FOE 15 (P.1)

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

FOE: Capítulo 15

El perihelio de Procyon Alpha era inminente, lo que significaba que su especie estaba muy cerca de la aniquilación con cada nuevo día. El optimismo omnipresente de Tomek comenzaba a menguar. Hizo otra vez un viaje inútil hacia el sector de la arena, esperando encontrar algún medio de comunicación de la torre donde estaba el rayo de atracción, pero solo encontró maquinaria que ya no funcionaba y pasada de moda, lo que aumentó su creencia de que nunca volvería a casa. Y aun si pudiera regresar a su flota e hiciera todo lo que estaba en su poder para contra-atacar a los felinos, dentro de sí estaba convencido que pese a todos sus esfuerzos para impedir que hubiera una supernova, no había nada que realmente pudieran hacer para salvarse. Él podría convertirse en el último superviviente de su especie.

Sin embargo, no se había preocupado mucho de este terrible problema desde que aterrizó en este planeta y, prácticamente, no había pensado en ello, ya que la otra preocupación que lo afligía, ocupaba toda su atención.

Cada día, su mente planeaba nuevas formas de atraer la atención del gato, pensando en cómo acercarse lo suficiente para tocarlo sin que el otro hiciera un escándalo, pero estaba claro que el gato no estaba dispuesto a tenerlo ni siquiera como amigo. Tomek se estaba desesperando. Ahora el deseo lo había consumido y ansiaba tener aunque fuera el más mínimo contacto con la piel del felino.

La situación empeoraba cada día, ya que el gato era propenso a bañarse frecuentemente, lo cual no era nada extraño, ya que todos sabían que los felinos eran unos locos por la limpieza. Pero el gato se desnudaba sin recato ni vergüenza, sin importar la presencia de Tomek. El canino esperaba que eso fuera porque se estaban haciendo más cercanos y que tal vez, confiaba en su presencia, en lugar de que solo le fuera indiferente.

Notó la delgadez del cuerpo del gato, sin duda era un macho, pese a la engañosa curva de su pequeña cintura, con finos y tonificados músculos alrededor. Entre otras especies, los felinos eran elogiados o abucheados por sus bellas cualidades, pero su apariencia no era lo suficientemente favorable y se veía destruida por su naturaleza esencialmente vengativa. Este gato no era diferente en absoluto y quizás era el peor de su clase que Tomek hubiera conocido, sin embargo hasta ahora estaba seguro, que jamás en su vida encontraría a alguien tan impresionante.

Las noches se volvieron un tormento cuando el gato comenzó a acosarlo en sueños y luego la ilusión se destruía al despertar y darse cuenta que nada había cambiado. Ahora pensaba que morir en la supernova era, tal vez, un mejor destino. Por primera vez, deseó un milagro.

Esa noche, el milagro se manifestó en forma de una tormenta.

&

¿Y esto? ¿Cómo se llama? —El perro levantó un trozo de madera.

Billeam rodó los ojos—. Madera.

Madera —repitió el canino.

El pelinegro se apoyó en los codos y bostezó. Tenía muchas ganas de tomar una siesta, pero el perro no parecía entender la idea. El perro no solo se aferraba a él como una sombra, también se había vuelto entrometido, con sus miradas penetrantes y era jodidamente irritante con sus intentos de conversación. Ahora no podía tener ni un momento de paz, porque el perro se había empeñado en aprender el idioma felino, sin duda porque quería tener un verdadero tipo de comunicación. Desde hacía un tiempo, comenzó a señalar objetos que estaban cerca y, prácticamente, comenzó a demandar saber cómo se llamaban en felino. Billeam le obedecía, pero solo porque se dio cuenta que era inútil tratar de ignorarlo.

Después de un par de días, pasaron de aprender sustantivos a aprender verbos y adjetivos. El perro apresuraba cada lección, saltándose verbos importantes, para llegar a los adjetivos. De un modo, parecía que para él era primordial saber cómo describir cosas, lo cual Billeam encontraba innecesario. Era un tema complicado y no pudo meterlo en la cabeza del perro, hasta que recurrió a los opuestos.

Pronto, el perro fue capaz de discernir entre palabras como sí o no, arriba y abajo, derecha e izquierda, vacío y lleno, pesado y liviano, grande y pequeño. Cuando llegaron al punto en que el perro aprendió el opuesto de feo, usó el nombre de Billeam, lo cual lo dejó sintiéndose incómodo.

Hermoso Billeam —dijo el perro. El felino se quedó en silencio, aturdido. El perro lo apuntó con un dedo y dijo—. Hermoso. —Las mejillas de Billeam ardieron de vergüenza. Bajó la mirada e hizo una mueca.

Perro estúpido —murmuró, se levantó y se apresuró a subir a su árbol.

Ooww. Vamos ¡No te vayas! No te estoy provocando —llamó el perro—. Maldición, Billeam, ¡¿cuánto nos va a llevar?!

Billeam se recostó en su rama de siempre, bien alto en el árbol, pero no pudo dormir. Nunca antes se había sentido tan inquieto por recibir un cumplido de alguien y se preguntó por qué demonios no le dio un buen golpe al perro cuando pudo, en lugar de alejarse tímidamente, sin ser capaz de mirarlo a la cara. Su reacción había sido, sin duda, vergonzosa. Solo esperaba que el perro no hubiera notado su sonrojo.

Maldito perro. —Gruñó.

Habían pasado exactamente veinte días desde que el perro le había apuntado a la cabeza con el arma y se negó a matarlo, hasta que finalmente hizo un movimiento degradante buscando la protección del perro por voluntad propia.

Por fin había logrado dormir, cuando la tormenta eléctrica más aterrorizante que había visto en su vida, de pronto cayó sobre ellos en el bosque. Despertó de golpe cuando un relámpago cayó cerca de ahí. Alcanzó a agarrarse de una rama para amortiguar su caída. Miró hacia el cielo. Las nubes reunidas sobre ellos eran de una tonalidad azul brillante, constantemente alineadas dada la ferocidad con que los rayos danzaban dentro de ellas, los que ocasionalmente brillaban fuera de las nubes y golpeaban la tierra sin piedad. No había viento, ni lluvia, solo flashes enceguecedores y truenos ensordecedores. Su pelo se erizó y su piel mostró escalofríos cuando un hielo insoportable se dejó sentir. Su intenso miedo a los truenos lo sobrepasaba, haciéndole caer en pánico.

Otro rayo cayó y jadeó de terror. Cerró los ojos muy apretados. Se dio cuenta que su refugio en las copas de los árboles, ya no era seguro, ya que en cualquier momento podría ser derribado por uno de esos poderosos rayos e incendiarlo, pese a esto, se aferró a la rama que lo sostenía, demasiado asustado como para moverse.

¡Billeam! —Gritó el perro. Un segundo de lucidez regresó a él cuando oyó al perro y de inmediato bajó y corrió hacia él. Se aferró a él como una tuerca. Sabía que estaba loco, abrazando a un perro, su archi-enemigo, sin embargo, se sintió a salvo con él, como si ahora todo estuviera bien. Instantáneamente, el perro lo llevó con él, al refugio en la tienda.

&

Los estruendos de la tormenta no se parecían en nada a lo que Tomek hubiera visto antes. Solo las explosiones de batalla se acercaban un poco. Aun así, mientras sonaban, eran música para sus oídos. Cada vez que un rayo caía, el gato lo abrazaba más fuerte. Se quedaron juntos, abrazándose fuertemente bajo la tienda de Tomek. Era lo que el canino había visto en sus sueños. Otro rugido de un trueno y el gato saltó, presionando más su cuerpo contra el otro.

Tomek correspondió su abrazo, dándole tranquilidad—. No miedo —dijo en felino, tratando de infundir calma—. No largo, pronto termina —le dijo, aunque secretamente deseaba que la tormenta no parara nunca.

Eventualmente, la tormenta terminó y después de soportar varias estresantes horas de estar en alerta, rogando que ningún rayo cayera muy cerca, o que el bosque no estallara en llamas, cuando la paz finalmente llegó, instantáneamente, se quedaron dormidos.

El gato no despertó hasta después del amanecer. Tomek había despertado antes que él y cuando recordó que el gato yacía junto a él, no se atrevió a moverse ni una pulgada, mucho menos despertarlo. Amaba como el gato inconscientemente se había acurrucado a él, buscando su calidez, amasándolo gentilmente como su fuera una almohada suave. Billeam sin duda lucía vulnerable cuando dormía, sin mencionar inocente. Era difícil creer que él era el atemorizante adversario de las batallas espaciales, así como también un asesino a sangre fría.

Tomek no pudo evitar suspirar y el repentino movimiento de su pecho, despertó a Billeam. Los ojos del felino se abrieron y encontró a Tomek mirándolo fijamente. Retrocedió y se puso de pie en un nanosegundo. Tomek no pudo descifrar si la expresión de su rostro era de total shock o de sentirse insultado, pero sin duda fue invaluable de ver.

Buenos días —dijo el canino. Billeam achinó los ojos—. Hola —esta vez Tomek lo dijo en idioma felino. El pelinegro bufó y salió fuera de la tienda fingiendo un movimiento pomposo, pero era obvio que estaba avergonzado.

Tan pronto como se levantó, Tomek fue a revisar su nave espacial. Gracias a su poderosa estructura, la nave había resistido el violento ataque de los truenos. Estaba feliz de verla sin rasguños, solo con algunos puntos chamuscados, pero tomó la decisión de hacer una cubierta de protección, por si acaso.

Aparte de las mejoras que estaba haciendo con su compañero, Billeam se portaba igual que siempre. Permanecía cerca, pero distante, tanto como la camaradería aceptaba. Tomek había pensado que nadie se podría comparar a él cuando había que ser implacable contra el enemigo, pero Billeam ciertamente lo dejaba en vergüenza.

El pelinegro nunca más volvió a dormir en los árboles. No cabía duda que tenía miedo de volver a ser sorprendido por otra tormenta. Se acostumbró a compartir la tienda de Tomek cada noche. Y, aunque se acostaba lo más lejos posible de Tomek, siempre se desconcertaba al día siguiente cuando se descubría a sí mismo abrazándolo. El perro pensó que algún día Billeam lamentaría la idea de dormir en la tienda y que dejaría de hacerlo, pero nunca lo hizo.

También tomó la determinación de hacer las cosas por sí mismo, como cazar o arrastrar cosas pesadas, o hacer cosas agotadoras que Tomek supuso no podría hacer él solo. Una vez intentó picar madera, pero rápidamente quedó exhausto. Tomek se hizo cargo y terminó el trabajo y rápidamente almacenó suficiente leña, mientras Billeam solo miraba y recuperaba el aliento. Finalmente el canino entendió por qué el pelinegro siempre estaba amargado cerca de él y le hacía desprecios. Estaba celoso de la fortaleza de Tomek y sin duda se sentía inferior cuando no podía hacer las mismas cosas que el otro. Pero no necesitaba sentirse mal por algo así, porque su cuerpo no estaba hecho para esa clase de labores.

Billeam también hacía constantes competencias de sus habilidades de caza. Tomek dejó de usar el arma para emparejar un poco las cosas, pero solo enfurecía más al pelinegro cuando su presa, similar a un roedor, se veía más pequeña y notoriamente más flacucha que la del canino, que tenía el tamaño de un ciervo. Y entonces, cometió el error de burlarse.

¿En serio? Para ser un gato, parece que nunca hubieras cazado en tu vida.

Billeam no entendió lo que dijo, pero sí entendió el tono burlón—. ¿Qué dijiste? —Demandó saber, irritado. Tomek trató de dejarlo pasar—. ¿Qué?

Tomek se tardó un poco en parafrasear en idioma felino—. ¿Habías cazado antes?

El pelinegro parpadeó y sus labios se curvaron—. Jódete —respondió. Tomek se alzó de hombros.

No entender —dijo, aunque había asumido que el otro le había dicho alguna grosería.

¡Jódete! —Gruñó Billeam en lengua común. Tomek alzó las cejas y el felino sonrió con malicia.

Supongo que es bastante práctico para tu raza aprender solo las malas palabras —contestó Tomek, como si nada, en su lengua canina.

¡Blah, blah, blah, jódete! —contra-atacó Billeam.

Tomek soltó unas risitas, pero luego gruñó cuando vio al otro subir al árbol.

¡No! Billeam, ven acá. Lo siento, no fue mi intensión.

Suspiró con tristeza, pensando que lo había arruinado todo y que Billeam no volvería a la tienda. Más tarde se sintió aliviado, cuando cayó la noche y el pelinegro bajó del árbol para meterse al refugio.

.

Ahora, después de sus obligadas clases diarias de felino, Tomek había logrado un gran progreso en el idioma. Se aseguró de que Billeam no se contuviera de enseñarle hasta las cosas más insignificantes y algunas veces, palabras incómodas. Las groserías fueron las más fáciles de aprender, ciertamente el pelinegro no se contuvo con esas. Pero todas las palabras que tenían una connotación personal, como el término “aparearse” eran difíciles de aprender. Billeam se portó muy pesado otra vez, hasta con un deje de crueldad, cuando Tomek le preguntó cómo hacer esa traducción, pero al final, después de una despiadada insistencia, el perro se las arregló para aprender y hablar hasta frases coloquiales, y estaba seguro que ya sabía bastante felino como para no ser burlado ni por los mismos felinos, si alguna vez caminaba entre ellos. Pero, aunque ahora podía tener una conversación más decente hablando el idioma felino, todavía no podía obligar al gato cabezotas a confraternizar.

Tomek intentó quedarse despierto tanto como podía cada noche, para poder contemplar a Billeam. El gato siempre era más lindo en vida sin importar lo llamativo que se viera mientras dormía. Cuando Billeam se volteó hacia un costado y su espalda quedó al descubierto, Tomek reflexionó sobre la antigua y primitiva forma que utilizaban los caninos para conocerse en la antigüedad. De hecho, oler el trasero de Billeam no le parecía algo primitivo en esos momentos.

¿Qué demonios estás haciendo, perro?

Tomek se sobresaltó. Levantó la cabeza y vio la cabeza de Billeam mirándolo por sobre el hombro.

No puedo dormir —respondió el otro en felino. Velozmente desvió la mirada y se volteó hacia el otro lado.

Esa fue la última vez que se quedó despierto mirando al pelinegro dormir. Pero se estaba haciendo más y más difícil conciliar el sueño sabiendo que estaba acostado tan cerca de él y comenzó a preocuparse de que Billeam pudiera sentir su excitación cuando, sin saberlo, se acurrucaba contra él durante la noche. El perro decidió aliviarse justo antes de irse a dormir.

Y resultó ser una buena forma de mantenerse controlado y conciliar un sueño reparador. También mantenía su mente muy ocupada con las actividades diarias, para evitar pensamientos eróticos cada vez que mirara al pelinegro.

Notó que la disposición poco amigable de Billiam iba bajando poco a poco. Y en lugar de estar siempre amargado, resolvió hacer un esfuerzo por mejorar su rendimiento en las mismas actividades que Tomek realizaba. El perro se dio cuenta que era serio en lo que hacía, insistía pese a los errores, como si quisiera probarle a Tomek que él también podía hacerlo. El canino no podía evitar pensar que Billeam estaba abrumado con un montón de complejos de inferioridad, tal vez hasta dentro de su propia raza, y que si se había vuelto increíblemente bueno en batalla, era porque se sentía feliz de demostrarle su habilidad a alguien más.

Tomek se volvió a enamorar de él cuando vio lo mucho que se impulsaba él mismo a seguir adelante, aunque estuviera a punto de colapsar y ya no sabía si sería capaz de seguir conteniéndose.

Su pregunta fue respondida al día siguiente cuando estaban frente al río y Billeam discutía con él sobre quién era mejor pescando peses. Esta fue la única vez en que Tomek resultó ser terrible y Billeam inmensamente superior, habiendo atrapado diez peces en menos de un minuto. El pelinegro estaba radiante por haber ganado y por primera vez Tomek lo escuchó reír.

¡Gané! —Billeam continuó gritando con orgullo, agitando un grande y pesado pescado en su mano—. Eres inútil, perro, no podrías atrapar un pez aunque tu vida dependiera de ello. —Caminó hasta Tomek y siguió denigrándolo por su falla al atrapar peces—. Ahora, yo seré el que te alimente —dijo con voz altiva, empujando con su dedo índice el pecho de Tomek. Tal vez la intensión de Billeam al molestar al canino era lograr que el otro tuviera un poco de resentimiento contra él para variar, pero esto afectó a Tomek de una forma totalmente opuesta.

Cogió a Billeam y lo besó. El pelinegro soltó el pescado. Gruñó y trató de escaparse. Pateó a Tomek. El canino rompió el beso y lo soltó. El rostro de Billeam mostraba un completo shock, sus ojos lo miraban con fiereza. Tomek hizo una mueca.

No puedes estar tan sorprendido, Billeam —dijo en lengua felina. Billeam permaneció en silencio. Tomek dio un paso al frente, pero el gato retrocedió, desconfiado—. Ya sabes por qué te salvé, ¿cierto? ¿Por qué no pude matarte?

& Continuará &

Joder, lo confesó y más encima en la misma lengua del gato. ¿Qué hará Billeam ahora? Solo hay una forma de averiguarlo y es continuar con la lectura. Uyy, que nervios.

3 comentarios en “FOE 15 (P.1)”

  1. Por fin se lo dijo! !!! Pobre Tomek se contiene pero el amor y deseo pueden más.
    Me dio gusto que Billeam pensará en que ahora él iba a darle de comer al perro, se sintió como su macho alfa xD mis vidas , pero n verdad que Foe es de las mejores de cf que he leído. Y bien, ahora qué hará Bill con lo del beso?♥
    Gracias!

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