Notas: Brevior Saltare Cum Deformibus Viris Est Vita

Fic de AndeinerSeitenureinneWeile. Traducido por Elle-R
Capítulo 1. La vida es demasiado corta para danzar con hombres feos
El sol del desierto resplandecía por encima del campo de batalla. Cientos de miles de hombres estaban marchando, cubiertos con capas de protección y enormes escudos, lanzas y espadas. Sus musculosas piernas se mueven de forma sincronizada, ni un pie fuera de lugar a medida que caminan hacia adelante. Ambas partes apenas podían ver a sus oponentes durante todo el camino, y ambas mantenían la cabeza en alto con dignidad. A pesar de que muchos perecían en el combate del día, la cantidad de amigos y enemigos era similar, todavía se deleitaban con la gloria que aguardan sus nombres en caso de resultar victoriosos.
Las tropas se detuvieron dentro de una distancia cercana la una de la otra. El aire se atajó en un significativo silencio de anticipación.
—Tom —Jost gritó a la multitud de hombres. —Tom, hijo de Gordon, ven a mi lado.
La línea del frente se separó ligeramente mientras el guerrero llamado Tom salió al descubierto. Los otros hombres rápidamente se colocaron en su posición, algunos de ellos lanzando miradas celosas al joven héroe.
Tom ciertamente parecía un héroe. Su cuerpo estaba bronceado y musculoso por los años de experimentados combates. A pesar de ser más joven que los otros hombres en la línea, Tom era el más renombrado. Debajo de su piel estaba el poder y la fuerza y se podría decir que su postura era la de un hombre que había visto la guerra y conocido el éxito. Después de todo, ¿cómo podría un hombre entrenado por el mismo Ares no ser un impresionante guerrero?
Arena caliente presionaba por debajo de las sandalias de Tom mientras se acercaba a su líder. Sus rastas bañadas por el sol se balanceaban con cada paso y su rostro se mantenía fijo con una sonrisa satisfecha.
—¿Me llamaste? —preguntó Tom a su llegada. —Es una pena saber que nuestras posibilidades son tan escasas que debo ser convocado antes de que empiece el combate.
Jost le dio a Tom una dura mirada cuando se bajó de su caballo. Tom siempre había sido un poco arrogante comparado con los otros guerreros. Conocía su fuerza militar y la dependencia que tenían de él para ganar una batalla. La atención prestada en él y su pulcra e invicta reputación parecía írsele a la cabeza mientras más y más mayor se hacía.
—Te he convocado porque tengo una misión importante para ti —dijo Jost serio—, necesito que busques y mates a un hombre en particular.
—Bueno, eso no debería ser demasiado difícil —Tom se rio irónicamente, indicando el tamaño de los oponentes. —Este hombre, ¿cómo lo encuentro, de entre las masas?
—Él va a captar tu atención, sé que lo hará —le aseguró Jost. —Es probable que estés muy contento cuando te diga a quién vas a cazar.
Los ojos de Tom se animaron. Le encantaría encargarse de matar a alguien de gran importancia para promover más su reputación. Por no hablar de la diversión de estar involucrado en un frente a frente con un competidor especializado. —¿Quién es el que deseas que encuentre?
—Su nombre es Bill, hijo de Jorg, y dicen que es invencible.
—Así que, yo mismo soy invencible. Sólo uno de nosotros quedará en pie y sé que seré yo —afirmó Tom encarecidamente. Sus ojos miraban con avidez hacia el horizonte de soldados enemigos.
—Creo que no lo entiendes, Tom —dijo Jost en voz baja. —Bill no puede ser derrotado. Ha sido bendecido por Eros. Cualquier hombre que si quiera lo mire queda cautivado por su belleza y perece en su mano. Debilita al enemigo a través de su aspecto.
—He visto a muchos hombre bellos en combate —dijo Tom con nostalgia—, y no he tenido ningún problema en mancharme con su sangre a través de mi escudo.
—Tienes que ser rápido en el enfrentamiento con él, Tom. No le mires a la cara durante mucho tiempo, para que no quedes embelesado.
—No creo que este hombre sea tan fuerte como le hacéis parecer —dijo Tom.
Jost negó con la cabeza. —Por el contrario, lo es. Se dice que a la edad de quince años, mató a todo un batallón de hombres del doble de su edad en un abrir y cerrar de ojos.
—Eso suena como un cuento a mis oídos —exclamó Tom—, ningún quinceañero podría hacer tal cosa.
—Fue la batalla de Pallas —dijo Jost, y Tom frunció el ceño desconcertado. —Supongo que estás familiarizado con esa catástrofe.
—Por supuesto que sí —espetó Tom con dureza, celoso. —Es leyenda. Nunca encontraron al niño después de los hechos. Se creía que el niño era un mito.
—¿Entiendes que si lo matas, tu nombre será mayor que el de todos los otros guerreros? Durante generaciones serás honrado como el triunfante sobre el engendro de Eros.
—Y yo lo haré prosperar —Tom asintió con la cabeza, con los músculos llenos de tensión, listos para entrar en acción y reclamar su premio. —Ya verás.
&
La sangre manchaba la arena, cuerpos cayeron sin vida a la tierra. Tom evitó el caos a su alrededor, él mataba cuando alguien se interponía en su camino, pero mantuvo los ojos bien abiertos para aquel a quien destruiría.
Jost le había dicho que sería fácil detectar a Bill, si los rumores resultaban ciertos. Bill era descrito teniendo una androginia que lo distingue de los otros hombres. Sus movimientos fluidos, la forma sexual como metía la espada en el vientre de sus víctimas era incomparable. Luchaba como si fuera un dios.
Tom continuó buscando, su ego desesperado por llegar a Bill y al final tener la gloria del otro hombre con una sola estocada final de su espada. Sus ojos vagaron, casi sintiendo que la causa estaba perdida, hasta que finalmente su vista se posó en la más magnífica criatura que había visto nunca.
Bill era joven, aparentemente de la misma edad de Tom. Pero de alguna manera, parecía más joven. Tenía un rosto joven, femenino, que era a la vez juvenil e inconfundiblemente masculino al mismo tiempo. Su piel era blanca, de un blanco cremoso que se ilumina en el calor de día. Aunque el chico no parecía sudar, su cuerpo brillaba, ¿con la victoria, como impulso? Tom no lo sabía.
—Mi corazón me dice que me acerque y diga que nunca he visto tal belleza, ni en un hombre o una mujer. Estoy asombrado con la vista. —dijo Tom mientras blandía su pesada espada de metal frente al otro hombre.
Bill sonrió con complicidad, con los ojos marrones atractivos parpadeando detrás de los bordes de carbón. —Sí, mi cara tiene una cualidad casi inolvidable.
Tom se extasió al oír la voz de Bill, la melodía cantarina puesta en libertad, y subconscientemente, bajó la espada.
Sólo un instante después Bill se abalanzó directamente contra él con el brazo en alto. El choque de las espadas trajo a Tom de vuelta a la realidad y le hizo una mueca al otro hombre. Había bajado la guardia, aunque sólo sea por un segundo, poniéndose en riesgo. Y eso enojó a Tom.
—Hmm… parece que puedo ser la última cara que veas —Bromeó el otro chico.
—No puedes creerte honestamente eso, ¿verdad Bill?
—Oh, mira —chilló Bill juguetonamente—, sabes mi nombre y yo todavía no sé el tuyo. Por favor, ¿podrías decirme tu nombre para que yo pueda añadirte a mi colección una vez que te haya matado?
—Te lo diré, sólo para que puedas saber quién es el que te matará. Soy Tom, hijo de Gordon —dijo Tom con orgullo.
Bill dio un paso hacia atrás, haciendo una reverencia. —He oído hablar de ti, Tom. Ares habla muy bien de ti. Me atrevería a decir que eres su alumno favorito.
—A menudo se dice —respondió Tom con aire de suficiencia.
—Cierto. Entonces se entristecerá mucho cuando quemen tu cuerpo. Por lo menos morirás a manos de alguien superior, no por algún error en el campo de batalla —dijo Bill con una sonrisa. —Qué vergüenza sería eso para ti.
—O para ti —Tom sonrió. Normalmente nunca hablaba con un oponente, especialmente no por tanto tiempo, pero algo en Bill le cautivaba. Se divertía burlándose del muchacho bendecido.
Tom rápidamente clavó su espada, con objetivo el hombro de Bill. Bill se giró en el acto y lo persiguió, su blanco y negro cabello trenzado se agitaba en el aire casi a cámara lenta mientras se movía.
—Tan cerca —Bill se echó a reír. —Casi pensé que me tenías por un momento pero entonces me acordé de quien soy.
—Estás muy engreído, ¿no es así? —preguntó Tom, golpeando el talón de Bill. Bill hizo una voltereta hacia atrás, una sorprendente táctica de evasión a opinión de Tom, y dejó escapar un pequeño gruñido.
—No soy vanidoso, sólo imparable —afirmó Bill. —Tú no me puedes dominar.
—Estoy seguro de que puedo. Recuerda, la Guerra (*) está de mi lado —. Señaló Tom, lanzando sus brazos en un gesto de invitación. —Vamos a ver si puedes derrotar a la misma Guerra.
—Eso no debe ser demasiado desafío —Bill sonrió. Mirando a Tom dejó caer su espada en el suelo. —Puedo vencerte sin armamento. Dame tu mejor golpe, Tom.
Tom se abalanzó hacia adelante, como un relámpago, Bill lo esquivó yendo a un lado.
Se puso de pie mientras Tom estaba a punto de sacar su arma hacia atrás y se apretó contra el pecho del hombre. Una oleada de lujuria recorrió de Tom y su espada cayó al suelo. No podía evitarlo. Agarró a Bill apasionado y lo besó profundamente, serpenteando sus manos por las trenzas largas del chico.
La batalla parecía derretirse a su alrededor; todo lo que Tom podía ver era a Bill, sentir sus labios, su lujuria, todo lo sexual de su esencia. No se dio cuenta que la mano de Bill envuelta alrededor de su cuello no estaba destinada a acariciarlo.
De repente, el agarre de Bill apretó el cuello de Tom y Tom fue alzado. Bill le estaba estrangulando con su mano desnuda. Era más fuerte de lo que aparentaba. Si Tom no estuviera tan envuelto en la humedad que era la boca de Bill y la perfección del beso, se habría retirado de inmediato. Pero no podía. Bill le había atrapado.
En cambio Tom agarró el pelo de Bill con fuerza y tiró de él hacia atrás, alejando la cabeza de Bill lejos de la suya. Bill soltó a Tom por la sorpresa. Nadie había sido capaz de resistirse al poder de su beso antes, pero Tom parecía recuperar un poco de su control, incluso si sus reflejos seguían lentos por la feromonas con las que Bill le estaba intoxicando.
Lanzó a Bill a la tierra y cogió su espada. Cuando la levanto, Bill le envió una mirada suplicante, y se detuvo antes de hundir el arma en el torso del chico. La cara de Bill era tan inocente, tan joven, tan bella. Tom no podía decidirse a herirlo.
—Joder —murmuró Tom, alejándose de Bill apresuradamente. Jost había tenido razón. Llegar a Bill iba a ser más mucho más difícil de lo que había previsto.
Bill bajó los ojos, sonriente y se puso en pie. —Gracias por perdonarme. Hubiera sido más bien insignificante para ti matarme cuando no tengo ninguna arma en la mano para defenderme. Casi como matar a un niño indefenso…
—No eres un niño, Bill. Y para cuando ésta guerra se acabe, voy a mirar tus ojos fríos y me reiré.
Trompetas estallaron en las afueras del campo, deteniendo la batalla del día para que todos pudieran recoger a los muertos y enterrarlos debidamente.
—Supongo que entonces nos veremos de nuevo pronto —dijo Bill despidiéndose con una mano.
—De hecho, creo que lo haremos.
Continuará…
Ares (Guerra): En la mitología griega, Ares se considera el dios olímpico de la guerra, aunque es más bien la personificación de la fuerza bruta y la violencia, así como del tumulto, confusión y horrores de las batallas.
Eros: en la mitología griega Eros era el dios primordial responsable de la atracción sexual, el amor y el sexo, venerado también como un dios de la fertilidad. Su equivalente romano es Cupido, también conocido como Amor. Eros es principalmente el dios del amor entre hombres.
