Demon 8 (P.1)

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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 8

Tom avanzó con su equipo de cazadores hacia los salones de pruebas y prácticas, cruzando casi todas las instalaciones de la Orden. Desde hace algunos días hasta ahora, los Maestros se habían estado reuniendo constantemente en asambleas y largas reuniones, estaban tan ocupados que ni siquiera le habían pedido a Tom que presentara su reporte actual. De algún modo, Tom se sentía aliviado. No le importaba si volvían a burlarse de él por reforzar la inmortalidad del demonio, aunque se imaginó que quizás esta vez los Maestros le darían el beneficio de la duda cuando mencionara lo del “Demonio Superior”. Ese era un término que nunca antes había escuchado y no sería muy pronto asumir que los Maestros tampoco lo hubieran oído. En todos los escritos y narraciones de los seres demoniacos, del mundo demoniaco y del origen de los portales, en ninguna parte estaba ese título ni remotamente descrito. ¿Qué significaba que un Demonio Superior hubiera cruzado al mundo humano? Y si él era solo el primero, ¿empezarían a venir otros también? ¿Era este solo el comienzo de una nueva era oscura que intensificaría la guerra entre humanos y demonios? O como el demonio creía, ¿solo un desafortunado error cósmico? Si ese era el caso, entonces no había oportunidad de que volviera a ocurrir y no había necesidad de ocasionar una preocupación innecesaria. Sí, él preferiría dejarlo así y no mencionarlo. Tampoco mencionar nada de los instintos autodestructivos del demonio. De hecho, ¡no mencionaría para nada al demonio!

—¿Y cómo llamas al otro? ¿Al malo? —Preguntó Gustav. Sádico Hijo de Puta, casi soltó Tom. Había pasado toda la noche sin ser capaz de dormir, pensando en lo que el demonio le había revelado, lamentando siquiera haber preguntado. Y se había bebido toda una jarra de café negro en la mañana, mientras les confidenciaba a sus amigos más cercanos lo que los Maestros ya sabían, que el demonio no estaba poseído, sino que sufría de doble personalidad.

—No sé si tiene un nombre —respondió Tom—. Y no me interesa saber.

—Después de lo que dijiste ayer, pensé que no te reconocería después de que te golpeara hasta sacarte la mierda —comentó Georg—, pero no tienes ni un solo rasguño. —Tom miró a Georg alzando una ceja.

—No puedo saber si estás feliz o decepcionado —murmuró Tom.

—Decepcionado —aclaró el castaño—. Todavía eres el más guapo de nuestro equipo. —Tom soltó una risita.

—¿El demonio te dijo algo significativo? —Preguntó Gustav. La sonrisa de Tom cayó dramáticamente.

—Nada de valor —respondió vagamente—. Solo que es inmortal hasta que se pruebe lo contrario.

Los tres miembros del equipo voltearon las cabezas cuando oyeron un grito agudo proveniente de la sala de pruebas. Llegaron justo cuando los lamentos terminaron. Desde atrás de los paneles de vidrio irrompible, vieron a varios miembros de las tropas, apuntando con unas armas extrañas a los demonios capturados sacados de los calabozos. Había un enorme arpón, con una garra de metal en la punta y un látigo que brillaba como lava derretida y una granada que emitía filamentos brillantes, igual que una esfera de plasma.

—Creo que eso es exactamente lo que trataremos de hacer aquí —dijo Gustav, su boca abierta de asombro al observar el despliegue de armas nuevas siendo probadas.

—Hombre, se ven increíbles —dijo Georg emocionado.

Tom continuó mirando, igual que sus amigos, excepto que su rostro de era de pavor absoluto.

—¿Qué? ¿No te gustan? —Preguntó el castaño. Tom parpadeó y sacudió su cara shockeada, desviándola a otro lado.

—Uh… sí —murmuró—, sólo que se ven un poco violentas.

—Bueno, quizás es proporcional a su eficacia —respondió Gustav—. Me pregunto cuándo estarán listas para usarlas afuera —comentó ansioso. El brazo de uno de los soldados se prendió en llamas cuando forcejeó con el látigo incandescente, lo sacudió histéricamente antes de ser rociado con el extinguidor—. Oh, supongo que no hará daño esperar un poco más.

Los tres rieron. Comenzaron a alejarse, al igual que la gente desinteresada de la audiencia lo hacía en medio del show.

&

Tom ignoró las miradas interrogantes que Bill le enviaba en la escuela. Por supuesto que para el pelinegro era extraño que Tom no intentara sentarse junto a él en la clase, o en ninguna clase. Después de todo, él no tenía idea de lo que se había expresado entre Tom y su creador. El cazador se encontró a sí mismo mirando a Bill cada vez que este no lo miraba y era obvio que en algún momento sus miradas se encontraran accidentalmente. Cuando pasó, el pelinegro le envió una sonrisa amistosa. Tom se volteó como si no hubiera visto nada. Cuando volvió a mirarlo, porque no podía luchar contra la curiosidad, vio que Bill había bajado la cabeza, su mirada se veía triste y su sonrisa se había ido. No solo parecía abatido, sino herido. Herido como cuando has perdido un amigo en el que confiabas. Solo ver esa imagen hizo que el pecho de Tom no pudiera soportarlo más. ¿Por qué se tenía que sentir mal por alguien que ni siquiera existía?

Tom suspiró. Estaba siendo injusto con Bill. No era culpa del pelinegro que su huésped fuera un idiota detestable. Además, el demonio le había advertido no decir nada, pero no dijo nada sobre estar cerca del Bill. Tom se mantuvo alejado, pero era como si la advertencia viniera de su interior, como una sensación en las entrañas que le decía que no debía acercarse.

Miró todo el tiempo desde la parte de atrás del salón de clases cuando Bill tomó su turno en el proyector y cambiaba las diapositivas durante la presentación del profesor. La luz tenue de la pantalla que se las arregló para tocar su rostro, tenía un efecto etéreo en él.

Tom dio un salto cuando las luces se encendieron. Las clases habían terminado y él no se había dado cuenta. Todo el mundo dejó la sala. Bill se quedó atrás con la tarea de guardar el proyector de vuelta en el closet de almacenamiento.

Tom gruñó. Odiándose por no ser capaz de irse como los otros. Metió las manos en los bolsillos y esperó en la puerta. Bill guardó el proyector en su funda y abrió la puerta del closet. Todos los estantes estaban llenos con viejos aparatos de video y proyectores que parecían haber sido comprados en una venta de garaje. Bill notó que el único espacio vacío estaba en la parte alta del estante. Elevó el paquete sobre su cabeza, pero jadeó cuando vio que el peso era más de lo que esperaba. Sus brazos temblaron al levantar un poco más el aparato, hizo una mueca por el esfuerzo. Tom presenciaba todo con un shock incomprensible, mirando al cuerpo del demonio luchando por levantar un paquete que no podía pesar más que una bolsa de comida de perro, cuando ese mismo cuerpo lo había levantado a él una vez, como si estuviera hecho de espuma. Bill se puso de puntitas, para alcanzar el último espacio y con un gruñido se las arregló para meter el proyector ahí. Y luego se subió al primer estante para empujarlo más al fondo.

Tom notó la punta afilada que protruía de un estante demasiado tarde e hizo una mueca cuando el pecho de Bill se presionó sobre ella inconscientemente, lastimándose más cuando saltó. Bill gritó y con las manos, aferró su pecho. Se sorprendió cuando Tom apareció repentinamente junto a él y se obligó a parar sus llantos y quejidos. Tom inspeccionó el área del pecho de Bill. La playera adquirió una rajadura que tenía el patrón de la herida y los bordes tomaron una tonalidad oscura por el sangrado. Tom abrió los primeros botones y descubrió que la piel estaba de vuelta, suave y parecía no haber sido tocada. Bill alejó bruscamente las manos de Tom y lo miró indignado.

—Estoy bien —murmuró—. No necesito tu ayuda.

—No. Necesitas una playera —respondió el cazador. Bill miró la mancha oscura en su ropa y notó la rasgadura. Miró a Tom con ojos sorprendidos y temerosos, como si no supiera qué hacer. Tom sabía que Bill hacía todo lo que podía por ocultar su “anormalidad” de todo el mundo y así evitar persecución que terminara con todos creyéndolo un freak, pero supuso que cualquier cosa sospechosa también podría romper el encantamiento del demonio. Se quitó la camisa de manga larga que traía puesta sobre su playera y se la entregó al pelinegro. Bill la aceptó sumisamente con la cara sonrojada. Se dio la vuelta, avergonzado, antes de quitarse su playera y ponerse la que le entregó Tom. La prenda le cubría hasta la mitad de los muslos.

—Estabas usando un vestido —dijo y Tom soltó una risita. Bill metió parte de la camisa en sus pantalones y luego se volvió hacia Tom—. Gracias —dijo. Sus ojos se pasearon por el rededor y se frotó un brazo, como si quisiera decir algo, pero no estaba seguro—. Um… ¿por qué tú…?

—Lo siento. —Tom lo interrumpió antes de que Bill terminara la pregunta—. Estaba teniendo un mal día y no quería hablar con nadie. —El pelinegro sonrió

—Oh, sé lo que es eso. Me siento así casi siempre.

Tom suspiró—. De todas formas, no quise portarme como un idiota. Vamos, volvamos a clases.

—Okey —respondió Bill. Guardó su playera rota dentro de su mochila y se dirigió, junto a Tom, a sus clases.

&

Tom estaba sudado al estar en una sesión práctica de combate mixta con varios soldados de diferentes equipos de cazadores. A diferencia de los sistemas de rankings de disciplina de las artes marciales y del ejército, los cazadores de demonios no se distinguían por sus habilidades de entrenamiento o capacidad, sino por la forma de expresión del gen de Sagacidad que habían heredado, el que les confería un escudo inherente de protección contra los demonios, volviéndolos resistentes a las habilidades naturales de los seres demoniacos para engatusarlos y garantizándoles resistencia contra el instinto de supervivencia, que causa que los seres humanos racionales entren en pánico cuando se hayan en peligro.

Y aunque todos habían heredado ese gen, la forma de expresarlo, variaba entre los cazadores, así que no todos expresaban este rasgo al mismo nivel. Eran designados en equipos de acuerdo a la alta expresividad de su gen, lo que los hacía más aptos para enfrentar a los demonios. Aquellos con la más alta expresividad, se volvían líderes de equipo. Tom era miembro del equipo Legión, la categoría más alta y los primeros en ser llamados cuando se presentaba una alerta de demonios. Los otros equipos en orden decreciente eran, Amon, Dagon, Gorgon y el más bajo, el equipo Paimon, cuyos miembros eran los que básicamente se quedaban todo el tiempo en las instalaciones de la Orden, principalmente designados a tareas como probar el nuevo armamento.

Tom y sus amigos se reunieron en las duchas después de la sesión de combate cuando escucharon la alarma. Georg gruñó y comenzó a lavarse rápidamente.

—Se están haciendo más frecuentes, ¿cierto? —Dijo Gustav. Tom cerró los ojos y arqueó el cuello para que el agua le cayera en la cara. Era verdad, las alarmas se estaban haciendo más y más frecuentes desde que el demonio inmortal apareció, pero ahora Tom sabía que el pelinegro se ofrecía como anzuelo a los otros demonios deliberadamente, sin duda porque sentía gratificación cuando succionaban a Bill.

—Sí, apenas hay tiempo para hacer otras cosas. Si siguen a este ritmo, voy a fallar en la escuela. —Gruñó Georg.

Continúa…

PD: Muchas gracias a dirtymind, por hacer los beteos de los capítulos para que no haya errores. Besotes.

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