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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
«Demon» 9
El desconcierto rondaba por cada edificio y recámara de la Orden. Todo el mundo había escuchado que Tom casi había perdido a los miembros de su equipo contra una horda de sanguijuelas rebeldes, algo que no ocurría constantemente y que de inmediato trajo un aura de malos augurios entre el resto de los miembros. Tom predijo que tendría una reunión solemne con los Maestros, aunque solo fuera para referirse al regreso de su equipo herido a los cuarteles.
Relató todo lo que sucedió durante la batalla, contó a los Maestros que el demonio inmortal había estado presente, pero enfatizó que no se vio involucrado en la pelea. Pero para su sorpresa, este hecho hizo que los Maestros se pusieran más incómodos de lo que ya estaban y de inmediato comenzaron con sus presunciones negativas.
—Les está dando ideas ridículas de formación de ataque. —Sugirió uno de los Maestros.
—Está organizando una revolución. —Exclamó otro Maestro.
Tom rodó los ojos, sabía que, definitivamente, ese no era el caso y tampoco era la razón por la que todas las sanguijuelas se reunían en el mismo sitio. De hecho, al demonio no le podía importar menos, ya que él solo quería salir de este mundo y la batalla fue algo que solo le proporcionó entretenimiento por un momento.
Mientras los Maestros seguían y seguían discutiendo sobre la gravedad de la situación, Tom tuvo que suprimir una risita irónica. Escuchó una risita, que claramente no había sido suya, y arrugó el ceño. Los Maestros se callaron y miraron al General Agnus, quien en todo ese tiempo no había dicho nada y ahora mostraba una sonrisa.
—¿General? —Inquirió uno de los Maestros. El General sacudió la mano como para ignorar la noción.
—Todos ustedes saben que ni siquiera un batallón de sanguijuelas podría resistirse a la perspicacia de un puñado de cazadores, ni tampoco su poder congregado contra la eficacia que les otorgan los miles de años de cacería. Las sanguijuelas deberían ser las últimas de nuestras preocupaciones —bufó el General—, deberíamos centrarnos en el demonio inmortal. A pesar de lo que esté o no sucediendo, en materia de guerra, el principal decreto es eliminar al líder. —Se puso de pie, frente a su silla y miró directamente a Tom. El joven tragó pesado—. ¿Capitán Kaulitz, ha reunido algo de información que nos ayude en este caso?
—Nada hasta ahora —respondió Tom—. Todo lo que puedo asegurar es que todo nuestro armamento prodigioso, no le causa ningún daño.
—Eso parece —dijo el General, apoyándose en su silla—. Eso parece.
Las palabras del General dejaron helado a Tom y otra vez tuvo esa sensación de que él sabía algo que los demás no. No se comentó nada después de eso, porque el General lo despidió de la reunión y lo envió a vigilar la recuperación de los miembros de su equipo.
Tom se sintió agradecido cuando el doctor le informó que ahora, todos los miembros de su equipo estaban conscientes y fuera de peligro. Aun así, varios necesitarían más días en cama para que se recuperaran completamente y un par de días más para estar en buena forma otra vez, razón por la cual el General envió a los equipos Amon y Dagon a tomar el lugar del equipo de Tom, como primera línea en misiones de cacería, hasta que los compañeros de Tom volvieran a estar listos.
Gustav ya había sido dado de alta, pero Tom lo encontró sentado en la cama de Georg y comiendo la comida de la bandeja del castaño. Georg estaba sentado bebiendo jugo de manzana, con uno de sus brazos doblados, mirando como Gustav comía feliz.
—¿Supongo que él todavía no puede tolerar la comida sólida? —Preguntó Tom a Gustav.
—Sí —respondió el rubio—. Y no podía dejar que toda esta comida se perdiera.
—Por lo menos tengo una buena excusa para perder clases y tú no. —Georg sonrió de lado.
—Estoy excusado de ir a la escuela —señaló Gustav—. El doctor sugirió que permaneciera en los cuarteles por otras 24 horas en observación. Incluyó a todos los que habían sido dados de alta. Hasta el capitán tiene que quedarse.
—Excepto que yo no lo haré —contestó Tom.
—¿Uh? —Georg estaba perplejo—. ¿Prefieres ir a la escuela?
Tom exhaló—. Tengo que hablar con el demonio.
—¿Todavía es necesario? —Gustav arrugó el ceño.
—¿Qué ganas con eso? —El castaño bufó—. ¿Cuánto más crees que ayudará hablar con él? Ya sabes que es un maniaco fuera de nuestra liga. Creo que eso lo deja claro.
—Te estás poniendo en peligro por nada —agregó Gustav.
—No puedo evitar pensar que hay lago más —dijo Tom—, y tengo que saber.
—Bien, pero yo creo que ya has hecho tu parte —comentó Georg—. Deja que alguien más lo haga.
—¡No! —Protestó Tom al instante. Georg y Gustav se sorprendieron—. Solo yo puedo hacerlo, él no dejará que nadie más se acerque —dijo, aunque parecía que lo estaba confirmando para sí mismo. Georg y Gustav se dieron miradas desconcertadas el uno al otro. Tom parpadeó, no reconociendo su propia voz—. No puedo correr el riesgo de confiar esta misión a otra persona —aclaró. Gustav y Georg hicieron gestos de estar de acuerdo, de comprenderlo.
&
Cuando la tercera clase consecutiva comenzó, todavía no veía señal del demonio, Tom maldijo. Por supuesto que había sido demasiado prematuro suponer que Bill no se saltaría las clases por nada y aun así, sentía que haría precisamente eso para evitarlo.
Tom cogió su mochila, y sin decir una palabra, salió del salón de clases, en medio del discurso del profesor. Iría directo a la casa del demonio y lo buscaría ahí.
Tom se paró en la entrada y apuntó con su Asesina a la puerta cuando tocó el timbre. Cuando el papá demonio abrió la puerta, se sorprendió y luego rodó los ojos.
—¿Dónde está? —Preguntó Tom. El padre demonio señaló las escaleras.
La mamá demonio salió de la cocina cargando un plato con galletas con chispas de chocolate. Hizo una mueca cuando vio a Tom—. ¿Tú de nuevo? ¿Ahora qué quieres?
Tom le quitó las galletas—. Esto —y se dirigió a las escaleras.
—No lo molestes —advirtió la mamá demonio.
—Lo vas a arruinar todo —murmuró el padre demonio—. Solo déjalo tranquilo.
Tom tocó gentilmente la puerta de la habitación de Bill.
—¿Qué pasa? —Murmuró el pelinegro.
Tom volvió a llamar.
—¿Qué? Les dije que no quiero que me molesten.
Tom tocó otra vez. Retrocedió cuando oyó pisadas y luego el cerrojo abrirse.
—¿Qué? —dijo Bill. Tom entró antes de que el pelinegro tuviera la oportunidad de darse cuenta y cerrar la puerta. Bill retrocedió—. ¿Cómo te atreves a entrar a mi casa, a mi habitación? ¡Sal de aquí!
Las fosas nasales de Tom se abrieron de rabia. Sabía que no podía soltar las cosas que el demonio le había dicho, pero también sabía que Bill no podía fingir que no se había dado cuenta de lo que estaba pasando—. Sé que no eres estúpido, Bill —dijo—. Sé que sabes lo que está pasando y que no es mi culpa.
Los labios de Bill se tensaron y bajó la vista, derrotado—. Yo… odio no saber cómo pararlo y que el demonio tome el control —admitió.
—¿Por qué no fuiste a la escuela? —Preguntó Tom—. ¿Me estás evitando?
—No… solo, no tenía ganas de ir. Tengo miedo de lo que él hará. —Bill suspiró—. Quiero que me ayuden, Tom. Quiero ver a otro sacerdote.
Tom desvió la mirada con culpa. Aunque Bill se diera cuenta que el demonio controlaba su cuerpo cuando él no estaba, todavía creía que estaba poseído y Tom, en verdad, no había dicho nada para negarlo. Pero sabía que un encuentro con otro sacerdote, definitivamente, no era una buena idea. Suspiró, sintiéndose mal. Tenía que contarle a Bill parte de la verdad y rogar que el demonio no saliera para matarlo.
—Bill… los demonios no pueden poseer cuerpos. Debes saber que todas estas fábulas y folclore sobre gente poseída por demonios, se originaron con el fin de intimidar y, al mismo tiempo, inspirar que el bien puede derrotar al mal entre su propia raza. El sacerdote solo confirmó esto.
El pelinegro alzó la vista con el ceño apretado—. ¿Qué estás diciendo?
—Que no estás poseído. Tú solo has generado una doble personalidad.
—¿Qué? —Preguntó Bill—. ¿Dos personalidades? Pero, pero… ¡mis padres nunca dijeron nada sobre eso!
—Probablemente lo hicieron por tu propio bien —respondió Tom. Y por su propia seguridad, pensó.
—No es verdad. No puedo creerlo. —Bill se llevó una mano a la boca por la impresión.
—Ni el mismo cura lo creía —dijo Tom y fue junto a Bill—. Tu otra personalidad es un desgraciado. Es un demonio y no lo digo como una metáfora. El sacerdote dijo que tú rompes los esquemas, ¿sabes? Que de alguna forma es poco ortodoxo. Sé que suena increíble, pero esa es la razón por la que eres un caso muy especial. —Puso una mano de apoyo en la espalda del pelinegro. Bill lo alejó de un manotazo. Tom se tambaleó y el plato salió volando de sus manos. Las galletas cayeron y se rompieron en el piso. Tom miró a Bill, pero vio que el contorno de sus ojos no se había oscurecido. Respiró aliviado.
—¿Por qué no me lo dijiste entonces? —Espetó Bill—. ¿Por qué me lo ocultaste?
—No sabía cómo lo tomarías —tartamudeó Tom en respuesta—, y no sentía que debía ser el que te lo contara.
Bill se sentó en la cama—. No lo entiendo… ¿por qué pasa esto?
—El cura dijo que podría haber sido causado por un trauma en tu pasado —respondió.
—No tengo nada parecido. He sido feliz toda mi vida.
—Sí, bueno. —Tom tosió—. Entonces no sé por qué. —Él no sabía mucho sobre eso, pero podía notar que como personalidad alterna, Bill fallaba en ver muchos aspectos de la realidad.
—¿Y ahora qué? ¿Voy a ver a un doctor? —Preguntó el pelinegro.
Tom exhaló, esa tampoco era una buena idea—. Supongo que ellos solo te darán más pastillas y te dirán algo así como que lo superes por ti mismo.
Bill suspiró, pasando las manos por su cabello, frustrado. Miró a Tom un momento y se compuso.
—Siento haberte empujado.
—No importa. —Tom sonrió. Bill miró las galletas arruinadas en el piso.
—Se veían bien —dijo.
—Sí, tú mamá se va a enojar. —Tom se rió y Bill soltó una risita.
—Ella ya está enojada porque no fui a la escuela —respondió—, probablemente debería regresar.
—Es solo un día. No te perderás nada —comentó—. Disfruta de tu tiempo libre.
—¿Cómo podría? Ni siquiera puedo salir a dar una vuelta sin que me ataquen —gruñó el pelinegro—. Tengo miedo de lo que pasará o de lo que haré si me ausento… y él sale.
—Entonces sal a dar una vuelta conmigo. Si pasa algo, no estarás solo.
Bill ladeó la cabeza, considerando el comentario de Tom—. Bueno… okey. —Sonrió.
Continúa…
Notas de MizukyChan: Hola gente maravillosa, gracias por todas sus lecturas y apoyo a esta traducción. Y un agradecimiento especial a dirtymind, por betear el capítulo de hoy.
