Mi jaula FIN

Notas de MizukyChan: Bueno queridos lectores, este es el epílogo y final definitivo. Besos y que lo disfruten. ¡A leer!

Bill ha estado en el harem 4 años, 2 meses y 2 semanas.

Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan

& Capítulo 37 &

Tom cruzó sus pies, cambió su postura y luego volvió a mover sus pies. Verdaderamente, se sentía tonto por estar tan ansioso. Esto se había visto venir hacía mucho tiempo y tampoco era su día, después de todo. No, pensó, mirando a todas las personas reunidas en el templo. Este día le pertenecía a él.

El rey sonrió, Bill aún no estaba allí, pero cuando llegó, Tom sabía que amaría las decoraciones. El pelinegro había estado a cargo de ellas, por supuesto. Y Tom había visto como él, Mahtob, y Manar, discutieron innumerables veces por el tema y los colores, algo que sultán veía como cosas triviales. ¿A quién le importaba si el templo estaba decorado de blanco, azul o rojo? De hecho, lo único importante en su opinión, era la ceremonia. Aun así, Bill había ganando con el azul, alegando de que el blanco era aburrido y que de todos modos, el templo siempre tenía las paredes rojas. Mirando hacia abajo, desde el altar donde él estaba, Tom tuvo que admitir que Bill tenía buen gusto.

Te ves nervioso —susurró Georg, inclinándose para hablar a su amigo.

No lo estoy —insistió el rastudo—. ¿Por qué debería estarlo? Es tonto.

Georg se rió y le palmeó un hombro—. No te preocupes Tom. Tu trabajo no es tan terrible. Ciertamente, yo tengo que hacer más que tú.

Asintiendo a esa afirmación un poco molesto, el rastudo respondió—. Sí, lo sé. ¿Cómo es que estás tan tranquilo? —Su primo simplemente sonrió y volvió a su posición.

Suspirando, Tom resistió las ganas de mover las ligas de su cabello. Bill se había encargado de arreglarlas perfectamente esa mañana (Tom sabía que estaban perfectas, porque las había revisado frente al espejo y luego doblemente revisado) y no necesitaban ninguna corrección. Supuso que la ansiedad que sentía, venía de que cuando asistía a eventos públicos, todas las miradas estaban fijas únicamente en él y el comandaba a toda la multitud que escuchaba sus palabras.

Las bodas eran diferentes, razonó el rey. Él no sería el centro de atención esa noche, sino que debía permanecer a un lado, como una parte de la ceremonia, mientras todo lo demás era guiado por los sacerdotes. Él no tenía el control. Y todo lo que podía hacer, era estar allí, pasivamente, mientras los otros observaban. Extrañamente, este prospecto era mucho más intimidante, que dar un discurso frente a miles de ciudadanos de Bagrah. En esos momentos, Tom pensó que prefería hacer eso. Sin embargo, sus nervios cesaron cuando Bill entró.

Viendo como el joven varón se aproximaba, Tom falló al tratar de contener una sonrisa y ésta se dibujó en su cara. Estaba seguro de que lucía como un bobo enamorado, mirando al otro hombre, pero de algún modo, no le importaba en lo más mínimo. Bill lucía radiante. Las túnicas azules que vestía, estaban adornadas y eran bastante similares a las del mismo Tom. Pero las de Bill tenían hilos plateados, haciéndolo brillar en la luz, como un ser etéreo. Su cabello había sido arreglado, para que cayera suave y sin adornos, en su espalda. No llevaba ninguna joya y su rostro estaba limpio de cualquier rastro de sombra alrededor de sus ojos. Tom no podía apartar la mirada, especialmente cuando Bill encontró sus ojos y los fijó en él, con una sonrisa de felicidad.

El chico pelinegro caminó hasta el lugar designado junto al altar, opuesto a donde estaba ubicado el rey. Tom observó como el joven modulaba un saludo, desde su sitio y él respondió con un silencioso—. Hola.

Gustav palmeó el hombro de su amigo, antes de murmurar un—. Ok, tortolitos, ya basta. Los están mirando —ante estas palabras, Tom se enderezó y pronto, entró la novia, escoltada por las figuras de los sacerdotes vestidos de rojo.

Los ojos de Georg se iluminaron al ver a Manar y Tom estaba bastante seguro, de que eso era lo único que su amigo podía ver en esos momentos. Tom conocía el sentimiento de ineptitud, de sentir que no mereces ver a una persona tan perfecta, y de preguntarse qué había hecho para complacer a Enkil, para que él hubiera puesto a una criatura tan hermosa para amarlo.

Así era como se sentía el sultán cada mañana, cuando se despertaba y veía los cabellos revueltos en la almohada junto a él. Era como se sentía cada vez que Bill reía, o hacía un puchero, o lo miraba directamente. Era como se sentía cada vez que Bill lo besaba. Tom estaba feliz de que su amigo hubiera encontrado a una persona así. Y pensó, al observar la misma mirada en el rostro de su hermana, que no habría confiado en ningún otro hombre, para que la cuidara como ella se merecía.

Bill escuchó mientras los sacerdotes recitaban las largas oraciones, para que la pareja entrara en el matrimonio. Por la expresión en el rostro del novio y la novia, era fácil decir que ellos preferían omitir esa fase elemental y el pelinegro se imaginó, que si alguna vez llegara a casarse, él pensaría de la misma forma.

Había un poco de tristeza ahí, una que probablemente permanecería. Bill nunca se casaría, porque dichos votos, no existían entre hombres y él no tenía ningún deseo de estar con nadie más que con Tom. El sello del matrimonio, no era algo que ellos necesitaban para legitimar su amor, Bill lo sabía. Él no deseaba una boda y posiblemente no le habría importado estar perpetuamente soltero, si no fuera porque era algo que todo el mundo hacía.

Mientras observaba a su amiga tomar los votos, el lazo unió el brazo de la chica y el de Georg, entonces el pelinegro se encontró con los ojos de Tom. Ellos decían “somos nosotros” y Bill supo que era verdad. Quizás no tenía títulos, ni siquiera estaba reconocido oficialmente como concubina, pero todos los presentes en el templo y de hecho, todos los que habitaban el palacio, sabían que el hombre detrás de la princesa Manar, era el emperador de todo. Y siempre lo sería.

&

La recepción de la boda había sido hermosa. Todos se reunieron para un banquete más elaborado y Bill reveló su lugar, al sentarse junto al rey.

Tristemente, dichas oportunidades no se daban muy a menudo para la concubina. Ya no más. Hacía casi tres años atrás, Bill asistía a eventos públicos al lado de Tom con regularidad. Al principio, desaprobaron que el sultán llevara a su juguete sexual, como consorte oficial a las cenas de Estado, pero gradualmente los chismes murieron, al darse cuenta que Bill no era alguien para pasar el rato.

De hecho, cuando algunos individuos conocieron al pelinegro, la curiosidad evolucionó a un grado de fascinación, y pronto Bill era una persona muy querida en el palacio. Y debía balancear su horario, pues más y más personas de la corte lo invitaban para socializar con él. Con el correr del tiempo, había ganado muchos conocidos y algunos amigos fuera del harem.

Sin embargo, el alboroto por su nombre, así como el número de oportunidades de participar en actos públicos, decreció cuando Tom se casó con Mahtob.

Fue lo más duro que tuvo que hacer, pero él y Tom lo habían discutido un sinnúmero de veces y finalmente, decidieron que era lo mejor, lo correcto. No sólo era lo más seguro, porque cualquier hijo nacido de una concubina, tenía menor grado que uno nacido de una esposa; sino también, de un modo extraño, era lo justo.

Todos los involucrados, sabían que Tom siempre amaría a Bill y nunca a Mahtob. Incuso se comentaba, que el chico pelinegro tenía todo el cariño y la atención del sultán. Una existencia solitaria, no era lo que Mahtob se merecía y ciertamente, no era lo que Bill quería para ella. Así que cuando ese difícil tema del matrimonio salió, Bill sabía que la mujer se merecía por lo menos el privilegio de ser llamada “esposa”.

Tom se había casado con Mahtob un martes, al final del verano, después del golpe de Estado. Bill había ido con Mahtob cuando se estaba preparando, para hacerle saber que tenía su bendición. Había sido sincero en ello, pero se mantuvo al margen durante el resto de las celebraciones. Mahtob entendió por qué el pelinegro no asistió a la boda y nunca hubo hostilidades entre ellos.

Siendo aún amigos, Bill y la ahora reina Mahtob, pasaban menos tiempo juntos el uno con el otro. Había un entendimiento entre ellos, en cualquier ocasión en que se encontraran de camino, intercambiaban saludos cordiales. Bill y Mahtob eran grandes amigos, no necesariamente porque quisieran seguir siéndolo, sino porque se entendían el uno al otro, en una forma particular e íntima.

Sin embargo, ambos tenían otros amigos. Manar lo había perdonado por lo relacionado con Aaron y ahora era una de sus mejores amigas. Y extrañamente, Bill había desarrollado un acuerdo con el hombre que solía atormentarlo, Anis. Lo que tenía con el guardia, quizás nunca se podría llamar amistad, perse, pero las conversaciones sarcásticas que compartían, ya no tenían como objetivo lastimar al otro. Anis nunca lo admitiría, pero Bill sospechaba que secretamente, el hombre lo considera simpático o algo así.

La chica sirvienta de piel oscura, que fue la primera en romper sus barreras de defensa, lo había acompañado a lo largo de todo. Mientras que la residencia oficial de Bill era el harem, casi todas las noches las pasaba en el cuarto de Tom. Y a Nephthys, le habían asignado habitaciones frente a las del rey para adaptarse a la situación.

Y, con respecto a las salidas de adentro a afuera del harem, para Bill había la misma facilidad que para Tom. Él podía escoger si quería pasar el día en el harem, o no. Sólo pasaba las noches allí, si Tom y él estaban peleados. O si Manar estaba portándose infantil y quería tener una fiesta de pijamas. Cuando estaba en el harem, Bill veía a menudo al pequeño Abrahim corriendo por los alrededores.

Mahtob tenía tres meses de embarazo, cuando Tom la desposó y seis meses después, nació un hijo. El pelinegro siempre admiraría a Mahtob, por lo abierta que había sido con su bebé, dejando que Bill el hombre que tenía el amor de su marido visitara a su pequeño y lo abrazara desde el mismo día en que nació. Había sido una experiencia extraña, mirar al hijo de Tom. Al principio Bill no sabía qué sentir o de qué forma actuar con el niño. Sin embargo, el pelinegro tenía debilidad por los pequeños, y con el paso del tiempo, comenzó a ver al niño, como un sobrino.

Bill adoraba a Abrahim; el niño era como una miniatura del sultán, sin duda el retoño de Tom. Ver correr al joven príncipe por los recovecos del harem, esa dulce copia de su padre, había creado una necesidad en el pecho de Bill, que nunca antes había sentido. El esclavo nunca lo había considerado con seriedad, porque tener hijos era imposible para él y de todas formas, no estaba seguro de querer hijos que no fueran de Tom. Pero él y Tom notaban todo lo que le pasaba al otro, y esa no fue la excepción.

Una noche, cuando terminaron de hacer el amor, Tom había hablado suavemente sobre los niños y de cómo él quería que Bill fuera feliz y de que él haría de todo, para completar esa felicidad. Y luego, realmente sorprendió al pelinegro. Le preguntó a Bill si quería tener su propia mujer. Bill había girado en los brazos del sultán, completamente impactado, y escuchó como Tom le dijo que entendía y que, si Bill quería, podría tomar una mujer, una concubina propia, para tener hijos con ella.

Después de reaccionar a la sorpresa, el corazón de Bill se derritió al pensar en lo que Tom estaba tratando de hacer. Sabía cuánto le dolería al mayor, verlo en brazos de otra, aun si fuera sólo para procrear. Y de todas formas, el rastudo hizo la oferta, queriendo más que nada, complacerlo. Esa fue la noche en que Bill le contó a Tom, lo que creyó que ya sabía, que era estéril. Y aunque hizo todos los esfuerzos por disculparse por esa alteración, que Bill insistió no era su culpa, era obvio que el gobernador estaba aliviado porque nunca tendría que compartir al hombre que amaba. Hipócrita tal vez, pero adorable.

Tener a Tom era suficiente, y pese al apretado horario que tenía el emperador, se aseguraban de pasar juntos, el máximo tiempo posible. Doctores de varias naciones habían sido llamados, para revisar la condición del joven rey. Y pese a las búsquedas de mayores y mejores respuestas, el diagnóstico siempre permanecía igual: la larga ingesta de veneno, había logrado malograr permanentemente el hígado de Tom y probablemente, moriría joven.

Esas palabras habían sido devastadoras, y en un principio, las habían bloqueado, simplemente negándolas. Ninguno de los dos estaba complacido de oír semejantes noticias, pero Bill no quería saber nada, ni siquiera quería pensar en la probabilidad de la muerte del hombre al que amaba. Se había enfurecido con Tabeeb Ihsan, cuando les entregó los resultados, lo más sutilmente que pudo. Había gritado y llorado, y le dijo que era un curandero que no sabía hacer nada. Después que el doctor se hubo ido, Tom consoló a su amante y Bill se dio cuenta de las cosas claramente.

Tom podría vivir décadas, muchos más que el funesto par de años, que Bill se había imaginado en su cabeza, y ciertamente, lo suficiente para ver crecer a Abrahim. Una vez que pasó el shock inicial de las malas noticias, Bill se controló, asumiendo el rol de inspector de salud, para pesar del rey. Bill era el único del par, que todavía bebía alcohol. La concubina pelinegra, también era la única en asegurarse de que el rastudo tomara sus medicamentos y quien vigilaba que se cumpliera el régimen de ejercicios diarios que estaban prescritos. Tom se quejaba de que Bill era implacable, pero sabía por qué lo hacía. Bill estaba tan profundamente enamorado de él, que esa era otra forma de asegurarse de que pasaran muchos años juntos.

Tom nunca, nunca se lo diría, pero saber que partiría antes que Bill era… un alivio. Honestamente, no sabía si podría soportar, que el pelinegro muriera. El suicidio era una muestra de absoluta cobardía a ojos del sultán, y aun así, cuando se imaginaba la posibilidad de que le arrebataran a Bill, pensaba que la vida estaría tan llena de dolor que no valdría la pena vivirla. Pero, por sobre todo, Tom prefería no imaginarse eso en absoluto.

Eso no quería decir que Tom no tuviera un plan para el futuro. Como su esposa, Mahtob siempre estaría protegida. Ella y su hijo tendrían asegurado para siempre, el confort, la riqueza y el respeto. Pero Bill, no tendría tales protecciones. Por eso, Tom se encargó de hacer algunos cambios después de que naciera Abrahim. Y, aunque Bill no tuviera ninguna relación con asuntos políticos, tenía en documentos, una sub-sección completa del tesoro puesta bajo su autoridad. Tom confiaba en Dios, que el joven varón, nunca tuviera que ver el terreno que le había dejado al norte del país. Y por último, Bill tenía a su cargo, una pequeña porción del ejército de Bagrah. Eran sólo cincuenta hombres, pero eran oficialmente, la guardia personal del pelinegro.

El joven pensaba que todo eso era bastante hilarante. Había conocido al grupo completo, sólo una vez. Y desde entonces, había tenido contacto frecuente con sólo dos o tres de ellos. Sin embargo, cada vez que Bill estaba enojado con él, tenía la repentina necesidad de caminar por el palacio con una escolta de los cinco hombres más atractivos de su séquito. La concubina pensó que esta, era no sólo una gran forma de venganza por sus riñas, sino también -y Tom tenía que estar de acuerdo en este punto, era la forma más efectiva de catalizar el enojo, y convertirlo en apasionado sexo de reconciliación.

Además de todo el tiempo que pasaban haciendo el amor, en todas sus formas, Tom pudo realizar muchos logros para su pueblo. El joven sultán, de quien al principio se había dudado de sus habilidades, probó ser un líder justo y eficiente. Todos los traidores involucrados en la revuelta, excepto los que estuvieron en el salón del trono, tuvieron juicios inmediatos. Un jurado de pares los encontró culpables y aquellos que Tom no mandó a ejecutar, fueron exiliados.

A Aaron se le ofreció un ultimátum: dejar Bagrah permanentemente o ir a juicio por espionaje, un cargo del que, según el sentimiento público, habría resultado culpable. El hombre de ojos azules, dejó el país y no volvió. Aunque según los reportes de los últimos años, se había metido en la cama de un alto funcionario de la corte del Shah de Beirut.

Un nuevo concejo se había formado, en el que se mantuvo a Rahal, Mansoor y Al-Hamid, y se unieron Georg, Gustav y Saki, a quien Tom había promovido a cabeza de seguridad del palacio. Como fue predicho, la guerra con Foularr terminó un par de semanas después del golpe de Estado. La pequeña nación fue anexada al imperio y Gustav quedó a cargo de asegurarse de que no hubiera nuevas hostilidades.

Éstas fueron grandes mejoras, pero Tom solía sentirse más orgulloso de los logros de los que Bill se sentía orgulloso. Esos incluían la introducción de un revolucionario sistema de impuestos, en los que los ciudadanos pagaban un porcentaje de sus ingresos, opuesto a lo que era antes; limitaciones para importar esclavos; aparejados de incentivos para la educación y el desarrollo profesional. Y la construcción de un nuevo y más efectivo sistema de drenajes, que cruzaba la ciudad, para ayudar a la población en los días de lluvias del invierno.

Tom sabía que una de las razones por las que estos cambios agradaban a su amante, era porque Bill podía imaginar que estas reformas ayudarían a su familia. El chico pelinegro casi nunca hablaba de ellos, pero algunas veces Tom pensó que Bill estuvo a punto de revelar cosas sobre su madre. Con su padre muerto, el rey sabía que no había razones para evitar que Bill se fuera, si eso quería. Una noche, justo antes de caer dormidos, el sultán se lo dijo.

Tom admitió al hombre en sus brazos, que si realmente quería irse, no tendría motivos para impedírselo. Ante eso, Bill se había quedado muy silencioso y eventualmente se movió para abrazarlo fuertemente. Sus brazos lo envolvieron como lapa, Bill besó su pecho y le dijo que él nunca, nunca lo dejaría. Y, pese a la hora, Tom no pudo evitar hacerle el amor, por segunda vez aquella noche. Se despertaron tarde al día siguiente.

Sin embargo, algo en esta confesión hizo clic. Una semana más tarde, Tom hacía los preparativos para una reunión entre Bill y su madre. Él se aseguró de permanecer lejos, dándole a Bill privacidad, cuando Sayyida Trumper entrara al harem a visitar a su hijo. Ella llevaba unas pocas horas dentro, cuando la concubina pelinegra, comenzó a buscar a Tom para las presentaciones. Era exactamente igual que conocer a una suegra, o quizás peor, porque el rastudo tenía el peso adicional de responder ante la mujer, por la esclavitud de su hijo.

Pero Bill había sido lo suficientemente considerado, para contar algunas mentiras, y Simone conoció al sultán sólo con gratitud, por “proveer a su hijo de tanta felicidad”. Con la bendición de Tom, el pelinegro invitó a su madre a futuras visitas. Pero la mujer fue firme en su decisión de que una vez había sido suficiente. Simone le dijo a su hijo que se sentía bendecida de saber que él estaba vivo y bien, viviendo una vida mucho mejor de lo que ella jamás le habría podido entregar. Era una vida diferente a la de ella, dijo, y aunque Tom le ofreció hospedar a toda su familia en el palacio, Simone declinó. La mujer dejó a su hijo con lágrimas de felicidad y un adiós definitivo.

Bill era una figura permanente en la vida de Tom y aunque no tenía ningún título oficial de la corte, todos los habitantes del palacio había oído al sultán referirse a él como “príncipe”, una que otra vez, con algunas variantes privadas como “dulce príncipe” o “hermoso príncipe”. El nombre se quedó y, la mayor parte de su vida adulta, el chico pelinegro fue llamado, “príncipe Bill”.

F I N

Notas de MizukyChan:

Primero las definiciones: Shah Era el nombre que se les daba a los reyes.

Sayyida Título para referirse a las “señoras”

Y ha llegado el final definitivo. ¿Quieren llorar? Yo sí. Una vez más puedo decir “Misión cumplida”. Y con esto paso a decir GRACIAS a todos quienes leyeron esta historia conmigo, quienes amablemente comentaron los capítulos. En fin, gracias a todos y los invito a acompañarme en las nuevas traducciones. Besos.

6 comentarios en “Mi jaula FIN”

  1. Mis dudas que tenía bueno algunas han sido resueltas porque si estaba con el pendiente de saber que paso con la familia de Bill también no se mencionó a lo último que pasó con la madre de Tom acaso si murió también? 😔☹️😭 Me gustó mucho la historia y gracias nuevamente por la traducción ❣️

    1. Que bueno que te haya gustado la traducción.
      Es uno de mis fics favoritos, así que suspiré con este final tierno.
      Gracias a ti por comentar y dejarme saber tu opinión, porque siento que así vale la pena el trabajo que implica una traducción.
      Besos.

  2. Es una historia hermosa y con tanto contenido cultural un aplauso a la Autora y un eterno agradecimiento por todo el trabajo que haces en las traducciones, en lo personal llenas mi corazón de mucha felicidad 💜

    1. Aaaaawwww, y tú llenas mi corazón de mucho amor con estas bellas palabras.
      Concuerdo contigo en relación al fic, aprendí un montón haciendo la traducción y disfruté del fic a mil.
      Gracias por tu apoyo al leer y también por comentar. MUAK

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