El fin justifica los medios 17

Notas: Vulpem Pilum Mutat, Non Mores

Fic de AndeinerSeitenureinneWeile. Traducido por Elle-R

Capítulo 17. Un zorro puede cambiar su pelaje, no sus trucos

Cuando Tom finalmente despertó la mañana siguiente, estaba débil y desorientado, y le tomó a su cerebro unos minuciosos momentos recordar exactamente como funcionar. Los dolores del consumo excesivo de alcohol no habían hecho más que empezar. Tenía la boca seca, el malestar de su estómago emitía un ruido sordo, y su cabeza se sentía como si hubiera sido partida en dos.

Tom parpadeó y el brillante sol del desierto atravesó sus ojos. Se protegió los ojos con uno de sus brazos cansados, y deseó que las punzadas en su cabeza se detuvieran. Mientras se incorporaba, se dio cuenta de que todo su cuerpo estaba cubierto de arena. Cómo se las arregló para terminar afuera era un misterio para él, pero Tom únicamente se preguntaba vagamente qué había sucedido la noche anterior. Los martilleos en el interior de su cráneo no le permitían concentrarse demasiado en pensar.

La primera oleada de nauseas vino a Tom y se dio la vuelta sobre sus rodillas para vomitar. Había consumido más vino de lo que había hecho en bastante tiempo. A pesar de que había sido maravilloso escapar por un rato y tropezar borracho por el sendero del entendimiento, Tom al instante se arrepintió de su celebración de la noche anterior mientras la bilis se abría paso hasta su garganta. Su saliva se volvió amarga y sus ojos se humedecieron mientras tosía roncamente.

Una vez que el último rastro de ácido estomacal salió de sus labios resecos y aterrizó asquerosamente en la arena, Tom se sentó en sus talones, recuperando el aliento. Y de esa manera fue como Georg lo encontró.

—¡Tom! —llamó Georg mientras corría redondeando un lado del templo. —¿Cómo llegaste hasta aquí?

Tom se encogió de hombros. —No tengo ni idea. Me siento como una completa mierda.

—No me digas que tú también estás enfermo —dijo Georg, frunciendo los labios con preocupación.

—Bebí demasiado, eso es todo. No estoy realmente enfermo…

—No, el vino estaba envenenado… tenía que estarlo… —dijo Georg, más para sí mismo que para Tom.

—¡¿Qué?! ¿Qué quieres decir con que el vino estaba envenenado? —preguntó Tom frenético. —¡No estoy muerto, y bebí al menos medio barril yo solo!

Georg se rascó la sien pensativo. —Entonces, tiene que ser algo que los hombres pillaron ayer mientras quemaban las tiendas del enemigo. ¿Estás seguro de que te sientes bien?

—Sí, voy a estar bien en unas pocas horas —a pesar de que Tom sinceramente pensaba que podía tomarle varios días recuperase de tan fuerte consumo. —¿Así que algunos de mis hombres están enfermos dices?

—No algunos… Todos.

&

Georg estaba en lo cierto – todos los hombres estaban enfermos. Mientras Tom contemplaba al grupo de guerreros quiénes estaban tendidos en el suelo del templo, se sentía como si fuera a vomitar otra vez sólo ante la vista. Parecían como si hubieran sido tocados por algo infeccioso, algún parásito o alguna otra criatura venenosa que transformaba su piel en las formas más grotescas. Tom una vez había viajado a través del Egeo, y estaba convencido de que los bultos que rodeaban los labios de los hombres eran más grandes que incluso los feos percebes marrones que se pegaron a la parte inferior de los paneles de madera de la nave.

Los hombres se quejaban y lloraban, sus gargantas estaban hinchadas y deformes con horrendos bultos. Algunos de ellos estaban sangrando, empezando a asemejarse a una erupción cutánea.

—¿Alguna vez has visto algo como esto antes?

—Nunca en mi vida —suspiró Tom. —¿Cómo es que tú estás bien?

—Yo no bebí nada de vino —Georg respondió rápidamente. —Tampoco Gustav, y él también está bien. Es por eso que había pensado que el vino debía estar envenenado, pero como tú bebiste y sigues bien, supongo que mi hipótesis es errónea…

—Si los hombres han pillado lo que sea en la zona del enemigo, ¿entonces por qué no hemos oído ningún reporte de tales repulsivas hinchazones en los Elateanos?

—No lo sé —dijo Georg, negando con la cabeza y estremeciéndose cuando vio a un hombre toser un poco de una sustancia blanquecina como pus.

—Yo lo sé.

Tanto Georg como Tom se giraron y vieron de inmediato a Julius apoyado contra una columna, con los labios como queriendo vomitar como todos los demás.

Tom arqueó una ceja interesado y dijo: —Habla guerrero. ¿Qué crees que está causando esta enfermedad?

Julius se echó a reír con una risa ronca y seca. —Es ese maldito profeta. Él está haciéndonos esto, ¿no es obvio? La pequeña zorra está vengándose.

—Tom, no creo que Bill tenga el poder de… —empezó Georg.

—¿Qué te hace pensar eso? —le interrumpió Tom. Sus ojos se dirigieron hacia la habitación donde mantenía a Bill.

&

Julius balanceó rápidamente al joven rubio. Andreas estaba totalmente inconsciente, ni siquiera pudo levantar un brazo para protegerse del golpe del hombre. Tal vez si hubiera sido más entrenado físicamente, Andreas habría mínimamente detenido la fuerza del puño del hombre, pero por desgracia, no estaba en condiciones de amortiguar el golpe, y por lo tanto fue noqueado al primer contacto.

La habitación olía deliciosamente a Bill, y las velas azules favorecían el aire con su presencia. Una pesada atmósfera de deseo llenó la habitación, centrándose en Bill, atrayendo a los dos guerreros como carniceros a la carne.

Julius se agachó junto a la figura dormida de Bill y lo olió. —¿Puedes saborearlo, Neo?

El hombre de pelo negro gruñó y asintió. —Probablemente podría correrme sólo con su olor.

—Yo también —Julius se rió —, ¿pero, dónde está la diversión en eso?

—Demasiada ropa —comentó Neo, observando las prendas transparentes que Bill llevaba puestas. —Desnúdalo, mi amor, mientras yo contengo a mi pene por la vista.

Bill no luchó, estaba todavía profundamente dormido, muy cansado de sus largas horas divagando. Julius hizo un rápido trabajo desnudando a Bill, con las manos temblando de la excitación que pulsaba en él cada vez que tocaba la piel desnuda de Bill.

—Oh, mierda —gimió Neo mientras contemplaba el cuerpo desnudo de Bill. —Voy a correrme en cualquier momento.

—Espera… aguanta… —murmuró Julius torpemente mientras se quitaba su propia ropa. —Mierda… yo también.

—Nghh… ¿Quieres ir a la vez? —Neo jadeó sugestivamente. —Estoy seguro de que esta zorra puede tomar un buen tramo.

—Sí, sólo date prisa o ni si quiera voy a hacerlo en él —dijo Julius mientras Neo se desnudaba.

Ambos hombres trataron de mantener sus bolas duras con poco éxito. Dolorosamente duros, ellos voltearon a Bill bocabajo. Bill se puso en marcha en el instante que sus penes rozaron la superficie magullada de su entrada.

Los hombres dieron un grito ahogado al mismo tiempo y se apartaron de Bill como si hubieran sido quemados. Sus pieles comenzaron a erupcionar en unas ampollas dolorosas. Julius maldijo cuando la cabeza de su hombría empezó a expandirse, no con excitación, sino con rugosas manchas gris y rojo. Su trasero se contrajo, apuñalado de repente por algún cuchillo invisible mientras se arrastraba lejos de Bill. Los bultos fueron extendiéndose rápidamente, cubriendo toda su entrepierna en una lama asquerosa. Incluso su boca estaba erupcionando con ampollas. Miró a su amante; Neo estaba igual.

Bill se volteó y sus ojos dispararon directamente a los dos hombres. Al ver su estado, su rostro se iluminó con un resplandor casi surreal de venganza.

Finalmente, el némesis (*).

Neo y Julius se cubrieron de nuevo con sus ropas, y se alejaron de Bill yendo hacia la parte principal del templo. Querían enjuagarse en la piscina purificadora para hacer un intento de lavar la ardiente picazón que corría por sus cuerpos.

Cuando salieron, sus rostros lavados se cubrieron de horror.

Todos sus camaradas compartían su padecimiento también.

&

—Jost me advirtió que ese cabrón tenía poderes que no sería capaz de detener. Pensé que sólo estaba alabando el mito del niño —dijo Tom gruñendo mientras caminaba pisando fuerte hacia la habitación de Bill. —Voy a rajarle el cuello si él no soluciona esto.

Georg caminó rápidamente junto a él. —¿Realmente crees que Bill está lo suficientemente fuerte como para castigar a todos los hombres? ¡Apenas puede moverse y estaba prácticamente incoherente ayer por el amor de Zeus!

—¡Sí, y se las arregló para hipnotizarte mientras estaba atado! —resopló Tom. —Tú lo dijiste, está bendecido. Lo he subestimado demasiadas veces hasta ahora.

—¿Te has parado a pensar que tal vez se trata de un castigo de los dioses?

—El único dios que no parece tener control alguno aquí es esa hermosa zorra —Tom espetó. —Es hora de acabar con la verdad detrás de él. Vamos a exponer la realidad de su mito.

Continuará…

némesis: justo castigo

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