All Wrapped Up

Regalo atrasado para Ady….

Disculpen los errores, trabajo para la diversión (Ami R.)

«All Wrapped Up»

By Haylz. Translate by Crazy4Bill

Tom estaba esperando pacientemente en la fila, consciente de que se estaría en esta situación al dejar todas sus compras navideñas hasta diciembre. Levantó la caja en su mano para revisarla de nuevo, esperando con todas sus fuerzas que su sobrino no tuviera este mismo juego de Lego de Star Wars. La hermana mayor de Tom y su esposo se podían dar el lujo de comprar a sus hijos lo que quisieran, por lo que no había ninguna garantía que al comprarle los regalos para los mocosos de que estos no poseían dicho juguete. Sin embargo, Tom no quería perder demasiado tiempo pensando o preocupándose, solo quería terminar sus compras y olvidarse de eso.

La fila se movía más rápido de lo que esperaba y antes que se diera cuenta, estaba saliendo valientemente de la tienda y regresando al bullicioso centro comercial, solo pudo esquivar el camino de un carrito de compras que pasó zumbando, y a una mujer de mediana edad que miraba apenada y trotaba detrás de él, gritando advertencias a los tres niños pequeños que se arrastraban detrás de ella.

Tom miró desinteresadamente las ventanas de las tiendas por las que pasaba, sin querer comprometerse a ir a ninguna. A este ritmo, nunca iba a hacer todas sus compras. Al ver un kiosko de café adelante, aceleró el paso, contento de tener un lugar adonde ir con un propósito. Solo había logrado comprar el regalo hasta ese momento, pero teniendo en cuenta que le había llevado cuarenta y cinco minutos, sintió que era un logro suficiente para merecer un golpe de cafeína.

Fue cuando se alejaba del kiosko, con el café en la mano, que Tom lo vio, deteniéndose de hecho sin darse cuenta de que se había detenido. Allí, en el pequeño puesto de empaque de regalos instalado justo al lado de las escaleras mecánicas del segundo piso, lo vio parado, mostrando una deslumbrante sonrisa a una mujer joven que acababa de acercarse con un montón de cosas para envolver; incluso con el pequeño y lindo sombrero de elfo verde y rojo asentado sobre sus salvajes rastas negras y blancas, el chico era fácilmente el ser humano más impresionante que Tom había tenido la suerte de poder ver. Tom no tenía idea de quién era este chico, todo lo que sabía era que tenía que tenerlo, conocerlo, lo necesitaba en su vida. Estaba seguro de esto, como nada de lo que alguna vez hubiera estado seguro antes.

Con el corazón enloquecido en el pecho, se acercó al puesto hasta que estuvo justo detrás de la joven y sus paquetes recién envueltos. Observaba por encima de su hombro cómo el hermoso muchacho que la estaba ayudando, le hablaba felizmente, muy amigable, teniendo lo que Tom clasificaría como el peor trabajo en Navidad.

Tom se congeló cuando el chico se despidió de la mujer y de repente no hubo nada entre ellos, y él solo lo miró, incapaz de pronunciar una palabra.

¿Puedo ayudarte? — Preguntó el chico, mostrando su increíble sonrisa en dirección de Tom. Este sintió como si acabará de ser bendecido. Los ojos del chico eran de un color dorado intenso, centellando en Tom, incluso a través de las gruesas y oscuras pestañas revoloteando sobre ellos.

Tom nunca antes había visto a un chico con el rostro lleno de maquillaje, pero estaba seguro que este chico podría correr el riesgo de que alguno de los llamados gurús de belleza en YouTube corrieran por su dinero.

Abrió la boca, pero al parecer, aún se quedó sin palabras, y vio como la sonrisa en el rostro del chico se desvanecía hasta que su expresión no era más que preocupación.

¿Estás bien? — Preguntó el chico, y luego asintió con la cabeza hacia la bolsa en la mano de Tom. —¿Necesitas que te empaque algo? No hay cargo, sólo necesitas mostrar tu recibo de compra.

Yo… ehm… — Tom no tenía idea de lo que le había pasado; por lo general podía tener lindos chicos envueltos alrededor de su dedo solo diciéndoles suaves, pero este chico también podría envolver a Tom en los elegantes rollos de papel en el mostrador y llevarlo a casa como un juguete, porque estaba completamente indefenso en su presencia.

Antes de que pudiera volverse aún más idiota, Tom giró y se alejó enérgicamente, incapaz de soportar la humillación de ver la reacción del chico ante su extraño comportamiento. Sin embargo, cuanto más se alejaba, más comenzaba a aterrorizarle la idea de no volver a ver la deliciosa belleza, de no poder mirarlo nunca, ni siquiera una vez más.

¡Mierda, mierda, mierda! — Murmuró, entrando en la tienda más cercana que pudo encontrar, que simplemente estaba llena de artículos de innovación y juguetes de la cultura pop con los que él podía fingir distraerse, mientras pensaba cómo iba a abordar de nuevo el objeto de su repentina obsesión y explicar que él no era, de hecho, un lunático completo.

Tom se las arregló para comprarle a su cuñado un tonto juego de gafas de sol originales antes de salir de la tienda, y luego caminó por el extremo del centro comercial en círculos, tratando de calmarse para poder regresar al puesto de empaque de regalos. Era la segunda parte con la que estaba teniendo problemas, el corazón de Tom se aceleraba al recordar mirar esos ojos preciosos.

¡Contrólate! — Se dijo a sí mismo. — Es sólo un chico.

Pero no era sólo un chico, era EL chico. Tom había escuchado del amor a primera vista y lo descartó como una táctica de mierda utilizada en las películas para tratar de convencer a la gente de que dos desconocidos podrían realmente enamorarse en el momento en que se vieran, pero Tom lo había sentido, y para su enojo, de repente cada ridícula comedía romántica que alguna vez había tenido que ver a regañadientes ahora tenía sentido.

¡Mierda! — Murmuró de nuevo, mientras divisaba las escaleras mecánicas, y Tom parado sigilosamente detrás de una columna, moviendo cautelosamente la cabeza un poco para ver si podía echar un vistazo al puesto, y más importante aún, a la persona que estaba dentro. Dejando escapar un suspiro cuando apareció a la vista el chico riendo mientras envolvía un gran oso de peluche para un hombre mayor. Todavía no podía entender cómo alguien atascado envolviendo regalos durante todo el día podría exhibir tanta alegría.

Esperó hasta que unas cuantas personas más habían ido al puesto y se habían ido, sin querer hacer la fila junto a un grupo de otros tontos. Tom necesitaba poder estar a solas, sólo para explicarse.

Hola. — Logró saludarlo con éxito, esperando que el chico levantara la vista desde donde estaba ordenando rollos de papel regalo.

La sonrisa cegadora había vuelto, y Tom temía que se congelaría de nuevo al verlo.

Oye, ¿decidiste que necesitas algo para empacar, después de todo? — Tom se acercó más hasta que estuvo de pie en el puesto y desde allí vio la escarapela con el nombre del chico. “Bill”. Un nombre tan simple para una criatura impresionante.

Tom sonrió —Realmente lamento lo de antes, Yo…—Levantó sus bolsas de compra sin poder hacer nada. —Olvidé que necesitaba comprar algo más, estaba un poco agotado, las compras navideñas me vuelven loco.

Bill agitó su mano, sin parecer molesto. Fue entonces cuando Tom notó las pequeñas campanas unidas al sombrero de duende y la forma en que tintineaban cada vez que Bill se movía. ¿Podía ser más adorable? — Oh, ni siquiera te preocupes por eso. Esta es una época del año más estresante, créeme, las cosas que ves cuando te sientas en un centro comercial todo el día durante el período de compras navideñas, una locura.

Su sonrisa fue muy genuina y Tom apreció la manera fácil en que se las arregló para descartar su torpe explicación por su reacción obvia a la aparición de Bill. Se preguntó si simplemente estaba acostumbrado a tener que hacer eso.

Los ojos de Tom se movieron rápidamente sobre el chico, atrapando los manicurados dedos bien cuidados, —negros con puntas blancas— que combinaban con su cabello, el maquillaje sensual y los labios brillantes. A Tom nunca le había importado un poco el maquillaje, y algo le decía que Bill valdría la pena.

Entonces—, continuó Bill, todavía sonriendo. —¿Qué tienes para mí?

Ahh… sí, — Tom se rió y sacó la caja del Lego y el juego de lentes, colocándolos en el mostrador.

¿Asumo que estos no son para la misma persona? — Preguntó Bill tomándolos.

Tom se rió de nuevo, instantáneamente encantado por él. —No, uno para mi sobrino y otro para mi cuñado— Respondió sacudiendo su cabeza. Se encontró fácilmente hablando de su familia a Bill, quien le devolvió la charla mientras envolvía los regalos con destreza, sacaba dos etiquetas adhesivas y las colocaba una en cada regalo.

¿Quieres escribirles los nombres o lo hago yo? —Le preguntó Bill casualmente.

Bueno, tengo una terrible letra. — Confesó Tom. — Así, que, ¿si no te importa? Bill sonrió haciendo click con su lapicero. — ¿Cuáles son los nombres?

Oh, este es para James, y el otro es para Lucas.

Ah… y ¿quién los da? — Le sonrió a Tom, su lapicero posándolo sobre una de las etiquetas.

¿Ah? Tom — dijo, devolviendo la sonrisa burlonamente. — Soy Tom— Bill terminó de garabatear los nombres y luego deslizó los regalos hacia él. —Bueno, aquí tienes, Tom. ¿Ya compraste todo entonces?

En realidad, eso es solo el comienzo— Respondió Tom haciendo una mueca.

Ahhh— Bill frunció los labios en una muestra de simpatía, pero al final no fue capaz de contener su risa. —Buena suerte, espero que encuentres todo lo que necesitas.

Tom se volvió para encontrar una fila que se formaba detrás de él y se dio cuenta con desilusión de que no iba poder quedarse y charlar con Bill.

Gracias, Bill — dijo con una sonrisa, volviendo a mirar la escarapela con el nombre de chico.

Una sonrisa aún más amplia dividió la cara de Bill y le hizo un gesto con la mano a Tom cuando este se alejó, dejándolo para que se ocupase de su próximo cliente.

&

Al día siguiente, Tom se encontró regresando al centro comercial listo para abordar más compras y definitivamente más Bill. Ya lo había espiado en su puesto, riendo de buena gana con una pareja mientras envolvía sus regalos, luciendo tan feliz como el día anterior. Más interesante era su camisa sin mangas, que Tom no pudo evitar notar deslizarse por su brazo de vez en cuando, dejando un hombro desnudo y cremoso a la vista. Tom gimió y siguió caminando, decidido a no dar vueltas hasta que hubiera comprado al menos un regalo para envolver.

Se las arregló para aguantar hasta que hizo dos compras, caminando hacia el stand con mucha más confianza que el día anterior.

Hola. — Bill lo saludó, su sonrisa deslumbrante siempre presente firmemente en su lugar.

Hey — Respondió Tom agachando su cabeza tímidamente —¿Cómo estás hoy?

Estoy grandioso, gracias, ¿y qué hay de ti? ¿Cómo van las compras? —Tom suspiró dejando una caja de Juego de Tronos en el mostrador junto con la copia del juego de video llamado Call of Duty — Bueno, va lento, pero ahí vamos.

Bill asintió y tarareó aprobando los regalos, sacando una hoja de papel. —¿Y estos para quién son?

Son para mi amigo, Gustav. Solo envuélvelos juntos.

Bill estaba hablando con Tom mientras envolvía, pero todo en lo que Tom podía concentrarse era en la manera en que la parte superior de la camiseta de Bill se le caía del hombro mientras movía los brazos.

¿No te da frío? — Interrumpió Tom de repente, pensando en la nieve que había tenido que lidiar mientras conducía solo para llegar al centro comercial esa mañana. Bill se encogió de hombros, casualmente volviendo a levantar la camiseta. —Me estoy moviendo constantemente, y tienen la calefacción a todo aquí, así que en realidad no. También está lleno de gente.

Bien, bien, — dijo Tom. —Entonces… ¿trabajas aquí todos los días?

Todos los días, excepto los lunes. — Respondió Bill. Tom asintió e hizo una nota mental en no molestarse en venir en lunes.

¿Y cuando haces tus compras? — Tom asumió que Bill tomaría sus descansos de almuerzo e iría al baño. Pero eso realmente no le dejaría mucho tiempo.

La sonrisa de Bill se volvió engreída. —Mis compras las tengo listas desde Noviembre—, respondió. —Me gusta sacarlo del camino.

Tom silbó. —Vaya, eso es ser organizado.

Sip—Bill terminó de etiquetar el regalo de Gustav y se lo devolvió a Tom. —Además, realmente no tengo mucho para comprar. Solo cosas para mis padres, abuelos y Jack.

¿Jack? — Tom se tensaba ante la mención de algún tipo que pasó inadvertido por Bill, pero lo dudaba.

Sí, — respondió Bill, —Grande, peludo, ama lamerme por todo lado cada vez que me ve. — Se rió de la boca abierta de Tom. — Jack es el perro de mi familia. — le explicó.

Tom se relajó, exhalando audiblemente, y tratando de cubrirlo con una risa. —Oh, seguro. — Bill se estaba riendo y el otro chico pudo sentir calor subir por su cuello, intentando manchar sus mejillas de rosa. Volvió a guardar los regalos envueltos en sus bolsas de compra y envió una tímida sonrisa hacía Bill. —Será mejor que siga… con un poco de suerte, me verás de nuevo con más cosas para empacar.

Con un poco de suerte, —repitió Bill, ladeando ligeramente la cabeza con una mirada que hizo que Tom casi tropezara con sus propios pies. —Adiós, — se despidió Tom con la mano antes de alejarse rápidamente, pensamientos de pasar la lengua por los hombros desnudos de Bill inundaron su mente. Probablemente fue la primera vez que se sintió celoso de un perro.

&

Tom logró contenerse y solo visitó el puesto de empaque una vez más ese día, Bill se rió mientras Tom le mostraba la divertida camiseta de golf que le regalaría a su padre, junto con varias otras piezas que había podido encontrar.

Es lo que él, como cualquier padre, le encantará, —le dijo Bill con cariño, enviando a Tom con una sonrisa en la cara que permaneció por el resto del día.

En su apartamento, el árbol de Navidad de Tom empezaba a parecer uno adecuado, con una pequeña pila de regalos arrumados debajo, tal como lo recordaba de las Navidades en casa. Se sintió un poco orgulloso; por lo general cada año él sólo regalaba a todos tarjetas de regalo, no es que hubiera nada de malo en eso, ya que Tom no podía pensar en una oferta más práctica, sino que también significaba que nunca tenía nada que envolver y siempre aparecía en la reunión familiar con una pila de tarjetas de regalo para repartir.

Quería hacer más esfuerzos este año, y Bill lo había hecho increíblemente fácil. Las tarjetas de regalo no necesitaban envolverse, y Tom necesitaba todas las excusas para visitar el stand. No habría tarjetas de regalo esta Navidad.

&

Tom supo que algo malo había pasado, cuando se presentó en el stand unas mañanas después para encontrar a Bill con la cara descubierta y sus ojos apagados y rojos la piel alrededor de ellos ligeramente hinchada. Todavía se veía encantador, pensó, pero la tristeza que Bill intentaba ocultar provocó un dolor en el pecho de Tom que se hizo más y más pesado cuanto más se acercaba.

Bill, ¿qué pasó? — Fueron las primeras palabras que salieron de su boca una vez llegó al stand.

Oh, Hola Tom. — Respondió Bill calladamente tomando la caja de crayones y la pila de libros de colorear que Tom había dejado en el stand. —Estoy bien, sólo que …. Pérdimos a Jack anoche.

¿Jack? ¿Tu perro? ¿Qué sucedió? — Casi lamentó haber preguntado cuando vio el mentón de Bill temblar. El chico estaba mirando sus manos, atareado empacando.

Él no pudo comer y luego, sólo colapsó— Bill sacudió su cabeza, las campanillas en el gorro en su cabeza sonaron un triste pequeño tintineo. —No sabíamos que estaba enfermo. Para el momento que mis padres lo llevaron al veterinario, ya fue tarde.

Oh, Bill, — dijo Tom, sintiendo como el dolor en su pecho se movió hacia su cuello. —Lo siento. — El impulso de acercarse y tomar la mano de Bill fue tan fuerte, pero Tom se resistió, dándose cuenta que, aunque tanto lo quisiera, no era apropiado. Lo estaba matando no poder consolar a Bill, de ni siquiera poder simplemente abrazarlo.

Bill asintió. —Gracias. En serio, sé que es sólo un perro…

No, — dijo Tom meneando su cabeza. —Perder una mascota es lo peor, especialmente perros. He pasado por eso antes y no puedo creer incluso que estás en el trabajo hoy.

Bill le dio una pequeña sonrisa, apareciendo agradecido que Tom entendió. — Sólo necesito mantenerme ocupado, ¿sabes?

Sí, — Tom estuvo de acuerdo. —Además, estaría completamente perdido sin tus habilidades para empacar. — dijo encogiéndose de hombros, dándole a Bill su mejor mirada tímida.

Este centro comercial tiene cinco niveles, y hay dos stands de empaque de regalos en cada nivel. — le informó Bill, pegando la tarjeta al empaque. —Estarías bien.

Tom meneó la cabeza nuevamente. —Quizás, pero sólo quiero al mejor empacador, es por eso que vengo contigo.

¿En serio? — preguntó Bill, su alegría normal comenzó a brillar. —Pensé que era mi encanto natural y mi belleza. ¿Cuál es el nombre para este? — Tom parpadeó, todavía tratando de absorber las palabras de Bill y tomado por sorpresa por el repentino cambio de tema. —Oh…— tragó saliva, rezando porque toda su cabeza no estuviera en llamas. La sonrisa cómplice de Bill no ayudaba en lo más mínimo. —Ese es para Lily.

Ese es un lindo nombre. — Murmuró Bill, escribiendo en la tarjeta. —Aquí tienes.

Gracias nuevamente, — dijo Tom. — Y, realmente siento mucho lo de Jack. — agregó dulcemente.

Bill asintió. —Gracias, eso es realmente bueno. Espero que encuentres todo lo que necesitas sin demasiada molestia. —Él le sonrió de nuevo y Tom admiró el esfuerzo que debió haber tomado, dado lo mal que estaba el chico.

Se fue de mala gana y pasó media hora deambulando por el centro comercial, tratando de decidir si volver o no ver a Bill, solo para comprobar que estaba bien, antes de decidir que debería irse a casa. Tom pensó que Bill probablemente lo que más quería en ese momento era estar solo.

&

Volvió al centro comercial como de costumbre al día siguiente. Cuando Tom llegó al stand, con un café humeante en cada mano se sintió aliviado de ver el brillo en los ojos de Bill, y se deleitó cuando vio cuánto se agrandaba la sonrisa de Bill al verlo acercarse a él.

¿Cómo te sientes hoy? — preguntó Tom.

Mucho mejor, gracias. — Tom pudo definitivamente creerle, el cambio en un solo día era obvio.

Quiero decir, lloré toda la noche, pero tuvimos un pequeño funeral y… fue una linda despedida — terminó Bill encogiéndose de hombros.

Tom se encontró a sí mismo nuevamente, deseando ser parte de la vida de Bill, no solo un tipo raro en el centro comercial que estaba haciendo sus compras de a pocos en lugar de comprar todo lo que necesitaba a la vez. Deseó poder haber estado allí para Bill. Lo miró y supo que quería compartir todo con él, cada experiencia, cada interrupción del corazón.

Me alegra, te ves mucho mejor. — le dijo.

Bill sonrió y asintió con la cabeza hacia los dos cafés que Tom sostenía. —¿Compras con alguien más hoy?

Tom parpadeó y luego miró las dos bebidas. —¡Oh, lo olvidaba! No, uno de estos es para ti. — Rápidamente colocó el café que acababa de comprar para Bill en el mostrador. —Sólo pensé que podrías haber necesitado algo para animarte hoy.

Las cejas de Bill se levantaron bajo su sombrero y su boca se abrió con sorpresa. —Tom, eso es tan… considerado, gracias. — Tom solo sonrió y agachó la cabeza mientras Bill tomaba el café. ——¿Puedo preguntar de qué es?

Es sólo latte— Explicó Tom. —Realmente no sabía que te gustaría, pero noté que tenías una camiseta de Herbívoros el otro día y me imaginé que no tomarías leche, pero tampoco te identifico como un chico soya, así que tiene leche de almendras, espero que esté bien.

La boca de Bill se abrió de nuevo y luego se dividió en otra sonrisa. —Eso de hecho es perfecto, vaya. — Sacudió la cabeza como aturdido y luego tomó un sorbo de la bebida. — En serio te lo agradezco.

Ni lo digas, me has salvado muchas veces la semana pasada.

La gente es muy agradable por aquí— dijo Bill efusivo. — Esta mañana un chico cualquiera me trajo del stand de abajo, un muffin para el desayuno. ¿Puedes creerlo? Que tierno.

Los ojos de Tom se entrecerraron por una fracción de segundo e intentó sonreír, pero realmente todo lo que pudo hacer fue juntar los labios en una línea delgada.

Muy bueno, — respondió a través de los dientes apretados. Quienquiera que fuera ese muffin, se tendría que apartarse.

Entonces, ¿tienes algo que tenga que empacar? — le preguntó Bill.

Tom se dio cuenta que no había traído nada de sus compras, él estaba ansioso de ver a Bill. —Oh, no aún, ¡pero lo haré! — Comenzó a alejarse del stand retrocediendo, y maldiciendo cuando la parte posterior de sus muslos golpeó contra una silla. Alzó la vista y vio a Bill riendo silenciosamente, su mano sobre su boca.

¡Entonces, te veo luego! — Bill gritó, levantando el café a modo de saludo.

Tom idiota, — Se murmuró, mientras se apuraba para encontrar algo para comprar.

&

¿Entonces, este es para quién? — Bill tomó la pequeña caja rosa directamente de las manos de Tom un par de días más tarde, abriéndola y haciendo que la pequeña bailarina girara lentamente dentro de la música torpe que comenzó.

Carly, — dijo Tom. — Ella es mi sobrina, bueno, algo. — Se lanzó a una larga explicación sobre cómo su cuñado tuvo una hija de una relación anterior y cómo supuso que realmente había convertido a Carly en su sobrina.

Bill inclinó su cabeza, aun mirando hacia la caja musical de joyas. — ¿Qué edad tiene Carly?

Ahm…, ¿Diecisiete? Creo. —Bill cerró la tapa de la caja y la deslizó hacia Tom.

Bien, no puedes darle esto.

¿Qué? ¿Por qué? — Preguntó frunciendo el ceño.

Tom, en el siguiente nivel está Sephora por la plazoleta de comidas. Lo que quiero que hagas es que subas ahí y le compras una tarjeta de regalo, luego me lo agradecerás.

¿Una tarjeta de regalo? — Tom hizo una mueca, pensando en su promesa de eliminar tarjetas de regalo de sus compras. —¿En serio?

Estoy seguro. — Contestó Bill.

Tom suspiró gruñendo mientras volvía a guardar la caja de joyas en su bolsa de compras y corría hacia las escaleras mecánicas.

&

Bill estaba sonriendo mientras Tom le daba un café antes de tirar algunas cajas sobre el mostrador.

Buenos días.

Hola—, respondió Tom, tratando de sostener la mirada de Bill, pero fallando. Mirar demasiado profundamente a los ojos del chico por lo general hacía que Tom terminara comportándose como un imbécil atado de lengua.

Llegas temprano—, notó Bill, tomando un sorbo de su bebida. —Mmm, gracias por esto.

No hay problema— Respondió Tom, su lengua ya se entumecía al ver a Bill lamiéndose los labios. Bajó la vista al mostrador para tratar de recomponerse. —Yo, ahm… necesito hacer algunas cosas hoy, así que sí. Aquí estoy.

Tom no tenía mandados apremiantes desde que trabajaba desde casa, una de las ventajas de ser un desarrollador web independiente. Se apresuró a llegar temprano porque era su mejor oportunidad de poder pasar más tiempo con Bill, antes de que el centro comercial empezara a llenarse de forma ridícula y la gente comenzara a hacer fila para envolver regalos.

Bill asintió con la cabeza en comprensión. —No te vi ayer—, dijo casualmente.

Tom frunció el ceño. Ayer fue el lunes, el día menos favorito de Tom de la semana. —No trabajas los lunes—, señaló.

Bill se pasó el pelo por el hombro y luego comenzó a inspeccionar de cerca una de sus uñas bien cuidadas. —Tuve que cubrir a alguien ayer, de modo que descanso el jueves.

Oh—Fue todo lo que Tom pudo decir, maldiciendo silenciosamente a quien hubiera intercambiado turno con Bill.

Entonces, ¿qué lograste conseguir hoy?

Para mis hermanas— Dijo Tom, tratando de sacudirse su molestia. Sostenía una costosa crema antiarrugas en una mano y un conjunto de mini esmaltes en la otra.

Bill tomó la crema antiarrugas —¿De Verdad? — le dijo mostrando una mueca en su cara.

¿Qué? A las mujeres les gustan estas mierdas, ¿no?

¿Crees que tu hermana que reciba esto será feliz cuando la otra se divierta con el esmalte de uñas?

Tom se encogió de hombros, como si conociera el funcionamiento interno de la mente de cualquier mujer. —Bueno, Deb está en la mitad de los treinta y Hannah solo tiene veintiún años. Pienso que ella apreciaría el gesto.

Bill echó hacia atrás la cabeza y se rió, sus pequeñas campanas rebotando locamente. Cuando se enderezó, miró nuevamente la caja antes de sonreírle a Tom.

¿Cómo son tus hermanas?

Deb está bien, supongo, quiero decir que obviamente crecí pensando que ella era una bruja completa, ya que las hermanas mayores siempre lo son, y la fastidié muchísimo. Cuanto más maduramos, más tolerables nos volvemos, supongo. Ella me ha ayudado mucho con cosas.

¿Y, Hannah?

Ella es mi hermana menor, — dijo Tom riendo. — así que la amo demasiado, por supuesto. Pero ella es un poco malcriada. Siempre ha sido un dolor de cabeza que enloquece a mis padres.

Bill colocó la caja sobre el mostrador y mantuvo la gran sonrisa en su rostro mientras deslizaba la caja de crema hacia el otro extremo del mostrador, haciendo lo mismo con los esmaltes de uñas, intercambiando sus posiciones. Tom parpadeó y luego soltó una carcajada cuando se dio cuenta de lo que Bill estaba proponiendo.

Puedes culparme—, dijo Bill alegremente, agarrando dos hojas de papel. —Es muy fácil mezclar las etiquetas cuando envuelves regalos todo el día, ¿sabes? — Le guiñó un ojo a Tom. —Vas a tener una Navidad tan divertida

&

No puedes estar hablando en serio. ¿Tu película favorita son los Gunnies?

Tom se irguió más derecho, donde estaba parado en el puesto, listo para defender su impecable gusto por la película. —Sí, ¿por qué?

Bill se rió, mientras las campanas de su sombrero danzaban alegremente. —Porque esa mi película favorita.

No me digas, ¿en serio? —Bill asintió, y luego se puso serio mientras inspeccionaba la tapa del disco blue ray que Tom acababa de entregar. —¿Pero, estás seguro que la película favorita de tu mamá es “Y dónde está el policía”?

Honestamente si ves cuanto se ríe y se ríe cada vez que ve la película en televisión, lo entenderías. —Le aseguró Tom.

Suena divertido, — le dijo Bill. — A la mía le voy a dar un tratamiento en un Spa lujoso, ahora que lo pienso parece algo aburrido y predecible.

¿Qué? Apuesto que a ella le cantará eso. — Respondió Tom. —¡Mierda! Quizá debí comprarle eso a mamá. Diablos. Tal vez pudimos haberlas enviado juntas. — Forzó una risa, pero Bill le devolvió la sonrisa como si Tom no hubiera dicho la cosa más incómoda de la historia.

Hablando de eso, le darás algo más, ¿verdad? No sólo esto. — le dijo levantando el Blue Ray.

Bueno…

Tom.

Bien, bien. — Tom alzó sus brazos en derrota.

Ella es tu madre. — Le recordó Bill, mientras Tom retrocedía del puesto.

Sí, lo sé.

¡Ella te dio la vida! —Bill gritó.

Tom rió, ignorando las miradas extrañas que estaba recibiendo de la gente que rodeaba el kiosko de café.

&

Unos días más tarde, Tom se dirigía a la escalera mecánica, sus ojos buscaban automáticamente en el puesto a Bill. Hizo una doble toma cuando, por primera vez, Bill no estaba allí. Había alguien más envolviendo regalos. En el puesto de Bill.

Una oleada de pánico amenazó con derramarse sobre él por completo, los pies de Tom tropezaron en la parte inferior de la escalera mecánica cuando se olvidó de pisarlo. Sólo logró enderezarse y evitar la cara plantando el piso. Con el ceño fruncido, se acercó al puesto, tratando de buscarlo. ¿Qué pasa si Bill no estaba ese día? ¿Qué pasa si estaba enfermo? ¿Y si ya no trabajaba en el centro comercial?

¿Me buscabas?

Tom se giró ante el sonido de su voz, el alivio y la vergüenza lo golpearon en dosis iguales. Él había sido atrapado. Tom tomó un momento para responder, sus ojos recorrieron arriba y abajo a Bill, observando cada detalle. Era la primera vez que veía la mitad inferior de él, y era tan hermoso como la parte superior. Tragó saliva, bebiendo a la vista de las piernas largas y delgadas, los jeans de Bill tan apretados que no dejaron nada a la imaginación. Se había quitado su pequeño y lindo sombrero, dándole a Tom una idea de la apariencia normal de Bill, todos los días. A él le encantaba todo.

Ahhh…—Tom estaba sonrojado e incluso las mejillas de Bill se veían un poco más rosadas que de costumbre. Para Tom, era extraño estar allí parado con él, sin un mostrador en medio, sin excusas para hablar con él. Se enderezó, aclarando su garganta. —Lo estaba, en realidad. Sabes que no me gusta que nadie más envuelva mis regalos, —dijo en el tono más severo que pudo manejar.

Los ojos de Bill brillaron mientras se reía, cautivando a Tom una vez más.

Acabo de salir a mi hora de almuerzo. —le dijo Bill. —¿Crees que podrías acompañarme? Quiero decir, a menos que estés ocupado. —Agregó rápidamente. —Tal vez tengas toneladas de cosas que hacer.

¡No! — Exclamó Tom, más fuerte de lo que había pensado. —Este… —dijo bajando su voz. —Me encantaría acompañarte.

Estupendo — Dijo sonriendo. Sólo iremos a la plaza de comidas, aunque, nada elegante.

Hablaba una milla por minuto mientras subían las escaleras, y cuando se sentaron a comer, Tom se había enterado de que Bill estaba en la mitad de la carrera de Historia del Arte, y que había sido un «bebé milagroso». Antes que él naciera, a sus padres se les había dicho que nunca serían capaces de tener hijos y, para su deleite, llegó Bill. Nunca más pudieron concebir.

No me sorprende que seas tan feliz—, dijo Tom. —Tus padres deben haberte adorado, y no tienes hermanos que te molesten.

Ellos me adoran, sí. —Respondió con una sonrisa en la cara. Fue fácil para Tom comprenderlo, no podía imaginar a nadie que no se enamorara completamente de Bill.

Siempre quise al menos un hermano o hermana, sin embargo, me pongo tan celoso cuando a veces hablas de tu gran familia.

Tom resopló, metiéndose una papa a la boca y tragándose antes de hablar. —Espera hasta que los conozcas, no estarás tan celoso. —Tan pronto como las palabras salieron de su boca, comenzó a toser, dándose cuenta demasiado tarde de lo que había dicho.

Los ojos de Bill volvieron a brillar con diversión, y con la amabilidad que siempre mostró ignoró el pequeño resbalón de Tom.

Hablando de familia. ¿Ese es otro regalo? — Bill preguntó señalando la gran bolsa en los pies de Tom.

Oh, sí. — Tom todavía estaba tratando de recuperar el aliento y reunir su ingenio. —Es algo muy diferente.

¿Puedo ver?

Hmmm. —Tom se encogió de hombros. —Es un poco tonto, probablemente pienses que es una tontería. Es para mi abuela.

No creo que sea tonto, ¿me lo muestras?

Tom suspiró y sacó la gran foto enmarcada en blanco y negro. —Soy yo con mi abuelo. — explicó. — Murió cuando tenía cinco años, apenas lo recuerdo. Mi papá encontró la foto el otro día y me la dio, pensé que a ella le gustaría.

La foto no habría sido nada especial entre otras instantáneas familiares, pero a Tom le había gustado desde el momento en que la había visto. Sólo tenía cuatro años en la foto, estaban afuera y estaba sobre el regazo de su abuelo, con los labios fruncidos mientras intentaba hacer estallar una burbuja a través del pequeño bucle de plástico apretado en su pequeño puño. Su abuelo estaba sonriendo, señalando todas las pequeñas burbujas que ya los rodeaban. Tom pensó que era dulce.

Probablemente debería conseguirle algo más— dijo Tom rápidamente cuando Bill no dijo nada, con sus ojos aún en la imagen. —Probablemente prefiera un asador de pan o algo, algo que pueda usar.

No— dijo Bill en voz baja, finalmente apartando los ojos de él. —Es perfecto, realmente lo es. Le devolvió el marco a Tom y volteó la cabeza, limpiándose la cara. —Lo siento, creo que un poco de polvo entró en mi ojo o algo así. — Tom esperó hasta que Bill lo miró de nuevo, su sonrisa era tan brillante como siempre.

¿Me dejarás envolverlo? —, Preguntó Bill. Tom le devolvió la sonrisa. Dejaría que Bill hiciera cualquier cosa.

&

¡Dios! ¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué no puedes hacer todas tus compras en línea como una persona normal? —, Gruñó Gustav, el mejor amigo de Tom, mientras se abrían paso entre la multitud de compradores navideños. —Esto es el infierno.

Tom se rió. —Cálmate, ¿qué más planeabas hacer hoy? Estás de vacaciones.

Dormir—, respondió Gustav. —Comer muchos macarrones sobrantes. Jugar Battlefront, no sé… ¿pero, esto?

Bueno, quería que conocieras a alguien—, respondió Tom, todavía riéndose de su amigo. — Él es el chico… Realmente me gusta.

¿Ah? Bueno. ¿Quién es él? ¿Dónde lo conociste? — Tom contuvo el aliento. —Aquí, en realidad. Él trabaja aquí. Él es el indicado, Gus. Realmente lo creo… esto es todo.

Las cejas de Gustav se dispararon y Tom pudo notar que estaba cada vez más curioso. —Vaya, suena serio. Quiero decir, la relación más larga que has tenido con un hombre duró seis meses.

Tom rodó sus ojos, sin necesitar ningún recordatorio sobre ese fiasco en particular. Debería haber sabido que Gustav sería menos que solidario. No tenía idea de Bill, ni idea de que en las pocas semanas desde que Tom lo había conocido se había enamorado del chico. Se enamoraba más y más cuanto más lo conocía.

A medida que la Navidad se acercaba cada vez más, Tom empezaba a enloquecer. Todavía no había tenido el coraje de decirle a Bill lo que realmente sentía, y en menos de una semana, el puesto de empaque de regalos desaparecería, junto con la excusa de Tom para coquetear con Bill todos los días. Esa no fue la única crisis: Tom se había quedado sin gente oficialmente para comprar regalos, y había comenzado a recurrir a comprar cosas para sí mismo sólo para tener algo que llevar al puesto de Bill.

Se movió nerviosamente mientras esperaban en la fila de empaque de empaque de regalos, y cuando Tom finalmente llegó al puesto con Gustav a su lado, no se perdió el parpadeo de incertidumbre que oscureció la cara de Bill antes de que su sonrisa hipnótica volviera.

Hola— saludó Bill con calidez, y Tom miró a Gustav por un segundo para ver si su amigo caería bajo el mismo hechizo que él se enfrentó por primera vez con la belleza sorprendente de Bill. Gustav sólo le devolvió la sonrisa educadamente, colocando los libros que acababa de comprar para su novia en el mostrador.

Este es mi amigo, Gustav—, explicó Tom. —¿Puedes creer que aún no había resuelto el regalo de Navidad de su novia? — Gustav lo miró extrañado y luego se volvió hacia Bill. — Este es mi amigo Tom, a quien aparentemente le gusta discutir mi negocio con extraños.

Tom y Bill intercambiaron miradas antes de que ambos estallaran en carcajadas. —Uh, Gustav, este es Bill. Él es…—Tom quería decir que Bill era un amigo, pero no estaba seguro de si eso podría haber ido demasiado lejos. —Bueno, él no es exactamente un extraño.

¿Ah? Ohhhhh, —dijo Gustav, entendiendo.

Bill en realidad parecía estar correctamente aturdido por primera vez desde que Tom lo había conocido, pero todavía era capaz de envolver los libros en un tiempo récord. —¿Cómo se llama tu novia? —, Preguntó, haciendo clic en su pluma.

Gemma—, respondió Gustav, y luego se inclinó un poco hacia adelante. —Entonces, ¿cuánto tiempo hace que conoces a Tom?

No mucho—, interrumpió Tom. —Bill me ha estado ayudando con mis compras—. Le sonrió a Bill y quería derretirse allí mismo cuando este le guiñó un ojo.

Sí—, confirmó Bill. — Pobre Tom realmente no tiene idea cuando se trata de comprar regalos. No te preocupes, lo que te dieron está bien —, agregó, entregándole los libros a Gustav con una sonrisa. Se volvió hacia Tom. —¿Y qué tienes hoy?

Tom le dio la mini máquina de café expresso que acababa de recoger, demasiado ocupado observando la forma en que las manos de Bill se deslizaron sobre la caja y pensando cómo quería llevarlo a casa y hacer todo lo sucio físicamente posible con él para darse cuenta de que tanto Bill como Gustav lo miraba expectante.

Tom— dijo Bill, con una mirada divertida adornando su dulce rostro. —pregunte, ¿para quién es esto?

Oh—, dijo Tom, dándose un apretón mental. —Uh, es para mi tía Carol.

Bill se detuvo, entrecerrando los ojos. —Pensé que ya habíamos hecho la tía Carol el otro día, el juego de perfumes, ¿recuerdas? —Por el rabillo del ojo, Tom pudo ver a Gustav mirando el intercambio con curiosidad.

Oh sí. Me refería a mi tía Edna— dijo Tom. —Siempre confundiré a los dos—. Luego fingió estar muy interesado en el letrero sobre el puesto, “Empaque de regalos gratis», mirándolo como si fuera lo más fascinante que haya visto en su vida.

Amigo, te conozco desde que eras pequeño, ¿desde cuándo tienes una tía Edna? — Si Tom hubiera podido, hubiera matado a Gustav en ese momento, dos décadas de amistad echadas a perder.

No la conoces—, insistió. —Sabes que tengo una gran familia—. Sus ojos se movieron hacia Bill por un momento, captando la sonrisa en su rostro mientras se ocupaba de escribir la etiqueta.

Sí, y he conocido a todos en tu familia—, argumentó Gustav. Tom golpeó la pierna de Gustav con su pie, lo suficientemente fuerte como para llamar su atención. Su amigo lo miró con el ceño fruncido, pero luego Tom notó que su amigo había entendido —Oh, espera, Edna, sí. Por parte de tu padre, ¿verdad?

Sip, — Respondió Tom, tratando de alejar a Gustav lo más lejos de Bill, posible. —Esa es.

Entonces, ¿Tom viene todos los días a que le empaques los regalos? — Preguntó Gustav volviendo su atención a Bill.

Mucho. — Bill respondió dulcemente sonriéndole a Tom y deslizando la máquina de expresso cuidadosamente envuelta hacia él —Él en serio tiene una gran familia.

Sí, — respondió Gustav sonriéndole a Tom. —Es inmensa.

Está bien, bueno, tenemos que irnos—, dijo Tom rápidamente, agradeciendo a Bill y tomando la máquina de café expreso mientras Bill y Gustav se despedían.

¡Espera! — Gritó Gustav, caminando detrás de él.

Por encima del hombro, Tom podía ver a Bill despidiéndose con la mano, y no pudo evitar que la sonrisa se extendiera por su rostro mientras, torpemente, agitaba su mano.

Vamos—, le dijo a Gustav. —Tengo que llevar esto al auto.

Tom, cuando me dijiste que habías conocido a alguien, supuse que ya estabas con él. —¿Qué demonios fue eso?

Simplemente me gusta, ¿de acuerdo? — Respondió Tom, todavía nervioso y no de humor para un regaño. — Lo veo todos los días y nos llevamos muy bien, puedo sentir algo allí. Nos hemos estado conociendo.

Oh, sí— se burló Gustav. —Ustedes prácticamente están saliendo, ¡lástima que aún no se haya dado cuenta!

Almorzamos el otro día—, dijo Tom con rigidez.

Oh, está bien, entonces. — Gustav sonó aliviado. —¿Ya le pediste que salieran?

No exactamente— murmuró Tom. —Lo estuve acompañado mientras estaba en su hora de almuerzo.

Oh Jesús.

Discutieron todo el camino hasta el apartamento de Tom, y cuando Gustav abrió la puerta para que Tom pudiera dejar la pesada caja que llevaba, le dio un último golpe.

¿Qué va a pasar cuando lo lleves a presentar a tu familia y la otra mitad de la familia está desaparecida, porque no existen? ¿Qué va a pensar cuando se dé cuenta de que le estabas mintiendo desde el principio? No es un buen comienzo para una relación, amigo. — Tom quería intentar defenderse, pero justo cuando estaba a punto de abrir la boca, Gustav entró en la sala y se quedó sin aliento al ver el pequeño árbol de Navidad de Tom rodeado de un mar de regalos que literalmente ocupaba la mitad de la habitación.

Tom.

Lo sé, lo sé—, murmuró, agachándose para agregar su último regalo a la pila. —Es un poco… loco.

Gustav luego lo sorprendió riéndose. —¡Cristo, Tom, solo pídele que salgan! Dile cómo te sientes. Él obviamente siente lo mismo.

¿Qué?

Oh por favor. Ustedes estaban que se follaban con los ojos en ese puesto. Incluso un idiota completo podría verlo.

Tom se derrumbó sobre su sofá, con una enorme sonrisa en su cara. —Amigo… creo que lo amo.

Gustav se burló de él y miró de nuevo todos los regalos. —Lo llamaría más enamoramiento, pero, está bien.

Nunca me había sentido de esta manera— insistió Tom. —Gus, lo necesito. Necesito estar con él, no puedo explicarlo. Él me hace feliz solo tenerlo cerca. Cuando me sonríe es como… que todo se detiene, y todo lo que puedo ver es a él. No puedo soportar verlo cuando está triste, haría cualquier cosa por él.

¿Cómo puedes estar enamorado de él cuando apenas lo conoces? ¡Es solo el chico que empaca tus regalos!

Su color favorito es el rojo—, dijo Tom. —Ama los perros más que los gatos, pasa la mayor parte de su tiempo libre leyendo libros reales—. Tom suspiró. —Se ríe de mis estúpidas bromas y no se burla de mí cuando digo tonterías, su cosa favorita en Netflix es The Killing y cree que Star Wars está sobrevalorada, igual que yo. Odia la coliflor y sólo le gustan los bastones de caramelo afrutados porque la menta lo hace sentir enfermo. Pasa todas las cenas de Navidad sirviendo en el refugio de Fulton y quiere adoptar a diez niños en lugar de tenerlos, porque no ve el sentido de traer más niños al mundo cuando ya hay tantos que no tienen familias. —Tom se detuvo para tomar aliento y miró a Gustav. —¿Sabes cuál es el color favorito de Gemma?

La ceja de Gustav se arqueó y le sonrió. —Está bien, entiendo tu punto. Nunca has sido tímido antes, no entiendo por qué aún estás bloqueado— reflexionó Gustav. —Por lo general, ya te habrías metido en sus pantalones.

Tom agarró uno de los cojines del sofá y escondió su rostro detrás de él, gimiendo en la tela.

Mierda, te tiene mal.

Tom deslizó la almohada hasta que pudo fruncir el ceño a su mejor amigo. —¿Lo crees?

&

Tom dudaba incluso acercarse a Bill al día siguiente, todavía avergonzado por el desastre de la tía Edna, pero el tiempo no se detenía y, tarde o temprano, tendría que afrontarlo y pedirle a Bill que salieran. Gruñó cuando vio la fila de personas esperando, pero de todos modos se unió de mala gana, con el videojuego que se las había arreglado comprar en rebaja bajo su brazo. No había forma de tener oportunidad de declararle su amor eterno con tanta gente, pero por lo menos podía decir hola y obtener su dosis diaria de “Billshine”, como le gustaba llamarlo.

Pasaron unos buenos veinte minutos antes que le tocara y Bill lo saludó con su entusiasmo habitual, algo de lo que Tom nunca se cansaría.

Ya debes tener todo listo, — dijo Bill suavemente mientras tomaba el videojuego. —Solo quedan unos días de compras—. Dirigió a Tom una mirada penetrante.

Tom se encogió de hombros. —Sigo recordando a parientes lejanos que vienen para Navidad—, le dijo a Bill. —Pero creo que ya estoy casi listo.

Bill negó con la cabeza con una sonrisa. Las campanillas de su sombrero tintinearon dulcemente y, por un momento, Tom se perdió en una fantasía, imaginando que Bill estaba a horcajadas sobre él con nada más que ese sombrero, las campanas rebotando y tintineando con cada movimiento.

Entonces, ¿para quién es Resident Evil y GTA 5? — Preguntó Bill tomando los juegos.

Por encima del hombro de Bill, Tom vio el café en la esquina, llamado «Peet’s». —Eso es para mi tío…Pete.

Tu tío—, declaró Bill rotundamente, mirando los juegos otra vez. —Muy bien entonces— Se quedó en silencio mientras los empacaba sin ninguna de las bromas habituales.

Tom se aclaró la garganta, sintiendo que algo estaba molestando a Bill. —¿Cómo estás? Debes estar ansioso de por finalmente descansar de todo esto.

Bill se encogió de hombros, pero le ofreció a Tom una sonrisa lo suficientemente genuina. —Supongo. Probablemente ya te hayas dado cuenta que realmente disfruto este trabajo.

Sí—, dijo Tom. —Incluso lo haces parecer divertido—. Se relajó cuando la cara de Bill pareció alegrarse ante su comentario.

Es divertido, Tom. Deberías intentarlo. —Dio una palmada a la etiqueta adhesiva en el papel de regalo—. Espero que a Pete le gusten sus juegos.

Le tendió el regalo y cuando Tom lo alcanzó, sus dedos rozaron la mano de Bill, sus ojos se conectaron brevemente. —Estoy seguro de que sí, —sus dedos hormiguearon por el contacto. —Supongo que será mejor…—Aunque no lo habían mencionado, para Tom fue como un adiós, y descubrió que sus pies no se movían.

Tom—, dijo Bill en voz baja, y Tom se sonrojó, recordando la fila de personas detrás de él.

Ah, sí, está bien. — Tom se movió para alejarse, pero luego sintió la mano de Bill sobre su brazo, y cada pequeño cabello en ambos brazos se alzó en respuesta al toque.

Tom—, repitió Bill. —¿Qué tal la máquina de expresso?

¿Ah? ¿Cómo podría saberlo? — Tom se sonrojó fuertemente a esas alturas.

En los labios de Bill apareció una sonrisa débil pero definitivamente una sonrisa. —Tal vez deberías averiguarlo.

Tom había pensado que su propio comportamiento era extraño, pero esto era otra cosa. —¿Ahmm… está bien?

Bill soltó su brazo e indicó con la mano al siguiente cliente, dejando a Tom allí de pie, completamente desconcertado.

&

Tom no había podido dejar de pensar en el extraño adiós de Bill durante todo el camino a casa, y cuando entró y se encontró una vez más con los montones de regalos, se había convencido a sí mismo que el tipo al que estaba abrumando podría estar aún más loco que Tom.

El regalo para ‘Edna’ todavía estaba allí sin abrir; Tom no tenía planes de usarlo, había pensado que lo devolvería después de Navidad, sólo otro regalo no deseado para intercambiar. Con un curioso zumbido, Tom recogió la caja del suelo y la llevó a la cocina para colocarla en la mesa.

Ni siquiera soy un gran aficionado al café—, susurró para sus adentros, pensando de nuevo en la extraña sugerencia de Bill.

Con cuidado de no romper el papel después de que Bill se había tomado tantas molestias para que pareciera bonito, Tom tomó la cinta y se la quitó, tirando del papel hasta que la máquina de expresso fue revelada una vez más.

No lo entiendo— dijo Tom en voz alta, mirando confundido la estúpida cosa. Fue entonces cuando notó algo extraño en el interior del papel de regalo. Rápidamente sacó el papel de debajo de la caja, dándole vuelta en sus manos hasta que pudo leer el mensaje garabateado en una esquina.

Tom, tal vez cuando termines de comprar los regalos para tus familiares falsos para que los empaque, ¿te gustaría venir a desenvolverme?”

Los ojos de Tom se abrieron de par en par cuando su respiración se atrapó en su garganta. Debajo del mensaje estaba el nombre de Bill, un número de teléfono celular y un pequeño garabato de un corazón.

Dejando el papel regalo, Tom agarró las llaves desechadas del auto y corrió hacia la puerta, cerrándola de golpe detrás de él.

&

Tom no podía creer que estaba literalmente haciendo fila para confesar sus sentimientos al chico de sus sueños, pero no podía esperar ni un minuto más para estar cerca de Bill otra vez. Incluso había comprado un regalo para ser empacado, creyendo que Bill disfrutaría el humor en eso al menos.

Pareció llevar una eternidad llegar al frente de la fila, y suspiró cuando miró hacia atrás para ver que la fila detrás de él todavía estaba larga. Con su corazón martilleando tan fuerte que Tom pensó que podría salir de él, caminó hacia el puesto, sus ojos se fijaron en los de Bill. Colocó su última compra en el mostrador, un pequeño conjunto de picnic veraniego.

Tomó un respiro profundo. —Estoy seguro que tengo un primo en alguna parte que realmente necesita… — Antes de que pudiera terminar, Tom de repente se encontró en un abrazo de Bill, cuando su hermoso enamorado prácticamente se lanzó sobre él, golpeando sus labios y riéndose al mismo tiempo.

Tom gimió en el beso, haciendo todo lo posible para mantener cerca a Bill, para finalmente sentirlo a él, todo él, pero el estúpido mostrador estaba en su camino.

Tom— respiró Bill mientras se alejaba. —Estás loco. Pero yo estoy loco por ti.

Tom no pudo responder, estaba demasiado atrapado en el hecho de que tenía a Bill temblando contra él, sus labios todavía húmedos por el beso. Sólo salió de su aturdimiento cuando comenzó a escuchar susurros y una gran cantidad de carraspeo detrás de él.

Tom y Bill volvieron la cabeza hacia la fila de caras divertidas que los miraban.

Oh, mierda—, murmuró Tom.

Tom— susurró Bill, sus ojos brillando, su excitación evidente. —Saldré en media hora…

Eso es un poco presuntuoso—, respondió Tom, sonriendo al cuello de Bill mientras colocaba un breve beso allí.

¡Tom! — Bill se estaba riendo. —Sabes a lo que me refiero. ¿Nos vemos aquí?

Tom se encontró con él, por supuesto, emocionado cuando Bill sugirió que fueran a la casa de Tom. Bill se había reído tanto con todos los regalos que había en la sala, antes de saltar a Tom allí mismo en su sofá, y eventualmente cayendo al piso.

Allí, entre todos los brillantes regalos envueltos, Tom tintineó las campanas de Bill tres veces.

F I N

Gracias por leer.

20 comentarios en “All Wrapped Up”

  1. También por acá! ! Mafe querida miles de gracias por este os!!
    Lo ame de principio a fin! Me gustó que Tom haya gastado en gente imaginario solo por tener minutos con Bill. Eso se llama amor! ! Y que Bill también se hiciera el loco cuando ya babeaba por él. ..ainsssss que cosa mas bella. Y hubo lemon. .se le concedió a Tom tbera Bill rebotando y haciendo que los cascabeles se agitaran ^//^
    De nuevo muchas gracias por la traducción , por todo. Muakk! ♥

  2. Me ha encantado !! Creo que la palabra para este fic es » mágico». Me encantan este tipo de lecturas, ha sido súper tierno! Gracias por traernos la traducción

    1. mafeCrazy4Bill

      Me alegra que te haya gustado, y que le hayas dicho MÁGICO… Soy así de tiernucha y algo cursi… Fue un gusto traducir, sobre todo cosas así tiernuchas y lindas.

  3. Hermoso!!! Una historia super tierna y muy romántica. 😀😘🙌👏👏👏
    Tom logró conquistar a su chico y fue una hermosa manera de hacerlo, aunque fue Bill el que dio el paso final y se le declaró, asunto cerrado, terminaron muy juntitos.
    Gracias, fue realmente hermoso leer esta historia. 💐💐💐💐💞

  4. Es precioso, aunque no es Navidad me sentí como en ella, olvidé que es abril y pude disfrutarla. Amo los regalos, son la mejor cosa del mundo… o de las mejores, por lo cual esta historia es perfecta para mí. Acabo de darme cuenta que mi lado cursi considera que un encuentro en Navidad sería lo ideal, es de mis épocas favoritas así como los cascabeles y campanillas. Muchísimas gracias por compartirlo con nosotras.

  5. Ah,si, vamos a desenvolver a Bill,quien no quisiera,que bonita historia muy tranquila y tierna coqueteo tierno ya me imagino la cara de Bill al llegar a casa de Tom y ver todos los regalos xD

  6. Que bonita historia. Necesitaba tanto leer algo tierno y esto estuvo más lindo de lo que esperaba.
    Tom atractivo y tímido junto con un Bill burbujeante y hermoso son la mejor combinación en un fic Toll.
    Ese final me pareció tan apresurado, yo quería más 😭😭😭
    Muy buena traducción. Gracias por publicarla.

  7. Esta historia es realmente preciosa!!! Gracias por subirla, 😍😍😍😍😍 las cosas que hizo Tom sólo por estar unos minutos con su amor!!!!

  8. Estuvo preciosísima tu historia, no sé por qué, pero cuando Tom leyó la nota que Bill le dejó ¡me hizo llorar de tan bonito que sentí!. Gracias por tan lindo fic.

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