tom, levantándolo y arrojándolo al suelo. Luego se abalanzó sobre él. Tom contuvo el aliento cuando el rostro del demonio bajó hasta el suyo.

—Apuesto a que no viste venir esto —se burló el demonio. Se acercó más, casi tocando los labios de Tom—. Ni esto. —Tom se quedó mudo por la sorpresa al ver que los párpados del demonio perdían la línea oscura.

Los ojos de Bill se abrieron grandemente, notando que él estaba a horcajadas sobre Tom, a punto de besarlo. Retrocedió—. Oh, Dios mío. ¿Qué está pasando? ¿Qué estás haciendo?

—No, Bill, te lo juro —tartamudeó Tom. A tropezones, Bill se puso de pie y comenzó a alejarse, corriendo—. ¡Espera! —Gritó Tom. Luchó por levantarse, intentó correr tras él, pero sus músculos estaban tan adoloridos que falló. Cuando finalmente logró llegar a la salida, vio a la figura de Bill a la distancia, todavía corriendo, pero de pronto se detuvo y se volteó hacia él. El demonio se despidió agitando la mano antes de desvanecerse—. ¡Jodido, hijo de perra! —Le gritó Tom.

Continúa…

Les dije que el demonio era un HDP con mayúscula XDD El asunto es que Tom de todos modos sufre por la personalidad amable de Bill. ¿Logrará hacer algo al respecto? Solo lo sabrán si continúan con la lectura.

1 comentario en “Demon 8 (P.2)”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido
Scroll al inicio