Notas de Sarahyellow: Sólo quiero recordarles a todos, que en este fic, Bill tiene 17 y Tom 23. Así que imaginen a un Tom mayor con un Bill más joven. Yo no creo que sea pedofilia, pero algunos de ustedes, puede que sí.
Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan
& Capítulo 12 &
Bill inhaló de golpe—. ¿Qué estás…?
Tom lo cortó, capturando sus labios. Los ojos de Bill se abrieron y se congeló, en shock. Tom se movió hacia adelante, cerrando el pequeño espacio que quedaba entre los dos. Pegado contra la pared, Bill se derritió un poco, suspirando por la deliciosa presión que el cuerpo y la boca del príncipe ejercían contra él. Todo se sentía tan bien, que apenas recordaba cuales era sus objeciones en primer lugar. Cuando Tom lamió su labio inferior, él instintivamente lo abrió, dejándole entrar. Deslizando su lengua hacia adentro, Tom probó la boca del otro chico, disfrutando la forma en que él, inconscientemente le respondía.
Bill ronroneó mientras seguía degustando al príncipe. Su mente estaba girando; aquel beso caliente, apabullaba sus sentidos. Tom estaba en todo su entorno, olía a especias, a cuero y a algo indescriptiblemente masculino. Se sentía a punto de protestar, pero el placer de cada toque, de cada nueva caricia le impidieron hacerlo. En algún lugar de su mente, estaba consciente de su posición, del hecho de que no debía someterse ante el hombre que no tenía reparos en tomarlo contra su voluntad. Pero esa parte de su mente, estaba difusa por la pesada niebla de la lujuria.
Bill nunca antes había experimentado tal intoxicante sensación, nunca había sido tocado por otra persona de esa manera. El único placer que conocía era aquel con el que todos los jóvenes están familiarizados; el toque de su propia mano. Y ahora estaba descubriendo que era mucho más placentero tener otro cuerpo presionando el tuyo, tener otras manos sujetando tus caderas, sentir la respiración agitada de otro contra tu mejilla.
Bill se retorció bajo el gran cuerpo del príncipe mientras él atacaba su cuello, repartiendo chupetones a lo largo de la pálida extensión de piel. Giró el rostro hacia un lado, tratando de recuperar el aliento.
Abriendo sus ojos, aturdidamente escaneó la habitación. Sintió las manos de Tom apretar sus caderas y luego deslizarse hacia abajo para coger su trasero. Usando ese agarre desde atrás, Tom empujó a Bill hacia adelante, frotándose contra él. Bill dejó escapar un jadeo, por el golpe de placer que esa acción envió a sus sentidos. El sonido de su propia voz lo sacudió y salió de su niebla mental. Una súbita indignación hirvió dentro de él.
—No. ¡Ahh! —Jadeó, con sus rodillas completamente débiles, cuando Tom succionó fuertemente, en un punto detrás de su oído.
Cuando Tom se movió para capturar sus labios otra vez, Bill volteó su rostro hacia un lado, evadiéndolo.
—¡No! —repitió sin aliento—. Detente —Bill estaba recordando cada vez más, que él no quería eso. No debía querer eso. Sintió las grandes manos deslizar su chaqueta por sus hombros. Moviendo torpemente sus manos, entre ambos cuerpos, Bill empujó fuertemente el pecho de Tom.
Aunque esos empujes no hicieron nada para mover al príncipe, le alertaron del cambio de parecer del chico. Tom cogió las muñecas del joven y las levantó hasta ponerlas contra la muralla. Acercándose, besó la sien del Bill y susurró.
—¿Por qué empezar a pelear ahora, si lo estabas haciendo tan bien? —Luego bajó su rostro y atrapó el labio inferior de Bill entre sus dientes, succionándolo hambrientamente.
—Mmph ¡No! —Jadeó Bill. Se movió dentro del agarre del príncipe, tratando en vano de escapar. Él no quería eso. No era su elección y no quería sucumbir a los excitantes toques de su captor. Tom se pegó más a él, apretando su agarre.
—Deja de luchar —dijo con la respiración agitada—. Es tan obvio que lo deseas. Que tu cuerpo desea esto —al decir esto, llevó las dos muñecas de Bill a su mano izquierda, bajando la otra para palmear su erección. Esto soltó un desesperado gemido en el chico—. ¿Lo ves? Estás tan excitado.
Masajeando la dureza bajo su palma, Tom besó la mejilla del chico y susurró en su oído—. Se siente bien, ¿cierto? —Bill mordió su labio y apretó sus ojos, moviendo su cabeza en forma negativa. Bill estaba determinado a negarse y no sucumbir al placer. Tom dudó de que el chico estuviera consciente de las pequeñas embestidas que sus caderas estaban haciendo a su mano, aún cuando la parte superior de su cuerpo estuviera apresada.
Tom soltó una risita—. Sí que lo es. Mírate, todo sonrojado y jadeando. Te gusta mi mano aquí, tocándote así —Otra vez Bill sacudió desesperadamente su cabeza, pero al mismo tiempo soltó otro gimoteo profundo en su garganta, pues las palabras del príncipe estaban haciendo efecto en él. Tom asintió, lo tenía. De ahora en adelante, no habría verdadera resistencia. Gentilmente, liberó a Bill de la muralla y llevándolo por el brazo, cruzaron la habitación.
—Vamos, Bill, nos movemos a la cama —los ojos de Bill se abrieron de nuevo y comenzó a tratar de soltarse del agarre del príncipe.
—No, no —se retorció—. No, detente. —Pero ya estaba junto a la cama y Tom fácilmente, puso su cuerpo sobre ella. Se puso sobre el chico, montándose sobre su cintura y aplastando sus brazos. Bill continuó luchando, empujándose contra el príncipe, hasta que se dio cuenta que esto sólo servía para excitarlo más. Dejando de luchar, un jadeante Bill dijo—. Déjame ir.
Tom sonrió suavemente. Acercándose, dijo directamente al rostro de Bill—. No.
Bill arrugó el ceño y trató de levantar los brazos de donde Tom los tenía apresados. Tom lo empujó bruscamente a la cama.
—Si continúas haciendo tanto alboroto, te ataré —Bill se quedó quieto, buscando en los ojos de Tom, notando que hablaba completamente en serio.
—No —vocalizó su opinión sobre esa idea. El príncipe asintió.
—Entonces, quieres comportarte, ¿eh? —Se agachó para presionar su boca contra los labios de Bill, con su lengua demandando ingresar. Los dos lucharon por dominar, con Tom claramente ganando.
No pasó mucho, para que el príncipe tuviera, otra vez, a Bill arqueándose, sometido bajo su cuerpo. Cuando Tom terminó el beso y se sentó para sacarse la camisa, el chico protestó con los ojos aún cerrados. Soltando una risita, el príncipe tiró su túnica al suelo y comenzó a tirar la toga de Bill. Los ojos cafés del chico, buscaron los suyos en una súplica incierta, cuando la ropa llegó a sus manos.
—Levanta los brazos —Bill titubeante, hizo como le fue dicho.
Por dentro él estaba librando una batalla que parecía estar perdiendo. Lo que el príncipe le estaba haciendo se sentía maravilloso, pero no importaba cuanto placer físico hubiera, Bill sabía que no quería eso. Bill no quería entregarse al hombre, que ahora era su dueño. Él no amaba al príncipe y estaba casi seguro de que el príncipe no lo amaba a él. Y sin embargo, Tom lo iba a poseer, Bill lo sabía, lo quisiera o no. El placer, había hecho que Bill cediera el control por el momento, pero de todos modos, él no quería eso. Seguía siendo una violación.
Bill sintió manos callosas en su vientre, cuando le levantó su camisa. Pronto estaba semi-desnudo y luego por completo, cuando sus pantalones también fueron removidos. Levantó la vista y vio al príncipe admirando su cuerpo desnudo, Bill se sonrojó y llevó sus manos a cubrirse. Pero antes de poder hacerlo, sus manos fueron sujetadas y enviadas a los lados. El príncipe lo miró con seriedad.
—Nunca te cubras en frente mío. Si te desnudo, es porque quiero verte. Por completo. —Al decir esto, dejó que sus ojos vagaran por el cuerpo del chico, absorbiendo cada detalle, desde sus pequeños pezones y para abajo, hasta los oscuros rizos que enmarcaban su miembro.
Bill presionó su cara contra la cama, sintiéndose inmensamente avergonzado. Incluso con sus ojos cerrados, podía sentir la intensa mirada del príncipe sobre él. Tom notó que le chico ocultaba su rostro con vergüenza y le mandó mirarlo, lo cual obedeció con renuencia.
—Quiero que me mires —Tom continuó escaneando el flexible cuerpo del joven. Sus ojos nunca se quedaban demasiado tiempo en un solo lugar—. Eres tan hermoso, Bill. Nunca sientas vergüenza de tu cuerpo. —Posando una mano sobre el muslo del chico, continuó—. Quiero que me veas. Mírame tocarte —Bill gimoteó, sintiendo que los nervios lo superaban.
—No —Pidió, pero Tom le hizo callar.
—Sólo mira. —Y Bill miró, porque no sabía qué más hacer. Sentía que iba a explotar en cualquier momento por miedo, excitación y vergüenza.
Tom movió sus manos hacia arriba, por los muslos, vientre y pecho de Bill. Se detuvo para jugar con sus pezones, pellizcando uno entre sus dedos. Observó de cerca el rostro de Bill, al incrementar la presión en él. Echó la cabeza hacia atrás, soltando un susurrante jadeo.
Tom estaba complacido al notar que Bill se rendía al suave dolor, en lugar de luchar contra él. Soltando el pezón, Tom le dio suaves lamidas, aliviando el dolor y le dio el mismo tratamiento al otro, antes de moverse hacia abajo, succionando y chupando la sensible piel del vientre del chico. Bill se retorció, presionando su erección contra el pecho de Tom. El príncipe sonrió ante el obvio placer del joven y se movió más abajo.
Posando su rostro en la cadera de Bill, Tom pasó su dedo por todo el largo del miembro del chico, viéndolo sacudirse. Como el resto de él, el pene de Bill también era bastante hermoso. Una extraña palabra para describirlo, tal vez, pero Tom pensó que era una palabra adecuada. El chico tenía un buen tamaño, casi tan grande como el mismo Tom. Completamente erecto, la punta se elevaba hasta él. Bajó la piel de arriba, exponiendo el rojo glande. Levantó la mirada para ver el rostro de Bill mientras masajeaba la punta, con la yema de su dedo gordo. Las facciones del chico estaban distorsionadas de placer, estaba jadeando y mirando fijamente a la mano que le tocaba.
Al empezar un movimiento lento, trabajando con su mano de arriba abajo, Tom con su otra extremidad, acarició el escroto del chico, rodándolo gentilmente. Bill dejó escapar un suave gemido. Levantando la vista, Tom pudo ver que Bill había cerrado los ojos, concentrándose en el placer. Acercándose para besar la punta de su erección, él susurró.
—Quédate quieto, volveré en un momento —Y dejó la cama con rapidez.
Para cuando Bill pestañó y se dio cuenta de que estaba solo, Tom ya estaba saliendo de un set de puertas en la pared. Bill vio que el príncipe tenía algo en su mano, pero no tuvo oportunidad de preguntar qué era, porque tan pronto como regresó a la cama, Tom cogió el miembro del chico en su boca.
Bill rodó hacia atrás sus ojos y gritó al sentir la exquisita calidez que rodeaba su hombría. Levantó sus caderas salvajemente, pero Tom parecía haber esperado este movimiento, ya que sus brazos estaban en posición para sostenerlo. Bill nunca había conocido tal placer en su vida, quería llorar por lo bien que se sentía.
La boca de Tom retrocedió hasta que quedó sólo la punta en su interior. Mientras succionaba en la cabeza, girando su lengua y empujándola contra la pequeña abertura, bajó un poco, pasados los sacos del joven y frotó un dedo lubricado por su perineo. Bill gritó de nuevo, levantando su trasero.
Tom quitó su boca y sonrió ante el ofrecimiento instintivo del chico. Deslizando su dedo más abajo, hizo círculos alrededor de la arrugada entrada, masajeando con suave presión. Bill estaba ansioso arriba y empujó su trasero, como una forma de pedir más.
—Espera, espera. No puedo.
Tom besó su muslo interior, susurrando—. Sí puedes. Lo estás haciendo maravillosamente.
Bill gimoteó y Tom presionó, hasta introducir el dedo, mirando anonadado como pasaba el primer anillo de músculos. Bill se apretó alrededor de él, aún repitiendo su mantra de “No puedo, no puedo”. Tom lo calmó, posando una mano en su vientre, formando pequeños círculos para tranquilizarlo.
—Bill, tú PUEDES, sólo relájate. Deja que tu cuerpo lo acepte —Bill se estremeció y se quedó quieto.
Tom no sabía si se estaba relajando o no, pero debió haber estado haciéndolo, porque pronto, los músculos alrededor de su dedo parecieron soltarse un poco y Tom pudo agregar otro. Paso algún tiempo trabajado sólo con dos dedos, adentro y afuera, dejando que Bill se acostumbrara a la sensación de ser penetrado. Gradualmente incrementó la velocidad, moviendo sus dedos en forma de tijera, para ayudar a prepararlo. La respiración de Bill de nuevo se agitó y luego comenzó a mover sus caderas, al ritmo de las embestidas de Tom, presionando para encontrarse con los dedos invasores.
Tom curvó sus dedos hacia arriba, buscando el punto que le daría a Bill el máximo placer. Cuando lo encontró, Bill gritó y Tom tuvo que empujar su cuerpo arqueado de vuelta contra la cama. Con un brazo firme alrededor de su cintura, para asegurarlo en la cama, Tom reinsertó sus dedos y comenzó a frotar lentamente contra la próstata del chico.
Se encargó de Bill hasta que fue un desastre, murmurando incoherencias que demostraban que necesitaba liberarse. Decidiendo que ya lo había atormentado suficiente, Tom incrementó la presión de sus dedos, masajeando firmemente en su punto. Bill gimió de alivio al sentir que le estaban dando el estímulo necesario para poder saltar al abismo. Sus caderas se alzaron en forma rígida, como por reflejo, una y otra vez cuando su esencia salió a chorros, para caer sobre su estómago.
Tom observó como el orgasmo de Bill parecía durar por siempre. Para cuando hubo terminado, el moreno yacía sin aliento, luchando por absorber el aire que no había recibido por largos momentos. Estaba lacio, con todo su cuerpo cubierto de sudor. Tom se alzó, para acostarse al lado de su esclavo, que aún se recuperaba. Cuando la respiración de Bill regresó a la normalidad, abrió los ojos para encontrarse con los del príncipe. Se miraron fijamente el uno al otro, por unos momentos y luego Tom se acercó para unir sus labios.
Fue lánguido al principio, sus labios unidos, se movían lentamente. Demasiado cansado como para resistirse, Bill participó, pero dejando que Tom liderara el beso. Después de unos momentos, Tom se movió para empujarse contra el cuerpo del más pequeño. Su erección presionó la cadera de Bill. Tom le dio lamidas a sus labios y luego repartió besos de mariposa por su rostro y mandíbula.
Después de un rato, Tom comenzó a frotarse contra la pierna de Bill. El más joven gimió y el príncipe alzó la vista para verle a los ojos; estaban llenos de temor y excitación. Cuando Tom bajó la mano para sentir a Bill, encontró que estaba semi duro otra vez. Volviendo a restregarse contra el más joven, Tom masturbó la carne en su mano, bombeando de arriba a abajo y apretando de vez en cuando. Cuando Bill estuvo completamente rígido, se alejó.
Sentándose, Tom comenzó a separar las piernas de Bill. Él chilló y las cerró, apretándolas bien; negando con la cabeza y murmurándose así mismo “No, no, no”, muy quedamente. Tom se adelantó y con insistencia, volvió a mover las temblorosas piernas del chico, separándolas. Ubicándose entre ellas, Tom alcanzó el frasco de aceite que estaba a su lado, se lubricó a sí mismo con una sola mano, sin apartar la vista de la expresión de ansiedad en el rostro de Bill.
Acercándose, le dijo.
—Bill.
Bill movió la cabeza de un lado a otro—. No, no quiero esto.
Tom posó su palma en la mejilla del chico—. Bill, lo sé. Pero ¡Mírame Bill!. Tienes que hacerlo.
Bill lo miró por un largo momento, con los ojos aguados—. Por favor, no me lastimes —Tom decayó un poco al sentir el tono en la voz del menor. Bill se veía tan pequeño, que lo único que quería Tom era protegerlo y asegurarle que todo estaría bien.
—Esto no te va a lastimar, Bill. Sólo se va a sentir bien —Bill no respondió y Tom movió sus dedos lubricados hacia la entrada del chico—. Tienes que relajarte, Bill. Es muy importante que te mantengas relajado, ¿ok?
Bill asintió, cerrando sus ojos y respirando cuando el primer dedo entró. Tom llevó un segundo y un tercer dedo, trabajando con ellos de adentro hacia afuera, hasta que sintió que el chico podría contenerlo a él. Sacando su mano, guió su miembro hacia la entrada de Bill, deteniéndose cuando la punta llegó a la cálida resistencia. Apoyándose en sus brazos, Tom miró al joven bajo su cuerpo.
—Bill, abre tus ojos —Hizo lo que se le mandó, sin nada más que pavor en su mirada—. Quiero que me mires, Bill ¿Entendido? Todo el tiempo —Bill lucía como si esto fuera lo más terrible que le hubiese podido pedir Tom, pero de todos modos asintió. Tom presionó brevemente sus labios sobre los otros—. Necesitas relajarte ahora. No funcionará si no lo haces —Tom observó como el pequeño hacía un gran esfuerzo por calmarse a sí mismo y relajar su cuerpo. Esperó bastante tiempo, antes de preguntar—. ¿Ok? —Bill tomó una gran bocanada de aire y asintió.
Tom empujó hacia adelante y se deslizó con relativa facilidad. Apoyó su frente sobre el hombro de Bill, absteniéndose de moverse hasta que él mismo se hubiese calmado. El calor aterciopelado y tan estrecho del pasaje del chico era mejor que cualquier cosa que hubiera sentido antes. Lo apretaba mejor que cualquiera con la que hubiera estado antes. Cuando Tom sintió que había recuperado el control sobre sí mismo, levantó la cabeza para ver al joven a los ojos. Bill lo miró de vuelta, su rostro no mostraba señales de angustia, sino que se veía pensativo.
—¿Estás bien? —preguntó Tom.
Bill asintió—. No duele, sólo se siente muy lleno.
Tom exhaló, sintiéndose aliviado de que el chico no hubiera experimentado ningún dolor—. Bien, eso significa que te relajaste —Bill asintió e hizo una especie de mueca.
—¿Te puedes mover? Así es… muy extraño —se contorneó levemente, causándole a Tom un gruñido. Asintió con su cabeza, demasiado ansioso de responder a las demandas del chico.
Volviendo atrás, embistió suavemente hacia al frente, probando que tan bien lo manejaba Bill. El chico no parecía muy afectado de todas maneras, sólo arrugó un poco su rostro, mientras se ajustaba a las nuevas sensaciones.
Tom continuó a paso lento, aunque eso lo estaba matando. Bill estaba tan deliciosamente apretado que lo único que quería era dejarse llevar, estrellarse contra esa maravillosa calidez y ciegamente, perseguir su orgasmo hasta derramarse. Ajustándose un poco, Tom se congeló, cuando de repente Bill soltó un jadeo. La expresión del chico era una mezcla de excitación y sorpresa. Los labios del príncipe se curvaron.
—¿Le di? —Embistió con sus caderas en la misma dirección y Bill gritó de placer.
—Sí ¿Qué…? Aaahhh —Gimió cuando Tom le golpeó otra vez—. ¿Qué estás haciendo? —Tom sonrió ampliamente y procedió a golpear con fuerza en abundantes embestidas, frotando justo la próstata de Bill, en un ángulo perfecto. Cuando se detuvo, dejando a Bill sin aliento, contestó.
—Es tu mejor punto, Bill. Es lo que hace, que esto también sea bueno para ti —Bill asintió, empujando sus caderas hacia arriba, impaciente porque el príncipe retomara sus movimientos. Tom continuó con un compás más rápido que el del inicio. Ahora ajustándose dentro de Bill, para asegurarse de tocarlo adecuadamente.
En esos momentos el chico, claramente estaba sintiendo placer, pues ahora él también se movía, alineando sus caderas hacia arriba, para encontrarse con las embestidas de Tom.
Bill no era muy vocal. Respiraba agitadamente y daba gemidos susurrantes y desesperados; y daba los más deliciosos sonidos de gusto que había escuchado, pero no era extremadamente bullicioso y no decía nada. Tom observaba como el chico, gradualmente, perdía el control de sí mismo, volviéndose más y más frenético.
El volumen de sus gemidos se incrementó, como también sus movimientos. Bill parecía desesperado por alcanzar su clímax, ya que clavó sus uñas en los hombros de Tom y envolvió sus muslos con su propios talones.
Tom bajó un poco para probar al chico, pero encontró algo de resistencia. Sus labios se encontraron en un beso descuidado. Tom le dio algunas lamidas a la boca de Bill, antes de sentarse sobre sus muslos. El chico gimoteó en protesta, pensando que Tom lo estaba dejando. Pero luego le aseguró que ese no era el caso, porque el príncipe lo tomó y lo acomodó hasta que su espalda baja descansara, inclinada sobre sus muslos.
Con Bill prácticamente en su regazo, Tom apretó los muslos del chico, para levantarlo, acomodarlo y volver a introducirse en su agujero. Moviéndose a un ritmo veloz, los únicos sonidos en la habitación eran sus jadeos y el golpeteo de carne con carne. Tom se encargó de llevarlos a ambos a la cima. Encontrándose con los ojos de Bill, le mandó.
—Tócate —Bill obedeció sin decir nada. Bajando la mano para coger su miembro, se masturbó frenéticamente. Su boca se abrió y sus ojos se cerraron.
—¡Mírame! —Gritó Tom. Los ojos de Bill se abrieron de golpe, enfocándose nuevamente en Tom. Le tomó sólo un momento mirar a Tom y ver al hombre embistiéndole, para hacerle eyacular. Llevó la cabeza hacia atrás, con el rostro contorsionado de éxtasis, al disparar pequeñas salpicaduras blancas de sus fluidos, hacia su propio pecho. Tom vio al chico, disfrutar de su segundo orgasmo de la noche.
Cuando Bill estuvo listo, Tom soltó sus piernas, dejándolas caer en la cama. Sujetó sus caderas y comenzó a embestir al chico, más fuerte y rápido que antes. Con la espalda arqueada y tensa, la única parte del cuerpo de Tom que se movía, eran sus caderas. Desencadenó un movimiento brutal de adentro hacia afuera, hasta que se derramó. Soltando calientes chorros de sus fluidos en las profundidades del cuerpo del chico.
Bill se estremeció, cuando sintió una ola de calidez llenarle. Abrió los ojos para ver a Tom sobre él, jadeante y agotado. Al sentir al otro hombre salir, Bill arrugó el ceño. Sintió que el príncipe se movía para acostarse al lado suyo y sabía que estaba siendo observado. Giró el rostro para mirarlo. El rostro de Tom se mostraba cansado y satisfecho. Los dos se miraron el uno al otro por largo tiempo.
—¿Estás bien?
Bill realmente no sabía cómo responder esa pregunta. Estaba exhausto, tanto mental como físicamente. ¿Estaba bien? Pensó que debía estarlo, si había disfrutado lo que acababan de hacer. Tom no lo había lastimado, ni siquiera lo había atado a la cama. Bill suspiró y asintió, cerrando los ojos para dormir. Estaba demasiado cansado como para preguntarse si lo que acababa de suceder estuvo mal o no.
& Continuará &
Notas de Sarahyellow: Tarea: Piensa en cómo defines “violación” Y cómo este capítulo cabe en esa descripción. ¿Viste lo que pasó como una violación? ¿Por qué? ¿Por qué no?
Como siempre, dime lo que piensas en un comentario.
