Demon 28 (P.1)

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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 28

El sacerdote observó al demonio llorando sobre el cuerpo de Tom y esperó. Sabía que matar a Tom sería lo que necesitaba para realmente despertarlo. Las lágrimas de Bill caían sin parar. Parecía que Tom solo miraría la cara de Bill para siempre, pero luego sus ojos se cerraron lentamente y dejó salir su último aliento. Los ojos del pelinegro se abrieron mucho e hizo una mueca, llevó una mano a su pecho. Soltó un gruñido, mientras sus ojos se volvían rojos y su mandíbula se tensaba.

Un aura luminosa, con mezclas de tonos oscuros y rojos, parecía surgir del demonio, rodeándolo completamente. Su cabello oscuro pareció crecer mucho más, llegando hasta sus omóplatos. Las yemas de sus dedos comenzaron a transformarse en garras largas y puntiagudas y sus colmillos se afilaron, creciendo más allá de los confines de sus labios. Los iris de sus ojos ya no eran visibles, sus ojos lucían ahora, como agujeros rojos en su rostro. Los destellos oscuros de su aura se transformaron en una larga túnica, cubriendo el cuerpo del demonio hasta sus pies. El nuevo y majestuoso Demonio arqueó su cuello, cerró los ojos y exhaló, como si de pronto le aliviaran de algún peso. Giró para mirar al sacerdote.

El cura Hanes estaba sonriendo de gusto. El Demonio sonrió de lado.

¿Un Ángel, eh? —Dijo al sacerdote, alzando engreídamente una ceja. Un par de largas alas emergió de su espalda, de algo semejante a humo. El contorno apenas se mantenía visible con el constante ondulado del humo—. ¿Fue una adivinanza?

Para nada —respondió el cura—. Tú me lo dijiste. —El Demonio achinó los ojos—. Cuando te hipnoticé —se apresuró a explicar el cura—, tú me revelaste quién eras después de que entré en tu subconsciente.

Ya veo —dijo el Demonio—. En verdad eres un lobo con piel de oveja —dijo, sin esconder su desagrado. El sacerdote se tensó y brevemente desvió la mirada.

El Demonio miró a Tom, sonriendo. Acarició su rostro—. Levántate y sonríe, bello durmiente. —Se inclinó a besar la frente de Tom. Una luz radiante y roja permaneció donde el Demonio había lo besado y luego se filtró en la piel de Tom. Los párpados de Tom pestañaron hasta abrirse. El cura Hanes se sorprendió y quedó en shock. Tom jadeó cuando vio al Demonio y se alejó de él.

¿No me reconoces? —Preguntó el Demonio, levemente ofendido.

¿William? —Tom arrugó el ceño, reconociendo su voz.

Ese es el nombre que tú me diste.

¿Qué ocurrió? —Preguntó Tom. Miró al cura—. ¡Espera, tú me disparaste! ¡Oh, Dios mío! —Se tocó el pecho, pero vio que ya no había herida. Su boca se abrió. Volvió a mirar al Demonio—. ¿Esto significa que has despertado? ¿Vas a destruir el mundo? —Preguntó frenéticamente.

¿Y por qué haría eso? —Bufó el Demonio.

Porque, bueno… has despertado, ¿verdad?

He regresado a mi verdadera forma, pero creo que eso significa que ahora estoy consciente de todas las respuestas.

No lo entiendo —dijo Tom—, la profecía dijo que tú nos destruirías.

Pareces desilusionado.

No, no lo estoy… solo estoy confundido. —Tom estudió al Demonio, sus ojos rojos, su túnica oscura y sus alas que parecían hechas de humo. Ahora tenía una apariencia verdaderamente intimidante, ni siquiera su sobrecogedora belleza podía engañar a alguien para que se sintiera más relajado. Su presencia omnipotente era tangible. Tom tragó nerviosamente—. ¿Entonces, ahora eres Dios o algo así?

Algo parecido —respondió el Demonio—, soy un poco menos que un Ser Superior —hizo un gesto con sus dedos índice y pulgar para indicar la diferencia—, pero solo un poquito —sonrió de lado.

Tom rodó los ojos. Así que ahora era una especie de Dios, pero seguía siendo un snob.

¡Pero ahora debes cumplir tu destino! —Gritó de pronto el sacerdote, completamente perplejo—. No hay duda en el conocimiento secreto. ¡Tú acabarás con todo!

No me da la gana —contestó el Demonio e hizo una mueca al sacerdote—. Pero podría simplemente terminarte a ti, justo aquí, por dañar a mi amado.

Pero, pero —tartamudeó el sacerdote, retrocediendo un paso—, solo estaba ayudándote a encontrar tu camino, era la única forma.

Tú solo ayudaste a que volviera a mi verdadera identidad y por eso podría perdonarte. Pero aun con esta personalidad, no tengo intensiones de destruir el mundo.

Pero tienes que hacerlo —insistió el cura—. ¡Es tu destino!

Oh, pero estás tan equivocado con eso —dijo el Demonio—. Todo el mundo tiene un destino, sí, pero también, todos tienen derecho a escoger su propio destino. Mi destino es estar con mi alma gemela, esa es la razón por la que vine aquí.

¿Quieres decir, que tú siempre supiste que yo era tu alma gemela? —Preguntó Tom. El Demonio sonrió.

Si soy honesto, no lo sabía al principio. ¿Te acuerdas cuando una vez te burlaste de mí, diciendo que yo hablaba de amor como si supiera de lo que estaba hablando? Tenías razón, no lo sabía. Me reía del amor, me burlaba de la idea. Esa es la razón por la que me quitaron los recuerdos de mi verdadera identidad y me pusieron en la dimensión demoniaca para enseñarme una lección. Vendría al mundo humano cuando llegara el momento de aprenderlo y experimentarlo por mí mismo. Entonces el amor haría que me diera cuenta de la existencia de mi propia alma gemela. En el mundo humano, me dividí; Bill fue creado para protegerme y él solo tendría las sensaciones físicas del cuerpo, y experimentaría todas las emociones, excepto el amor. El amor fue dejado completamente para mí, para que todas mis experiencias en este mundo estuvieran centradas solamente en esa emoción. Verás, Bill era la parte humana, pero como yo adquirí la habilidad de amar, eso me hizo más humano que Bill, y mientras más estaba a tu lado, esa emoción se volvió más grande. Amaba tanto, que estaba dispuesto a quedarme en este mundo, aunque me hiciera sufrir. Y estaba dispuesto a sacrificarme a mí mismo por amor, por ti. Lección aprendida, aunque sea yo quien lo diga. —El Demonio soltó una risita.

Pero el conocimiento secreto —intervino el cura—. ¿Entonces, por qué la profecía? Tiene que haber una razón. Todos estos años he creído que era por un bien mayor. Estoy seguro de eso. El fin de todo, eso es quien eres, es lo que haces, la única razón por la que has venido a este mundo humano. Tú tienes el poder en ti, ¿no es así?

Por supuesto que lo tengo. —El Demonio bufó—. Pero aunque lo tenga, no tengo razón para acabar el mundo.

¡Pero tal vez él sí! —Exclamó el sacerdote, señalando hacia el cielo—. ¿No crees que tal vez esa es la razón por la que él realmente te envió al mundo humano en primer lugar?

Bueno, no es que él haya dicho algo al respecto —respondió el Demonio con cinismo—, pero como ya dije, no tengo razón para hacerlo.

¡Pero esto no puede ser! —Dijo el cura—. Debe haber algún error aquí.

Tienes razón y creo que eres tú —respondió el Demonio. Agitó la mano hacia el sacerdote y este desapareció de la vista. Tom jadeó.

¡¿Lo mataste?!

No, solo lo envié a un lugar donde ya no podrá hablar, ya sabes, como el salón de reuniones de los Maestros.

Tom soltó una risita—. Ahora sí me da pena el cura Hanes. —Suspiró—. De verdad había perdido la razón, aunque no puedo culparlo por estar tan perturbado por la profecía. En realidad, yo también lo estoy. ¿No se suponía que yo era la clave? Ese viejo vidente, creo que te acuerdas de él, el que pensamos que estaba loco. Él seguía diciendo que yo era la clave del fin del mundo. Lo dijo como si supiera de lo que estaba hablando. ¿Sabes, por casualidad, a qué se refería?

El Demonio puso una mano en su barbilla—. Creo que se refería a la Clave Universal; el gran regalo de Dios a la raza humana.

¿Qué es? —Urgió Tom. El Demonio lo miró.

El amor —contestó con simpleza. Tom alzó las cejas. ¿Así que tal vez lo que el viejo vidente vio fue el amor entre ellos dos? Quizás esa fue la razón por la que le advirtió a Tom no acercarse al demonio y luego trató de matarlo, cuando vio que ya era demasiado tarde. El sonido del Demonio cantando lo sacó de sus pensamientos—. “Es el milagro del amor. La primera y más importante clave del despertar de la humanidad, es el alma gemela” —citó el Demonio—. ¿Sabes? Creo que ahora es él el que se está riendo de mí. Pero tiene mucho sentido. Oh, mi amor, tú tienes la llave de mi corazón —ronroneó el Demonio, llevando una mano a su corazón.

Oh, Dios —gruñó Tom, arrastrado—. Creo que él se sobrepasó con el amor. Ya basta. Basta de cursilerías. Suena como si estuvieras recitando poesía o algo así.

Está bien —bufó el Demonio—. Al menos puedo decir que no me da vergüenza lo que siento por ti.

A mí tampoco me da vergüenza —dijo Tom—, solo soy bueno conteniendo mi amor.

No, con Bill no lo eras.

Oh, no empieces con… espera. —Tom giró hacia el Demonio—. ¿Qué pasó con Bill?

Ahora puedo sobrevivir por mí mismo. Ya no lo necesito.

¿Qué estás diciendo? —Los ojos de Tom comenzaron a doler antes de escucharlo.

Él se ha ido —dijo el Demonio—. Ha cumplido su propósito.

¡¿Qué?! ¡No! ¡No se puede haber ido! ¡Él dijo que me amaba!

Como un hermano —respondió el Demonio.

No. Creo que de verdad aprendió a amarme, más que como un hermano. Tienes que entenderlo ahora, tal vez fue un milagro. ¿Lo puedes traer de regreso?

No puedo —respondió el Demonio—. Él está perdido, incluso para mí. Lo siento, Tom. —Tom bajó la cabeza y ya no contuvo las lágrimas.

Bill —sollozó—. Oh, Dios, no. Por favor, tráelo de vuelta.

No puedo. Pero sabías que esto pasaría eventualmente.

¿Cómo me puedes decir eso ahora? Lo amo tanto como tú me amas a mí. ¿Cómo te sentirías, si yo muriera? Oh, pero morí y tú me trajiste de vuelta, ¿no es así? —Murmuró Tom con resentimiento. El Demonio bajó la mirada—. Duele tanto —dijo y su rostro se contrajo—. No puedo soportarlo. Desearía tener el poder de revivirlo, como tú.

El Demonio miró a Tom y parecía que su corazón se rompía—. Tienes razón, duele demasiado. No quiero verte triste, Tom. —El Demonio se alejó y miró a los alrededores—. Tal vez tú tienes el poder —dijo después de un momento.

¿Qué quieres decir? —Preguntó Tom.

Hay una forma de traerlo de vuelta —respondió el Demonio. Tom alzó la vista, obligando a parar sus sollozos.

¡¿Qué?!

¿Sabes? Si lo meditamos, el cura tenía razón… y el vidente, y el General. Todos tenían razón. —El Demonio estaba riendo para sí mismo.

¿De qué estás hablando? —Preguntó Tom.

Creo que él sí tenía otro propósito al enviarme aquí. Mmm, ¿cómo decía el refrán? ¿Matar dos pájaros de un tiro?

¡Solo dime qué querías decir con traer a Bill de vuelta! —Exclamó Tom, sintiéndose frustrado.

Él puede regresar, pero no en este mundo —mencionó el Demonio. Tom parpadeó, arrugando el ceño—. Tengo el poder de terminar con todo —agregó el demonio—, pero no se supone que sea mi motivo oculto, sino el tuyo.

La mandíbula de Tom cayó—. Espera… ¿no quieres decir…? —El Demonio le dio una sonrisa comprensiva en respuesta—. Pero… pero… —tartamudeó, con el rostro en shock— ¿Qué pasará entonces, cuando todo se vaya?

No tengas miedo —dijo el Demonio—, el fin es solo el comienzo, o en este caso, una renovación. —Sonrió—. Algunas veces, él cambia de opinión —se alzó de hombros—, o quiere arreglar las cosas en un intento de alcanzar un balance cósmico armonioso. Sin embargo, todo tiene que ser deshecho, para que se haga nuevamente. Ahí es donde entro yo. Pero puedo ser un poco inflexible sobre eso. Tiene que haber un motivo poderoso, un incentivo con determinación. ¿Por qué? Porque el mundo no sobreviviría un día si voy a cambiarlo por un capricho. —El Demonio puso una sonrisita irónica—. Así es cómo me di cuenta de su plan maestro.

El rostro de Tom se contrajo—. ¿Qué estás diciendo ahora?

Bill puede regresar.

Continúa…

¿Pero, qué… WTF?

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