El fin justifica los medios 14

Notas: Inhumanitas Omni Aetate Molesta Est (Cicerón)

Fic de AndeinerSeitenureinneWeile. Traducido por Elle-R

Capítulo 14. La humanidad es penosa en cualquier época

Andreas siguió el camino rojo con ligeros pasos. A pesar de que estaba dormido, podía sentir físicamente la arena a través de los dedos de sus pies desnudos. Velas iluminaban el camino justo lo suficiente para que Andreas siga su ruta sin problemas, porque por todos lados estaba oscuro.

Las luces se hacían continuamente más brillantes con cada paso, y Andreas podía sentir su calor en su piel, haciéndole sentir incómodo pero atraído a su calidez. Su garganta se secó y sintió una oleada de algo que él conocía como la excitación ardiendo en su estómago.

—Estoy muy preocupado, Andreas —una voz profunda y calmada habló a través de la oscuridad. Ante el sonido de su llamado, todo el sueño se iluminó de forma exponencial. Hubo un destello de una luz cegadora, por lo que Andreas tuvo que protegerse los ojos de su resplandor, y cuando volvió a mirar, él asumió la grandeza de su entorno.

Él estaba en el templo más elaborado que jamás había visto en su vida. Las columnas eran de oro macizo y los pisos de rubíes y diamantes puros. Un magnifico trono se presentaba al final del camino, de platino con una base de jade, y en él, estaba sentado un joven desnudo con alas de unos veinte años, con las piernas abiertas y bien separadas, sosteniendo una flecha en sus manos.

Eros, el dios del amor, estaba rodeado por tres mujeres exquisitas. Una de las mujeres, sensual con el pelo rojo voluminoso, estaba arrodillada a los pies de Eros, aferrada a su pierna mientras masajeaba su muslo peligrosamente. Un rubia estaba reclinada junto a él, con su cabeza apoyada perezosamente en el hombro de Eros, mientras que la tercera figura acariciaba sus pechos con sus manos de seda.

A pesar de que ni siquiera le gustaban las mujeres, Andreas sintió endurecerse ante la vista.

—Lo has hecho bien velando por Bill, mi hijo. —Eros dijo, su voz sonaba como el sexo en sí. —Pero ha habido una complicación, una que debe ser remediada de inmediato.

Andreas habló con tanta fluidez como pudo, no confiando en su voz, que podía quebrarse con un gemido mientras se dirigía al dios.

—¿Qué es lo que necesita que haga, mi dios? Voy a hacer caso de vuestra palabra.

—Por desgracia, no puedo interferir mucho en los asuntos de los mortales. Simplemente te estoy advirtiendo que: los padecimientos de Bill deben ser discernidos o ocurrirán cosas drásticas —el dios dijo. Andreas sintió la piel de gallina al escuchar la erótica voz del hombre.

—Entonces voy a hacer mi mejor esfuerzo para ayudar a Bill —dijo Andreas con orgullo. —Mi señor, qué acerca de Tom, él…

—Tom recibirá lo que es justo para él. —Eros respondió vagamente. —No trates con él tú solo.

—Si es la voluntad de los dioses —Andreas hizo una reverencia.

—Confío en ti Andreas. Haz lo que hay que hacer.

Y con eso, Andreas se despertó abruptamente con un grito ahogado, y al instante se corrió tan intensamente como jamás lo había hecho en toda su vida dentro de su túnica de color canela.

La mañana estaba acabando. Georg y Gustav se despertaron.

Andreas respiraba entrecortadamente, pero se centró en la tarea en cuestión. Tenía muchos interrogatorios que hacer.

&

Gaius regreso, y Tom recibió las decepcionantes noticias con un grito de rabia. Los Elateanos habían cruzado la frontera, tomando el país que los Hiperiónes ya habían reclamado en su poder. En este momento, el ejército de Jost estaba perdiendo.

Jost le pedía a Tom que hiciera una muy necesaria distracción, una pequeña catástrofe que les afecte y les tome el tiempo suficiente para que Jost los ataque de nuevo con más fuerza que antes.

Después de una breve consulta con Georg y Gustav, Tom despertó a los guerreros e hicieron un círculo apresuradamente.

—Vais a dividiros en dos. —Tom explicó a sus hombres. —Prenderéis fuego a las tiendas de los enemigos, especialmente aquellas que almacenen alimentos. Agarren tantas armas como les sea posible, y traerlas de vuelta aquí para mí. Llevareis sólo el fuego con vosotros.

—¿Por qué no llevamos nuestras espadas? —preguntó un hombre alto y moreno con los ojos de color marrón oscuro.

—El enemigo no sabe que estamos aquí , y queremos que siga siendo así, Julius —Tom dijo. —Tenemos que hacer que parezca que un incendio accidental se ha desatado, debilitándolos sólo una fracción, y regresar triunfalmente con nuestros botines.

El hombre hizo un gesto de comprensión, pero abrió la boca de nuevo. —¿Qué vas a hacer con él?

Aunque Bill no estaba presente en la habitación principal, todos los hombres sabían acerca de quién estaba hablando. Los ojos vagaron depredadoramente hacia la parte posterior del templo.

—Bill se quedará conmigo por el momento. Todavía no he terminado con él como me gustaría —Tom dijo severamente. —Al caer la noche tendremos una profecía, se los aseguro.

Algunos de los hombres se veían descontentos, otros celosos, y unos cuantos maliciosos. No obstante así, cada uno de ellos se emparejaron y se adentraron en el desierto ante las órdenes de su líder.

&

Bill se acostó boca abajo en la estera dónde dormía. Su túnica estaba a un lado de la habitación. Su trasero mallugado y con muchos cortes, raspones y marcas de mordeduras que había recibido del mal trato de los hombres estaba expuesto claramente.

Unas manos cálidas tocaron su piel, recubriendo las áreas maltratadas con un ungüento.

—No puedo permitir que te infectes si tengo la intención de venirme dentro de ti —Tom le informó a Bill mientras aplicaba el ungüento minuciosamente. —Sería poco higiénico.

Bill se estremeció ante el suave toque de los dedos de Tom, dedos que tenían el poder de joderlo si así lo deseaban. Todo su cuerpo todavía se alteraba por el daño y el dolor que le habían provocado los guerreros.

Los dedos de Tom trazaron la curva del trasero de Bill, pasando el bálsamo encima de su maltrecho agujero fruncido. Bill inhaló profundamente ante el toque, y sus piernas se cerraron de la mejor manera posible.

—Date la vuelta.

Bill se giró lentamente sobre su espalda.

—Abre las piernas.

Bill dejó escapar un suspiro ansioso cuando él separó sus rodillas por lo que Tom tenía acceso completo a su entrepierna. Bill siseó cuando la fría loción fue extendida por su pene, y sus ojos se humedecieron ante el escozor que le produjo mientras limpiaban los arañazos en su longitud. Inclusive Tom no pudo evitar temblar ante la vista de tales rojas y furiosas líneas en el miembro de Bill. Era un órgano demasiado sensible para recibir un trato tan violento.

Antes de que Tom pudiera detenerse, dijo; —Yo nunca les dije que te lastimaran tanto. Esa no fue mi orden.

Bill le miró fijamente en respuesta con unos tristes ojos marrones.

—Te lo advierto ahora para que te prepares para esta noche —Tom dijo abruptamente mientras ponía el último poco de ungüento en Bill. —Voy a acostarme contigo otra vez.

—¿Sólo tú? —preguntó Bill, su voz era un mero susurro.

—Sí —Tom asintió. —Sólo yo.

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—Repítemelas de nuevo — Tom ordenó.

—Post tenebras lux. Respice, adspice, prospice. Lupus in fabula —Andreas recitó por enésima vez. —Después de la oscuridad, la luz. Examina el pasado, examina el presente, examina el futuro. Habla del lobo, y él vendrá.

—¡Esto no tiene absolutamente ningún sentido! —Tom exclamó, golpeando con furia un escudo y abollándolo con el pie.

—Quizás todas tendrían sentido si yo tuviera la última. Debe haber una cuarta, pero dudo que Bill la recuerde después de todo por lo que ha pasado —Andreas le gruñó al rastudo.

—El hilo que te mantiene vivo es muy fino. No sé porqué no lo he cortado todavía —Tom advirtió.

Andreas apretó el pergamino contra su pecho y habló intencionadamente. —Quizás los dioses me mantienen vivo.

—Pareces muy seguro de ti mismo —Tom se rió y alzó sus brazos de par en par. —¿Dónde estaban los dioses cuando maté a sus sacerdotes?

—Observando —Andreas dijo siniestramente.

&

El fuego iluminó el cielo diurno mientras tienda tras tienda estallaba en llamas.

Continuará…

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