“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R
Capítulo 23
—¿Tienes que ir? —preguntó Tom, con los brazos envueltos alrededor de la cintura de Bill y su barbilla en su hombro. —Podrías quedarte un poco más.
Bill suspiró despacio, recostándose contra Tom. —Me gustaría, pero tengo que irme. Necesito ducharme y prepararme y todo eso…
—Puedes hacer eso aquí.
—Y toda la ropa está en mi casa —terminó Bill. —No sería lógico alistarme aquí solamente para hacer todo el camino por la ciudad para cambiarme. Encima terminaría teniendo que arreglarme el pelo y hacerlo otra vez posteriormente, luego llegaría tarde y no puedo llegar tarde.
—Pero…
—Tom —dijo Bill en voz baja, dándose la vuelta entre los confines de los brazos de Tom y envolviendo sus brazos alrededor de su cuello. —No quiero prepararme aquí. Me gustaría mantenerte a ti y al trabajo lo más separados posible a partir de ahora. Tú eres un mundo totalmente diferente de todo eso y deseo que siga siendo así. Si empiezo preparándome aquí, voy a comenzar a pensar en tú yo juntos.
—Me agrada saber que lo harías, de todos modos, teniendo en cuenta…
Bill presionó sus dedos sobre los labios de Tom para callarlo. —Te lo dije, eres diferente —dijo Bill, sonriendo levemente cuando Tom besó la punta de sus dedos. —Eres especial.
—¿Cómo de especial? —preguntó Tom.
—Muy especial —dijo Bill con honestidad, acariciando la mejilla de Tom.
—¿Pero no lo bastante especial?
Dando un quejido, Bill se retorció hasta liberarse de Tom, dando unos pocos pasos hacia atrás. —No seas así. Tú sabes que significas algo para mí. Nadie más puede ser tú, nadie más obtiene lo que tú.
—Nadie más pero…
Dando una paso hacia delante de nuevo, Bill detuvo las palabras de Tom con un beso, presionando sus labios hasta que Tom cedió y le devolvió el beso. —Nadie más que tú, ¿de acuerdo? —susurró Bill, mordiendo el labio inferior de Tom. —Pero no trates de hacerme sentir culpable por lo que hago. Si no tuviese este trabajo, nunca nos habríamos conocido y tu no me tendrías. —Besando a Tom otra vez, Bill rozó su nariz contra la de Tom. —Únicamente tú me tienes.
Retrocediendo ligeramente, Bill recogió su bolso del piso. —De verdad me tengo que ir ahora, pero te llamaré más tarde, ¿vale?
—Bueno —accedió Tom. —Ten cuidado, ¿de acuerdo?
—Siempre —respondió Bill, inclinándose para un último beso antes de salir por la puerta principal.
De pie en su nuevo salón, Tom suspiró en alto mientras miraba la puerta cerrarse, alejándolo de Bill mientras éste se marchaba con dios sabrá quién y que le haría a saber qué cosas; cosas que sólo habían sido hechas por Tom en el último mes. ¿Y si a Bill no le gustaba? ¿Y si lo lastimaban? ¿Y si a Bill le gustaba mucho más lo que ellos hacían que lo que Tom había hecho con él? En el fondo sabía que estaba siendo paranoico sin motivo, todo lo que sabía de Bill hacía esa idea ridícula, y él mismo había pasado meses en una persecución con fracasos para llegar a donde él y Bill estaban ahora. Todavía no estaba del todo seguro de qué era lo que él finalmente había hecho que había conseguido tener a Bill en su puerta con muffins y la voluntad de darle una oportunidad, pero se alegraba de que lo hubiera hecho.
Sin embargo, Tom no podía dejar de querer alejar a Bill de su mundo y mantenerlo exclusivamente para él. El último mes había sido maravilloso, pasar tanto tiempo juntos y sabiendo que no tuvo que preocuparse de entregarse o de que Bill terminaría molesto sólo por no ser capaz de hacer algo al respecto. Había sido el de abajo por primera vez en mucho tiempo, algo que fue mucho mejor al poder ver a Bill moviéndose encima de él. Ahora tenía que devolver a Bill a su pequeño mundo sórdido y Tom odiaba eso. Le tomó más esfuerzo del que hubiese pensado no correr detrás de Bill y jalarlo hacia atrás, negándose a dejar que se vaya porque lo amaba demasiado como para dejarlo ir, pero sabía que no podía hacer eso. Ya había dejado caer pequeñas insinuaciones a Bill sobre dejar de fumar, y había sido rechazado cada vez. Obligar físicamente a Bill a quedarse con él acabaría dando lugar a un Bill cabreado y a un Tom solitario hasta que Bill decidiera perdonarlo. Si decidía perdonarlo. Suspirando para sí mismo, Tom se dejó caer de golpe en el sofá y encendió la televisión, cualquier cosa para distraerse por un rato de los pensamientos y preocupaciones acerca de Bill.
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Bill se tendió en la cama, metiendo dos dedos en sí mismo en un intento apresurado de conseguir estar dilatado antes de que Gary llame a la puerta. A pesar de sus esfuerzos, Bill había pasado toda la tarde yendo sólo un poco por detrás de su horario –un par de minutos aquí y unos pocos allá– todos ellos sumando su llegada al hotel media hora antes de la que tenía prevista, y tuvo que apresurarse para tener todo listo. Estaba frustrado por haber tenido que ir de prisa al momento de alistarse, dejando su maquillaje mucho más desarreglado de lo que le hubiese gustado, pero no había sido del todo por eso, también por ir rápido en su propia preparación. Unas pocas cosas imperfectas eran mucho más fáciles de tratar comparado con tener un trasero adolorido durante todo el día siguiente. Sólo necesitaba un minuto o dos para que pudiera empujar un tercer dedo y luego ponerse muy resbaladizo con el lubricante y esperar que sea suficiente. A Gary de todos modos parecía gustarle mucho más cuando él está un poco apretado.
Ladeando sus caderas un poco, Bill logró empujar otro dedo dentro de sí mismo, vertiendo el lubricante en su mano mientras introducía sus dedos dentro y fuera de su cuerpo, hasta que supuso que era suficiente. Se alegró de que la agencia lo hubiese puesto con un cliente habitual en su primera noche de vuelta y así poder estar tranquilo con alguien a quién no le importaba si él estaba un poco fuera de juego, pero habría estado mejor si hubiera sido una persona que esté dispuesta a hacer toda su preparación. De todas formas, Bill apenas tuvo tiempo de subirse los pantalones y lavarse las manos antes de escuchar que llamaban a la puerta.
Secándose las manos con rapidez, Bill miró su reflejo una vez más antes de dirigirse a la puerta y mostrar una sonrisa brillante. —Gary.
—Bill —respondió Gary, entrando para que Bill pudiera cerrar la puerta. —Has sido un joven muy difícil de contactar últimamente.
Bill bajó la mirada, viéndose avergonzado a través del rímel que recubría sus pestañas. —Lo sé. Surgieron algunas cosas con las que tuve que lidiar.
—Nada, um, serio, espero —dijo Gary, dándole a Bill una mirada cautelosa.
—Oh, no, nada de eso —dijo Bill, pillando rápidamente la reticencia en las palabras del otro hombre. —Todavía limpio como una patena.
—Ah, bien —Pasando junto a Bill, Gary se sentó en el sillón grande frente a la cama y se aflojó en la cama. —Desnudo, en la cama.
Dando un asentimiento, Bill se despojó de sus cosas, arrodillado en la cama y de cara a la silla, con las manos cruzadas delante de él para ocultar el hecho de que estaba en ese momento sólo medio interesado en el asunto.
—¿Escondiéndote otra vez de mí, Bill? —preguntó Gary, alzando las cejas.
Dejado caer sus manos sobre sus muslos, Bill miró hacia abajo con un pequeño puchero, sinceramente un poco avergonzado por todo el asunto. Normalmente, a esas alturas ya estaría muy duro y necesitado, no apoyándose lánguidamente contra su pierna. —Creo que necesita un poco de atención.
—Oh, ¿ahora?
Bill asintió, pasando sus dedos por sus muslos e intentando tener una erección, dejando que su mente vague por todo lo que había funcionado antes. Mamadas, pechos bonitos, el profundo estiramiento de un pene duro en su interior, Tom. El miembro de Bill se sacudió brevemente ante el último pensamiento hasta que Bill lo sacó de su cabeza. Tom y el trabajo no se mezclaban y él no iba a usar a su novio para ponerse duro y poder hacerlo con otra persona. La sola idea parecía extremadamente burda.
—Creo que necesita que lo toquen —dijo Bill en voz baja, dejando que sus manos se deslicen más cerca y silenciosamente pidiendo permiso.
—Entonces probablemente deberías tocarlo —dijo Gary por fin, reclinándose en su asiento y entrelazando sus dedos.
Agradecido, Bill se tomó en una mano, masturbándose con fuerza y entregándose a la sensación. El trabajo manual se sentía bien, aunque se lo estuviera dando a él mismo. Joder, por lo general era mejor si lo hacía para sí mismo, ya que al menos sabía lo que le gustaba. Pronto estaría echando un polvo, algo que se sentía muy bien, apoyado en sus manos y rodillas en la cama y siendo tomado duro por detrás hasta que se corriera. Sería bastante bueno.
Gimiendo bajito, Bill dejó que su cabeza caiga hacia atrás cuando finalmente consiguió tener la mentalidad correcta para esa noche, la familiar ansia creciendo en su interior, rogando para conseguir la atención que deseaba. Perdido en su propio momento, Bill prácticamente se sobresaltó cuando la cama se hundió detrás de él, el pene de Gary rozó su trasero fugazmente mientras se ponía en posición. Sosteniéndose en un brazo, Bill escuchó el suave sonido del plástico siendo rasgado, seguido de un familiar gemido cuando Gary deslizó el condón en sí mismo, y él jadeó despacio cuando Gary se presionó contra él.
Bill hizo una mueca cuando Gary empujó en él, contuvo el aliento mientas se recordaba relajarse. Sólo sería incómodo por un minuto hasta que se acostumbrara, y era realmente su culpa por atrasarse e ir de prisa en su preparación. Él sabía lo que tenía en la agenda esa noche, y debió haberlo planeado mejor. Descansando su frente en su brazo dio pequeñas y rápidas exhalaciones, esperando que el ardor se desvanezca y así él podría disfrutar de esto, intentando no pensar en el hecho de que Tom se habría dado cuenta de que estaba incómodo y ya habría hecho algo al respecto.
La respiración de Bill se estabilizó mientras que se acostumbraba a la intrusión en su trasero y movió su mano para sujetar su miembro de nuevo, que estaba flojo desde la última caricia. Masturbándose de nuevo, Bill gimió levemente, moviendo sus caderas según los sonidos detrás de él y se dejó llevar por el instinto una vez que empezó a disfrutar. Inclinando sus caderas, Bill se masturbó más rápido, gimiendo por lo bajo mientras se contraía alrededor de Gary.
—Sí, te está gustando esto, ¿verdad? —preguntó Gary, penetrando más duro a Bill. —Es agradable tener un buen pene duro, lo es.
—Uh huh —dijo Bill, suspirando contra el colchón.
—Apuesto a que te gustaría ser llenado así de bien todos los días, ¿no es cierto?
—Eso sería muy bueno —dijo Bill con un pequeño jadeo, apretujando al otro hombre.
Bill se sorprendió cuando Gary agarró sus caderas, jalando a Bill hacia atrás con fuerza mientras gruñía por su orgasmo, su pene hundiéndose profundamente en el interior de Bill mientras se corría. Bill no estaba preparado para eso, echando en falta los pequeños indicios vocales a los que estaba acostumbrado últimamente, y pronto se encontró duro, vacío y solo en la cama mientras Gary iba a limpiarse. Acurrucándose en torno a una almohada, Bill se escondió una vez más, esta vez para ocultar lo muy duro que se suponía no debería estar. Volviendo del cuarto de baño, Gary se puso su ropa nuevamente y le dio a Bill un beso en la mejilla. —Es bueno verte de regreso, chico —dijo él, dándole palmaditas a Bill en la cabeza.
—Es bueno estar de regreso —dijo Bill, mostrando una sonrisa que en realidad no poseía. Despidiéndose con la mano, Bill vio a Gary salir de la habitación, la puerta cerrándose detrás de él, antes de él arrojarse sobre la cama y gemir en alto. —Mierda —murmuró para sí mismo, buscando en su bolso y consiguiendo un puñado de lubricante, masturbándose hasta correrse en su propio vientre con chorros calientes. Correrse en realidad no lo hacía sentir mucho mejor, pero al menos ya no estaba atrapado en un limbo de excitación.
Gruñendo, Bill salió de la cama, haciendo un ligero gesto de dolor a medida que se dirigía al cuarto de baño para limpiarse. Por mucho que hubiese querido regresar con Tom, esta noche parecía que se iba a quedar en casa y se sumergiría en un baño caliente durante una hora más o menos. Tenía que acordarse de comprar algunos muffins para disculparse por la mañana y tratar de conseguir su cuota de mimos antes de que Tom tenga que irse a lidiar con las cosas de su trabajo.
Bill suspiró. Sólo un día de regreso y ya estaba extrañando sus vacaciones mucho más de lo que habría pensado.
Continuará…
