El fin justifica los medios 20

Notas: Errare Humanum Est (Séneca)

Fic de AndeinerSeitenureinneWeile. Traducido por Elle-R

Capítulo 20. Errar es humano

—Estoy harto y cansado de que me hagan retroceder —gritó Jost con enojo a su estratega.

Saki pasó sus gruesos dedos a través del plan de combate. —¿Qué quieres que haga?

—¡Me gustaría que traces una mejor estrategia para nuestro triunfo, Saki! —gritó Jost furioso. —Nunca hemos tenido tanta mala suerte en todas nuestras batallas hasta ahora. ¡¿Qué ha cambiado para que fracasemos tan miserablemente?!

—Bueno, estamos perdiendo nuestra tropa delantera —dijo Saki con las cejas levantadas.

—No otra vez —se quejó Jost. —Ya te lo dije: Tom necesita perseguir al enemigo y estar listo para atacar cuando les llevemos hacia las montañas.

—¿Y cómo vamos a llevarlos hacia las montanas cuando ellos nos están conduciendo al mar? ¡Pronto nuestras rodillas estarán mojadas en retirada!

—¡Si hubieras planificado una mejor estrategia, no estaríamos retrocediendo para empezar! —Jost resopló mientras se acercaba al otro hombre. —Si perdemos esta guerra, yo te haré el culpable.

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Habían pasado horas pero Tom aún no había regresado. Andreas terminó de explicar su revelación a Georg y Gustav, luego los tres buscaron a Bill. Él debía estar al tanto de lo que estaba pasando más que nadie.

—¿Estás bien, Bill? Te ves un poco enfermo —dijo Gustav cuando los hombres entraron en la habitación.

Bill negó con la cabeza y bajó sus ojos, que se veían levemente abatidos. —No, estoy bien… sólo cansado.

Andreas se sentó al lado de su amante y lo besó suavemente en los labios. Bill gimió dentro del beso, un bajo rugido surgió de su estómago revuelto.

—He descubierto lo que te pasa —dijo Andreas orgulloso después de haber retirado sus labios de los de Bill. —Dime, se suponía que debías dar cuatro profecías durante la orgía, ¿tengo razón?

—Sí, es cierto —dijo Bill con un asentimiento.

—Sólo tengo tres registradas —dijo Andreas. —Algo salió mal con el ritual. La cuarta profecía está atrapada dentro de ti.

Los ojos de Bill se agrandaron mientras intentaba recordar el ritual. Andreas tenía razón, sólo habían sido tres.

El dolor en su estómago era la última profecía intentando liberarse.

—Eso es muy extraño… —murmuró Bill. —¿Por qué de repente mis profecías se detuvieron?

—Por desgracia, eso es algo que todavía no sé —dijo Andreas mientras acercaba más a Bill contra él. —Vamos a investigarlo y lo descubriremos pronto, mi amor.

—Gracias, Andi —susurró Bill al oído del otro chico. —Tú me has sido de mucha ayuda en todo esto.

—Cualquier cosa por ti, Bill —dijo Andreas en voz baja. —Todavía sigo curioso por saber por qué no diste la profecía final. Estoy seguro de que debe haber algo que estoy pasando por alto.

—Esperemos que Eros nos ayude para ver la verdad —dijo Bill afectuosamente.

Georg se aclaró la garganta. —Hay algo que debo preguntarte, Bill. ¿Sabes a dónde ha ido Tom?

El profeta frunció el ceño con tristeza al escuchar el nombre del otro hombre. —Simplemente se marchó. No sé por qué.

—Sin embargo algo tuvo que haber pasado —dijo Gustav—, se veía tan… diferente a como él es. No conocía esa expresión en su rostro, pero era diferente a cualquier cosa que haya visto en él…

—No ocurrió nada. Estábamos en medio de una charla cuando él salió corriendo —dijo Bill, no era del todo una mentira, pero aún así no podía desenmascarar la verdad.

No podía decir cómo Tom al final le había pegado. No delante de estos hombres, o de cualquier otra persona.

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—Parece que los dioses te han favorecido. Hasta yo estoy orgulloso de tus órdenes —dijo Jost con una sonrisita engreída. —El enemigo se está retirando. Dos legiones han sido misteriosamente asesinadas antes de que entraran en el campo de batalla.

—Nunca ordené a ninguna tropa ir a las tiendas del enemigo y matarlos —dijo Saki con el ceño fruncido. Aún así estaba contento por el ataque sorpresa, a pesar de que no fue él quien lo planeó. —Ahora que lo pienso, todas las tropas estuvieron en el campo de sol a sol.

—Entonces supongo que tenemos que agradecerles a Tom y a sus hombres por eso —dijo Jost eufórico. —Te dije que su ausencia en el frente de batalla sería algo positivo.

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Gustav y Georg fueron a ver a los soldados y a distribuir sus raciones de comida, dejando a Bill y Andreas solos.

El profeta estaba recostado con la cabeza apoyada en el pecho de su amante. Andreas acariciaba el pelo de Bill cariñosamente y Bill maullaba como un gatito en respuesta. Se sentía tan seguro con el otro chico, como si nada en el mundo pudiera hacerle daño en ese momento.

—¿Andi? —Bill dijo bajito el nombre del otro chico.

—¿Sí, Bill? —El rubio respondió. —¿Qué necesitas?

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Andreas tenía una mano en la parte baja de la espalda de Bill, mientras que la otra sostenía a su amante con dulzura. Bill sólo había pedido una cosa; ser besado. Bill quería sentir en cierto modo que seguían estando juntos, experimentar con Andi lo que había sentido con Tom la primera vez que habían tenido sexo. Sabía que no podía acostarse con su amante en ese momento, estaba demasiado débil. Besos y caricias tiernas serían más que suficiente.

Bill gimió bajito cuando la lengua de Andreas se deslizó por sus labios. No quería que la simplicidad del momento termine. Bill disfrutaba dejándose llevar por esta sensación que no era la lujuria a la que estaba acostumbrado, pero mucho más satisfactoria.

El sonido de una armadura chocando los devolvió a los dos a la realidad. Bill tímidamente alejó sus labios de los de Andreas, curioso por saber qué había hecho el sonido.

—Tom, ¿dónde has estado? —La voz preocupada de Georg flotó en el aire. —¿Por qué estás cubierto de sangre?

Bill miró a Andreas a los ojos con miedo. Era un momento muy íntimo en el que Tom los encontró.

Temeroso de provocar al Tom ya de por sí enojado, Bill apartó levemente a Andreas. Su corazón se rompió un poco al hacerlo, pero Tom lo había dejado perfectamente claro en la mañana.

Bill era propiedad de Tom, su posesión. Ahora le pertenecía a Tom.

Gustav estaba en lo cierto, la expresión del rostro de Tom era tan inusual en él que Bill no tenía idea de qué esperar de él.

Georg y Gustav estaban cautelosos en la puerta, viéndose prácticamente listos para saltar encima de Tom si éste de repente se ponía violento. Pasaron minutos en un intenso silencio antes de que Tom por fin hablara.

—Lo quiero fuera de aquí —le dijo a Andreas. El rastudo ni siquiera podía atreverse a mirar a Bill. —Tómalo y vete.

—Tom ¿de qué estás hablando? —preguntó Georg confundido. —Tú mismo lo dijiste, necesitamos la profecía de Bill para…

—Cuanto más tiempo se quede aquí, peores cosas vendrán —dijo Tom amenazadoramente. —Incluso yo tengo ojos para ver eso.

El estómago de Bill se agitó de una forma extraña. —¿A dónde puedo ir cuando todos los del Consejo están muertos?

—Muy lejos, no me importa dónde. No quiero ver tu patética cara nunca más —le respondió Tom. —Me voy a deshacer del problema en su totalidad alejándote de mí y de mis hombres.

—Si los dioses ya están enojados, dejar que Bill se marche no servirá de nada para remediar su ira —dijo Gustav con convicción. —Me temo que no descansarán hasta haber dado su castigo.

Tom apretó los puños fuertemente. —¿Antes tú dijiste que estaba equivocado al mantenerlo aquí, ahora me equivoco al dejar que se vaya? ¡¿Pero qué tipo de hipocresía es esta?!

—No puedes simplemente ignorar lo que está pasando para que se vaya —dijo Georg con firmeza. —Debes tratar de remediar la situación por ti mismo si quieres que todo termine bien.

—¡Mi legado no será manchado por su presencia! —gritó Tom, su voz tan alta que hizo añicos los oídos de todos los hombres presentes.

Afuera del templo, un relámpago iluminó el cielo. Una furiosa tormenta se estaba preparando. Bill se sentía más enfermo con cada insulto que Tom daba a su persona. Su cabeza se sentía endeble y su estómago ardía cada vez más con cada rayo que caía y estallido de un trueno.

—Su sola presencia ha arruinado cualquier esperanza que nuestros hombres tenían de…

—Eros está enojado… —susurró Bill con la voz entrecortada. —Puedo sentir su ira dentro de mí, y me lastima…

Andreas se acercó preocupado a Bill. —¿Está todo bien? —Incluso Gustav y Georg se acercaron a él.

Bill se frotó el vientre y cerró los ojos. —No puedo mantener esto dentro de mí por mucho más tiempo…

Continuará…

En caso de que haya cualquier tipo de confusión, después de que Bill y Tom tuvieran su pequeño altercado, Tom huyó al desierto para tener un poco de tiempo a solas. Estaba tan enojado que fue y asesinó a dos legiones «militares» por su propia cuenta como Jost y Saki dijeron.

Nos vemos. n_n

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