Notas: Cuando realmente nos damos cuenta de que estamos completamente solos es cuando más necesitamos a los demás.

«Escalofrío»
(«Shiver» Traducción de Elle R)
Las noches de invierno se filtran como la arena, del mismo modo el humo del cigarrillo se filtra de entre los labios de Bill y entra en los labios de Tom temprano esa noche, de la misma manera el pelo de Bill ahora se filtra a través de los dedos de Tom como la seda, y de la misma forma bajos ruidos de deseo profundamente arraigado se están filtrando más allá de sus bocas y yendo hacia el aire fresco de su habitación de hotel compartida.
Bill está haciendo un esfuerzo por memorizar la forma en que su hermano mayor está remolineando su lengua por los valles de los huesos de su cadera. Las yemas de los dedos de Tom son suaves contra Bill mientras acaricia los interiores blancos como la leche de sus muslos temblorosos, murmurando con pasión contra su piel, dios, Bill, tan jodidamente hermoso, eres perfecto, simplemente increíble.
Y entonces Tom rueda a Bill sobre su estómago, hundiéndose profundamente en él, y ahora están espalda-con-pecho, cuerpo-con-cuerpo, alma-con-alma, y la manera en que Tom pone besos de mariposa en la parte posterior del cuello de Bill y exhala reverencias –se siente increíble, Bill, dios mío, te amo tanto, siempre lo haré– es suficiente para hacer llorar a Bill.
Llora lágrimas cristalinas, dejando manchas oscuras y húmedas en la almohada debajo de su mejilla. Pasan sólo segundos antes de que Tom se dé cuenta, y él desacelera a un ritmo de un balanceo suave, enterrando la nariz en el cabello de Bill, y cuando le pregunta a Bill si le está haciendo daño, Bill asiente “sí”.
Sí, Tom le está haciendo daño. Pero no de la manera que Tom piensa.
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Para Bill, estar completamente solo, completamente aislado, por completo sin Tom… es peor que no poder respirar. Pero mientras está debajo de la nieve cayendo en el balcón de su habitación de hotel, agarrando firmemente su suéter alrededor de él, se dice a sí mismo que esto era inevitable.
Tom lo ama, sí, pero no de la manera en que él ama a Tom.
El aire de diciembre es helado y cortante cuando Bill lo engulle dentro de sus pulmones, dejando que recubra las paredes de su garganta. Si no estuviera ya tan frío, lo estaría ahora, pero ya había estado frío durante nueve días y ocho noches, frío desde que Tom hizo el amor con él y se quedó dormido acurrucado a su lado sólo para tener que marcharse por la mañana.
Con una ráfaga de viento que motea el cabello de Bill con copos de nieve, Bill puede escuchar la voz de Tom, un ruido sordo en sus oídos como un latido. Tan jodidamente hermoso.
El interés de Tom en las cosas bellas siempre ha sido bastante temporal.
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No es el sabor del alcohol lo que Bill odia, es el olor. Y cuando emana de los labios perforados de Tom y entra en la nariz de Bill, Bill comprende el motivo por el que Tom decidió aparecer de repente en su puerta. Casi no había hablado con Tom desde hace dos semanas –David no había parado de gritarles para arreglar las cosas antes de que eso destruya toda la gira, la banda entera– y ahora Tom está entrando penosamente borracho por su puerta y dejándose caer encima del delgado colchón del hotel, el colchón que es demasiado pequeño incluso para que quepa una sola persona.
Deseos y disculpas mal pronunciados se vierten de Tom del mismo modo que la ginebra caliente de color ámbar se había vertido chupito tras chupito temprano en la noche. Todo lo que él dice es juntado en unas pocas palabras largas. Lo siento tanto Bill. Todavía te amo. Te deseo.
Bill sacude la cabeza y le pide a Tom que se vaya; él no puede tomar esto, ni ahora, ni nunca. Mientras Tom lucha para ponerse de pie, Bill ve un brillo carmesí en sus nudillos y se pregunta –en voz alta– qué pasó. A pesar de su propio dolor, no le gusta ver a su hermano herido.
El gemelo mayor baja la cabeza y se encoge de hombros. Él también está demasiado machacado para explicarlo bien. Mm… no sé. Rompí algo en el bar. Le di un puñetazo. Un maldito espejo o algo así.
Tom ha estado rompiendo muchas cosas últimamente. Relaciones. Promesas. Corazones.
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La miseria en la mirada de Tom está empezando a parecerse mucho a la de Bill.
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No hay nada como sentirse invisible, nada como poco a poco ir desapareciendo ante tus propios ojos, nada como el vacío hueco debajo de las costillas de Bill. Hundió sus propias manos en las laderas cavernosas de sus caderas, esforzándose por recordar la forma en que se había sentido cuando Tom lo hizo. Alimentos apenas habían pasado por sus labios hace ya más de un mes, y eso se nota; se nota en la manera en que puede contar todas sus costillas como si fueran teclas de un xilófono mientras pasa una mano temblorosa hasta su torso, se nota en la falta de brillo de sus ojos marrones y en la delgadez de sus mejillas.
Cada día es como un baile de máscaras para Bill; se pone su cara más feliz para el público, para la banda, pero en el momento en que está lejos del escenario y de la observación de los otros tres deja el hotel ciudad-de-la-noche por el bar o club más cercano, su verdadera identidad es revelada, y él comienza a desmoronarse un poco más con todos y cada uno de los tictac del reloj.
Él reproduce el rostro de su gemelo en su mente como un rollo de película, y es casi como si estuviera empezando a olvidar qué aspecto tiene, casi no puede recordar la peculiaridad de sus labios carnosos, la cicatriz de su mejilla, el brillo en sus ojos. No es que no haya visto el rostro de Tom cada día, sólo no lo ha visto realmente, no en la manera en que solía hacerlo.
Tal vez Tom también se ha estado viendo un poco vacío últimamente, pero Bill no ha reparado lo suficiente en ello como para notarlo.
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La oscuridad y el silencio es demasiado, y el hecho de que están recluidos en la misma suite del hotel está carcomiendo la mente de Bill. Y cuando se voltea hacia un lado para echar un vistazo a su hermano, la mirada en los ojos de Tom lo abruma por completo, y de repente ambos están respirando bruscamente, inhalando oxígeno dentro de sus pulmones mientras ellos colapsan el uno contra el otro. Pronto el estómago desnudo de Tom está alineado contra su hermano pequeño, y él está succionando el cuello de Bill, y está deslizándose en el calor estrecho e inmaculado del interior de Bill, y está susurrando; no puedo hacerlo más, Bill, y Bill sabe lo que él quiere decir.
Vivir cada día sin Tom a su lado es como vivir mientras estás muerto. Es imposible.
Bill gimotea mientras Tom se coloca más cerca, sudor frío escurriéndose, pechos besándose, corazones tocándose. Sus cuerpos se sacuden en la sala fría, y Tom está tratando de explicar, tratando de dar una razón a los días que han pasado separados. No debería ser así. Él presiona su mejilla contra la de Bill, aliento estremeciéndose y caderas hundiéndose. Somos hermanos. Bill gime y arquea la espalda, con los ojos cerrados y sus pestañas desplegándose de una forma hermosa sobre sus mejillas. Te amo tanto, Bill, dios… demasiado.
Nada nunca podría ser demasiado, no el dolor leve donde las uñas de Bill se están clavando en los hombros de Tom, no la forma en que Bill está cantando el nombre de Tom, a veces alargándolo y llamándolo Tomi, no la explosión de calor blanco que ellos comparten. Las dos mitades de un todo enroscándose la una con la otra, respirando como una, existiendo como una, callada y exhausta.
Pero una vez que Bill se queda dormido, Tom solloza.
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Un mes pasa donde ni una sola palabra innecesaria se intercambia entre los gemelos, y Bill no está seguro de poder perdonar a Tom en esta ocasión.
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Cuando la más cruda de las confesiones y arrepentimientos no es suficiente para Bill, Tom no sabe cómo se supone que debe recuperar a su gemelo. Bill intenta no escuchar, sólo para bloquear a Tom, sólo para ignorar las manos callosas por su mandíbula y evitar la desesperación en la voz de Tom. Existir separado de ti no es algo en lo que sea muy bueno, Tom murmura, con sus cejas juntándose y su garganta cerrándose. Por favor, Bill.
La lluvia helada está empapando su ropa, empapando su pelo, resbalando por su piel. Escalofríos se propagan a través de sus miembros, y el instinto los acerca, y en las sombras, Tom suplica. Agarrando la mano de Bill, Tom suplica. Atormentado por la ansiedad, por la necesidad, Tom suplica.
Y entonces, de forma inesperada, dolorosa, es suficiente porque Bill se da cuenta de que continuar adelante sin Tom –y que Tom continúe adelante sin él– sería demasiado pedir. Así que asiente, aceptando en silencio a su gemelo, y la forma en que se abrazan es la misma forma en nubes de tormenta apareciendo; con fuerza, con vehemencia, desenfrenada y desvergonzada.
Tal vez es por eso que ellos están juntos, una tormenta, un aguacero, un monzón. Truenos y relámpagos.
Y tal vez, Bill piensa que mientras Tom lo abrace estrechamente, sus cielos se despejarán pronto.
F I N
Algo un poco diferente, ¿verdad? Espero les haya gustado 🙂
