FOE 18 (P.1)

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

FOE: Capítulo 18

Billeam meditó las palabras del perro. Nunca esperó que un perro admitiera su derrota, o que asumiera su inferioridad. El perro tenía razón, debería sentirse orgulloso de escuchar eso. Después de todo, era uno de sus más preciados objetivos. Pero en lugar de eso, las palabras del perro lo habían dejado de pronto con un molesto ataque de conciencia, pero que no era nada comparado con el extremo sentimiento de frustración de haber arruinado el prospecto de obtener alivio que, una vez más, había prometido ser altamente gratificante.

Murmuró una maldición, incapaz de volver a dormir mientras su erección sin atender permaneciera despierta, sedienta y esperando. Aunque fuera macho, a él no le importaban los largos periodos de abstinencia. No había tiempo para atender sus necesidades sexuales cuando siempre estaba demasiado ocupado con asuntos importantes, como comandar a su flota y planear formas de desafiar y asesinar perros. De hecho, era más fácil para él resistir sus encuentros de apareamiento cuando encontraba una oportunidad. Lo podía soportar, incluso, lo podía olvidar. Pero ahora, se había vuelto una horrorosa necesidad. Por supuesto que culpaba al perro, pero también se culpaba así mismo por haberle dado esa oportunidad al perro y con eso, desatar su instinto de apareamiento hasta un punto en que lo estaba controlando en la misma forma en que controlaba al perro. Maldecía su timidez que lo hacía sentir débil. Debió haberse puesto firme y haberse opuesto cada vez que el otro intentó tocarlo, pero odiaba admitir que se había sentido muy bien. En cada ocasión. No podía recordar la última vez en que había sentido tal gratificación al aparearse. Y, aunque estaba consciente de lo inapropiado que era, no se sentía completamente asqueado por ello. Y se preguntó, si como dijo el perro, la necesidad se volvería tan fuerte que sería capaz de ignorar lo equivocado.

Sin embargo, la sensación de vergüenza siempre estaba presente y cada vez era peor. Cada vez peor, porque se daba cuenta que estaba traicionando todo lo que alguna vez había creído, renunciando a todo por lo que había luchado. Se permitió los encuentros íntimos con la excusa de que estaba respondiendo meramente a una necesidad básica, pero rechazaba rotundamente el acto del beso, porque era sin duda una forma significativa de afecto. Porque entonces, estaría coronando su traición y no habría ninguna excusa para rectificar dicha acción. Aprendió a soportar la cercanía del perro y a consentir su compañía, porque no tenía opción. Pero nunca se permitiría olvidar que eran enemigos a muerte.

Y cuando el perro amenazó con quitarle los encuentros placenteros, haciéndole ver el control que tenía sobre él, fue su orgullo felino y su determinación de odiar a los perros, lo que habló por él.

Después de eso, el perro estuvo realmente resentido, por días. Se volvió distante y ya no lo llenaba de constantes atenciones, ni lo elogiaba con cumplidos cliché. No era necesario decir que no mostró ni la más mínima muestra de lujuria, o algún intento desesperado por aparearse. Por un momento, Billeam se preocupó de que el perro hubiera perdido su interés en él.

Soltó un bufido cínico, porque no había nada que le importara menos. Por lo menos trató de convencerse a sí mismo de ello, pero no había forma de esconder su cara de enojo. Dio su mayor esfuerzo por mantenerse indiferente ante el cambio del perro, pero su desconcierto creció cuando se dio cuenta que las miradas intensas se habían detenido y eventualmente, notó que pasó un día completo sin que el perro lo mirara.

Tal vez todo esto era por su ego herido más que por estar desilusionado. Porque sin importar lo estúpido, extraño o enfermo de la conducta del perro, vio con honestidad que le encantaba toda esa atención, se sentía genial escuchar todos los elogios que bordeaban adoración. Y la dicha que le hacía ir a las nubes, evocada por sus bochornosas palabras y frases estimulantes durante sus encuentros íntimos, lo volvían dócil y manejable.

Su ego nunca había sido lastimado, de hecho, en algún punto se enojó con el perro, comenzando a creer que su gran devoción y admiración habían sido solo mentiras.

No se atrevería a confrontarlo por algo así, no necesitaba palabras si quería desafiarlo. Ni una vez había usado su cuerpo o su apariencia para ganar algo, aunque sabía que esta virtud, tenía el potencial de influir en otros, pero su dignidad era lo suficientemente fuerte como para usar este beneficio a su favor. Sin duda la dignidad ya no era un problema y no podía pensar en una mejor idea que usar su apariencia a su favor.

Fue a su baño de rutina, en el riachuelo cercano, se aseguró de remover cualquier rastro de mugre o tierra de su piel. No se vistió de inmediato y caminó desnudo de vuelta al campamento, como solía hacer antes de que el perro le confesara sus sentimientos. De inmediato sintió la mirada sorprendida del perro sobre él y sonrió, orgulloso de sí mismo.

&

Tomek captó la irresistible figura desnuda de Billeam caminando y se quedó sin aliento. Luchó con todo su poder mental para desviar la mirada. Su corazón destrozado todavía dolía por el resentimiento. Moría por abrazarlo, anhelaba tanto tocarlo y si al principio podía vivir sabiendo que su amor no era correspondido, ahora saberlo lo estaba matando lentamente. Quería más de Billeam, pero sabía que era inútil. El corazón del felino era impenetrable, por lo menos lo que había visto, ¿pero qué esperaba en realidad? No era solo que era de una raza diferente, él era macho… y un perro. Su última pelea solo le había hecho ver que, pese a todas las experiencias que vivieron juntos, el odio que Billeam sentía por él, no había menguado. No creyó que su último rechazo lo afectaría tanto, pero lo hizo y ahora, no podía acercarse a él sin temer.

Se distrajo de sus terribles pensamientos mediante sus labores diarias y se alejó para cazar tan a menudo, que había almacenado suficiente comida como para que durara meses. Pero sin importar cuánto tratara, no podía sacar a Billeam de su mente, especialmente desde le había dado por cruzarse en su línea de visión. Era imposible no pensar en él, especialmente cuando se paseaba desnudo, o cuando notó su entrañable manía de agitar su largo cabello negro, cada vez que giraba, o como estiraba su esbelto cuerpo después de trabajar y sudaba por sus tareas. Pero finalmente comprendió la actuación de Billeam cuando vio una estrategia inusual, de doblarse para recoger cosas, que de alguna forma se las arreglaba para sobre exponer su delicioso y pequeño trasero.

Tomek sonrió de lado, muy complacido. Ahora que lo había descubierto, podía ver claramente lo que estaba sucediendo con Billeam, sin duda alguna, estaba caliente. Realmente caliente, si se permitía a sí mismo hacer esas poses humillantes. Al principio, sus intentos de seducirlo habían sido sutiles, pero ahora eran demasiado obvios. Era adorable, sin mencionar efectivo. Extremadamente efectivo. Pero no se permitiría ver esas poses, no lo dejaría ganar. Oh, no. Sí quería algo de acción, tendría que dar algo a cambio. Por lo menos debería dejar que lo besara.

Los intentos de Billeam eran mucho más potentes en la noche, cuando se acurrucaba con él. Pero Tomek se aseguraba de extenuarse con trabajo, así que prácticamente caía en coma cuando se iban a dormir y por lo tanto, no respondía a los roces del felino.

Estaba orgulloso de sí mismo por haber aguantado tanto y mucho más orgulloso, porque Billeam llegó a su punto límite antes que él.

¡¿Qué pasa contigo?! —Bramó finalmente, alineando sus bellos ojos con los del otro.

Tomek dejó de ordenar la cuerda para mirarlo.

¿Qué quieres decir? —Preguntó, manteniéndose tranquilo.

Billeam se enojó, su cara se sonrojó—. Tú… ¿por qué tú no… por qué…? —tartamudeó, incapaz de terminar la pregunta.

Tomek sonrió—. ¿Ahora crees que está mal que no te desee, eh?

El pelinegro se puso rígido, por la sorpresa. Se quedó en silencio por un momento y luego intentó hablar—. ¿Tú… no quieres…?

Te deseo más que a nada —intervino el otro.

Billeam parpadeó confundido—. ¿Entonces, por qué?

Déjame besarte —respondió Tomek.

El pelinegro hizo una mueca y desvió la mirada.

No —contestó.

Tomek suspiró—. Entonces, está decidido. —Y volvió a sus actividades—. Lo siento, pero no es suficiente para mí, Billeam. Yo quiero más.

Billeam no dijo nada. Tomek giró para verlo y notó que su expresión era de haber sido rechazado. Esperó ansiosamente, mirando los labios del felino. Casi podía verlos moviéndose. Por favor, pensó el perro, solo dilo.

Billeam habló, casi en su susurro, el suave rosa de sus mejillas, se volvió rojo intenso—. Te dejaré… chuparme…

Las cejas de Tomek se alzaron ante la sorpresiva respuesta.

& Continuará &

OMG Acepto apuestas ¿Tomek accede o lo rechaza? Los espero en el siguiente.

2 comentarios en “FOE 18 (P.1)”

  1. OMG! !! Este capítulo! !! Billeam más caliente no puede estar y no creo que sea sólo lo caliente porque hubo una reflexión que hizo sobre lo mucho que le gustaban las palabras dulces que le decía Tomek. Es amor pero el orgullo, la lucha de razas no lo deja llevarse por el amor.
    Ahora mostrarse desnudo, ofreciendo su trasero para tener a Tom detrás de él jajaja pero Tomek está poniendo su orgullo, todo por un beso. Para Bill es cuestión de traición porque lo a pensado así que mejor ofrece su cuerpo, su pene ..Dios! Regreso al rato para continuar leyendo! Gracias♥

  2. Como BilLEAM va perdiendo el orgullo por la atencion de Tom 🥰🥰🥰 .y su forma de seducir creo q si se besan el amor surgira por el gato 🙏🥰🥰

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