V-Day 2

V-Day 2

Fic de The_poltergeist. Traducción de MizukyChan

Capítulo 2

Cuando Tom despertó a la mañana siguiente, se sentía como el pelotudo más grande de todos los tiempos. Sabía que no debió irse así como así. Su mejor amigo había estado sufriendo, había llorado un poco. No debió haber hecho lo que hizo. Debió haberse quedado y escuchar a Bill y dejar que le explicara todo. Pero honestamente, se sentía demasiado aturdido como para quedarse. Aturdido y avergonzado.

No le importaba que Bill le hubiera mentido. En realidad no era una gran mentira. No era tan importante. Pudo haber sido peor, mucho peor. Bill pudo haber mentido sobre su nombre o algo más, que realmente importara. Bueno, okey, la mentira era de hecho el cimiento de su amistad… así que después de todo, sí era algo importante. Se habían hecho amigos, porque ambos odiaban el día de San Valentín. ¿Entonces su amistad estaba basada en una mentira?

Tom tragó pesado, sintiéndose preocupado y un poco enfermo. Él no quería que fuera algo importante. Todavía quería a Bill en su vida. Había aprendido a preocuparse por Bill más de lo que había sospechado y en verdad, lo pasaban muy bien juntos. Rayos, ellos no solo se juntaban para el día de San Valentín, así que tal vez, ¿Tom podría olvidarlo y seguir adelante? Aunque Bill no odiara el Día-V tanto como Tom, todavía tenían muchas cosas en común. Aún podían ser amigos, sí.

Pero la razón por la que Tom se sentía tan estúpido era que había estado tan ansioso de mantener esta tradición de pasar una fría velada anti San Valentín. Había estado actuando como un idiota. Había estado tan ocupado hablando interminablemente de su odio por ese día, se había llenado de tanto odio que lo había consumido por completo. No había sido tan vergonzoso cuando Bill lo odiaba igual que él… pero ahora que sabía que Bill no lo hacía, bueno… era simplemente estúpido. Toda la tradición era estúpida, incluso infantil.

Sí, el Día-V era apestoso y probablemente, Tom nunca lo iba a tolerar, pero ahora parecía tan… tonto. Sentía que había hecho el ridículo. No podía evitar imaginar lo que Bill realmente pensaba de él, por toda su visión del día de San Valentín. Sabía que Bill todavía quería ser su amigo, demonios, Bill había admitido la noche anterior que le gustaba… ¿Así que quizás podrían resolverlo? Tal vez podría conseguir una nueva oportunidad y demostrar que no era tan idiota como pensaba, porque –honestamente– había estado actuando como una persona solitaria, triste y amargada en el día de San Valentín.

Y al final, Tom prefería desistir a todo su odio contra el día retardado, que perder a Bill como amigo… Wow, ese era un pensamiento extraña y sorprendentemente profundo.

Tom necesitaba hablar con Bill y necesitaba hacerlo rápido. Se preguntó si Bill se había ido o se había quedado la noche pasada. Bien, si él fuera Bill, probablemente se habría ido después de cómo lo trató la noche anterior. Dios, se sentía como una persona y un amigo tan horrible.

Se levantó rápidamente, se puso un par viejo de pantalones y se dirigió hasta la sala, sintiéndose un poco nervioso y curioso de saber si Bill se había ido anoche o no. No habría sido sorprendente que Bill se hubiese ido, después de la forma en que lo trató.

Para su sorpresa –y un extraño placer–, encontró a Bill acurrucado en su sillón, con una manta cubriendo la mayor parte de su cuerpo, todavía vestido, roncando suavemente.

Tom no pudo evitar sonreír ante la visión. Estaba emocionado porque Bill no se hubiera ido, porque eso significaba que no estaba enojado, ¿cierto? Bueno, era eso, o simplemente había estado demasiado borracho para irse. Tom esperaba que fuera la primera opción en lugar de la segunda. No podía soportar la idea de no volver a tener a Bill alrededor. No quería que un detalle insignificante, arruinara toda su amistad.

Viendo un paquete de cigarrillos en la mesita de centro, estiró la mano, sacó uno y lo encendió. Aspiró una honda calada y cerró los ojos. Se preguntó a sí mismo qué demonios iba a hacer de ahora en adelante. ¿Debería despertar a Bill? ¿O debería esperar a que despertara por sí solo? Y cuando Bill despertara, ¿qué demonios se supone que diría? ¿Cómo se supone que iba a explicar su repentina partida en la noche? Y lo más importante, ¿Bill aceptaría su disculpa? ¿O habría logrado que Bill se diera cuenta que no era una persona muy agradable y ahora estaría listo para decir adiós para siempre?

Al terminar su cigarrillo, Tom caminó a la cocina y abrió el refrigerador, para ver si tenía cosas para hacer algo extra delicioso. Vio una caja de huevos y pensó que podría hacer panqueques. Sabía que Bill era un amante de los panqueques con mucho dulce y jarabe. Era algo que siempre hacía reír a Tom. Recordó la primera vez que comieron panqueques juntos y Bill le pidió los dos: azúcar y jarabe. Tom lo había mirado fijamente, completamente confundido y le preguntó cómo rayos alguien en este planeta podía combinar algo así. Bill se había sonrojado levemente y había murmurado algo como que le gustaban las cosas dulces y Tom –en repuesta– murmuró algo como que le daría diabetes, comentario que Bill ignoró felizmente.

Y después de ese día en específico, Tom se aseguró de tener siempre en su casa, jarabe. Por si acaso invitaba a Bill a comer panqueques.

Terminó la mezcla y la dejó en el refrigerador, mientras limpiaba el sartén del día anterior. Una vez que estuvo listo, volvió a sacar la mezcla y procedió a hacer los panqueques. Como siempre, quemaba el primero y el segundo… y el tercero. Okey, no era un experto cocinado, pero estaba dando su mejor esfuerzo y sabía, que después de varios intentos, siempre se volvían increíbles y Bill siempre decía que le encantaban.

Una vez que terminó de cocinar, cuidadosamente puso la mesa, haciendo que se viera linda y elegante para Bill. Tenía que ser todo perfecto si quería que Bill lo perdonara. Solo lo mejor era suficiente para Bill y Tom estaba más que feliz por poder proporcionárselo. No sabía por qué de pronto estaba haciendo todo para que Bill estuviera complacido. Probablemente era porque se sentía culpable. Tenía que ser eso.

Estaba a punto de salir de la cocina para ir a buscar a Bill, pero cuando se volteó, se encontró con que el otro estaba de pie frente a él, mirándolo un poco cansado, con los ojos solo medio abiertos. También lucía un poco con la guardia baja.

—Hola —dijo Tom un poco torpe, como si fuera la primera vez que se encontraban.

—Hola. —Bill sonrió, dándole a los panqueques una mirada hambrienta—. El aroma me despertó —dijo después un poco tímido.

—Bien —respondió Tom contento y dejó que Bill pasara a la mesa—. Para ser honesto, tenía un poco de miedo de despertarte. —Tom sonrió y miró al otro con cuidado.

—¿Por qué tendrías miedo de despertarme? —Preguntó Bill, estirándose para alcanzar el jarabe, obviamente complacido de que Tom recordara ese detalle.

—¿Te acuerdas aquella vez que me golpeaste tan fuerte que mi nariz sangró por horas? —Recordó Tom, dejando al otro chico sonrojado y con más de un poco de vergüenza.

Había pasado dos meses atrás, un día x, Tom y Bill decidieron emborracharse –ahora que Tom lo pensaba, se emborrachaban bastante a menudo– y jugaron un par de juegos de mesa. Eventualmente Bill ganó cada uno de los juegos, lo que resultó en el ego lastimado de Tom, por tanto decidió quedar completamente alcoholizado. Se emborrachó como dijo y quedó desmayado en el sofá. Aparentemente, Bill también había bebido bastante y se quedó justo junto a él. Al día siguiente, Tom trató de despertar a Bill y bueno… Bill se asustó o algo parecido y golpeó al otro tan fuerte en la nariz, que Tom vio estrellas, planetas y constelaciones antes de desmayarse. Despertó no mucho después, con la nariz sangrando y siguió así por horas. Y por esa razón, Tom no se sentía cómodo despertando a Bill.

—¿Alguna vez me perdonarás por eso? —murmuró Bill, mirando a su plato, levemente sonrojado.

—Nop —respondió el otro con una sonrisa, logrando que Bill lo mirara con un puchero. Ambos sabían que Bill ya estaba perdonado, así que no había nada que perdonar en primer lugar, por eso Tom respondió así.

—Están deliciosos —dijo Bill después de un rato. Tom sonrió y asintió como una forma de decir “gracias”.

Comieron en silencio, y por primera vez, Tom se sintió incómodo y nervioso. Y él nunca se sentía así con Bill. Bill era una persona tan agradable, te sentías tan cómodo con él y –usualmente– también se sentía cómodo con otras personas, sin importar que fueran gay, hetero, bi o raros. Así que Tom siempre sintió que podía ser él mismo con Bill, sin sentirse incómodo o tímido. Este era uno de esos momentos. Tom sentía… toda clase de cosas. Se sentía anormalmente tímido, tenía miedo de hacer un sonido. Sentía que no podía mirar a Bill a los ojos, porque se sentía muy avergonzado por su actitud de anoche. Aun así, sabía que tenía hablar al respecto, tenía que pedir una disculpa, tenía que decirle a Bill que estaba bien. Si le gustaba el Día-V o no, no importaba en absoluto, no a Tom. Sabía que era mejor decirlo ahora que esperar a después, porque las cosas podrían ponerse mucho peor.

—Bill… —empezó Tom, pero descubrió que no era tan fácil decirlo como creyó—. Yo… umh. Deberíamos hablar sobre ayer.

Tom, literalmente escuchó como Bill se tensaba—. ¿Tenemos qué? —Preguntó con voz aguda. Le dio a Tom una mirada incómoda, suplicante. Y el corazón de Tom se apretó y supo instantáneamente que odiaba la expresión que Bill tenía. Bill lucía como si estuviera sufriendo, y Tom nunca jamás, quería verlo sufrir, pero ellos debían hacer esto. Tenían que hablar ahora y sacarlo de su sistema para poder empezar de nuevo.

—Oh, créeme, odio esto tanto como tú —dijo Tom con una mueca en la cara, para enfatizar cómo se sentía en realidad con esta situación—, pero tenemos que, de lo contrario será… tenemos que superar esto… sea lo que sea, y seguir adelante.

—Cierto. —Bill asintió, sin sonar para nada convencido. Cosa que preocupó bastante a Tom.

—Lo siento. —Tragó pesado, de pronto sentía que tenía ganas de llorar—. Lamento tanto haber reaccionado así. Yo no quise… me asusté… lo siento. No me importa si te gusta el día de San Valentín o no. Eso no importa. Lo siento —dijo todo en un mismo aliento y literalmente estaba jadeando una vez que terminó de hablar. No se atrevía a mirar a Bill, en lugar de eso, le dio toda su atención al plato, mientras esperaba a que Bill contestara, se fuera enojado, o le diera cualquier clase de respuesta.

—Yo también lo siento —susurró Bill después de un rato y Tom, finalmente, se permitió respirar—. Lo siento, por haber mentido. No tienes idea lo mal que me sentía por eso. Me sentía como la peor persona que caminaba por el planeta. Y no tienes que pedir disculpas por reaccionar como lo hiciste, yo también me habría odiado si fuera tú.

Bill sonaba triste, con el corazón roto y eso solo hizo que Tom se sintiera peor. En verdad era un terrible amigo. Se suponía que era el mejor amigo de Bill, se suponía que lo hacía feliz, que lo hacía sonreír. No se suponía que debía hacerlo sentir horrible consigo mismo, como estaba haciendo en este mismo momento.

—Yo no te odio —admitió Tom, casi ofendido de que Bill hubiera pensado algo así—. ¿Por qué te odiaría? —Preguntó, mostrando casi una sonrisa.

—¿Porque mentí? —Preguntó, como si esa fuera la respuesta obvia.

—Lo haces sonar como si hubieras mentido sobre algo mucho más terrible, como tu edad o tus padres. —Tom soltó una risita, ya no pudo contenerse más—. Tú no eres una mala persona, Bill y lo que hiciste en realidad no es algo tan terrible.

Bill lo miró con los ojos muy grandes por la sorpresa—. ¿Estás hablando en serio? No crees que es algo tan terrible. —Miró a Tom como si él hubiera confesado algo mucho más terrible y totalmente inimaginable.

—Claro —confirmó Tom, negó con la cabeza con completa honestidad.

—¿Entonces, me perdonas? —Preguntó Bill, mirando al otro con el mismo rostro shockeado e inquietantemente hermoso.

—En realidad no hay nada que perdonar. —Tom se aclaró la garganta y se obligó a sí mismo a mirar a otra parte. La mirada que compartieron solo minutos atrás, había sido demasiado intensa.

—No te entiendo —dijo Bill, pero esta vez una sonrisa se estaba formando en sus labios y bajó los hombros, ahora más relajado—. Quiero decir, hemos tenido esta tradición anti San Valentín hace tiempo y ahora que te digo que no lo odio tanto como afirmaba, ¿tú me dices que no hay nada que perdonar? —Bill lucía tan confundido como Tom solía ponerse, cuando tenía examen de matemática o química en la escuela. Era divertido.

—Solo me siento estúpido —confesó Tom, un rubor invadió sus mejillas—. Quiero decir, que llevaba años y años hablando sobre lo mucho que odiaba el jodido día y me negaba a celebrarlo y luego hice… esta estúpida tradición y pensé que estabas dentro, pero la verdad es que no estabas… solo me siento avergonzado. Siento que todo fue sobre mí y que te ignoré por completo. —Terminó, bajando la mirada a su plato y ya no tenía hambre. Por el contrario, se sentía extremadamente nauseabundo.

Bill solo permaneció sentado allí, mirando directo al frente, aunque sus ojos no encontraron los de Tom. Era como si hubiera estado presente y escuchara todo lo que Tom dijo, pero como si su mente no lo estuviera estado y Tom se preguntó qué podría significar. Tal vez Bill podría entender su forma de pensar y olvidarlo.

—Yo no creo que seas estúpido. —Bill sonrió, ahora sí miraba los ojos de Tom—. Supongo que ambos somos un poco estúpidos. Pero lo siento, no debí haber mentido.

—¿Y por qué lo hiciste?

—Yo… bueno, tú prácticamente te presentaste diciendo que odiabas el día de San Valentín y literalmente pude ver cuanto lo odiabas. Y no sé, me dejé llevar por el hecho de que de pronto me hablaras… y me gustaste instantáneamente, ya lo dije, no sé por qué, y luego ya no pude parar y quería gustarte… —La voz de Bill se volvió un tenue murmullo y el estómago de Tom se apretó. ¿Cuánto le gustaba a Bill en realidad? ¿Cómo no lo vio venir antes? Y lo más importante ¿qué opinaba él de todo esto?

Bueno, podría estar equivocado, así que no había razón para apresurar las cosas o pensar drásticamente.

—Sí me gustas —respondió Tom, de pronto su garganta se secó—. Eres mi mejor amigo y esto es, realmente tonto, ¿por qué no podemos olvidarlo y seguir adelante?

—Claro. —Bill sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos esta vez y Tom quiso patear algo. Él no era bueno con situaciones como estas. Con todas estas emociones y sentimientos… cada vez que tenía sentimientos –cualquier clase de sentimiento–, solo fingía que lo ponía en una caja invisible y lo escondía allí y a la caja para siempre. Nunca confrontaba sus sentimientos. Nunca.

—¿Qué? —Suspiró, tratando con todas sus fuerzas no mostrar a Bill que se sentía un poco frustrado.

—¿Todavía quieres ser mi amigo aun cuando acabo de admitir que… me gustas?

—Bueno, dah, —respondió el otro—. También me gustas, lo he dicho millones de veces. Eres mi mejor amigo.

Ni siquiera tú puedes ser tan estúpido. —Bill negó con la cabeza y cerró los ojos—. Me gustas desde que te vi y quería estar contigo como… más que un amigo. —Bill se ahogó con sus propias palabras y Tom se tensó, sintiéndose mareado de pronto.

Más que un amigo.

A Bill le gustaba más que como un amigo.

Más que…

—¿Por qué no dijiste nada? —Preguntó Tom, confundido y mareado. Tenía miedo de caerse de la silla si esta conversación continuaba.

—Porque pensé… sabía que tú eras hetero y empecé a amar nuestra amistad y no quería arriesgarla. —Para entonces, Bill lucía como un tomate y el cerebro de Tom se estaba derritiendo, era incapaz de pensar, incapaz de hacer nada, salvo mirar a Bill.

Y otra vez, Tom no confrontaba sus sentimientos. Siempre había pensado que Bill era sexy, más sexy de lo que debería ser. Pero tan pronto como ese pensamiento apareció en su cabeza, lo sacó, lo puso en esa caja y lo alejó, listo para esconder muy lejos esos sentimientos. Él lo llamaba, una forma saludable de visualización. ¿Tal vez con el tiempo, él lograría ser honesto consigo mismo?

Honestamente, Tom estaba muy perdido –en verdad, jodidamente perdido. Lo único que sabía sobre sí mismo, con un cien por ciento de seguridad, era que Bill y Georg eran sus mejores amigos, que odiaba el día de San Valentín, que comía como un cerdo y que adoraba las películas sangrientas. Pero aparte de eso, Tom no tenía idea. No había salido en una cita en más de cinco años… rayos, de hecho, Tom nunca había salido en una cita con nadie. Se había metido con algunas chicas en la escuela y unas pocas más después de que se graduó, pero no muchas…

En realidad, siempre había estado soltero, en verdad no le gustaban tanto las chicas como deberían gustarle. Le gustaba mirarlas, lucían bien con sus cuerpos suaves y curvilíneos y con su cabello peinado y sedoso, pero eso era todo. La mayoría le molestaba –con sus eternas risitas falsas, sus pestañas postizas, sus miradas raras y su forma mediocre de ver el mundo.

Y por esa razón, Tom siempre había estado solo. A decir verdad, nunca había tolerado a las chicas. Siempre pensó que algún día conocería a la chica perfecta, aquella que le haría olvidar todo sobre las estúpidas pestañas postizas, el bronceado y las compras interminables, pero no… eso nunca ocurrió.

Sin embargo, cuando Tom conoció a Bill, muchas emociones desconocidas y atemorizantes, vibraron dentro de él. Habían sido tan aterradoras, tan poco familiares, tan equivocadas, que Tom decidió simplemente ignorarlas hasta que se fueran.

Y por un tiempo, se las arregló para fingir que no estaban allí –aunque ocasionalmente volvían para molestarlo–, pero ahora, Bill estaba sentado allí, luciendo tan irritablemente hermoso, luciendo perdido y desesperanzado, que Tom no sabía si podría seguir aguantando. Podía sentir las emociones tratando de romper su corazón y atravesar su pecho.

—Yo… supongo que lo puedo entender —murmuró Tom, sin saber qué hacer, sin saber cómo actuar—. Yo… ya sabes que también te quiero, como ya te he dicho tantas veces, pero no, pero no, yo…

—No, no, no —interrumpió Bill—. No espero que me quieras igual. Sé que eres hetero. Pero por favor, dime que me perdonarás. Y créeme, aunque me gustes, no será incómodo… te juro que no. Solo, no dejes de ser mi amigo. Yo disfruto de nuestras veladas, no me importa mientras seas tú con quien yo esté. —Pidió Bill, su voz otra vez sonaba rota y Tom se preguntó qué era lo que en realidad Bill pensaba de él.

—No voy a dejar de ser tu amigo —respondió Tom y puso su mano sobre la de Bill con dulzura. Su estómago se apretó levemente ante el repentino contacto piel con piel—. Te lo prometo. Pero no me vuelvas a esconder nada. Sabes que no tienes que hacerlo.

—No lo haré. —Bill se puso contento, dándole a Tom una sonrisa resplandeciente—. Lo prometo.

—Bien. —Tom asintió, sintiéndose un poco más relajado.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Ya lo hiciste. —Tom sonrió de lado.

Bill rodó los ojos y bufó—. Idiota.

—Por supuesto que puedes, ni siquiera tienes que preguntar. —Tom también le rodó los ojos a Bill.

—¿Por qué odias tanto el día de San Valentín? —Inquirió. Esta vez su voz sonó, como que había retomado la confianza.

—¿Honestamente?

—Honestamente. —Bill asintió y sus miradas se encontraron.

Tom tragó pesado.

—No tengo idea. —Tom negó con la cabeza, un sonido extraño se escapó de su boca—. Tal vez porque, cuando tenía diez, mamá pasó todo el día de San Valentín preparando una cena linda y romántica para papá, y cuando llegó a casa por la tarde, él le entregó los papeles del divorcio, diciendo que había conocido a alguien más y que lo sentía mucho. Mamá lloró por días, no había nada que yo pudiera hacer para hacerla sentir mejor —susurró Tom y otra vez le dio a su plato, toda su atención. No quería que Bill lo viera llorar, odiaba cuando cualquier persona lo veía llorar. Pero todavía dolía, la sensación de ser inútil, incapaz de ayudar a su madre cuando ella más necesitaba a alguien. Siempre se había sentido culpable, aunque él solo tenía diez años en ese entonces.

—Lo siento mucho —susurró Bill y una vez más puso su mano sobre la de Tom y Tom pudo sentir el calor extenderse en todo su cuerpo.

—Está bien. —Tom se alzó de hombros, tratando de fingir que ya había superado esa gran traición—. Ya lo he superado. Pero puede haber sido eso, o el hecho de que tuve que estar solo en casa el día de San Valentín, porque todos tuvieron cita para la fiesta de la graduación excepto yo. Pueden ser tantas razones. No he pensado mucho en ello. Solo sé que no puedo soportar ese día —respondió con los dientes apretados, sintiendo toda la amargura, todo el resentimiento que sentía contra el día de San Valentín y todo lo que venía aparejado a él.

—¿No tuviste una cita? —Preguntó Bill, con pena y sorpresa—. ¡Oh, pobrecito de ti! ¡Lo siento! —Tom pudo escuchar que realmente lo sentía con todo su corazón. Y aunque le alegró, también se sintió muy avergonzado por todo. Tom no era bueno para lidiar con los elogios, la pena y cosas así. Aunque le gustaba recibir halagos y le encantaba saber que Bill se preocupaba, pero era solo eso.

—Está bien —dijo Tom, un poco más duro de lo que intentaba y enseguida se sintió mal, cuando vio que Bill lucía devastado, casi con el corazón roto—. Lo siento, pero está bien.

—Entonces… tengo una petición —dijo Bill, mirando fijamente a Tom, pero esta vez, con los ojos sumamente serios, tan serio que casi asustó a Tom.

—Sí. —Fue todo lo que Tom pudo decir, temblando levemente.

—¿Podríamos, ya sabes… pasar el día de San Valentín, un poco diferente el próximo año? —Preguntó Bill con la voz más dulce que tenía, haciendo un puchero, y mirando a Tom con sus ojitos de cachorro. Y Tom estuvo perdido.

—Claro —respondió sin parpadear, rogando no lamentarlo.

—Yo… quiero que sea… romántico —murmuró Bill, mordiéndose el labio. Lucía tan dulce, tan inocente y parte de Tom quiso pegarle en la cara con un sartén, solo por ser tan dulce y joderle tanto la cabeza.

—¿Qué tan romántico? —Tom se encontró a sí mismo preguntando, con los ojos aterrados. ¿Era esta la forma que tenía Bill, de pedirle que salieran? ¿Era este el método que usaba Bill para tantear las aguas? ¿Qué?

—Relájate, no te estoy pidiendo que salgas conmigo en una cita. —La boca de Bill decía una cosa y sus ojos, otra. Tom sintió que quería vomitar—. Solo quiero que sea un poco más… feliz que este año. No te preocupes que igual nos vamos a emborrachar, pero que finjamos que somos una pareja para que consigamos una mesa en el restaurante el año siguiente. Y quiero ver una película agradable. No tienes que ser una película cliché, ¿tal vez una comedia? ¿Algo más liviano…?

Para entonces, la cabeza de Tom estaba girando. No estaba seguro si esto había sido una buena idea. No lo sabía, pero otra vez, Bill no lo estaba invitando a una cita, solo quería hacerlo a su manera una vez. Tom quería preguntarle si estaba seguro de querer ir como pareja, pero tenía miedo de saber la respuesta… o más bien, tenía miedo de su propia reacción. Si Bill decía que no, ¿estaría desilusionado? Si Bill decía que sí, ¿se sentiría aliviado?

Tom no sabía lo que quería, no en absoluto.

Pero Bill había sido tan amable, tan agradable, y lo había hecho todo a la manera de Tom todos esos años. Durante años había escuchado la perorata de Tom sobre odiar el jodido día de San Valentín, comía en la casa de Tom y veía películas de terror, cuando en realidad quería hacerlo de otra manera.

Tom debería hacerlo, por el bien de Bill, y por el bien de su amistad.

Pero por otra parte, debería decir no –porque si decía que sí, ya no podría evitar esos sentimientos que hervían dentro de él. Tenía miedo. Se sentía muy pequeño.

Pero cuando Bill le dio esa sonrisa paciente y esperanzada, todo lo que Tom pudo hacer fue asentir y decir—. Sí, sí, lo haremos de ese modo. ¡Seamos muy románticos el próximo año!

Bill se puso contento, brillaba como el jodido sol y Tom se derritió como el hielo bajo su calor.

& Continuará &

Creo que el único que está confundido es Tom, ¿no creen? Porque Bill está coladito por él y al parecer Tom también, pero tiene mucho miedo a aceptarlo. ¿Qué pasará entonces el siguiente año en San Valentín? Los invito a leerlo en el siguiente capítulo y final de este mini fic.

2 comentarios en “V-Day 2”

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