Notas: Nemo Liber Est Qui Corpori Servit (Séneca)
Fic de AndeinerSeitenureinneWeile. Traducido por Elle-R
Capítulo 13. Nadie es verdaderamente libre si es esclavo de su cuerpo
A diferencia de las rudas y ásperas manos de los guerreros, las manos de Tom fueron gentiles cuando él recostó a Bill en el fino colchón de color marrón. No había necesidad de romper aún más a Bill en ese momento. Estaba seguro de que Bill no intentaría escapar, después de todo, los guerreros le impedían el paso fuera del templo y no es como si él pudiese correr con rapidez en sus actuales condiciones de todas formas.
Bill miró fijamente a Tom con una cara fría e inescrutable. La única emoción vino de sus ojos, que se abrieron totalmente por el pánico cuando el hombre con rastas le alcanzó por el cuello, retirando el collar que estaba abrochado posesivamente a su alrededor. Bill temblaba, sus labios temblaron también cuando el cuero fue alejado. Había sido estrangulado durante el asalto, eso era muy evidente, y la marcada línea roja alrededor de su garganta reveló hasta que punto.
El sonido de un ligero chorro se escuchó cuando Tom mojó un paño pequeño en un recipiente de agua dulce. El algodón húmedo calentó la piel de Bill en el instante que los dos entraron en contacto, y Tom empezó a quitar las huellas invisibles del cuerpo de Bill.
—¿Has aprendido ya la lección? —Tom preguntó en voz baja, sin embargo bruscamente al mismo tiempo. —Ya sabes, no puedes escapar de mí.
Bill asintió con la cabeza superficialmente.
—Si haces lo que te digo, entonces estarás a salvo de mis hombres —. Dijo Tom mientras limpiaba el semen seco del vientre de Bill. —¿Vas a hacer lo que yo diga desde ahora y no tratar de refutarme?
Otro asentimiento.
—Los hombres dijeron que no diste ninguna profecía. —dijo Tom, con una expresión ilegible en el rostro mientras bajaba más por su piel y el paño se acercó a la cadera de Bill. —Todavía espero recibir una profecía de ti.
Fue con la histeria ansiosa que Bill contestó. Su cuello se tensó y él negó con la cabeza violentamente.
—¡No, no puedo! —Bill dijo en un sollozo incontrolable. —Algo está mal… Estoy roto, no puedo. ¡Por favor, no me devuelvas con ellos!
—Cálmate —ordenó Tom. No quería que Georg y Gustav escuchen el llanto de Bill e irrumpan en la habitación. —No voy a entregarte tan pronto. ¿Por qué dices que estás roto?
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—Shh… Está bien, Bill. Cuéntame lo que pasó. —dijo Andreas en una voz baja y reconfortante. Bill estaba siendo abrazado entre los brazos de Andreas, sostenido firmemente y seguro contra el pecho del rubio.
—¡Andi, tú dijiste que no volvería a ocurrir! —Bill exclamó con un sollozo contra el pecho de su amante. —¡Dijiste que nunca tendría que tener miedo, pero te equivocaste!
—Cariño, por favor relájate por mí. Él no sabía cuáles serían las consecuencias de sus acciones. —dijo Andreas mientras lanzaba una mirada recriminatoria a Tom.
—¿Por qué ellos no escucharon cuando dije que no? ¿No tengo permitido decir que no? ¿Acaso no tengo control sobre mi propio cuerpo? —preguntó Bill, sus ojos yendo entre Andreas y Tom mientras buscaba desesperadamente las respuestas.
—No llores, Bill. —Andreas le arrulló. —Necesito que hables conmigo.
—No me digas que no llore por esto. ¿Tú sabes lo que es estar a merced de alguien más? —Bill gruñó. —Es aterrador. No tenía control sobre mí mismo. ¡No pude escapar a pesar de que luche lo mejor que podía!
Bill hundió su cabeza en el cuello de Andreas, y el rubio le besó la sien consolador.
—Aww, Bill. ¿Y qué es eso que he escuchado acerca de ti estando roto?
—¡Lo estoy, y no sé por qué! —Bill lloró, sus trenzas se sacudieron mientras un sollozó lo estremeció a él. —Me vine, pero la profecía nunca llegó… y él dice que tengo que profetizar para él, pero está este dolor en mi vientre, y si no desaparece…
Andreas frunció el ceño. —¿Cuánto tiempo ha estado allí?
—Por un tiempo… y nunca me dormí cuando Tom y yo… —Bill murmuró. —Hay algo más. Andi, lo sentí, sentí todo con Tom. Estuve allí todo el tiempo.
—¿Y esto que acaba de suceder? —Andreas preguntó. Se estaba poniendo más y más preocupado a cada segundo que pasaba. —¿Hiciste algo para enfurecer a Eros? ¿Crees que podría estar castigándote por alguna razón?
—¡No, yo no he hecho nada malo! —Bill le aclaró a Andreas. —Todavía puedo sentir la presencia de Eros en mí, siento la misma cantidad de excitación que antes… ¡pero la excitación no se detiene!
—Tal vez tú no eres el que está siendo castigado entonces. —Andreas dio por sentado. —Tal vez está castigando a otra persona.
El Elateano se giró acusadoramente hacia Tom, sus ojos fijos en el Hiperión mientras las cosas empezaban a encajar en sus mentes.
—Creo que ellos pueden tener algo allí. —Georg dijo. Incluso sus ojos estaban llenos de acusación. —Tú diste la orden de mutilar a los sacerdotes de este templo y dejaste que su sangre sacrílega mancille la piscina sagrada.
—Y ha sido el límite de quebrantar todas las reglas de la guerra, por puro egoísmo. —Gustav añadió.
—¡No es egoísta que yo quiera mantener mi dignidad para tener mi nombre pasando a través de las generaciones! —Tom se defendió, su voz llena de enojo. —¡Después de todo lo que he hecho, ansío mi honor!
—¿Y qué es el honor?
La voz de Bill sonaba tranquila, pero desafiante. Tom volvió su atención al profeta.
—El honor es ser conocido para siempre. —Tom respondió.
—He sido bendecido por los dioses y en relación con ellos, conocido por todo el país, el continente, el mundo, y por lo tanto seré conocido para siempre en las leyendas de los dioses. ¿Significa esto que yo ya tengo honor?
—No. —Tom negó. —Tú tienes fama.
—Bueno entonces, ¿qué es la fama?
Tom miró a Bill fijamente. —Fama es ser bien conocido.
—Entonces, si la fama es ser bien conocido, y yo tengo la fama que me hará ser conocido para siempre, y el honor es ser conocido por los siglos de los siglos, ¿por lo tanto puedo recibir el honor a partir de mi fama? —Bill enarcó las cejas. —¿No es el honor lo mismo que la fama?
—No. El honor y la fama no son lo mismo. —Tom resopló. —¿Cuál es el propósito de tal interrogatorio?
Bill pareció meditar por un segundo. —Pero hace un momento, tú dijiste que el honor era ser conocido para siempre, lo que yo seré, porque tengo fama. Sin embargo, ¿el honor no es la fama?
—No, no lo es.
—Tú dices que el honor es ser conocido para siempre, pero a pesar del hecho de que yo seré conocido para siempre, no tengo honor, pero sí fama. —Bill señaló.
—La diferencia entre el honor y la fama es esta: el honor se atribuye al nombre de uno, un legado que será conocido para siempre, y por el cual te honraran.
Ante eso, Bill se atrevió a sonreír levemente. —Pues bien, Tom. Parece que tú nunca tendrás tal gloria, ¿para quién sería un honor reverenciar el legado de un hombre que mata por deporte y va en contra de los dioses?
Tom se mordió la lengua, silenciado por la declaración de Bill. Nadie había contradicho antes la convicción de Tom de que sería honrado por sus victorias. Una inquietante pregunta no podía dejar de surgir en su cerebro.
¿Por cuál legado iba él a ser conocido?
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Bill se había sentido más controlado, más poderoso y seguro cuando Andreas le sostuvo entre sus brazos y Georg y Gustav habían estado ahí para razonar con Tom. Pero después de que Andreas fuera llevado por los dos amistosos hombres, y él se quedó a solas con Tom, Bill sintió un nudo en la garganta del remordimiento. Él mordisqueaba hambriento los albaricoques que le habían dado mientras esperaba que Tom dijera algo. Podía sentir los ojos de Tom en él mientras masticaba. Ahora tenía que enfrentar la ira de Tom sin nadie que lo proteja.
Una vez que Bill había terminado la fruta, él miró hacia Tom, quién comenzaba a desprenderse de su vestimenta.
—Lo siento por hablar en tú contra antes. —Bill dijo, con su voz llena de pánico ante la vista del cuerpo desnudo de Tom, asociando el cuerpo del hombre con el castigo.
Tom se rió ante lo dócil que Bill se había vuelto de repente. El chico deliberadamente apartó la mirada de Tom y sus brazos se envolvieron protectoramente alrededor de su pecho mientras todo su cuerpo temblaba ligeramente.
—No voy a violarte. —Tom informó al chico mientras vertía una jarra de agua en sí mismo para lavar la suciedad y el polvo proveniente del día.
—No pensaba que lo fueras a hacer… —Bill murmuró tímidamente, aunque él se encogió ante la mención de la palabra violación.
—No es que no te lo merezcas.
Bill se abrazó a sí mismo más estrechamente, su túnica era como un escudo que sostenía contra su pecho. Siempre y cuando se mantuviera vestido, Tom no podría violarlo. El argumento no parecía muy convincente. Mientras Bill observaba a Tom enjuagarse, no pudo evitar darse cuenta de lo fuertes que los músculos de Tom eran cuando estaban flexionados, igual que los musculosos brazos que lo habían forzado al suelo y…
—¿Qué vas a hacer después de haberte lavado? —Bill preguntó ansiosamente.
—¿Por qué, estás preparado para una ronda? —Tom se rió entre dientes, tomando una toalla para secarse. Él dio un paso hacia Bill; las gotas de agua se deslizaban por su bien esculpido abdomen. Bill miró a Tom con ojos asustados y alertas. Todo su cuerpo parecía tenso.
—No… —Bill murmuró. Se sintió frío y caliente a la vez con el pensamiento de Tom acercándose a tomar ventaja de él, sentía la excitación en el olor de Tom, pero la bilis subió a su garganta ante la idea de Tom tocándolo sexualmente ahora. —¡Por favor, dije que lo siento!
Tom se detuvo justo delante de Bill, su pene semiduro frente al rostro del chico. Bill parecía cualquier cosa menos excitado por el hombre.
—Tú sabes que lo deseas. —Tom sonrió con suficiencia y tomó un puñado del pelo de Bill.
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Las manos morenas que habían agarrado el pelo de Bill prácticamente arrancaron cabellos de la cabeza del muchacho puesto que controlaban forzosamente sus movimientos.
—Así está bien, sigue. —El hombre soltó un gruñido mientras se empujaba dentro de la boca de Bill.
Bill intentó apartarse, pero el hombre tiró de la cadena en su cuello, jalándolo incluso más cerca a la base de su pene hinchado e intensificando la presión del cuero alrededor de su cuello. Los ojos de Bill lagrimeaban por el dolor, y se atragantó con la intrusión que invadió su garganta.
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—¿Bill? —Tom se arrodilló al lado del chico, su rostro buscando al profeta con el ceño fruncido.
Bill se levantó, sintiéndose extraño, había una mirada de desconcierto en su rostro. Se había caído al suelo.
—¿Qué ha pasado? —Bill preguntó confundido. Sus ojos desplazándose frenéticamente en busca de alguien, algún atacante que no estaba allí. —¿Dónde está?
—¿Dónde está quién?
En lugar de responder, Bill se puso de pie histéricamente. Tom le observó atentamente cuando Bill se asomó a la habitación central del templo. Bill dejó escapar un suspiro de alivio. El hombre ya estaba dormido, al igual que todos los demás.
—¿Qué fue eso? —Tom preguntó. Él cogió su ropa.
—Recordé algo, pero pensé que… —Bill se mordió el labio. —Lo siento. Se me olvidó dónde estaba por un minuto.
—¿Por qué me debe importar?
—Nunca dije que tuviera que importarte. —Bill dijo, sus ojos se movían nerviosamente. —Quiero decir, ¿por qué habrías de hacerlo?… Estoy bien.
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Gaius regresó corriendo a través del campo, sus piernas impulsándose furiosamente mientras sus músculos tonificados se flexionaban y contraían atléticamente. Él tenía noticias urgentes para entregar a Tom.
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Bill no podía dormir. Se encontraba mirando a Tom, preparándose para cuando Tom tuviera que despertar e intentara acostarse con él. De vez en cuando se escabullía hacia la puerta, sólo para ver que los hombres todavía estaban durmiendo, que no venían a por ellos, a pesar de que podía sentirlos sobre él tanto como si estaban físicamente presentes o no.
Continuará…
