Ten un poco de fe 5

Fic de Shibuyainn. Traducido por Elle R

Capítulo 5

—Esto tiene que ser la cosa más inútil que he hecho en mi vida.

Tom no sabía por qué seguía encontrándose caminando con Bill a su casa para trabajar en el proyecto. Después del primer confuso encuentro con la vida familiar de Bill, Tom pensó que era suficiente para no volver nunca más. Sin embargo, allí estaba, tumbado en la cama de Bill, mirando a la oruga hambrienta mascar sobre una hoja mientras trataba de no dormirse.

—¿Cuánto tiempo suele tomarle a las orugas convertirse en capullo y esa mierda?

—Uh…. Creo que puede tomar entre dos semanas y un mes.

—Genial, vamos a estar aquí para siempre… —se quejó Tom, dejando caer la cabeza sobre la cama.

Bill estaba sentado con los pies enrollados, en el otro extremo de la cama tomando notas en un papel mientras Tom se dejaba caer a su lado, con la cara pegada contra el colchón, sus rastas desplegadas en su espalda.

—Puedes usar la guitarra si quieres —dijo Bill ausente, concentrado en sus notas.

— ¿En serio? —preguntó Tom, su letargo se evaporó instantáneamente.

—Mmhmm.

Tom saltó de la cama y se acercó a la guitarra en una silenciosa veneración. Hacía una larga eternidad desde su último encuentro con el instrumento de seis cuerdas. Dejó que sus dedos revolotearan a lo largo de las curvas, quitando el polvo y finalmente, solemnemente la recogió y la acunó en sus brazos, regresando a ocupar su sitio en la cama de Bill.

Mientras sus dedos recorrían las cuerdas, sin hacer ruido, simplemente tocándolas en silencio, una calma pacífica abrumó la mente de Tom y podía oír las notas rasgueando las cuerdas a pesar que las cuerdas bajo sus dedos estaban inmóviles. No había encontrado consuelo como éste en mucho tiempo. Era el tipo de terapia que incluso ni la marihuana ni las chicas podían ofrecer, las cuales Tom había apreciado completamente la noche anterior con Andreas y Dereck.

Dio a la primera cuerda un pellizco para experimentar, y la monótona nota vibró en su interior, dándole un breve orgasmo musical. Respiró hondo y miró hacia arriba, con los ojos vidriosos, miró que Bill le observaba divertido.

—¿Qué?

—Pareces que estés teniendo sexo.

—¡¿Qué?! —Tom gritó y dejó caer la guitarra en su regazo.

—Lo siento —se rió Bill disimuladamente, volviendo a su escritura.

—Lo que sea… —murmuró Tom, poniendo la guitarra en el piso y sacó su móvil, comprobando las llamadas perdidas. Bueno, más que nada para comprobar si Dereck había llamado.

Suspiró abatido mientras miraba el buzón de mensajes vacío.

—Me pregunto qué está haciendo Dereck —reflexionó en voz alta, profiriendo su aburrimiento.

Bill alzó la vista de sus notas otra vez.

—¿Por qué?

—Sólo porque…

—¿Porque te gusta?

—¿Qué? —Tom gritó por segunda vez. —Tío, soy heterosexual, ¿de acuerdo? Significa que me gustan las tetas y los traseros. Y no sé si te diste cuenta pero Dereck no tiene.

—¿Entonces, por qué sigues verificando si llamó? Lo haces todo el tiempo…. obsesivamente.

Bill puso énfasis en la palabra «obsesivamente».

—¡Porque… porque somos amigos! Pasamos el rato. ¡Eso es lo que hacen los amigos!

—Uh huh… seguro —murmuró Bill, tratando y fallando al intentar ocultar su sonrisa mientras revisaba sus notas.

—Mira —dijo Tom, enojado—, ¡no espero que lo entiendas puesto que no tienes amigos!

Bill siguió mirando hacia abajo al papel en su regazo aunque su sonrisa había desaparecido de sus labios. Se quedó contemplando un punto en el papel, sin responder, casi sin respirar. Sus ojos también estaban empezando a lucir peligrosamente brillosos. Tom sintió un sospecho sentimiento de culpabilidad que le subía por la garganta como la bilis, y antes de que pudiera detenerse, vomitó una disculpa.

—Está bien. Bien, lo siento —dijo él, tratando de hacer que suene lo menos despiadado posible. —Pero no soy homo, eso está mal.

Bill asintió rápidamente, frotándose los ojos. Tom sospechaba que no quiso decir nada, ante la duda de ver el diluvio depresivo disfrazado de lágrimas que le acarreó. Tom se sintió de pronto avergonzado.

Tratando de romper la tensión, buscó cualquier salida y finalmente la encontró en la forma de la descartada guitarra que aún yacía en el suelo. La cogió de nuevo y rasgueó las cuerdas, esta vez intentando una melodía. La canción llegó con facilidad llegó a su memoria aunque un par de notas falsas brotaron por su falta de práctica.

—Es buena, ¿tú la compusiste? —le preguntó Bill después de un rato, interrumpiendo sus propias voces.

—Sí, lo hice —respondió Tom, hinchando un poco su pecho de orgullo. —¿Cómo lo sabes?

—Simplemente suena como tú —Fue la sencilla respuesta.

Tom arqueó una ceja escéptico. A juzgar por sus ropas holgadas, sus gorras y muñequeras, así como su andar arrogante, la última cosa con la que alguien lo compararía es con una dulce melodía en una guitarra acústica. Únicamente alguien como Bill…

&

—Tío, Stacy no deja de hablar de ti, se está haciendo seriamente molesto. Será mejor que vengas al parque después del colegio con nosotros, ella no me deja en paz.

—¿En serio? —Tom sonrió, satisfecho de sí mismo.

—Sí, me dijo que va a traer algunos amigos esta vez. Va ser genial —le dijo Dereck.

—Claro que sí. ¡Stacy está caliente, tío! Me gustaría tocarla cualquier día.

Tom trató de no rodarle los ojos a Andreas. El rubio de playa estaba aterrorizado de cualquier cosa que careciera de un pene y apenas tenía oportunidad de salir con las chicas. Probablemente porque todavía era virgen cuando se trataba de tocar los bultos blandos de los pechos o cualquier cosa en sus cuerpos delicados, para el caso de una chica. Si aún estuvieran en la guardería, Andreas hubiera sido ese chico nerd que iniciara todo el rumor de que las chicas tienen piojos. Sin embargo, estaba esforzándose muy duro, tratando de forzar la salida de su macho interno… Era casi triste.

No, esperen, tachen eso. Era sólo triste.

—¿Así que Dereck, cuándo vas a enredar a Andreas con una chica? —preguntó Tom, disfrutando de la vista de todos los colores que desprendía las mejillas de Andreas.

—Cuando deje sus pañales —respondió Dereck serio, sin dudar.

Todos se echaron a reír y Andreas chilló y abandonó su actitud macarra inmediatamente, regresando el vívido color a sus mejillas en un marcado contraste con la reciente palidez. Fracaso.

El grupo de chicos se quedaron en el patio durante la hora del almuerzo, hablaron, rieron y se enchufaron a sus iPods y escucharon rap duro. Tom compartió un auricular con Dereck, moviendo la cabeza con Sammy D y esperando ver a Stacy nuevamente. Había pasado un tiempo y no podía negar su ansia por conseguir otro poco de esa mujer.

De repente, una persona llamó su atención, llevándose el recuerdo del trasero bien redondeado de Stacy de su mente: Bill estaba sentado solo en un banco, terminando un sándwich, sin duda, hecho con amor por Simone. Su atención se enganchó, Tom observó con curiosidad como Bill se tragaba el último bocado y empezó a doblar la basura de plástico en sus manos. Trabajaba constantemente, en plena concentración mientras sus hábiles dedos plisaban cuidadosamente el envoltorio del sándwich. Después de un momento, la sostuvo delante de su nariz y Tom vio la forma perfecta de una grulla, que brillaba bajo la luz del sol.

Bill se levantó de su asiento y se dirigió a la dirección opuesta a la papelera, la misma a la que lo habían vertido antes, deteniéndose frente a un árbol. Ridículamente posó el pájaro de plástico precariamente sobre una rama. Se veía como un raro adorno, expuesto en medio de las ramas y de alguna manera, él sólo se veía… feliz.

Mientras Tom se quedó mirando, tratando de discernir el propósito de todo eso, Dereck siguió la mirada de Tom para ver lo que su discípulo analizaba detenidamente. Sus pequeños ojos entrecerrados se olvidaron de todo el escenario de la grulla, lo único que vio fue el objetivo al que profesaba todo su odio.

Sonrió.

—Bueno, mira quién es. Dios. Ya me estaba aburriendo.

Dereck avanzó resueltamente, tirando el auricular lejos de Tom mientras la distancia entre él y Bill se acortaba con cada poderosa zancada. Bill aún no le había visto venir, ahora estaba apoyado contra el árbol, mirando a un grupo de niñas jugando fútbol, sin embargo, por la mirada perdida en su cara, sus pensamientos estaban evidentemente en otro lugar.

Tom se quedó inmóvil entre las ganas de seguirlo o ir en sentido contrario, sabiendo lo que iba a suceder. ¿De verdad quería averiguarlo?

No tuvo la oportunidad ya que, al ver a Bill en su marginada burbuja, los otros miembros de la pandilla fueron detrás de Dereck, deseosos de retomar su deporte favorito de golpear a Bill.

—Hey, es mi colega favorito, Billy —Dereck llamó, acercándose a su objetivo.

El rostro de Bill se desmoronó y se quedó quieto, un ciervo encandilado por los furiosos faros de la camioneta de Dereck. Todo su cuerpo se tensó mecánicamente, programado de forma automática tras tanta experiencia.

—¿Así que Bill, me extrañaste mucho? —preguntó Dereck burlonamente, golpeando condescendientemente una mano en el hombro de Bill. Bill era tan pequeño, el peso de su propia mano era probablemente suficiente para echarlo de rodillas al suelo.

Él se encogió, encorvando los hombros incómodamente. En ese instante, el resto del séquito de Dereck ya le había alcanzado, incluido Tom, dirigiéndose a su víctima como una pesada pared de ladrillo. Sus sombras se cernían sobre Bill, proyectando formas ominosas en su cara y sus ojos se abrieron con terror.

—Te he hecho una pregunta, rarito —le espetó Dereck, aunque estaba divirtiéndose bastante. —¿Me has echado de menos?

Cogió un puñado del pelo de Bill y tiró con fuerza, provocando un grito de la cabeza unida.

—¡Responde a la pregunta! —gritó Andreas, decidido a recuperar su dignidad.

—N-n-no…

—¿Qué? No entendí… — dijo Dereck, ladeando la cabeza hacia un lado burlándose vehementemente. —¿Quieres decirlo otra vez?

—¡Déjame ir! —gritó Bill, tratando de correr y olvidándose de su pelo que todavía estaba firmemente en las garras de Dereck.

Ladrando una risa cruel, Dereck lo arrojó al piso.

—¿Andreas, querías liarte con una chica? ¡Ahí tienes, colega!

Los chicos aullaban mientras Andreas fruncía el ceño, avergonzado.

—Yo nunca saldría con esa cosa —dijo él con disgusto y como para demostrarlo, se anticipó y fue el primero en proporcionar una patada al abdomen de Bill.

Bill se dobló del dolor, cuando el pie chocó en su cintura. Se dio la vuelta sobre su estómago, con la cara presionada contra la tierra, sus ojos cerrados fuertemente.

Al primer golpe dado, el resto de la pandilla no dudó en atacar armados con sus pies, sintiendo la deliciosa sensación de golpear a un marica totalmente indefenso.

—Vamos Tom, ¿qué estás esperando? —preguntó Dereck, osado.

Vacilante, Tom dio un paso adelante, hacia la multitud de cuerpos que bombardeaban al pequeño humano acostado en el suelo.

Era como si le hubieran dado una perspectiva totalmente nueva. Había estado en la casa de ese chico, comiendo su comida… hablando con su madre. Esa persona lo había dejado entrar en su habitación, conversado con él, incluso le dejó tocar su guitarra, que en lo personal, Tom jamás hubiera hecho.

Por otra parte, sin la rabia contra su padre saliendo a la superficie, no sabía cómo podría hacer esto. Se había sumergido en la personalidad que pertenecía a esa criatura y ya no se sentía como si estuviera golpeando a un cuerpo indiferente, sino a un ser humano real. Esta nueva forma de ver las cosas era desconcertante, en el mejor de los casos, y Tom prefería la desconexión que había albergado antes. Pero ya era demasiado tarde para cambiar cómo se sentía ahora, ya había comido las galletas del enemigo; estaba en sus aguas tanto si le gustaba como no.

—¡Tom, vamos, patéalo! —El tono de Dereck ya no se lo estaba proponiendo: le estaba dando una orden.

En el fondo de su mente, Tom sabía que estaba siendo sometido a una prueba. Dereck conocía que Tom había pasado tiempo solo con Bill y ésta era su manera de ver si Tom podía desapegarse lo suficiente para lanzar al animal dentro de la jaula después de engatusarlo. En lo más profundo, tenía la molesta sensación que Dereck también estaba disfrutando de esto.

Sin embargo, Tom no se disponía a decepcionarlo.

Apretando sus dientes, balanceó un pie hacia adelante y chocó con las costillas de Bill, el golpe suavizó ligeramente su repulsión.

—¡Más fuerte! —Era otra orden.

Tom oprimió sus puños y cumplió, arremetiendo otro golpe. Bill había dejado de lloriquear cuando el pie de Tom entró en contacto con sus partes lastimadas y Tom estaba empezando a temer que el excéntrico chico de pelo puntiagudo estuviera a punto de desmayarse.

—¡Vamos a rodarlo por la colina! —Dereck propuso y las patadas cesaron. —Tom, ayúdame a arrastrarlo.

Tom sentía como los ojos de Dereck estaban escudriñando el fondo de su mente, leyendo sus pensamientos y el regocijo de malestar y la reticencia que se encontraba allí. Odiándose, Tom agarró uno de los pies de Bill y Dereck se apoderó del otro mientras tiraban de Bill simultáneamente en sintonía con los clamores vulgares de los demás. Tom estaba medio esperando que un profesor saliera y los detuviera como la última vez, pero se encontraban en la parte trasera del edificio del colegio, donde nadie podía encontrarlos.

El colegio fue construido en una pequeña colina artificial, rodeada de muchas otras que descendían casi descuidadamente. A lo lejos, había una pista de tenis y un campo de fútbol. Dereck y Tom arrastraron a Bill hasta hacer frente al campo de fútbol y se detuvieron en el borde de la colina. Las manos de Bill cubrían su cabeza aunque no gimoteaba más. De hecho, no hacía ningún ruido en absoluto, sufriendo los varios golpes que recibió en silencio.

—¿Listos, chicos? Bien, Tom, cuando diga ahora, empuja al idiota tan duro como puedas.

—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? —preguntó Tom, arrepintiéndose de las palabras por la mirada que Dereck le dio.

—¿No estarás echándote atrás ahora, verdad, Trümper?

La frialdad en la voz de Dereck equivalía solo al uso del apellido de Tom. Era una manera de demostrar el desapego y el desafío que decía: si no haces esto, puedes olvidarte para siempre de salir con nosotros otra vez.

Y más que nada, Tom quería demostrar que pertenecía a la pandilla de Dereck.

Negó con la cabeza y dijo secamente: —Estoy listo.

—Excelente, sabía que podía contar contigo —Esas palabras hicieron que Tom brillara. —¿Preparado? Uno. Dos. Tres. ¡Ahora!

Ambos dieron al cuerpo inmóvil de Bill un fenomenal empujón y Bill fácilmente dio volteretas cuesta abajo, rodando sin fuerzas como una muñeca de trapo, sus extremidades se agitaban salvajemente.

Todos se reían. Dereck se inclinaba, con la cara roja y Andreas chillaba como un loco. Tom trató de reír, trato de que le gustara esto, pero cada vez que Bill daba una vuelta, sus ojos se cruzaban con los de Tom y el sentimiento de culpa era sofocante.

¿Cuándo darle una paliza a alguien perdió el gusto?

Cuando Bill finalmente paró de rodar, el primer timbre resonó en algún lugar dentro del colegio.

—Me siento mejor —Dereck sonrió, su histeria empezaba a aparecer.

Tom miró hacia abajo para ver a Bill levantándose y vomitando su sándwich en el suelo, en un charco de papilla digerida. Sintió vergüenza, y por alguna razón, recordó la grulla de plástico que continuaba posada tranquilamente en el árbol.

Una parte suya quería correr colina abajo. No sabía lo que iba a hacer una vez que llegara allí, pero dejar a Bill vomitando los restos del almuerzo y tal vez del desayuno de ese día parecía casi demasiado cruel. Dereck y el resto de los chicos no lo creían; por lo que ya se dirigían nuevamente al frente del colegio, caminando rápido para evitar llegar tarde.

Tal vez sólo podría correr hasta allí rápidamente, sólo para asegurarse de…

—Tom, ¿vienes o no? ¡Mueve el culo! —Nuevamente Dereck.

Una vez más con las órdenes.

Mientras Tom corría al lado de Dereck, el chico más mayor le dio un ligero golpe en el brazo.

—Bien hecho allá atrás, amigo —Usando su distintivo, sonrió peculiarmente.

Tom se sintió eufórico y le dio un golpe en la espalda a Dereck, sintiéndose remotamente mejor, pensando que finalmente había impresionado al chico más mayor. Sólo ese simple comentario había sido suficiente para contentar a Tom, sin embargo, el sentimiento se vio estropeado por el hecho de que todavía podía oír a Bill a lo lejos vomitando todo el contenido de su estómago.

&

Tom trató mirar hacia otro lado cuando Bill entró tarde a clase con su camisa de cuadros y sus jeans cubiertos de manchas del césped y oliendo a vómito.

—Bill, por el amor de Dios, si vas a consumir drogas, por lo menos espera hasta después del colegio para que pueda, por una vez, quizás realmente dar mi clase a tiempo —La profesora habló refunfuñando.

Sí, mira quién fue a hablar.

Tom no sabía cómo esto afectaría al proyecto, pero sabía que la semitransparente amistad que había mantenido con Bill estaba ahora definitivamente acabada. Estaba un poco aliviado, para ser honesto. Quería decir, vamos, el chico estaba loco evidentemente.

Inclusive así, echaría de menos la guitarra y las galletas.

La clase se hizo larga con los comentarios sarcásticos que normalmente proporcionaba la profesora.

El timbre sonó después de una eternidad y Tom salió rápidamente, queriendo dejar sus cosas en su casillero para que pudiera conocer a los demás chicos en el parque y ver a Stacy nuevamente. Nunca se llevó los libros a casa o hacía cualquier tarea, simplemente no veía el propósito del colegio si era condenadamente fácil. Además, la mayor parte del tiempo después de clase él no estaba en las condiciones ideales para hacer la tarea, de todos modos.

Cerró su casillero de golpe y se dio la vuelta, dispuesto a salir de prisa de esta prisión disfrazada de centro de aprendizaje. Corrió a la derecha hasta que la última persona que había esperado ver lo esperaba en su casillero, sobre todo después de la hora del almuerzo.

—¡Hola! —dijo Bill alegremente.

—¿B-Bill? ¿Qué estás haciendo aquí?

—Sólo quería saber si todavía estábamos bien para que vengas hoy para el proyecto.

Estaba a punto de pedirle a Bill que lo repita. No podía creer lo que escuchaba.

—¿Es jodidamente enserio? —preguntó él, sus ojos no se lo creían cuando Bill asintió en respuesta.

—¿Todavía quieres que vaya después de lo que acaba de pasar?

—Bueno, sí. Entiendo que tienes una imagen que mantener al día, eso está bien. Sería una lástima si tuviéramos que detener el proyecto sólo por eso.

Tom quería reírse si la situación no pareciera tan seria. No es la primera vez que se sorprendía preguntándose si Bill pertenecía a una institución mental, en lugar de éste colegio.

—¿Sólo por eso? ¿Sólo por eso? Ayude a que rodaras por una colina y vomitaste. ¿Cómo eso está bien?

—Me hizo un poco feliz.

—Es… ¿¿qué??

—No me pateaste tan fuerte como sueles hacerlo. Me hizo feliz.

Bill estaba sonriendo con toda una fila completa de dientes, que se veía más que un poco ridículo considerando que todavía estaba cubierto de manchas del pasto y con contusiones.

Tom masajeó sus sienes, tratando de ayudar a su mente sobre ésta situación, dispuesto a comprenderlo desde la perspectiva de Bill. Habría tenido mejor suerte tratando de entender el significado de la vida y la creación del universo. Bill era sólo tan… Bill.

—Yo…

—¿Entonces, vas a venir otra vez? Mi mamá dijo que podría hacer galletas de nuevo ya que dijiste que te gustaron mucho la última vez.

—No puedo hacer esto.

—¿Qué?

Tom intentó encontrar las palabras para describir su dilema.

—No lo entiendes. ¡No puedo ir a tu casa, comer tu comida, abrazar a tu mamá y luego darte una paliza! ¡No se siente correcto! ¡No entiendo por qué no tienes un problema con esta situación, estoy seguro de que yo lo tendría y no soy yo el que está herido! Simplemente ya no puedo ir más.

A pesar de los esfuerzos de Tom, sólo una cosa parecía entrar en la mente de Bill.

—¿Pegarme ya no se siente bien?

¡Joder, en realidad parecía desilusionado!

—¡No! ¡No cuando no dejas de ser agradable todo el tiempo! ¡Eso jodidamente me hace enojar! Mira, dame la maldita oruga, voy a hacer el proyecto, me da lo mismo, pero no puedo ir a tu casa. Voy a olvidarme de todo esto y voy a volver a golpearte con mis amigos. ¿De acuerdo?

Tom quería gritar y arrancarle la sonrisa de la cara a Bill. Pero había empeorado. En realidad, ¡ahora estaba rebosante de alegría!

—Genial, entonces, adiós —terminó Tom y salió corriendo antes de que pudiera captar la radiante expresión de Bill.

Bill se quedó allí, mirando a Tom alejarse y no pudo recordar un momento en que se hubiera sentido más feliz. Tom dijo que pensaba que él era agradable…

Bill estaba más enamorado que nunca.

Continuará…

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